Precolombina1325 — 1521 d.C.7 min de lectura
La civilización azteca: historia del Imperio mexica
En pocas palabras
La civilización azteca o mexica: historia del Imperio que dominó Mesoamérica, con Tenochtitlan como capital, hasta la conquista española de 1521.
En este artículo
En 1519, cuando Hernán Cortés desembarcó en las costas de México con unos 500 hombres, las expediciones anteriores de Hernández de Córdoba y Grijalva ya habían dado noticia de ciudades de piedra en Yucatán. Pero lo que encontró superaba cualquier expectativa: una red imperial que dominaba a millones de personas, una capital mayor que cualquier ciudad de la España de su tiempo, ejércitos de decenas de miles de guerreros, un sistema tributario que abarcaba cientos de pueblos y una religión de enorme complejidad.
Los mexicas —llamados "aztecas" por una convención historiográfica posterior a la conquista— habían construido en menos de doscientos años uno de los estados más poderosos del continente americano. Habían partido de muy poco: un grupo migrante marginal, mal visto por los señoríos establecidos del Valle de México. Y habían terminado siendo la potencia dominante de Mesoamérica.
Los orígenes: el pueblo sin tierra
Los mexicas no son originarios del Valle de México. Según su propia tradición histórica —y los historiadores modernos tienen razones para tomar estas tradiciones seriamente, aunque con cautela—, procedían de un lugar mítico llamado Aztlán, situado "al norte" o "al noroeste" de México. De ahí el nombre «aztecas», «los de Aztlán», que popularizaron autores de los siglos XVIII y XIX como Francisco Javier Clavijero y Alexander von Humboldt. En su propio tiempo se llamaban a sí mismos mexicas o tenochcas. La localización de Aztlán nunca se ha establecido, y muchos especialistas la consideran un lugar más mítico que geográfico.
Durante el período de migración, que su tradición describe con detalle, los mexicas peregrinaron por el norte de México guiados por su dios tribal, Huitzilopochtli, cuya voz escuchaban a través de sacerdotes que llevaban en andas una imagen del dios. Huitzilopochtli les prometió que encontrarían su tierra prometida cuando vieran la señal: un águila posada sobre un nopal, devorando una serpiente.
Los mexicas llegaron al Valle de México en el siglo XIII como recién llegados indeseados. Los grandes señoríos establecidos —Texcoco, Azcapotzalco, Culhuacán— los toleraban a duras penas. Trabajaban como mercenarios para unos y otros y eran considerados rústicos y belicosos. Sus propias crónicas recuerdan episodios de expulsión, como el que los obligó a abandonar Chapultepec y a refugiarse en tierras de Culhuacán.
En torno a 1325 —la fecha exacta es debatida—, los mexicas vieron su señal en una isla del lago Texcoco. Fundaron allí su ciudad: Tenochtitlan.
La Triple Alianza y el ascenso al poder
Durante las primeras décadas, Tenochtitlan era un asentamiento modesto, tributario del poderoso señorío de Azcapotzalco. La situación cambió radicalmente en 1428, cuando el cuarto tlatoani (gobernante) de Tenochtitlan, Itzcoatl, formó la Triple Alianza con los señoríos de Texcoco y Tlacopan para derrocar a Azcapotzalco.
La alianza triunfó. Azcapotzalco fue tomada y su señor, Maxtla —hijo y sucesor del poderoso Tezozómoc—, fue derrotado. Y en los años siguientes, la Triple Alianza —con Tenochtitlan como socio dominante— comenzó una expansión militar que no se detendría hasta la llegada de los españoles.
Según la tradición, el arquitecto ideológico de este nuevo poder fue Tlacaelel, sobrino de Itzcóatl y medio hermano de Moctezuma I, que ocupó durante décadas el cargo de cihuacóatl, el segundo en importancia tras el tlatoani. Miguel León-Portilla lo convirtió en figura central en Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, aunque hoy se discute si las fuentes, sobre todo la crónica de fray Diego Durán, no exageran su papel. Según ese relato, Tlacaelel reformó la religión mexica y la hizo funcional al proyecto imperial: los mexicas, dijo, eran el pueblo elegido de Huitzilopochtli. Su dios era el sol, y el sol necesitaba sangre humana para levantarse cada mañana. Los mexicas tenían, por tanto, una misión cósmica: conquistar el mundo para alimentar al sol con la sangre de los cautivos. La guerra era obligación divina.
Los informantes de fray Bernardino de Sahagún recordaban también que, en tiempos de Itzcóatl, se ordenó quemar antiguos libros pintados porque no convenía que el pueblo conociera ciertas historias. La nueva élite reescribió así el pasado para situar a los mexicas en su centro.
El imperio: extensión, funcionamiento y límites
En su máxima extensión —hacia 1519—, el Imperio azteca o Triple Alianza controlaba directa o indirectamente un territorio que se extendía desde el centro de México hasta el Soconusco, en la frontera de la actual Guatemala, y del Pacífico al Golfo de México. El Códice Mendoza enumera 38 provincias tributarias y varios cientos de pueblos que pagaban tributo a la Triple Alianza.
El sistema imperial azteca no era un estado centralizado moderno. Funcionaba más bien como una red de relaciones de tributación y dependencia: los pueblos conquistados mantenían sus propias estructuras políticas y sus propios gobernantes, pero debían pagar tributo —en bienes, trabajo o guerreros— a la Triple Alianza. La administración directa era mínima; lo que importaba era el flujo de recursos hacia Tenochtitlan.
El Códice Mendoza —elaborado hacia 1541, probablemente por encargo del virrey Antonio de Mendoza— registra el tributo que cada provincia debía enviar a Tenochtitlan, en muchos casos cada ochenta días: miles de mantas de algodón, alimentos, materias primas, plumas de quetzal, jade, cacao, pieles de animales. Este tributo sostenía la capital y financiaba las campañas militares que permitían seguir expandiendo el imperio.
El límite del poder azteca tenía, sin embargo, una excepción notable y perturbadora: Tlaxcala. Este señorío, enclavado en el centro de México, rodeado de territorio azteca, nunca fue conquistado. Los aztecas lo dejaron deliberadamente sin someter —según la tradición, para tener una fuente permanente de cautivos para el sacrificio, en las llamadas Guerras Floridas (Xochiyáoyotl). Sea o no exactamente así, lo cierto es que la existencia de Tlaxcala como estado independiente y profundamente resentido con los aztecas fue uno de los factores decisivos en la conquista española: los tlaxcaltecas se aliaron con Cortés.
La capital: Tenochtitlan, la ciudad de las aguas
La capital del Imperio azteca no tenía precedente en todo el continente americano. Tenochtitlan, junto con su ciudad gemela Tlatelolco, tenía en 1519 entre 150.000 y 250.000 habitantes según la mayoría de las estimaciones, lo que la situaba entre las mayores ciudades del mundo: comparable a París o Nápoles y muy por encima de Sevilla o Londres.
Estaba construida sobre una isla del lago Texcoco, ampliada mediante chinampas —parcelas agrícolas creadas sobre aguas someras con capas de vegetación, tierra y barro—, y conectada a la orilla del lago por tres grandes calzadas (al norte, al sur y al oeste) que podían cortarse en caso de peligro. El agua dulce llegaba desde manantiales en la orilla a través de un acueducto de doble conducto.
El centro de la ciudad era el Recinto Sagrado: un gran espacio delimitado por una plataforma o muro, de varios centenares de metros por lado, que contenía el Templo Mayor —la pirámide doble dedicada a Huitzilopochtli y Tláloc—, la cancha del juego de pelota, el tzompantli (el bastidor de cráneos de los sacrificados), templos secundarios y la casa de las águilas. Alrededor del Recinto Sagrado se extendía el palacio del tlatoani y los barrios residenciales de la nobleza y los artesanos.
El mercado de Tlatelolco —en la parte norte de la isla, una ciudad fundada por mexicas disidentes y anexionada por Tenochtitlan en 1473— era el mayor del mundo mesoamericano. Cortés escribió que acudían a él más de sesenta mil personas, y Bernal Díaz del Castillo recordó que algunos soldados que habían estado en Roma y Constantinopla nunca habían visto una plaza tan grande y ordenada.
Esa ciudad desapareció en apenas dos años. Tras la muerte de Moctezuma II en 1520, la epidemia de viruela que se llevó al tlatoani Cuitláhuac y el asedio de 1521, dirigido por Cortés con decenas de miles de aliados indígenas, Tenochtitlan cayó el 13 de agosto de 1521 tras la captura de Cuauhtémoc. Sobre sus ruinas se levantó la Ciudad de México.
Cronología azteca
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| ~1300 d.C. | Los mexicas llegan al Valle de México como migrantes |
| ~1325 d.C. | Fundación de Tenochtitlan |
| c. 1372-1376 d.C. | Primer tlatoani: Acamapichtli (fecha debatida) |
| 1428 d.C. | Formación de la Triple Alianza; derrota de Azcapotzalco |
| 1473 d.C. | Axayácatl anexiona Tlatelolco |
| 1440-1469 d.C. | Reinado de Moctezuma I; gran expansión del imperio |
| 1502-1520 d.C. | Reinado de Moctezuma II |
| 1519 d.C. | Llegada de Hernán Cortés |
| 13/8/1521 d.C. | Caída de Tenochtitlan; fin del Imperio azteca |
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