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Siglo XIX1876 — 19118 min de lectura

El Porfiriato: orden, progreso y represión en el México de Díaz

En pocas palabras

El Porfiriato fue el largo régimen de Porfirio Díaz en México (1876-1911): modernización económica, paz autoritaria y el germen de la Revolución Mexicana.

En este artículo
  1. El hombre y el sistema
  2. El modelo económico: modernización hacia afuera
  3. El campo: la gran herida del Porfiriato
  4. La belle époque mexicana: progreso para pocos
  5. La crisis final y el detonante revolucionario
  6. Cronología del Porfiriato

En 1876, un general oaxaqueño de cuarenta y seis años se alzó contra el presidente Sebastián Lerdo de Tejada con el Plan de Tuxtepec, derrotó a sus fuerzas y tomó el poder con la bandera de la «no reelección». Lo que nadie anticipaba —y quizás tampoco él mismo— es que ese hombre, Porfirio Díaz, dominaría México durante unos treinta y cinco años, con un solo paréntesis, entre 1880 y 1884, en que ocupó la presidencia su compadre Manuel González. Ese periodo, que los historiadores denominan el Porfiriato, es uno de los más debatidos de la historia latinoamericana: fue, simultáneamente, la época de mayor crecimiento económico del México independiente y el caldo de cultivo que engendró la Revolución Mexicana.

El Porfiriato plantea una pregunta incómoda, válida para muchos regímenes del siglo XIX: ¿es posible separar el progreso material de los costes humanos y políticos que lo sustentan? La historia mexicana de este periodo no permite una respuesta sencilla.

El hombre y el sistema

Porfirio Díaz era, en muchos sentidos, hijo de la generación liberal de La Reforma. Había combatido con distinción en la guerra contra la intervención francesa y el Imperio de Maximiliano; era un héroe militar con credenciales republicanas impecables. Pero una vez en el poder, la ideología cedió paso al pragmatismo; la Constitución liberal de 1857 siguió vigente, aunque vaciada de contenido, y fue reformada para permitir la reelección, primero no inmediata y después indefinida. Díaz no era un teórico: era un operador político de una habilidad extraordinaria.

El sistema que construyó descansaba sobre tres pilares. El primero era la cooptación: Díaz integró en su red a caciques regionales, jefes militares, líderes indígenas y opositores potenciales ofreciéndoles participación en los beneficios del régimen. «Pan o palo» era, según la tradición, su divisa no escrita: quien aceptaba someterse al sistema recibía su parte; quien se resistía, era aplastado. El segundo pilar era la eliminación selectiva de la oposición real: la prensa crítica era censurada o clausurada, los disidentes encarcelados o forzados al exilio, y la policía rural creada en tiempos de Juárez —los temidos rurales— actuaba como brazo armado del control social en el campo. El tercero era la legitimidad del orden: en un país exhausto por décadas de guerras civiles, golpes e invasiones extranjeras, la paz —incluso la paz impuesta— era un bien apreciado por amplias capas de la población.

El modelo económico: modernización hacia afuera

El proyecto económico del Porfiriato era coherente con la corriente dominante en el pensamiento latinoamericano de la época: el liberalismo de exportación, sustentado en la doctrina positivista del «orden y progreso». Los consejeros económicos de Díaz —conocidos como los científicos, por su adhesión al positivismo de Auguste Comte— creían que México debía atraer capital extranjero, construir infraestructura y especializarse en la exportación de materias primas para integrarse al mercado mundial.

Los resultados fueron espectaculares en términos cuantitativos. La red ferroviaria pasó de apenas 640 kilómetros en 1876 a más de 19.000 en 1910, transformando radicalmente la geografía económica del país. Las exportaciones de plata, cobre, henequén, petróleo y productos agrícolas se multiplicaron. El mapa ferroviario del México porfiriano, con sus líneas convergiendo en la capital, es el retrato visual de una economía orientada hacia el exterior: los ferrocarriles conectaban las zonas de extracción con los puertos de exportación, no los mercados internos entre sí.

El capital que financió esta transformación era predominantemente extranjero: estadounidense, británico y francés. Las empresas norteamericanas dominaban los ferrocarriles hasta que, en 1908, el ministro de Hacienda José Yves Limantour creó los Ferrocarriles Nacionales de México con mayoría estatal; las compañías estadounidenses controlaban también buena parte de la minería del norte; los británicos, con Weetman Pearson a la cabeza, entraron con fuerza en el petróleo; y los capitales franceses pesaban en la banca y el gran comercio urbano. México se modernizaba, pero la riqueza generada fluía, en buena medida, fuera del país o hacia un grupo reducidísimo de propietarios nacionales.

El campo: la gran herida del Porfiriato

Ningún aspecto del Porfiriato ha generado un consenso más claro entre los historiadores que el impacto en las comunidades rurales. La modernización económica requería tierra, y la tierra, en el México porfiriano, fue obtenida a costa de los pueblos campesinos e indígenas mediante mecanismos que combinaban la legalidad formal con la violencia abierta.

La ley de colonización de 1883 y la de terrenos baldíos de 1894 permitieron a compañías deslindadoras medir y apropiarse —se quedaban hasta un tercio de lo deslindado— de «terrenos baldíos», categoría que, en la práctica, se aplicó con enorme amplitud a tierras comunales de pueblos indígenas cuyos títulos de propiedad no se ajustaban a los formatos del derecho liberal. Las compañías deslindaron decenas de millones de hectáreas —las estimaciones más citadas hablan de en torno a una quinta parte del territorio nacional—, y las haciendas crecieron a costa de los pueblos. Muchos campesinos desposeídos quedaron atados a esas mismas haciendas mediante el peonaje por deudas: endeudados en las tiendas de raya, no podían marcharse sin saldar lo que debían, y la deuda llegaba a pasar de padres a hijos. La historiografía reciente matiza el cuadro: el peonaje forzoso fue sobre todo un fenómeno del sureste, mientras que en el norte y el centro predominaban otras formas de trabajo, más libres pero igualmente precarias.

La resistencia fue constante pero sofocada con brutalidad. La deportación forzada de miles de yaquis de Sonora a las plantaciones de henequén de Yucatán es quizás el caso más documentado: los estudios sobre el trabajo forzado en la época porfiriana muestran unas condiciones que varios historiadores no han dudado en calificar de esclavitud de facto.

La belle époque mexicana: progreso para pocos

En las ciudades, y especialmente en la capital, el Porfiriato tuvo una cara muy distinta. La Ciudad de México se transformó según el modelo haussmaniano de París: bulevares arbolados, edificios de estilo ecléctico europeo, teatros, museos, tranvías eléctricos y alumbrado eléctrico. El Paseo de la Reforma, trazado durante el Imperio de Maximiliano, se convirtió en el escaparate del México moderno que Díaz quería mostrar al mundo.

Las élites porfirianas —hacendados, comerciantes, profesionales y la alta burocracia— vivían en una prosperidad real y creciente. Sus hijos estudiaban en Europa, importaban muebles franceses y vestían a la última moda parisina. El centenario de la independencia, celebrado en septiembre de 1910 con fastuosas festividades, fue la apoteosis de este México de las apariencias: Díaz recibió felicitaciones de todo el mundo y fue retratado en la prensa internacional como el artífice del milagro mexicano.

Lo que las fotografías oficiales no mostraban era que, ese mismo año, la esperanza de vida al nacer apenas rondaba los treinta años, que cerca de tres cuartas partes de la población no sabía leer ni escribir y que los bajos salarios rurales contribuían a la precariedad de amplios sectores campesinos.

La crisis final y el detonante revolucionario

En 1908, Díaz cometió un error de cálculo que sus adversarios supieron aprovechar. En una entrevista concedida al periodista estadounidense James Creelman para Pearson's Magazine, declaró que México estaba ya maduro para la democracia, que vería con buenos ojos un partido de oposición y que se retiraría al terminar su mandato. La declaración fue tomada en serio por sectores de la clase media urbana y por hacendados norteños que llevaban años sintiéndose excluidos del poder centralizado en manos de los científicos.

Francisco I. Madero, un hacendado de Coahuila de ideas liberales, publicó a finales de 1908 La sucesión presidencial en 1910, un texto que circuló ampliamente y galvanizó a la oposición, y en 1909 fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista. Díaz, que se había arrepentido de sus declaraciones, se presentó de nuevo a las elecciones, encarceló a Madero durante la campaña y se proclamó vencedor con resultados claramente fraudulentos.

Madero escapó a Estados Unidos y lanzó el Plan de San Luis, fechado el 5 de octubre de 1910, que convocaba al levantamiento armado para el 20 de noviembre. En el norte, Pancho Villa; en el sur, Emiliano Zapata. Tras la caída de Ciudad Juárez en manos de los rebeldes y los tratados firmados allí, Porfirio Díaz presentó su renuncia ante el Congreso el 25 de mayo de 1911 y partió de Veracruz hacia el exilio en París, donde moriría en 1915. Se le atribuye, sin testimonio seguro, la frase de que Madero había soltado un tigre y habría que ver si era capaz de domarlo.

Cronología del Porfiriato

FechaAcontecimiento
1876Porfirio Díaz toma el poder mediante el Plan de Tuxtepec
1880–1884Presidencia de Manuel González; Díaz mantiene influencia real
1883Ley de colonización y compañías deslindadoras: comienza el gran despojo de tierras
1884Díaz regresa a la presidencia, que ya no abandonará hasta 1911
1876–1910Expansión ferroviaria: de unos 640 km a más de 19.000 km de vías
1901–1910Primeros pozos petroleros comerciales en la costa del Golfo, en manos de capital estadounidense y británico
1906Huelga de Cananea; represión de obreros mineros en Sonora
1907Huelga de Río Blanco; masacre de trabajadores textiles en Veracruz
1908Entrevista Díaz-Creelman; declaraciones sobre la sucesión presidencial
Septiembre 1910Celebración del Centenario de la Independencia
Octubre 1910Plan de San Luis Potosí; inicio de la Revolución Mexicana
Mayo 1911Renuncia y exilio de Porfirio Díaz

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1876.

Para leer más

México: del Antiguo Régimen a la Revolución

François-Xavier Guerra

Análisis clásico de las redes de poder, las élites y la cultura política del México porfiriano hasta el estallido de 1910.

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Porfirio Díaz: del héroe al dictador. Una biografía política

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Síntesis colectiva de referencia sobre la historia de México, coordinada por el gran historiador del Porfiriato.

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