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Historia de América
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Descubrimiento11 — 14 de octubre de 14928 min de lectura

12 de octubre de 1492: el día que Colón llegó a América

En pocas palabras

Qué pasó el 12 de octubre de 1492 hora a hora según el diario de Colón: la luz, el grito de Rodrigo de Triana, el desembarco en Guanahaní y los lucayos.

En este artículo
  1. La víspera: señales de tierra
  2. Las diez de la noche: una luz dudosa
  3. Las dos de la madrugada: «¡Tierra!»
  4. El desembarco en Guanahaní
  5. El primer contacto con los lucayos
  6. ¿Qué isla era Guanahaní?
  7. Cronología de la llegada

Pocas jornadas de la historia se conocen con tanto detalle y, a la vez, con tantas dudas. Sabemos a qué hora se vio tierra, quién la vio, qué banderas se sacaron a la playa y qué objetos se intercambiaron. Pero no sabemos con certeza en qué isla ocurrió todo, ni tenemos el texto original en el que Cristóbal Colón lo contó.

Lo que conservamos es el Diario de a bordo del primer viaje en la versión que hizo fray Bartolomé de las Casas a partir de una copia del original, hoy perdido. Las Casas resume casi siempre en tercera persona («el Almirante») y solo en algunos pasajes copia literalmente las palabras de Colón. Ese manuscrito, publicado por Martín Fernández de Navarrete en 1825, es la base de todo lo que sigue. Puede leerse completo en la edición de los textos de Colón preparada por Consuelo Varela.

Una advertencia de calendario: la fecha es del calendario juliano, el que se usaba entonces. En el calendario gregoriano actual, aquel 12 de octubre equivaldría al 21 de octubre.

La víspera: señales de tierra

Las tres naves llevaban más de un mes navegando desde la isla canaria de La Gomera, de donde habían salido el 6 de septiembre (lo contamos en el primer viaje de Colón). Los días anteriores habían sido tensos: el 10 de octubre, según el Diario, la gente «ya no lo podía sufrir: quejábase del largo viaje», y Colón tuvo que animarla.

El jueves 11 de octubre todo cambió. El Diario anota que el mar estaba más movido que en todo el viaje y que empezaron a aparecer señales: pardelas, «un junco verde junto a la nao». Los de la Pinta vieron «una caña y un palo» y recogieron «otro palillo labrado a lo que parecía con hierro», además de un trozo de caña, hierba de tierra y una tablilla. Los de la Niña encontraron «un palillo cargado de escaramujos». La reacción fue inmediata: «con estas señales respiraron y alegráronse todos».

Hasta la puesta de sol recorrieron 27 leguas. Después, Colón volvió al rumbo oeste, a unas doce millas por hora según las unidades empleadas en el Diario, que no deben confundirse sin más con las millas náuticas actuales.

Las diez de la noche: una luz dudosa

Hacia las diez de la noche, Colón, desde el castillo de popa de la Santa María, creyó ver una luz. Era, dice el Diario, «cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra». Llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del rey, que dijo verla también. Llamó después a Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor de los reyes en la armada, que no vio nada «porque no estaba en lugar do la pudiese ver». La luz, según el texto, se vio «una vez o dos», y «era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba».

Colón, siempre según el Diario, tuvo por cierto que la tierra estaba cerca. Tras rezar la Salve, pidió a los marineros que vigilaran bien desde el castillo de proa y prometió un jubón de seda a quien viera tierra primero, además de la recompensa ofrecida por los Reyes Católicos: 10.000 maravedís de renta anual.

Qué fue aquella luz es una pregunta sin respuesta. Según las distancias anotadas en el Diario, a las diez de la noche las naves estaban aún lejos de la costa que se vio cuatro horas después, y los historiadores han propuesto desde una hoguera o una canoa con fuego hasta una simple ilusión.

Las dos de la madrugada: «¡Tierra!»

A las dos de la madrugada del viernes 12, la Pinta, que era la más rápida e iba delante, hizo la señal acordada. «Esta tierra vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana», escribe Las Casas. La costa estaba a unas dos leguas. Como era de noche y podía haber arrecifes, recogieron las velas, dejaron solo el treo y esperaron al amanecer.

Sobre Rodrigo de Triana se sabe poco. La historiadora Alice Bache Gould consideró probable su identificación con Juan Rodríguez Bermejo, un nombre que aparece en los testimonios de los pleitos colombinos, pero la identidad del marinero sigue siendo discutida. Su origen se discute: Triana, en Sevilla, o Lepe, en Huelva. Las crónicas transmiten una historia cuya veracidad no puede darse por demostrada: Gonzalo Fernández de Oviedo escribió que el marinero, «porque no se le dieron las albricias, despechado de aquesto, se pasó en África y renegó de la fe». Francisco López de Gómara repite la historia hablando del «marinero de Lepe». La recompensa acabó en manos de Colón, que alegó haber visto la luz antes.

El desembarco en Guanahaní

Con la luz del día llegaron, dice el Diario, a «una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní». Enseguida vieron «gente desnuda» en la playa.

Colón bajó a tierra en la barca armada, acompañado por Martín Alonso Pinzón, capitán de la Pinta, y su hermano Vicente Yáñez Pinzón, capitán de la Niña. El Almirante llevaba la bandera real y los capitanes dos banderas con la cruz verde, con una F (Fernando) y una Y (Ysabel) coronadas. Vieron «árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras».

Colón llamó entonces a los capitanes, a Rodrigo de Escobedo, escribano de la armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, para que dieran fe de que tomaba posesión de la isla en nombre de los reyes, «haciendo las protestaciones que se requerían». Bautizó la isla como San Salvador. Los habitantes, que llevaban generaciones viviendo allí, fueron testigos de una ceremonia hecha en una lengua que no entendían.

El primer contacto con los lucayos

Los habitantes de Guanahaní eran lucayos, la rama de los pueblos taínos que poblaba las Bahamas (sobre ellos hablamos en Los taínos: el primer pueblo del contacto). A partir de aquí, Las Casas copia las palabras del propio Colón, y es el pasaje más citado del Diario.

Colón cuenta que les dio «unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo», y que ellos, nadando hasta las barcas, traían «papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas». Los describe con detalle: «andan todos desnudos como su madre los parió», jóvenes, «muy bien hechos», con el pelo grueso «casi como sedas de cola de caballo», y pintados de negro, blanco o rojo. Anota que «no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia», y que algunos tenían cicatrices: por señas le explicaron que gente de otras islas venía a atacarlos.

La entrada termina con frases que muestran lo que Colón buscaba: «Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio», «creo que ligeramente se harían cristianos» y «llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar». Al día siguiente, 13 de octubre, preguntó ya por el oro que algunos llevaban colgado de la nariz. Y el 14 escribió que había hecho tomar a siete de ellos y que «con cincuenta hombres los tendrán todos sojuzgados». La curiosidad, el interés por el oro y la idea de dominio aparecen juntos desde el primer día.

Lo que pensaron los lucayos no lo sabemos: no dejaron testimonio propio, y todo lo que tenemos pasa por los ojos de Colón. Lo que sí documentan la historia y la arqueología es su destino: en pocas décadas, los lucayos fueron llevados en masa a La Española y otras islas como mano de obra, y hacia 1520 las Bahamas estaban prácticamente despobladas.

¿Qué isla era Guanahaní?

El Diario describe una isla «bien grande y muy llana», de árboles muy verdes, «y una laguna en medio muy grande», rodeada de un arrecife. Con eso, las distancias y los rumbos del Diario, los investigadores llevan más de dos siglos intentando identificarla, sin acuerdo definitivo.

La candidata más aceptada es la antigua isla Watling, en las Bahamas, que en 1925 fue rebautizada oficialmente como San Salvador. La defendió con fuerza el historiador naval Samuel Eliot Morison, que recorrió la ruta en barco para su biografía de Colón, Admiral of the Ocean Sea (1942). En 1986, la revista National Geographic, tras cinco años de estudio dirigidos por Joseph Judge, propuso otra: Samana Cay, más al sureste. Se han defendido también Gran Turca, Cayo Ron y los cayos Plana, entre otras.

El problema de fondo es la fuente: trabajamos con un resumen hecho por otra persona décadas después, con cifras de distancias que pueden tener errores de copia. Mientras no aparezca el original de Colón, la identificación de Guanahaní seguirá siendo un debate abierto.

Cronología de la llegada

Fecha y horaAcontecimiento
6 sep. 1492Las tres naves zarpan de La Gomera (Canarias)
10 oct.Quejas de la tripulación por la duración del viaje
11 oct., de díaSeñales de tierra: aves, cañas, un palo labrado, una rama con escaramujos
11 oct., 22:00Colón cree ver una luz «como una candelilla de cera»
12 oct., 2:00Rodrigo de Triana, desde la Pinta, ve tierra a unas dos leguas
12 oct., madrugadaLas naves recogen velas y esperan al día
12 oct., mañanaDesembarco en Guanahaní; toma de posesión; la isla recibe el nombre de San Salvador
12 oct.Primer intercambio con los lucayos
13 oct.Colón pregunta por el oro
14 oct.Colón deja constancia de haber tomado a siete lucayos y sigue explorando las islas

Para leer más

Textos y documentos completos

Cristóbal Colón (ed. Consuelo Varela)

Incluye el Diario del primer viaje en la versión de Las Casas, la fuente de casi todo lo que sabemos de aquel día.

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Admiral of the Ocean Sea

Samuel Eliot Morison

La biografía clásica de Colón, escrita por un historiador que rehízo en barco la ruta del primer viaje.

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The Tainos: Rise and Decline of the People Who Greeted Columbus

Irving Rouse

Síntesis arqueológica de referencia sobre los taínos y los lucayos, el pueblo que recibió a Colón.

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