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Precolombina1325 — 1521 d.C.8 min de lectura

La religión azteca y sus dioses: del sacrificio humano al Quinto Sol

En pocas palabras

La religión azteca: Huitzilopochtli, Tláloc, Quetzalcóatl y el sacrificio humano. El mito del Quinto Sol y la cosmología que sostenía el Imperio mexica.

En este artículo
  1. La cosmología del Quinto Sol
  2. Los grandes dioses del panteón azteca
  3. El Templo Mayor: el axis mundi de los aztecas
  4. El sacrificio humano: escala, debate y perspectiva
  5. Cronología religiosa

Pocas cosas de la civilización azteca han fascinado —y escandalizado— tanto al mundo occidental como su religión. El sacrificio humano, en particular, se ha convertido en el sello definitorio de los aztecas en el imaginario popular: la imagen del sacerdote que arranca el corazón de una víctima sobre la cima de la pirámide es una de las más persistentes de toda la iconografía histórica americana.

Pero reducir la religión azteca al sacrificio humano es como reducir el catolicismo medieval a la Inquisición. El sacrificio era un elemento —un elemento importante, incluso central— de una cosmología compleja y coherente, que proporcionaba a los mexicas una comprensión del cosmos, del tiempo, del ser humano y de su lugar en el universo que tenía su propia lógica interna.

Entender esa lógica es imprescindible para comprender la civilización azteca. Conviene recordar, además, que casi todo lo que sabemos procede de fuentes posteriores a la conquista —como la obra de fray Bernardino de Sahagún y sus informantes nahuas o la de fray Diego Durán— y de la arqueología del Templo Mayor.

La cosmología del Quinto Sol

El fundamento de la religión azteca era la cosmología de los Cinco Soles: la creencia de que el mundo actual es el quinto en una serie de mundos creados y destruidos por los dioses. Cada uno de los cuatro mundos anteriores fue destruido por una catástrofe diferente. En la versión más conocida, la de la Leyenda de los Soles, el primero acabó devorado por jaguares, el segundo arrasado por el viento, el tercero por una lluvia de fuego y el cuarto por una inundación, aunque el orden varía según las fuentes. La célebre Piedra del Sol, hallada en 1790, representa estas cinco eras.

El mundo actual —el Quinto Sol, llamado Nahui Ollin ("Cuatro Movimiento")— fue creado en Teotihuacán (en el mito, aunque la ciudad ya estaba abandonada cuando los mexicas elaboraron esta cosmología) cuando los dioses se sacrificaron para crear el sol y la luna. El dios Nanahuatl, cubierto de bubas y lleno de humildad, se lanzó al fuego sacrificial. Se convirtió en el sol. El dios Tecuciztecatl, hermoso y cobarde, lo siguió y se convirtió en la luna.

Pero el sol y la luna, recién creados, no se movían. Para que el sol se moviera —para que hubiera día, para que la vida fuera posible—, los demás dioses también debieron sacrificarse. Quetzalcóatl los mató a todos, y su sangre puso en movimiento al sol.

Esta cosmología tiene una implicación directa: si el sol se mueve porque se alimenta de sangre divina, y los dioses ya se han sacrificado, entonces los humanos deben continuar ese sacrificio. La sangre humana es el combustible del cosmos. Sin ella, el sol se detendría, el Quinto Sol se destruiría como los cuatro anteriores, y el mundo acabaría.

Desde la perspectiva mexica, por tanto, el sacrificio humano no era un acto gratuito, sino el cumplimiento de una deuda con los dioses que sostenía la continuidad del universo. Explicar esa lógica no equivale a justificarla, pero sí permite entender por qué una sociedad entera la aceptaba.

Los grandes dioses del panteón azteca

El panteón azteca era enorme —el erudito mexicano Cecilio Robelo recogió cientos de nombres divinos en su Diccionario de mitología nahoa— y sus dioses a menudo se fusionaban, se desdoblaban y adoptaban diferentes aspectos según el contexto. Los más importantes:

Huitzilopochtli — El dios de la guerra y del sol, patrón específico de los mexicas. Su nombre significa "colibrí del sur" (o quizá "zurdo del sur"). Era la deidad tribal que había guiado a los mexicas en su migración. En el Templo Mayor ocupaba el santuario sur de la doble pirámide. Nacía cada amanecer como el sol vencedor de la oscuridad, y moría cada atardecer. Su fiesta mayor, Panquetzaliztli, incluía sacrificios humanos masivos.

Tláloc — El dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad agrícola. Uno de los dioses más antiguos de Mesoamérica —ya aparece en Teotihuacán. Sus víctimas sacrificiales preferidas eran los niños, cuyas lágrimas se asociaban con la lluvia. Ocupaba el santuario norte del Templo Mayor, junto al de Huitzilopochtli: una dualidad entre guerra y agricultura, entre tributo y sustento.

Quetzalcóatl — La Serpiente Emplumada, uno de los dioses mesoamericanos más antiguos y más universales. Era el dios del viento, del conocimiento, de las artes y de la civilización. Los dos sumos sacerdotes de Tenochtitlan llevaban su nombre como título. Existe una tradición —documentada en varias fuentes del siglo XVI, aunque su antigüedad es debatida— según la cual Quetzalcóatl era también un rey-sacerdote semi-histórico de Tula que fue desterrado al este, prometiendo regresar. Algunos historiadores han argumentado que esta tradición influyó en la recepción inicial de Cortés por parte de Moctezuma —aunque este punto es muy debatido entre los especialistas.

Tezcatlipoca — El "Espejo Humeante", dios de la noche, del cielo nocturno, de la hechicería y del destino. Era el eterno antagonista de Quetzalcóatl —los dos juntos creaban y destruían el mundo en una danza eterna. Tezcatlipoca llevaba un espejo de obsidiana en el pie (que había perdido en una batalla mítica) en el que podía ver todo lo que ocurría en el mundo.

Coatlicue — La "Falda de Serpientes", diosa de la tierra, de la vida y de la muerte. Madre de Huitzilopochtli —según el mito, lo concibió al guardar en su seno una bola de plumas que cayó del cielo mientras barría el templo—. Su estatua, descubierta en 1790 bajo la Plaza Mayor de Ciudad de México, es una de las obras de arte más perturbadoras y poderosas de toda la escultura precolombina.

Xipe Tótec — "Nuestro señor el desollado". Dios de la agricultura y de la renovación, cuyo rito principal —la celebración de Tlacaxipehualiztli— implicaba que los sacerdotes se vistieran con la piel de los sacrificados. Esta práctica, que horrorizó a los españoles, simbolizaba la renovación de la naturaleza: la tierra que se cubre de nueva vegetación en primavera, como el cuerpo humano que se renueva con una nueva piel.

El Templo Mayor: el axis mundi de los aztecas

El Templo Mayor de Tenochtitlan era el centro religioso del Imperio. Destruido por los españoles tras la conquista, quedó sepultado bajo la nueva ciudad hasta que, el 21 de febrero de 1978, unos trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza encontraron el monolito de la diosa Coyolxauhqui, la hermana de Huitzilopochtli derrotada por él en el mito de Coatépec.

Las excavaciones dirigidas por Eduardo Matos Moctezuma revelaron siete etapas constructivas principales superpuestas —cada ampliación cubría el templo anterior— y cientos de ofrendas con decenas de miles de objetos: restos de niños sacrificados a Tláloc, conchas y corales del Golfo y del Pacífico, figuras de piedra verde, cuchillos de pedernal, animales y piezas antiguas recuperadas de Teotihuacán. Muchas se exhiben hoy en el Museo del Templo Mayor, y el Proyecto Templo Mayor sigue excavando.

El sacrificio humano: escala, debate y perspectiva

El sacrificio humano azteca es el aspecto de su civilización que más ha marcado su imagen en el mundo occidental. Es necesario abordarlo con honestidad y con contexto.

Los sacrificios existieron. Las fuentes —indígenas y españolas— lo confirman sin ambigüedad. Los métodos principales incluían la extracción del corazón del pecho, el degollamiento y el ahogamiento (especialmente para las víctimas de Tláloc).

El número de sacrificios es el punto más debatido. Algunas fuentes coloniales —escritas en parte para justificar la conquista y la evangelización— hablan de decenas de miles de víctimas al año, y las estimaciones modernas varían muchísimo. La reinauguración del Templo Mayor en 1487, bajo Ahuízotl, es el caso más citado: fray Diego Durán habla de más de 80.000 sacrificados, y otras fuentes de 20.000, cifras que la mayoría de los investigadores considera exageradas.

La arqueología ha aportado datos más firmes. Desde 2015, los arqueólogos del INAH han excavado junto a la catedral el Huei Tzompantli, el gran bastidor de cráneos descrito por los conquistadores, y una torre de cráneos asociada: han recuperado cientos de cráneos de hombres, mujeres y niños, lo que confirma la magnitud del ritual, aunque no permite calcular cifras anuales.

Lo que es cierto es que el sacrificio humano era una institución central de la religión azteca, con consecuencias políticas (intimidación a pueblos tributarios), militares (las guerras floridas para obtener cautivos) y económicas (el aprovechamiento ritual de los cuerpos). El sacrificio humano, por lo demás, no fue exclusivo de los mexicas: lo practicaron en distinta medida casi todas las culturas mesoamericanas, de los mayas a los tarascos.

Cronología religiosa

FechaAcontecimiento
~1325 d.C.Primer templo de Huitzilopochtli en Tenochtitlan
~1428 d.C.Según la tradición, Tlacaelel reformula la religión mexica como ideología imperial
1487 d.C.Reinauguración del Templo Mayor ampliado bajo Ahuízotl
1507 d.C.Última ceremonia del Fuego Nuevo
1519 d.C.Llegada de los españoles; primer choque con la religión azteca
1524 d.C.Llegan los «Doce» franciscanos e inicia la evangelización sistemática
1790 d.C.Hallazgo de la Coatlicue y la Piedra del Sol en la Plaza Mayor
1978 d.C.Hallazgo de la Coyolxauhqui y comienzo del Proyecto Templo Mayor

Para leer más

La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes

Miguel León-Portilla

El clásico de León-Portilla sobre el pensamiento religioso y filosófico de los antiguos nahuas, a partir de sus propios textos.

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Vida y muerte en el Templo Mayor

Eduardo Matos Moctezuma

El director de las excavaciones del Templo Mayor explica su simbolismo, sus ofrendas y el lugar del sacrificio en la religión mexica.

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