Siglo XIX1858 — 18729 min de lectura
Benito Juárez y la Reforma
En pocas palabras
Benito Juárez transformó México con las Leyes de Reforma: quién fue, qué cambió y por qué sigue siendo el presidente más debatido del siglo XIX.
En este artículo
En el panteón cívico de México, Benito Juárez ocupa un lugar singular e incómodo. Es el presidente más venerado y, al mismo tiempo, el más combatido. La izquierda lo reclama como padre del Estado laico; ciertos sectores conservadores nunca le perdonaron haber reducido el poder de la Iglesia; y políticos de todo signo lo citan para respaldar causas que él difícilmente habría reconocido. Que un político muerto en 1872 siga generando tanta pasión dice algo sobre la profundidad de los cambios que impulsó.
La Reforma —el proyecto político y jurídico que Juárez encarnó mejor que nadie— no fue una revolución de masas ni un proceso limpio y ordenado. Fue una guerra civil sangrienta seguida de una intervención extranjera, y luego otra guerra. México tardó más de una década en implementar las transformaciones que en el papel parecían sencillas. Que finalmente cuajaran tiene mucho que ver con la obstinación, la habilidad táctica y la firmeza casi impersonal de un abogado zapoteco de Oaxaca que se convirtió en símbolo de la resistencia republicana.
De Guelatao a la política nacional
Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806 en el pequeño pueblo de Guelatao, en la sierra de Oaxaca. Su lengua materna era el zapoteca; el español lo aprendió de adolescente, cuando emigró a la capital oaxaqueña para trabajar como sirviente. Allí lo acogió Antonio Salanueva, un encuadernador terciario franciscano que le costeó los estudios en el seminario; más tarde pasó al Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, donde se formó como abogado.
El ascenso de Juárez no fue fulminante. Fue fiscal, diputado local, gobernador de Oaxaca en tres ocasiones, magistrado de la Suprema Corte. Conocía el Estado mexicano por dentro, con sus jerarquías, sus vicios y sus posibilidades. Cuando fue desterrado por Santa Anna en 1853 y vivió cerca de dos años de exilio en Nueva Orleans —donde trató a otros liberales proscritos como Melchor Ocampo—, regresó convencido de que la única salida para México era la reforma radical de sus instituciones.
La oportunidad llegó con el Plan de Ayutla (1854), que derrocó a Santa Anna. En el gobierno surgido de esa revolución liberal, Juárez fue ministro de Justicia y redactó la que se conocería como Ley Juárez (1855): suprimía los tribunales especiales y retiraba a los tribunales eclesiásticos y militares el conocimiento de los asuntos civiles, de modo que clérigos y militares quedaban sometidos en ellos a la justicia ordinaria. Era el primer golpe directo contra los privilegios corporativos que la Iglesia y las fuerzas armadas habían conservado desde la colonia. La reacción conservadora fue inmediata y furiosa.
La Constitución de 1857 y el estallido de la guerra
La Constitución promulgada en 1857 condensó el proyecto liberal: libertad de enseñanza, de imprenta, de trabajo y de asociación; igualdad ante la ley; prohibición de los fueros, salvo el militar para delitos de disciplina castrense. A ello se sumaba la Ley Lerdo (1856), que desamortizaba los bienes de las corporaciones civiles y eclesiásticas —obligándolas a vender las fincas que no usaban directamente—, una medida que golpeó a la Iglesia pero también a las tierras comunales de los pueblos indígenas.
La jerarquía eclesiástica respondió negando los sacramentos a quienes la juraran sin retractarse. En diciembre de 1857, con el Plan de Tacubaya, el general Félix Zuloaga desconoció la Constitución y el propio presidente Ignacio Comonfort, que dudaba de ella, se sumó al golpe; en enero de 1858 los conservadores lo apartaron y colocaron a Zuloaga en el poder. México quedó partido en dos: los conservadores controlaban la capital y parte del centro del país; los liberales mantenían el norte, Veracruz y varios estados del sur.
Juárez, en su condición de presidente de la Suprema Corte, asumió la presidencia constitucional y estableció su gobierno itinerante. Primero en Guanajuato, luego en Guadalajara —donde estuvo a punto de ser fusilado por soldados sublevados—, después, tras cruzar por Panamá, en Veracruz, donde las rentas aduaneras del puerto le proporcionaron los recursos para sostener la guerra. La llamada Guerra de Reforma duró tres años (1858–1861) y fue uno de los conflictos internos más devastadores de la historia mexicana. Ciudades tomadas y retomadas, ejecuciones sumarias, saqueos de iglesias y haciendas. Ninguno de los bandos fue especialmente escrupuloso con los prisioneros.
Desde Veracruz, Juárez promulgó las Leyes de Reforma en su versión más radical: la nacionalización de los bienes del clero, el matrimonio civil, el registro civil de nacimientos y defunciones, la secularización de cementerios, la supresión de las órdenes religiosas masculinas y, en diciembre de 1860, la libertad de cultos. El Estado asumía el control de los actos que hasta entonces habían sido monopolio de la Iglesia. El 1 de enero de 1861, las tropas liberales entraron en la Ciudad de México.
La presidencia y la deuda: una trampa diplomática
La victoria en la guerra civil dejó a México en la ruina. Juárez ganó las elecciones de 1861, pero gobernaba un país devastado, sin recursos y con una deuda exterior descomunal. En julio de ese año, el Congreso aprobó la suspensión del pago de la deuda durante dos años. La medida era comprensible desde el punto de vista fiscal; desde el diplomático, fue un desastre.
Francia, Gran Bretaña y España firmaron la Convención de Londres para reclamar el pago por la fuerza. Las tropas de los tres países llegaron a Veracruz, pero los ingleses y españoles se retiraron cuando comprendieron que Napoleón III tenía ambiciones imperiales más amplias. Francia siguió adelante sola. La intervención francesa era, en realidad, el proyecto de establecer un Imperio en México que frenara la expansión de Estados Unidos y sirviera de base de operaciones para la influencia gala en América.
El ejército francés, reforzado por conservadores mexicanos, avanzó hacia el interior. El 5 de mayo de 1862, las tropas del general Ignacio Zaragoza derrotaron a los franceses en Puebla —una victoria que se convirtió en símbolo nacional—, pero al año siguiente Puebla cayó tras un asedio de dos meses. En junio de 1863, los franceses tomaron la Ciudad de México. Juárez volvió a su presidencia itinerante, esta vez hacia el norte.
La resistencia republicana y el Imperio de Maximiliano
Lo que siguió fue una larga guerra de resistencia, que Ralph Roeder narra con detalle en Juárez y su México. Juárez gobernó desde San Luis Potosí, luego desde Monterrey, después desde Chihuahua, luego desde El Paso del Norte —hoy Ciudad Juárez—, siempre manteniendo viva la llama legal de la República. En los momentos más oscuros del Imperio de Maximiliano, hubo quienes le presionaron para que negociara o abandonara. Juárez se negó.
Maximiliano de Habsburgo llegó a México en 1864 y resultó ser un gobernante más complicado de lo que los conservadores habían esperado: ratificó buena parte de las Leyes de Reforma, intentó contentar a los liberales moderados y desconcertó a sus propios apoyos. Pero ninguna política de reconciliación podía funcionar mientras Juárez y los republicanos seguían en pie.
El punto de inflexión llegó desde fuera. El final de la Guerra Civil norteamericana en 1865 dejó a Estados Unidos en condiciones de presionar a Francia con la Doctrina Monroe. Napoleón III, además, necesitaba sus tropas en Europa ante la creciente amenaza prusiana. Fue retirando al ejército francés de manera escalonada. Maximiliano se quedó solo con sus apoyos mexicanos y una situación militar que se deterioraba rápidamente.
En mayo de 1867, Maximiliano fue capturado en Querétaro tras un asedio y un episodio de traición entre sus propias filas. Juárez rechazó los ruegos de clemencia que llegaron desde Europa y América —entre ellos los de Victor Hugo y Garibaldi— y dejó que se cumpliera la sentencia del consejo de guerra. Maximiliano fue ejecutado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas. La decisión fue fría y calculada, y se amparaba en la ley republicana de enero de 1862 contra quienes atentaran contra la independencia nacional; con ella Juárez quería dejar claro a Europa que México no toleraría más aventuras imperiales. También fue el momento en que muchos comenzaron a ver en Juárez algo más que un político liberal: un símbolo del Estado frente al poder imperial.
Cronología de Juárez y la Reforma
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1806 | Nacimiento de Benito Juárez en Guelatao, Oaxaca |
| 1855 | Ley Juárez: limitación de los fueros eclesiástico y militar |
| 1856 | Ley Lerdo: desamortización de bienes de corporaciones civiles y eclesiásticas |
| 1857 | Promulgación de la Constitución liberal |
| 1858 | Inicio de la Guerra de Reforma; Juárez establece gobierno constitucional |
| 1859–1860 | Juárez promulga las Leyes de Reforma desde Veracruz |
| Enero 1861 | Los liberales toman la Ciudad de México; Juárez asume la presidencia |
| Mayo 1862 | Batalla de Puebla: victoria mexicana frente a los franceses |
| 1863–1867 | Imperio de Maximiliano; Juárez gobierna en el exilio interior |
| Junio 1867 | Fusilamiento de Maximiliano; restauración de la República |
| Julio 1872 | Muerte de Benito Juárez en la Ciudad de México |
Los años de la República Restaurada y la muerte de un símbolo
Los últimos cinco años de Juárez (1867–1872) fueron los más políticamente convulsos de su carrera en tiempos de paz. La República Restaurada enfrentó el reto de reconstruir un país devastado por una década de guerras sucesivas, con una hacienda pública en quiebra y una clase política fracturada.
Juárez fue reelegido en 1867 y de nuevo en 1871, esta vez en unas elecciones en las que se presentaron también Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Díaz, héroe militar de la resistencia antiimperialista, no aceptó la derrota y se levantó en armas con el Plan de la Noria. La rebelión fracasó, pero anticipó los tiempos que vendrían. Juárez murió de angina de pecho el 18 de julio de 1872, en pleno ejercicio de la presidencia. Tenía sesenta y seis años.
Su legado inmediato fue ambiguo. México seguía siendo un país pobre, desigual y violento. La desamortización había puesto en el mercado las tierras de la Iglesia, pero muchos de esos bienes acabaron en manos de especuladores y terratenientes, no de pequeños campesinos. Los pueblos indígenas —incluyendo, con cierta ironía, muchos de los zapotecos de la región natal de Juárez— perdieron tierras comunales amparadas por el mismo proceso.
Lo que Juárez sí logró, y esto tiene un peso histórico considerable, fue establecer la supremacía del Estado civil sobre la Iglesia en México de manera definitiva. La separación Iglesia-Estado, el matrimonio civil, el registro laico, la educación pública: instituciones que hoy parecen obvias costaron una guerra y media. Los retratos que Enrique Krauze dedicó a Juárez y a sus contemporáneos en Siglo de caudillos ayudan a medir hasta qué punto aquella obra dependió de un puñado de hombres.
Queda en pie la pregunta que los historiadores no han resuelto del todo: ¿fue Juárez un demócrata genuino? Sus reelecciones sucesivas, su uso de facultades extraordinarias y su manejo autoritario de los opositores sugieren que el liberalismo que defendía tenía límites. Más que un demócrata en el sentido moderno, fue un republicano de la vieja escuela: convencido de que las instituciones debían prevalecer sobre los hombres, empezando —aunque no siempre ocurriera así— por él mismo.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1858.
Para leer más
Juárez y su México
Ralph Roeder
La biografía clásica de Benito Juárez, con un retrato detallado del contexto político de la Reforma y la resistencia al Imperio.
Buscar en AmazonHistoria moderna de México. La República Restaurada. La vida política
Daniel Cosío Villegas
El análisis clásico del periodo que va de la caída del Imperio al Porfiriato, obra capital de la historiografía mexicana del siglo XX.
Buscar en AmazonSiglo de caudillos. Biografía política de México (1810-1910)
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Retratos de los grandes protagonistas del siglo XIX mexicano, con un capítulo esencial sobre Juárez y los hombres de la Reforma.
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