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Precolombina1325 — 1521 d.C.7 min de lectura

La economía y el comercio azteca: mercados, tributos y pochtecas

En pocas palabras

La economía azteca: el gran mercado de Tlatelolco, el cacao y las mantas como moneda, los mercaderes pochtecas y el sistema tributario del Imperio mexica.

En este artículo
  1. La base: la agricultura y las chinampas
  2. El tributo: el motor del Imperio
  3. El cacao: mucho más que chocolate
  4. Los quachtli y otras formas de "moneda"
  5. El mercado: el tianguis y Tlatelolco
  6. Los pochtecas: red de inteligencia comercial
  7. Cronología económica

Cuando el conquistador Hernán Cortés y sus hombres llegaron a Tlatelolco —la ciudad gemela de Tenochtitlan, unida a ella en la isla del lago Texcoco— y vieron su mercado por primera vez, quedaron sin palabras. Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, lo recordaba décadas después en su Historia verdadera: "Y desque llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían."

El mercado de Tlatelolco era, en ese momento, uno de los mayores del mundo. Cortés escribió a Carlos V que a diario acudían a él más de sesenta mil personas; los historiadores actuales calculan unas 20.000 o 25.000 en un día normal y el doble en el gran mercado que se celebraba cada cinco días. Tenía todo lo que el mundo mesoamericano producía: alimentos, textiles, metales preciosos, plumas de aves exóticas, herramientas de obsidiana, medicinas, esclavos, animales vivos, cerámica, piedras semipreciosas, copal para el incienso.

Era la cara más visible de una economía que combinaba agricultura intensiva, tributo imperial y comercio de mercado.

La base: la agricultura y las chinampas

La economía azteca, como todas las premodernas, descansaba sobre la agricultura. El Valle de México y sus alrededores eran un territorio fértil que, con la tecnología agrícola azteca, podía sostener densidades de población notables.

La innovación agrícola más importante fueron las chinampas: parcelas de cultivo creadas en las aguas someras y dulces de los lagos de Xochimilco y Chalco, y en los alrededores de la propia Tenochtitlan, mediante la acumulación de capas de vegetación acuática, tierra y lodo, retenidas por estacas y raíces de sauce. Las chinampas eran muy productivas: podían cultivarse varias veces al año, el agua disponible era permanente, y los sedimentos lacustres las fertilizaban de forma natural.

Las chinampas de Xochimilco, al sur de la ciudad, sobreviven todavía y forman parte del sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987. En su momento de mayor extensión, el sistema de chinampas del Valle de México pudo cubrir entre 9.000 y 12.000 hectáreas, según las estimaciones arqueológicas.

Los cultivos principales eran el maíz (base de la dieta), el frijol (complemento proteico), el chile, la calabaza y el jitomate (tomate). El amaranto era un cultivo de alta importancia ritual —sus semillas se molían para hacer las efigies de los dioses que se comían en ciertos festivales— y nutricional.

El tributo: el motor del Imperio

El Imperio azteca —la Triple Alianza— funcionaba fundamentalmente como una maquinaria de extracción de tributo. Las ciudades y pueblos conquistados no eran administrados directamente por los mexicas: mantenían sus propias estructuras políticas, pero debían entregar a la Triple Alianza un tributo regular: según el Códice Mendoza, unos bienes cada ochenta días, otros dos veces al año y otros una vez al año.

El Códice Mendoza —compilado por un escriba indígena a petición del virrey Antonio de Mendoza hacia 1541— contiene el registro más completo del sistema tributario azteca. Página tras página documenta qué debía cada provincia: miles de mantas de algodón de diferentes calidades y colores, cargas de cacao, cestos de maíz, cargas de chile, jade tallado, plumas de quetzal y otras aves tropicales, pieles de jaguar, objetos de oro, cobre, turquesa.

El tributo sostenía la corte real, el ejército, el sacerdocio, la construcción de monumentos y la redistribución entre la élite. También llegaba en parte al pueblo: en ciertos festivales, el tlatoani organizaba redistribuciones masivas de alimentos y bienes entre la población.

El cacao: mucho más que chocolate

En la economía azteca, el cacao (theobroma cacao) tenía un papel que va mucho más allá de ser un ingrediente del xocolatl (bebida de cacao amargo con chile, que los europeos transformarían en el chocolate dulce actual).

Las semillas de cacao funcionaban como moneda de uso general en muchas transacciones comerciales del mercado. Con semillas de cacao se podía comprar comida, ropa, servicios. Los precios se fijaban en cacao: una buena manta valía cierto número de semillas; un esclavo valía más. Las fuentes coloniales documentan tipos de cambio específicos entre el cacao y otros bienes.

Esto convertía al cacao en un producto de doble naturaleza: era a la vez un bien de consumo de lujo (la bebida real por excelencia) y un medio de intercambio. Las zonas productoras de cacao —sobre todo el Soconusco, en la costa del Pacífico de Chiapas, conquistado en tiempos de Ahuízotl, y las tierras bajas de Tabasco— tenían un gran valor estratégico para el Imperio.

Un documento de Tlaxcala de 1545, redactado en náhuatl, conserva una lista de precios en cacao: un guajolote (pavo) valía unas cien semillas, un conejo unas treinta y un tomate grande, una. Aunque es posterior a la conquista, da una idea de cómo funcionaba este sistema. Circulaban incluso semillas falsificadas, vaciadas y rellenas de tierra.

Los quachtli y otras formas de "moneda"

El cacao no era la única forma de valor estandarizado. Los quachtli —mantas de algodón de medidas estándar, que según las fuentes equivalían a entre 65 y 300 semillas de cacao, según su calidad— también funcionaban como unidad de valor en transacciones de mayor cuantía. Los documentos coloniales mencionan también hachuelas de cobre de forma estandarizada que podrían haber funcionado como equivalente monetario en ciertas regiones.

El mundo azteca, por tanto, no era una economía de trueque puro: tenía formas sofisticadas de equivalencia de valor y medios de intercambio estandarizados que cumplían funciones similares a las de la moneda.

El mercado: el tianguis y Tlatelolco

La institución central de la economía azteca era el tianguis: el mercado. Cada ciudad y pueblo tenía su tianguis, que se celebraba en días fijos: lo más común era cada cinco días, una cuarta parte del ciclo de veinte días del calendario. Los grandes mercados, como el de Tlatelolco, funcionaban a diario, con una afluencia mucho mayor en el día de mercado principal. Algunos se especializaban: Azcapotzalco era famoso por su mercado de esclavos y Acolman por el de perros.

Tlatelolco era el gran mercado de Tenochtitlan-Tlatelolco. Tenía una organización sectorial comparable a la de los zocos medievales europeos: había zonas especializadas para cada tipo de mercancía. Los vendedores de oro estaban agrupados. Los vendedores de plumas, juntos. Los médicos y vendedores de plantas medicinales, en su zona. Los vendedores de esclavos, en la suya.

El mercado tenía también su propio sistema de justicia: un tribunal permanente cuyos magistrados resolvían in situ las disputas entre compradores y vendedores. Las prácticas fraudulentas —usar medidas falsas, vender mercancía defectuosa— eran castigadas con severidad.

Los pochtecas: red de inteligencia comercial

Los pochtecas eran los mercaderes de larga distancia, una clase especializada que organizaba expediciones comerciales a regiones alejadas del Imperio para adquirir bienes de lujo que las élites mexicas demandaban. Sus rutas llegaban a la costa del Golfo, al Soconusco y a Xicalanco, en la laguna de Términos, un gran puerto de intercambio con los mercaderes mayas.

La figura del pochtecatl ocupaba una posición intermedia en la sociedad azteca. Los pochtecas formaban gremios hereditarios, con barrios propios —el más importante, en Tlatelolco—, jueces propios y un dios patrono, Yacatecuhtli. Eran ricos y gozaban de privilegios, pero no pertenecían a la nobleza de linaje, los pipiltin. Según los informantes de Sahagún, debían cuidarse de no exhibir su riqueza para no despertar la envidia de los nobles y del tlatoani, y regresaban de sus viajes de noche, con discreción.

Algunos, los naualoztomeca, funcionaban además como espías: disfrazados con la ropa y la lengua de los pueblos que visitaban, recopilaban información estratégica —fuerzas militares, recursos, tensiones políticas— para los dirigentes de Tenochtitlan. El ataque a una caravana de pochtecas podía servir de pretexto para una guerra de conquista.

El sistema entero se hundió con la conquista. Los españoles mantuvieron durante décadas el tributo, los mercados y el uso del cacao como moneda menuda, pero la destrucción de la élite mexica, las epidemias y la introducción de la moneda metálica transformaron por completo la economía del valle de México.

Cronología económica

FechaAcontecimiento
~1325 d.C.Fundación de Tenochtitlan; primeras chinampas en torno a la isla
~1428 d.C.La Triple Alianza organiza el sistema tributario imperial
~1440-1469 d.C.Gran expansión: nuevas provincias tributarias bajo Moctezuma I
1473 d.C.Tenochtitlan absorbe Tlatelolco y su mercado
c. 1486-1502 d.C.Ahuízotl incorpora el Soconusco, gran región productora de cacao
Noviembre 1519 d.C.Cortés y sus hombres visitan el mercado de Tlatelolco
1521 d.C.Destrucción del sistema económico azteca tras la conquista

Para leer más

Trade, Tribute, and Transportation

Ross Hassig

Estudio clásico de la economía política del valle de México: tributo, mercados y transporte a lomo humano.

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La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista

Jacques Soustelle

Descripción clásica de los mercados, el comercio y la vida económica cotidiana en el mundo azteca.

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