Entre la caída de los grandes imperios indígenas y el estallido de las independencias se extiende un periodo de casi tres siglos que transformó por completo el continente americano: la época colonial. Fue el tiempo en que se forjó buena parte de lo que hoy llamamos América Latina —su lengua, su religión, su mestizaje, sus ciudades y también sus desigualdades más profundas—. Un mundo nuevo construido sobre la fusión, no siempre pacífica, de tres raíces: la indígena, la europea y la africana.
Este hub recorre la América colonial española desde la organización de los primeros virreinatos en el siglo XVI hasta las vísperas de la emancipación, a comienzos del XIX. Un orden imperial inmenso, burocrático y profundamente desigual, que sin embargo duró más de trescientos años y que nunca dejó de estar atravesado por negociaciones, resistencias y tensiones. Quien busque una visión de conjunto rigurosa tiene en la Historia de América Latina dirigida por Leslie Bethell, cuyos cuatro primeros volúmenes están dedicados a la Colonia, la obra de referencia.
La arquitectura del imperio: virreinatos, audiencias y cabildos
La Corona española organizó sus dominios americanos en grandes unidades administrativas. El Virreinato de Nueva España, con capital en México, y el Virreinato del Perú, con capital en Lima, fueron los dos pilares originales del sistema durante casi dos siglos. En el siglo XVIII, las Reformas Borbónicas reorganizaron el mapa creando dos nuevos virreinatos: el de Nueva Granada, fundado en 1717 y restablecido definitivamente en 1739, y el del Río de la Plata, en 1776, en un intento de defender mejor el territorio y recaudar con más eficacia.
Por encima de los virreyes estaba el Consejo de Indias, con sede en la corte, que legislaba, nombraba cargos y fiscalizaba a los gobernantes americanos. Por debajo, una red de audiencias —tribunales de justicia con funciones de gobierno— repartía el territorio en distritos, y los cabildos municipales daban voz a los vecinos de cada ciudad. El sistema era lento y a menudo corrupto, pero también flexible: la célebre fórmula «obedezco pero no cumplo» permitía a las autoridades locales suspender una orden real que consideraran inaplicable mientras informaban al rey, y buena parte de la estabilidad del imperio descansó en esa capacidad de negociación entre la Corona y las élites americanas.
Dos repúblicas: españoles e indígenas
El derecho colonial dividió la sociedad en dos «repúblicas». La de españoles agrupaba a los peninsulares y a sus descendientes nacidos en América; la de indios, a los pueblos indígenas, considerados vasallos libres de la Corona pero sujetos a tributo y a una tutela especial. Los pueblos de indios tenían sus propios cabildos, sus tierras comunales y, a menudo, sus caciques, que actuaron como intermediarios entre las comunidades y las autoridades españolas.
Esa construcción jurídica se levantó sobre una catástrofe demográfica. Las epidemias de viruela, sarampión y tifus, unidas a la violencia de la conquista, al trabajo forzado y a la desestructuración social, redujeron la población indígena en proporciones que los historiadores calculan de formas muy distintas, pero que en muchas regiones superaron con creces la mitad de sus habitantes durante el siglo XVI. Charles Gibson mostró en Los aztecas bajo el dominio español cómo las comunidades del valle de México se adaptaron, resistieron y se transformaron bajo el nuevo orden.
Los indígenas no fueron solo víctimas pasivas de ese orden. Aprendieron a usar los tribunales coloniales para defender sus tierras y limitar el tributo, mantuvieron sus lenguas —el náhuatl, el quechua o el guaraní siguieron siendo mayoritarios en amplias regiones— y dejaron testimonios propios de enorme valor. El más célebre es la Nueva corónica y buen gobierno del cronista andino Felipe Guaman Poma de Ayala, terminada hacia 1615: más de mil páginas, con cerca de cuatrocientos dibujos, en las que un indígena cristiano denunciaba ante el rey los abusos de corregidores, curas y encomenderos. Junto a él, figuras mestizas como el Inca Garcilaso de la Vega, autor de los Comentarios reales (1609), ofrecieron a Europa una imagen del mundo andino muy distinta de la de los conquistadores.
La economía de la plata y el trabajo forzado
El motor del sistema colonial fue la minería de la plata. El Cerro Rico de Potosí se convirtió a finales del siglo XVI en la mayor fuente de plata del mundo, y las minas de Zacatecas y Guanajuato tomaron el relevo en el XVIII, cuando Nueva España pasó a ser el primer productor mundial. Esa riqueza se extrajo a un coste humano enorme, sostenido por sistemas de trabajo forzado como la mita y la encomienda.
La plata viajaba a Europa a través de un comercio rígidamente controlado: el monopolio comercial y la flota de Indias, cuyos galeones atrajeron a los piratas y corsarios del Caribe; otra parte cruzaba el Pacífico hacia Manila y China. A la mano de obra indígena se sumó la esclavitud africana, uno de los capítulos más oscuros de la historia americana, que generó su propia forma de resistencia: los cimarrones y palenques.
Una sociedad jerárquica y mestiza
Con el paso de las generaciones, la división en dos repúblicas quedó desbordada por el mestizaje. La sociedad colonial se organizó según un complejo sistema de castas que clasificaba a las personas por su origen, aunque en la práctica esas categorías fueron mucho más fluidas de lo que sugieren las pinturas de castas del siglo XVIII. En la cúspide, una élite de españoles peninsulares; junto a ella, y cada vez más numerosa y rica, una población criolla cuyo descontento acabaría alimentando la independencia. La vida cotidiana en la colonia —las ciudades, los mercados, la comida, las fiestas— reflejaba ese mestizaje en cada detalle.
La Iglesia: poder, cultura y fe
Ninguna institución marcó tan profundamente la vida colonial como la Iglesia. Gracias al Real Patronato, concedido por el papado a los Reyes Católicos y sus sucesores, la Corona presentaba a los obispos, cobraba los diezmos y controlaba la organización eclesiástica, de modo que Iglesia y monarquía actuaron en América como dos caras de un mismo poder. La evangelización a cargo de las órdenes religiosas buscó convertir a millones de indígenas y dio lugar a fenómenos de sincretismo tan poderosos como el culto a la Virgen de Guadalupe. Las misiones jesuíticas guaraníes fueron uno de los experimentos sociales más singulares de la época, hasta su final con la expulsión de los jesuitas en 1767. La fe tuvo también su rostro represivo en la Inquisición americana.
De aquel mundo religioso nacieron también su arte y su saber: el barroco americano, las universidades y colegios coloniales y figuras intelectuales como Sor Juana Inés de la Cruz, una de las grandes voces de la poesía barroca en lengua española.
Grietas en el orden colonial
El edificio colonial nunca fue tan sólido como aparentaba. En el siglo XVIII, las reformas borbónicas aumentaron la presión fiscal y desplazaron a muchos criollos de los cargos de gobierno, y el malestar estalló en revueltas como la de los Comuneros de Nueva Granada (1781) y, sobre todo, la rebelión de Túpac Amaru II (1780-1781), uno de los mayores levantamientos indígenas de la historia colonial. Pero la ruptura definitiva no llegó de América, sino de Europa: en 1808, la ocupación napoleónica de España dejó a la monarquía sin rey y abrió la crisis de legitimidad de la que nacerían las independencias.
La crítica al sistema colonial ha producido desde entonces interpretaciones muy distintas. Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, convirtió Potosí en símbolo de toda una historia de expolio; la historiografía académica ha matizado después muchas de sus tesis, subrayando la complejidad de las economías regionales y la capacidad de negociación de los grupos indígenas, africanos y mestizos.
Cronología esencial de la Colonia
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1535 | Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España |
| 1542 | Leyes Nuevas; creación del Virreinato del Perú |
| 1545 | Descubrimiento de la plata de Potosí |
| 1565 | Primer tornaviaje del Galeón de Manila |
| 1569-1571 | Felipe II crea los tribunales de la Inquisición de Lima (1570) y México (1571) |
| 1572-1573 | El virrey Toledo organiza la mita de Potosí |
| 1609-1610 | Primeras reducciones jesuíticas guaraníes |
| 1717-1739 | Creación, supresión y restablecimiento del Virreinato de Nueva Granada |
| 1767 | Expulsión de los jesuitas |
| 1776 | Creación del Virreinato del Río de la Plata |
| 1778 | Reglamento de Libre Comercio |
| 1780-1781 | Rebelión de Túpac Amaru II |
| 1808 | Crisis de la monarquía española tras la ocupación napoleónica |