ColoniaSiglos XVI-XVIII8 min de lectura
Cimarrones y palenques: la resistencia esclava
En pocas palabras
Cimarrones y palenques: la resistencia de los esclavos africanos en América colonial. Comunidades libres, líderes, rebeliones y su legado histórico.
En este artículo
En las montañas, selvas y manglares de la América colonial hubo durante tres siglos una guerra que los libros de historia tardaron demasiado en nombrar. Era una guerra silenciosa, constante, fragmentada en cientos de frentes simultáneos: la guerra de los cimarrones. Hombres y mujeres que habían sido arrancados de África, vendidos como mercancía y condenados a trabajar hasta morir en minas y plantaciones, decidieron en algún momento que la muerte era preferible a la esclavitud, y echaron a correr hacia el monte. Lo que construyeron allí —comunidades autónomas, sistemas de gobierno propios, culturas sincréticas que mezclaban tradiciones africanas con saberes indígenas y elementos europeos— es uno de los capítulos menos conocidos de la historia del continente.
El término cimarrón —de origen discutido: unos lo relacionan con el español cima o cimarra, el monte o matorral, y otros con una voz taína; se aplicó primero al ganado que se volvía salvaje— designaba en la América colonial a los esclavos fugitivos que vivían libres fuera del control español o portugués. Los asentamientos que fundaban recibían distintos nombres según la región: palenques en el ámbito hispanoamericano, quilombos en Brasil, maroons en el Caribe anglófono. Pero el fenómeno era el mismo: una respuesta colectiva, organizada y persistente a una de las instituciones más brutales que ha conocido la humanidad.
Las raíces: el sistema esclavista colonial
Para entender a los cimarrones hay que entender primero el mundo que rechazaron. Según las estimaciones de la base de datos Slave Voyages, la trata transatlántica embarcó en África a unos 12,5 millones de personas entre los siglos XVI y XIX, de las que unos 10,7 millones llegaron vivas a América. A los muertos en la travesía —en los barcos negreros cuyos planos y registros recogen los estudios históricos sobre la trata atlántica— hay que sumar los que murieron en las guerras de captura y en las marchas hasta la costa, que nadie contó.
Los esclavos en América colonial trabajaban en condiciones que las fuentes de la época, incluso las oficiales, reconocían como letales. En los lavaderos de oro de Nueva Granada, en los ingenios azucareros del Caribe y del Brasil, en las haciendas cacaoteras de Venezuela, la mortalidad de los recién llegados era altísima. Cronistas y administradores de algunas zonas azucareras hablaban de una vida útil de apenas siete u ocho años en el ingenio; los historiadores discuten cuánto hay de generalización en esa cifra, pero coinciden en que muchos propietarios preferían comprar esclavos nuevos a mejorar las condiciones de los que ya tenían.
Frente a esta situación, la resistencia adoptó múltiples formas. La resistencia cotidiana —trabajar despacio, fingir enfermedades, sabotear herramientas, preservar prácticas religiosas prohibidas— fue universal. Las rebeliones abiertas, violentas, fueron frecuentes aunque raramente exitosas a corto plazo. Y la huida, la cimarronería, fue la forma de resistencia más radical: el abandono completo del sistema y la construcción de un mundo alternativo.
Los palenques hispanoamericanos
Las primeras noticias de africanos huidos datan de 1503, apenas once años después del primer viaje de Colón: ese año el gobernador de La Española, Nicolás de Ovando, se quejaba de que los esclavos llegados de la Península escapaban y se refugiaban entre los indígenas de las montañas. La velocidad de la respuesta es reveladora: la resistencia no fue una reacción tardía al sistema colonial, sino casi contemporánea a su instauración.
En el ámbito hispanoamericano, los palenques más importantes y duraderos surgieron en las zonas de difícil acceso: los montes de María y las ciénagas de la provincia de Cartagena, las serranías de Veracruz y Oaxaca (donde los fugitivos a veces se aliaban con pueblos indígenas), los valles y costas de Venezuela, donde se llamaban cumbes, y la costa de Esmeraldas, en el actual Ecuador, donde grupos de africanos y sus descendientes mezclados con indígenas se gobernaron por su cuenta durante buena parte del siglo XVI. En la provincia de Cartagena, Benkos Biohó, un esclavo que la tradición hace originario de las islas Bijagós (en la actual Guinea-Bisáu), encabezó a comienzos del siglo XVII una resistencia tan eficaz que los gobernadores acabaron negociando con él una paz, iniciada hacia 1605 y formalizada en torno a 1612-1613. Fue capturado y ahorcado en 1621, pese al acuerdo, pero los palenques de la zona sobrevivieron. San Basilio de Palenque, heredero de aquellas comunidades, obtuvo el reconocimiento de la Corona a comienzos del siglo XVIII, sigue existiendo y conserva su propia lengua criolla; la UNESCO lo declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en 2005, y a menudo se le presenta como el primer pueblo libre de América, un título que también reclama Yanga.
En México, el cimarrón Yanga —a quien la tradición atribuye un origen noble en África— estableció un palenque en las serranías cercanas al Pico de Orizaba hacia 1570 y lo mantuvo durante décadas. En 1609, cuando el virrey envió una expedición militar para destruirlo, Yanga negoció desde una posición de fuerza: ofreció la paz a cambio del reconocimiento de un pueblo libre. La negociación fue larga; el asentamiento fue aceptado por las autoridades en 1618 y recibió su acta de fundación en 1630, bajo el virrey marqués de Cerralvo, como San Lorenzo de los Negros (hoy Yanga, Veracruz).
Quilombos: la resistencia en Brasil
El caso brasileño tuvo dimensiones propias. El Brasil colonial recibió más esclavos africanos que ningún otro territorio del continente —en torno al 40 % del total de la trata transatlántica— y sus quilombos fueron proporcionalmente más numerosos, más grandes y más duraderos que los palenques hispanoamericanos.
El más extraordinario de todos fue Quilombo dos Palmares, en la sierra de Pernambuco. Fundado en torno a 1605 por esclavos fugitivos de los ingenios azucareros del nordeste, Palmares llegó a albergar entre diez mil y treinta mil personas en su apogeo —las estimaciones varían considerablemente— y funcionó como un Estado autónomo durante casi un siglo. Tenía su propia estructura política, sistema de gobierno, economía de subsistencia, prácticas religiosas propias y un ejército capaz de derrotar repetidamente a las expediciones coloniales enviadas contra él.
Su último gran líder, Zumbi dos Palmares, se convirtió en uno de los símbolos más poderosos de la resistencia africana en América. La bibliografía sobre Palmares y Zumbi ha crecido enormemente en las últimas décadas, a medida que Brasil ha reconocido su lugar en la historia nacional. Palmares fue destruido definitivamente en 1694 por una expedición militar de gran envergadura que incluyó artillería. Zumbi fue ejecutado en 1695.
Estrategias de supervivencia y organización interna
Lo que más ha llamado la atención de los historiadores que estudian los palenques y quilombos es su grado de organización. Estas comunidades no eran meros campamentos de fugitivos: eran sociedades en funcionamiento que habían resuelto, a su manera, problemas complejos de organización política, producción económica, defensa militar y reproducción cultural.
La estructura de gobierno variaba. Algunos palenques funcionaban bajo un liderazgo más o menos monárquico, reconociendo a un líder carismático con poderes amplios. Otros funcionaban de manera más asamblearia, con consejos de ancianos o representantes de los distintos grupos étnicos que componían la comunidad, pues los palenques raramente eran étnicamente homogéneos: reunían esclavos de distintos pueblos africanos —wolof, mandinga, yoruba, fon, congo, angola— que habían desarrollado en América lenguas criollas y prácticas sincréticas para entenderse.
La ubicación era siempre estratégica: zonas montañosas, de selva densa o pantanosa, difíciles de alcanzar para las expediciones militares pero con acceso a agua, tierra cultivable y, en lo posible, rutas de comercio informal con comunidades indígenas o con esclavos que permanecían en las haciendas y actuaban como correos y proveedores.
La defensa era sofisticada. Los palenques solían estar rodeados de sistemas de trampas, empalizadas y posiciones defensivas que aprovechaban el conocimiento local del terreno. Los cimarrones peleaban con armamento capturado o fabricado, y con tácticas de guerrilla que las tropas coloniales regulares, entrenadas para combates convencionales, encontraban difíciles de contrarrestar. La antología Sociedades cimarronas, de Richard Price, reúne varios estudios sobre estos sistemas defensivos.
La respuesta colonial: entre la represión y la negociación
Las autoridades coloniales respondieron a los cimarrones de dos maneras que, aunque aparentemente contradictorias, eran complementarias: la represión militar y la negociación.
Las expediciones militares contra los palenques fueron constantes a lo largo de los tres siglos coloniales. Algunas tuvieron éxito; muchas fracasaron. El costo económico y humano de mantener permanentemente activas estas campañas era significativo, y cuando un palenque resultaba imposible de destruir, las autoridades coloniales optaban a veces por negociar con él. Los tratados reconocían la libertad de los cimarrones ya establecidos a cambio de que dejaran de aceptar nuevos fugitivos y, en algunos casos, colaboraran con las autoridades en la captura de esclavos escapados.
Estas negociaciones eran profundamente ambivalentes. Desde el punto de vista de los cimarrones consolidados, garantizaban su propia supervivencia. Pero desde el punto de vista del sistema esclavista en su conjunto, eran una válvula de escape que permitía aliviar tensiones sin cuestionarlo. El debate historiográfico sobre si estos tratados representaron un logro o una traición sigue abierto.
Cronología de la resistencia cimarrona
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1503 | Ovando informa de los primeros esclavos africanos huidos en La Española |
| ~1570 | Yanga establece su palenque en las laderas del Pico de Orizaba, México |
| ~1605 | Fundación de Quilombo dos Palmares, Pernambuco (Brasil) |
| 1609 | Expedición contra Yanga y comienzo de la negociación |
| c. 1605–1613 | Paz negociada entre Benkos Biohó y los gobernadores de Cartagena |
| 1621 | Benkos Biohó es ahorcado pese al acuerdo |
| 1630 | Acta de fundación de San Lorenzo de los Negros (Yanga, Veracruz) |
| 1713 | Reconocimiento de San Basilio de Palenque por la Corona |
| 1694–1695 | Destrucción de Palmares; ejecución de Zumbi dos Palmares |
| 1791 | Revolución haitiana: la resistencia cimarrona converge con la insurrección general |
Para leer más
Sociedades cimarronas: comunidades esclavas rebeldes en las Américas
Richard Price (comp.)
Antología clásica de estudios sobre palenques, quilombos y comunidades maroon de todo el continente.
Buscar en AmazonMa Ngombe: guerreros y ganaderos en Palenque
Nina S. de Friedemann
Estudio pionero de San Basilio de Palenque, su historia cimarrona y su organización social.
Buscar en AmazonPalmares: escravidão e liberdade no Atlântico Sul
Flávio dos Santos Gomes
Síntesis de referencia sobre el quilombo de Palmares y su resistencia de casi un siglo.
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