Siglo XIX1878 — 18858 min de lectura
La Conquista del Desierto: la campaña que transformó la Patagonia argentina
En pocas palabras
La Conquista del Desierto (1878-1885): la campaña de Roca que sometió a los pueblos indígenas de la pampa y la Patagonia y abrió sus tierras al latifundio.
En este artículo
En abril de 1879, el general Julio Argentino Roca condujo a unos seis mil soldados argentinos hacia el sur de la pampa y la Patagonia septentrional con una misión fijada por ley: llevar la frontera hasta los ríos Negro y Neuquén. Lo que eso significaba en la práctica era desplazar, someter o destruir a los pueblos indígenas que habitaban ese territorio desde hacía milenios: principalmente mapuches, ranqueles y tehuelches. Los partes oficiales de 1878-1879 contabilizaron alrededor de 1.300 indígenas muertos en combate y más de diez mil prisioneros; cuántos murieron después, en marchas, centros de reclusión como la isla Martín García o por epidemias, sigue en discusión. Miles de prisioneros fueron repartidos como mano de obra forzada entre familias de la élite porteña, ingenios azucareros y el propio ejército.
La historiografía argentina ha tardado más de un siglo en comenzar a revisar los términos con los que se celebró este episodio. La expresión "Conquista del Desierto" encierra ya una doble mentira: el territorio no era un desierto, sino una región habitada; y lo que se conquistó no fue una extensión vacía, sino las vidas y las tierras de comunidades humanas que no fueron consultadas sobre su destino.
El contexto: la Argentina que quería modernizarse
Para entender la Conquista del Desierto hay que situarla en el proyecto político que la hizo posible. Durante la segunda mitad del siglo XIX, la Argentina que emergía de décadas de guerras civiles y de la pugna entre Buenos Aires y las provincias estaba construyendo su identidad como Estado moderno. El modelo era claro: exportar carne y cereales a Europa, importar inmigrantes europeos que colonizaran las tierras vacantes y conectar todo eso mediante ferrocarriles financiados con capital británico.
El problema era que las "tierras vacantes" no lo eran. La pampa y la Patagonia norte estaban ocupadas por pueblos que habían desarrollado economías complejas basadas en el ganado —en parte el mismo ganado cimarrón que los españoles habían dejado escapar—, el comercio con Chile y las capturas de animales. Los ranqueles controlaban el centro de la pampa; los mapuches, con ramificaciones a ambos lados de la cordillera, ocupaban vastas extensiones al sur y al suroeste; los tehuelches habitaban la Patagonia más meridional. Ninguno de estos grupos era militarmente negligente, y durante décadas habían sabido negociar, resistir y adaptarse a la presión colonial.
La frontera interior —la línea de fortines que desde la época colonial separaba la "civilización" del "desierto"— era una realidad dinámica, no una barrera fija. Comerciantes, misioneros y diplomáticos cruzaban en ambas direcciones. El sistema de "paces" —acuerdos mediante los cuales el Estado argentino pagaba raciones de ganado a los caciques a cambio de relativa tranquilidad— había funcionado, mal que bien, durante décadas. Pero a medida que la economía agroexportadora crecía y la demanda de tierras fértiles aumentaba, el precio político de esa coexistencia se volvió intolerable para la élite terrateniente porteña.
Roca y la doctrina del exterminio silencioso
Julio Argentino Roca no fue el primero en proponer una solución militar definitiva al "problema del indio", pero sí el que la ejecutó con más eficacia y con mayor apoyo político. Su predecesor en el Ministerio de Guerra, Adolfo Alsina, había apostado por una estrategia defensiva, con una línea de fortines y una gran zanja excavada entre 1876 y 1877. Cuando Alsina murió, a finales de 1877, el presidente Nicolás Avellaneda nombró ministro a Roca, que defendía lo contrario: una ofensiva total. En octubre de 1878 el Congreso aprobó la ley 947, que financiaba la campaña con títulos amortizables en tierras de la zona que se conquistara. La clave era tecnológica y logística: el telégrafo permitía coordinar columnas militares que avanzaban simultáneamente desde distintas direcciones, cerrando los caminos de escape; el rifle Remington daba a los soldados argentinos una ventaja de fuego decisiva sobre los guerreros indígenas armados en su mayoría con lanzas y boleadoras.
La campaña de 1879 —la más intensa y celebrada en su momento— consistió en cinco columnas que avanzaron desde distintos puntos hacia el río Negro, barriendo el territorio de norte a sur. La columna de Roca alcanzó Choele Choel, en el río Negro, el 25 de mayo de 1879, y el general regresó a Buenos Aires convertido en la figura política del momento. En 1880 fue elegido presidente de la República.
Lo que los partes militares no describían con igual detalle eran las condiciones en que fueron trasladados los prisioneros: marchas forzadas de cientos de kilómetros, familias separadas, niños distribuidos como sirvientes, mujeres destinadas al servicio doméstico en casas de Buenos Aires y otras ciudades. Investigaciones como las de Walter Delrio documentan un sistema de distribución de personas que buena parte de la historiografía actual compara con la servidumbre forzada; otros autores prefieren hablar de sometimiento e incorporación forzosa, y el debate sobre si cabe el término genocidio sigue abierto.
Las campañas secundarias y la resistencia indígena
La campaña de 1879 fue la más espectacular, pero no la única ni, en términos de violencia acumulada, necesariamente la más mortífera. Entre 1878 y 1885 se desarrollaron varias expediciones sucesivas que fueron reduciendo el espacio de resistencia indígena en forma sistemática.
Los ranqueles, que habitaban el centro de la pampa y habían sido durante décadas los interlocutores más frecuentes del Estado argentino —el coronel Lucio V. Mansilla, que en 1870 visitó sus tolderías acompañado por el franciscano Marcos Donati, las describió en la famosa crónica Una excursión a los indios ranqueles—, fueron prácticamente liquidados como entidad política entre 1878 y 1880. Sus territorios pasaron a manos de los grandes latifundistas bonaerenses que habían financiado la campaña comprando los bonos de tierras que el gobierno emitió para costearla.
La resistencia mapuche fue más tenaz. El cacique Manuel Namuncurá, hijo del gran Calfucurá, mantuvo su autonomía hasta 1884, cuando la presión combinada de las tropas argentinas y la campaña paralela que Chile realizaba al otro lado de la cordillera —la llamada "Pacificación de la Araucanía"— lo dejó sin espacio de retirada. Su rendición marcó el fin práctico de la resistencia organizada en la Patagonia norte. Su hijo, Ceferino Namuncurá, se educó con los salesianos, murió de tuberculosis en Roma en 1905, se convirtió en una figura religiosa popular y fue beatificado en 2007: una ironía histórica que encierra toda la ambigüedad del destino mapuche en el Estado argentino.
Las campañas de los Andes y del sur, entre 1881 y 1885, completaron el ciclo en Neuquén, Río Negro y Chubut. La rendición del cacique Valentín Sayhueque, en enero de 1885, se considera el final de las operaciones. El ciclo había durado siete años. Los historiadores críticos de la campaña beben de una tradición que arranca con ensayos como Indios, ejército y frontera, de David Viñas.
La tierra: el verdadero objetivo
Sería ingenuo analizar la Conquista del Desierto sin preguntarse quién se benefició de ella. La respuesta es relativamente sencilla: los grandes terratenientes argentinos, muchos de ellos directamente vinculados al gobierno y al ejército que condujo la campaña.
El mecanismo fue el siguiente: antes y durante las campañas, el Estado argentino emitió títulos de la ley 947, suscritos a precios bajos y canjeables por tierras de las que el ejército fuera conquistando. Quienes compraron esos bonos fueron, en su mayoría, personas con acceso a la información política y los recursos financieros necesarios: familias de la oligarquía porteña y algunos inversores extranjeros. El resultado fue uno de los procesos de concentración de la propiedad de la tierra más rápidos y extremos de la historia latinoamericana.
Los estudios clásicos, como los de Jacinto Oddone, estiman que entre 1876 y 1903 el Estado transfirió en torno a cuarenta millones de hectáreas a menos de dos mil propietarios, aunque las cifras exactas se discuten. Esas tierras se convertirían en la base de la economía agroexportadora argentina, que durante las décadas siguientes haría del país uno de los mayores exportadores de carne y cereales del mundo. El flujo de inmigración europea que llegó a Argentina entre 1880 y 1930 fue dirigido, en buena parte, hacia esas tierras —pero como peones o arrendatarios, no como propietarios—, mientras los grandes latifundios permanecían intactos.
Cronología de la Conquista del Desierto
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1876–1877 | Alsina construye la zanja y la línea defensiva de fortines |
| 1878 | Roca, ministro de Guerra; ley 947 y primeras expediciones contra los ranqueles |
| Abril–junio 1879 | Campaña principal: cinco columnas avanzan hacia el río Negro |
| 25 mayo 1879 | Roca llega a Choele Choel, en el río Negro |
| 1880 | Julio Argentino Roca es elegido presidente de Argentina |
| 1881 | Chile lanza la ofensiva final de la "Pacificación de la Araucanía" |
| 1881–1883 | Campañas de los Andes en Neuquén |
| 1884 | Rendición del cacique Namuncurá; fin de la resistencia mapuche organizada |
| Enero 1885 | Rendición de Valentín Sayhueque; fin de las operaciones |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1878.
Para leer más
Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943)
Walter Delrio
Investigación sobre el destino de los pueblos indígenas tras la campaña: deportaciones, reparto de prisioneros y pérdida de tierras.
Buscar en AmazonIndios, ejército y frontera
David Viñas
Estudio pionero que examina la literatura y la violencia estatal en la campaña de exterminio y sometimiento de los pueblos pampeanos y patagónicos.
Buscar en AmazonHistoria del pueblo mapuche (siglos XIX y XX)
José Bengoa
Obra de referencia sobre la sociedad mapuche a ambos lados de los Andes y su sometimiento por Chile y Argentina.
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