Lograda la independencia, las jóvenes repúblicas americanas se enfrentaron a un desafío tan difícil como la guerra: convertir los antiguos virreinatos, capitanías y audiencias en estados con fronteras, instituciones, hacienda y un sentimiento nacional compartido. El siglo XIX fue, para América Latina, un largo aprendizaje político marcado por guerras civiles, gobiernos personales, conflictos fronterizos y, hacia su final, una rápida modernización que la integró —en una posición subordinada— en la economía mundial.
No fue, sin embargo, un siglo perdido. En esas décadas se fijaron la mayoría de las fronteras actuales, se redactaron constituciones que en algunos casos siguen vigentes en su esencia, se abolió la esclavitud, se tendieron miles de kilómetros de vías férreas y se crearon los sistemas educativos que alfabetizaron a millones de personas. La historiografía de las últimas décadas ha matizado la vieja imagen de una región sumida en la «anarquía» para subrayar la intensa vida política, electoral y periodística de aquellas repúblicas.
Esta página recorre ese siglo, desde el desorden posterior a la independencia hasta la Belle Époque que cerró la centuria, y sirve de puerta de entrada a todos los artículos de la era.
El desorden y la construcción del Estado
El primer gran protagonista del siglo fue el caudillismo: el poder de jefes regionales, casi siempre con prestigio militar y redes de clientela, que llenaron el vacío dejado por el hundimiento del orden colonial. Su dominio se explica por la ruralización de la economía tras las guerras, la debilidad de las haciendas públicas y la dificultad de sostener un ejército nacional.
La gran tarea del siglo fue la formación de los estados nacionales. Hubo que decidir entre federalismo y centralismo, entre república y, en algunos momentos, monarquía, y sobre el lugar de la Iglesia, las comunidades indígenas y las corporaciones heredadas de la colonia. Esa discusión se condensó en la pugna entre liberales y conservadores, que definió la política de casi toda la región hasta bien entrada la segunda mitad del siglo.
El caso argentino es paradigmático. La larga hegemonía de Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires fue combatida desde el exilio por Sarmiento y la Generación del 37, cuyo manifiesto más célebre, el Facundo de Sarmiento, planteó el dilema entre «civilización» y «barbarie». Tras la caída de Rosas en Caseros (1852) llegaron la Constitución de 1853 y la organización nacional.
En México, el liberalismo encontró su gran figura en Benito Juárez. La Reforma y la guerra civil que desató llevaron a los conservadores a buscar apoyo en Europa, y el resultado fue la intervención francesa y el efímero imperio de Maximiliano. La victoria republicana de 1867 consolidó el Estado liberal, que desembocó en la larga dictadura modernizadora del Porfiriato.
Brasil siguió un camino distinto. En lugar de fragmentarse en repúblicas, mantuvo la monarquía y la unidad territorial. El Imperio de Pedro II ofreció casi medio siglo de relativa estabilidad parlamentaria, aunque sobre una base esclavista que acabaría por socavarlo.
Las grandes guerras del continente
El siglo XIX fue también un siglo de guerras entre estados. La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), que enfrentó a Paraguay con Brasil, Argentina y Uruguay, devastó a Paraguay, que perdió una parte enorme de su población —la proporción exacta sigue en debate— y territorios importantes. La Guerra del Pacífico (1879-1884) redibujó las fronteras de Chile, Perú y Bolivia, que perdió su salida al mar, en torno a la riqueza del guano y el salitre.
Hacia el interior, los nuevos estados libraron sus propias guerras de expansión contra los pueblos indígenas que conservaban su autonomía, como la Conquista del Desierto argentina o la llamada «pacificación de la Araucanía» en Chile, que incorporaron por la fuerza millones de hectáreas a la economía exportadora.
La sombra del norte
A lo largo del siglo, Estados Unidos creció hasta proyectar su influencia sobre todo el hemisferio. La Doctrina Monroe de 1823 advirtió a Europa contra nuevas intervenciones en América, y la ideología del Destino Manifiesto justificó la expansión hacia el oeste, que costó a México cerca de la mitad de su territorio entre la pérdida de Texas y la guerra de 1846-1848.
La Guerra de Secesión (1861-1865) puso fin a la esclavitud en Estados Unidos y lo reunificó bajo un gobierno federal más fuerte. Su desenlace se notó en el resto del continente: debilitó a los esclavistas de Brasil y Cuba y dejó sin apoyo la aventura francesa en México. A finales de siglo, la guerra de 1898 contra España confirmó el papel de Estados Unidos como potencia en el Caribe.
Abolición, inmigración y modernización
La segunda mitad del siglo trajo grandes transformaciones sociales. La abolición de la esclavitud avanzó país a país y culminó en Brasil en 1888, donde precipitó la caída de la monarquía y el nacimiento de la República al año siguiente.
Entre 1870 y 1914, millones de europeos, sobre todo italianos y españoles, protagonizaron la gran inmigración, que transformó la demografía y la cultura de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil. El ferrocarril y la economía agroexportadora —carne, cereales, café, lana, cobre, salitre— integraron a la región en el mercado mundial, con capitales en buena parte británicos. El resultado fue una Belle Époque latinoamericana de avenidas afrancesadas, teatros de ópera y fortunas enormes, pero también profundamente desigual y vulnerable a los vaivenes de los precios internacionales.
Cuba y el final del siglo
Cuba y Puerto Rico siguieron siendo colonias españolas hasta 1898. La guerra de los Diez Años (1868-1878) fracasó, pero preparó el terreno para la de 1895, organizada por José Martí, que murió en combate ese mismo año tras advertir en sus escritos contra el expansionismo estadounidense. La intervención de Estados Unidos en 1898 cerró el siglo y abrió otro, el de la hegemonía norteamericana en el Caribe.
Para una visión de conjunto del periodo sigue siendo imprescindible la Historia contemporánea de América Latina de Halperín Donghi; para la mirada crítica sobre la dependencia económica, el clásico Las venas abiertas de América Latina de Galeano, escrito en 1971 y hoy discutido por los historiadores económicos, pero todavía muy leído.
Cronología esencial del Siglo XIX
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1823 | Doctrina Monroe |
| 1846-1848 | Guerra entre México y Estados Unidos |
| 1852-1853 | Caída de Rosas en Caseros y Constitución argentina |
| 1858-1861 | Guerra de Reforma en México |
| 1861-1865 | Guerra de Secesión en Estados Unidos |
| 1862-1867 | Intervención francesa en México |
| 1864-1870 | Guerra de la Triple Alianza |
| 1876 | Inicio del Porfiriato |
| 1878-1885 | Conquista del Desierto |
| 1879-1884 | Guerra del Pacífico |
| 1888-1889 | Abolición de la esclavitud y República en Brasil |
| 1895 | Guerra de independencia de Cuba; muerte de Martí |
| 1898 | Guerra hispano-estadounidense; fin del dominio español en Cuba y Puerto Rico |