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DescubrimientoSiglo XV10 min de lectura

Las exploraciones portuguesas y la ruta a las Indias

En pocas palabras

Las exploraciones portuguesas y la ruta a las Indias: Enrique el Navegante, la costa africana, Bartolomeu Dias y el viaje de Vasco de Gama a Calicut (1498).

En este artículo
  1. El punto de partida: ¿por qué Portugal?
  2. Enrique el Navegante: el arquitecto de la expansión
  3. João II, Guinea y el cabo de Buena Esperanza
  4. Vasco de Gama y la apertura de la ruta
  5. La competencia con Castilla y el reparto del mundo
  6. El legado de un siglo de navegación
  7. Cronología de las exploraciones portuguesas

El 8 de julio de 1497, cuatro navíos abandonaron Lisboa rumbo a la India. Al mando iba un hidalgo de segundo orden llamado Vasco de Gama. Cuando regresó, dos años después, había abierto un camino que transformaría para siempre el comercio mundial, haría de Portugal la primera potencia colonial de la historia moderna y cambiaría la vida de millones de personas en tres continentes. Pero esa travesía no fue un milagro repentino ni el fruto de un genio solitario: fue el resultado de casi un siglo de exploración sistemática, acumulación de conocimiento náutico y voluntad política sostenida.

La historia de los descubrimientos portugueses es, ante todo, la historia de cómo un pequeño reino atlántico —sin el peso demográfico de Castilla ni la riqueza de las repúblicas italianas— logró construir la primera red comercial verdaderamente oceánica del mundo. Y lo hizo bordeando un continente entero.

El punto de partida: ¿por qué Portugal?

A comienzos del siglo XV, las rutas del comercio de especias estaban en manos de intermediarios: mercaderes árabes y venecianos que controlaban el paso por el Mediterráneo y el mar Rojo. La pimienta, la canela, el clavo y la nuez moscada llegaban a Europa después de un largo camino que encarecía el precio final enormemente y dejaba escaso margen a quienes estaban en los extremos de la cadena.

Portugal tenía razones concretas para buscar una alternativa. Su posición geográfica —mirando al Atlántico, en el extremo suroeste de Europa— era una ventaja logística evidente. Pero también tenía tradición marítima, herencia de siglos de pesca en las aguas del Atlántico norte, y una nobleza con hambre de gloria y botín tras la conclusión de la Reconquista peninsular. La toma de Ceuta en 1415 fue, en ese sentido, el primer paso concreto: Portugal cruzó el estrecho de Gibraltar, llegó a África y comprobó que había algo al otro lado.

El conocimiento geográfico de la época era fragmentario y, en algunos aspectos, deliberadamente tergiversado. Los navegantes y geógrafos musulmanes conocían la costa oriental de África hasta Sofala, en el actual Mozambique. Los europeos, mucho menos. El desafío era enorme: no se sabía si África terminaba en algún punto navegable o si, como sugería la geografía de Ptolomeo, se unía por el sur con otra masa de tierra que cerraba el océano Índico.

Enrique el Navegante: el arquitecto de la expansión

La figura que condensó y dirigió durante décadas el esfuerzo exploratorio portugués fue el infante Enrique, tercer hijo varón superviviente del rey João I y de Felipa de Lancaster. La historiografía romántica del siglo XIX le llamó "el Navegante" y le atribuyó el papel de genio visionario que desde su mítico observatorio de Sagres dirigía personalmente las expediciones. La realidad es algo más prosaica pero no menos notable.

Enrique —que en la biografía de Peter Russell aparece más como un administrador hábil que como un científico— fue gobernador del Algarve y administrador de la Orden de Cristo, la organización que heredó los bienes y la estructura de los templarios en Portugal. Eso le dio recursos económicos y, sobre todo, una motivación que combinaba el lucro, la fe cristiana y la ambición geopolítica.

Entre 1420 y su muerte en 1460, Enrique financió y organizó docenas de expediciones a lo largo de la costa africana. Sus capitanes colonizaron Madeira, alcanzaron las Azores, superaron en 1434 el cabo Bojador —que durante generaciones fue considerado un límite infranqueable por los navegantes europeos—, llegaron al río Senegal y, poco antes de la muerte del infante, al archipiélago de Cabo Verde. Cada viaje producía información que se incorporaba a los mapas y al conocimiento colectivo. Portugal iba construyendo, expedición a expedición, un modelo de empresa exploratoria sin precedentes en Europa.

El método era tan importante como los resultados: los capitanes regresaban con descripciones sistemáticas de costas, corrientes y vientos. La carabela —un tipo de embarcación ligera, de aparejo latino, que podía remontar vientos desfavorables con más facilidad que las naves medievales— fue el instrumento técnico que permitió avanzar contra las corrientes del Atlántico ecuatorial.

João II, Guinea y el cabo de Buena Esperanza

Tras la muerte de Enrique, las expediciones no se detuvieron. El rey Afonso V arrendó entre 1469 y 1474 la exploración de la costa al mercader lisboeta Fernão Gomes, cuyos capitanes recorrieron el golfo de Guinea y alcanzaron hacia 1471 la zona del oro de la Mina. Su hijo João II hizo de la exploración africana un asunto de Estado. En 1482 construyeron la fortaleza de São Jorge da Mina, en lo que hoy es Ghana: el primer establecimiento europeo permanente en el África subsahariana.

El comercio era la razón de todo. De Guinea llegaban oro, esclavos y especias locales. El tráfico de esclavos —que los portugueses comenzaron a organizar a escala creciente desde que en 1444 se subastaron en Lagos los primeros cautivos africanos— es un capítulo oscuro y central de esta historia: las mismas expediciones que en la narrativa tradicional se presentan como gestas del conocimiento eran también el origen del comercio esclavista atlántico que durante tres siglos devastaría el África occidental.

João II reorganizó la empresa exploratoria con mayor rigor. En 1487 envió a Pero da Covilhã por tierra, haciéndose pasar por mercader musulmán, hacia la India y las costas de África oriental, para recabar información sobre las rutas terrestres y marítimas. Covilhã llegó a Calicut, en la costa de Malabar, recorrió después la costa africana hasta Sofala y hacia 1490 envió desde El Cairo un informe sobre los puertos, los monzones y las mercancías, aunque no se sabe con certeza si llegó a Lisboa.

Ese mismo año, João II envió a Bartolomeu Dias al sur con una misión precisa: doblar el extremo de África y comprobar si era posible alcanzar el océano Índico. Dias partió con tres navíos, uno de ellos de avituallamiento.

Lo que encontró al final del continente fue una tormenta excepcional que durante trece días empujó a los barcos hacia el sur sin que los tripulantes pudieran ver tierra. Cuando el temporal amainó y Dias puso rumbo al norte, la costa africana que apareció a babor ya miraba al este: habían superado el extremo meridional sin verlo siquiera. Según el cronista João de Barros, Dias lo llamó «cabo Tormentoso» y João II, con más sentido propagandístico, lo rebautizó «cabo de Buena Esperanza».

Tras recorrer un tramo de la costa oriental, la tripulación se negó a continuar. Dias tuvo que regresar, y fue en el camino de vuelta cuando avistó el cabo. Regresó a Lisboa en diciembre de 1488. Había demostrado que África tenía un extremo y que más allá esperaba el océano Índico. El camino a las Indias estaba, en principio, abierto.

Vasco de Gama y la apertura de la ruta

Tras la muerte de João II y la llegada al trono de Manuel I, la expedición a la India se concretó. Vasco de Gama partió en julio de 1497 con cuatro navíos preparados expresamente para un viaje largo: con agua y provisiones para meses y cascos reforzados.

La navegación que Gama empleó fue ya en sí misma una proeza técnica. En lugar de bordear pegado a la costa africana —que generaba vientos contrarios y corrientes desfavorables—, los pilotos portugueses, aprovechando el conocimiento acumulado de décadas de exploración, se adentraron en el Atlántico sur trazando un arco enorme hacia el oeste para evitar las calmas y los vientos contrarios del golfo de Guinea. Pasaron unos tres meses sin ver tierra, la travesía en mar abierto más larga realizada hasta entonces por europeos. Esa audacia náutica les permitió capturar los vientos del oeste que los llevaron hacia el cabo de Buena Esperanza.

Una vez en el océano Índico, Gama navegó por una red comercial ya establecida. En Mozambique y Mombasa contactó con mercaderes musulmanes que no siempre recibieron a los portugueses con hospitalidad: el Índico era un espacio de intercambio milenario en el que los recién llegados eran competidores, no aliados. En Malindi, cuyo sultán se mostró amistoso, obtuvo un piloto conocedor de la ruta —la tradición lo identificó con el célebre Ahmad ibn Majid, algo que hoy se considera muy dudoso— y el 20 de mayo de 1498 alcanzó Calicut.

El regreso fue durísimo. El escorbuto y las enfermedades mataron a más de la mitad de los hombres, y de los cuatro barcos solo volvieron dos. Gama llegó a Lisboa a finales del verano de 1499 con un cargamento de especias cuyo valor, aunque modesto en volumen, superaba con creces el coste de la expedición. Manuel I asumió el título de "Rey de Portugal y de los Algarves, de aquende y allende el mar en África, Señor de Guinea y de la Conquista, Navegación y Comercio de Etiopía, Arabia, Persia e India".

La competencia con Castilla y el reparto del mundo

El éxito portugués no fue ajeno a las tensiones con Castilla. Cuando Colón regresó de su primer viaje en 1493, João II reclamó que las nuevas tierras correspondían a Portugal según los acuerdos anteriores. Castilla obtuvo primero del papa las bulas alejandrinas de 1493, que trazaban una línea a cien leguas de las Azores y Cabo Verde; la negociación directa entre ambas coronas llevó al Tratado de Tordesillas, firmado en 1494, que desplazó la línea hasta 370 leguas al oeste de Cabo Verde y dejó a Portugal el camino africano a las Indias y, sin saberlo aún, el futuro Brasil.

Portugal comprendió rápidamente que el control de la ruta no bastaba si no se aseguraban los puntos estratégicos. A partir de 1500, con la expedición de Pedro Álvares Cabral —que de paso "encontró" Brasil al desviarse hacia el oeste— y las siguientes misiones militares al Índico, Portugal construyó una red de fortalezas y factorías —Goa en 1510, Malaca en 1511, Ormuz en 1515— que le permitió controlar una parte sustancial del comercio de especias durante buena parte del siglo XVI.

La hazaña de Magallanes y Elcano, que completaron la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522, fue en parte el resultado de esta competencia: cuando España no podía usar la ruta portuguesa, buscó llegar a las Molucas por el oeste. La Tierra era, al fin, navegable en su totalidad.

El legado de un siglo de navegación

Las exploraciones portuguesas cambiaron el mundo de maneras que todavía hoy son difíciles de cuantificar. Abrieron el comercio del océano Índico a los europeos, desplazando a los intermediarios árabes y venecianos y reorientando los flujos económicos del Mediterráneo al Atlántico. Instalaron en África occidental el sistema de comercio esclavista que durante tres siglos alimentaría las plantaciones americanas. Y demostraron que el conocimiento acumulado viaje a viaje podía convertir en rutina lo que una generación antes parecía imposible.

El astrolabio náutico, la carta de marear, la carabela de aparejo mixto: los instrumentos técnicos que Portugal perfeccionó durante el siglo XV fueron el capital tecnológico que heredó toda la expansión europea posterior. Cuando Cristóbal Colón propuso su proyecto al rey João II antes de acudir a los Reyes Católicos, lo hizo en un idioma —el de la exploración oceánica sistemática— que los portugueses habían inventado.

Cronología de las exploraciones portuguesas

FechaAcontecimiento
1415Portugal toma Ceuta; primer establecimiento en África
c. 1420Comienza la colonización de Madeira
1427Primeras noticias portuguesas de las Azores
1434Gil Eanes supera el cabo Bojador, límite hasta entonces infranqueable
1444Llegada al río Senegal; primera subasta de cautivos africanos en Lagos
1469–1474Contrato de Fernão Gomes: exploración del golfo de Guinea
1482Construcción de São Jorge da Mina en el golfo de Guinea
1487–1488Bartolomeu Dias dobla el cabo de Buena Esperanza
1494Tratado de Tordesillas entre Portugal y Castilla
1497–1499Vasco de Gama completa la ruta marítima hasta Calicut (India)
1500Cabral llega a Brasil camino de la India

Para leer más

Prince Henry 'the Navigator': A Life

Peter Russell

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