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Siglo XIX1862 — 18678 min de lectura

La intervención francesa y Maximiliano de México

En pocas palabras

La intervención francesa en México (1862-1867): cómo Napoleón III impuso a Maximiliano de Habsburgo como emperador y la resistencia de Benito Juárez.

En este artículo
  1. La deuda y el pretexto
  2. El 5 de mayo y la resistencia republicana
  3. El archiduque que quiso ser mexicano
  4. El derrumbe del Imperio
  5. Cronología de la intervención francesa
  6. El regreso de Juárez y la memoria del Imperio

A finales de mayo de 1864, un archiduque austriaco de treinta y un años desembarcó en Veracruz convencido de que los mexicanos lo habían llamado para ser su emperador. Se llamaba Fernando Maximiliano de Habsburgo, y durante los tres años siguientes gobernaría un país que no conocía, sostenido por una potencia extranjera que pronto empezaría a pensar en abandonarlo, mientras un abogado zapoteca nacido en la pobreza organizaba desde el norte la resistencia que acabaría con su vida.

La intervención francesa en México (1862-1867) no fue una aventura colonial improvisada. Fue el resultado de la convergencia de tres factores: la bancarrota de un México desangrado por décadas de guerras civiles, las ambiciones geopolíticas de Napoleón III en el continente americano, y el deseo de la facción conservadora mexicana de encontrar un padrino europeo que liquidara de una vez por todas las reformas liberales de Benito Juárez. El resultado fue un episodio que todavía pesa en la memoria histórica de México.

La deuda y el pretexto

Para entender la intervención hay que mirar primero las cuentas públicas del México de 1861. El país llevaba décadas en guerra casi permanente: la guerra de Independencia, los conflictos internos entre federalistas y centralistas, la guerra con Estados Unidos (1846-1848), y la brutal Guerra de Reforma (1858-1861) entre liberales y conservadores. Las arcas estaban vacías. El gobierno de Juárez, recién instalado en la capital tras la victoria liberal, se encontró ante una deuda exterior impagable.

El 17 de julio de 1861, el Congreso aprobó a iniciativa de Juárez la suspensión del pago de la deuda externa durante dos años. La reacción europea fue inmediata. Francia, Gran Bretaña y España firmaron la Convención de Londres el 31 de octubre, acordando una intervención tripartita para exigir el cobro. Las tropas españolas, al mando del general Prim, llegaron a Veracruz en diciembre; las británicas y francesas, en enero de 1862.

Pero pronto quedó claro que los objetivos de Napoleón III iban mucho más allá del cobro de deudas. El emperador francés soñaba con crear en América un gran bloque latino y católico que contrapesara la creciente influencia anglosajona y protestante de Estados Unidos —entonces inmerso en su propia guerra civil—. Gran Bretaña y España, al comprender que estaban siendo usadas como cobertura para un proyecto imperial francés, se retiraron en abril de 1862. Francia siguió sola.

El 5 de mayo y la resistencia republicana

El avance de las tropas francesas hacia el interior del país se topó con un obstáculo que Napoleón III no había previsto: la resistencia organizada del ejército mexicano. El 5 de mayo de 1862, en las afueras de la ciudad de Puebla, el general Ignacio Zaragoza derrotó a las tropas del conde de Lorencez, un ejército que gozaba de enorme prestigio tras Crimea e Italia. Fue una victoria que México celebra todavía como fiesta nacional —el Cinco de Mayo—, aunque en la historiografía mexicana se suele señalar que la derrota francesa fue temporal: un año después, con refuerzos masivos, Francia tomó Puebla y continuó su avance.

Juárez abandonó la Ciudad de México el 31 de mayo de 1863, poco antes de la entrada del ejército expedicionario francés al mando del general Forey. Pero no se rindió. Estableció un gobierno itinerante que recorrió el norte del país —San Luis Potosí, Monterrey, Chihuahua, Paso del Norte— y desde allí mantuvo encendida la llama de la resistencia republicana durante todo el tiempo que duró el Imperio. Para Juárez, la legalidad republicana era la única fuente de legitimidad; todo lo demás —el ejército francés, el Imperio, la corona de Maximiliano— eran la ilegitimidad disfrazada de orden.

El archiduque que quiso ser mexicano

Fernando Maximiliano de Habsburgo era, en muchos aspectos, un hombre notable. Hermano menor del emperador Francisco José de Austria, había sido comandante en jefe de la marina austriaca y gobernador general del Lombardo-Véneto, y tenía fama de liberal dentro de su familia. Hablaba varios idiomas, tenía inclinaciones científicas y artísticas, y se había entusiasmado con México antes incluso de pisarlo. Su mujer, la princesa Carlota de Bélgica, era aún más ambiciosa y políticamente activa que él.

Cuando la delegación conservadora mexicana le ofreció la corona en Miramare, su castillo junto al Adriático, en octubre de 1863, Maximiliano condicionó su aceptación a de que un plebiscito demostrara que los mexicanos lo querían. Aquella consulta —unas actas de adhesión recogidas bajo la vigilancia del ejército francés en los territorios que controlaba— arrojó, como era de esperar, un resultado favorable, y el 10 de abril de 1864 aceptó formalmente la corona. Maximiliano se convenció de que era el soberano legítimo de una nación que lo reclamaba. La correspondencia entre Maximiliano y Carlota, editada por Konrad Ratz, muestra un hombre que oscilaba entre la convicción sincera y la sospecha de que todo era un montaje.

Lo paradójico del reinado de Maximiliano es que muchas de sus políticas resultaron más liberales que las esperadas. Confirmó las Leyes de Reforma que habían desamortizado los bienes de la Iglesia —provocando la furia de los conservadores que lo habían traído—, intentó atraerse a los liberales moderados, promulgó en 1865 una ley sobre los trabajadores del campo que abolía los castigos corporales y limitaba las deudas heredadas, y mostró un interés sincero por la cultura y la historia mexicanas. Pero nada de esto le granjeó suficientes apoyos como para sobrevivir sin las bayonetas francesas.

El derrumbe del Imperio

El Imperio tenía un talón de Aquiles estructural: dependía completamente del ejército francés. Y Napoleón III, presionado por el coste de la expedición y por la creciente amenaza de Prusia en Europa, empezó a buscar la salida desde 1865. Estados Unidos, que durante su guerra civil no había podido pasar de la protesta diplomática y seguía reconociendo a Juárez, presionó ahora abiertamente contra la presencia francesa en el continente, invocando la Doctrina Monroe. El secretario de Estado estadounidense Seward exigió la retirada de las tropas francesas.

A comienzos de 1866, Napoleón III comunicó que retiraría sus tropas. Carlota viajó a Europa en un desesperado intento de convencer primero a Napoleón y luego al papa Pío IX de que sostuvieran el Imperio. Fracasó en ambos empeños. En Roma sufrió una grave crisis mental de la que nunca se recuperó: vivió hasta 1927, recluida en Bélgica durante sesenta años. Según la tradición, su entorno le ocultó durante mucho tiempo la muerte de Maximiliano.

El propio Maximiliano tuvo la oportunidad de abdicar y regresar a Europa. Varios de sus consejeros se lo aconsejaron. Eligió quedarse —impulsado en parte por su sentido del honor, en parte porque los conservadores mexicanos le aseguraron que podía seguir sin los franceses—. Fue un error fatal. Con las tropas republicanas cerrando el cerco, Maximiliano fue capturado en Querétaro el 15 de mayo de 1867. Un consejo de guerra lo juzgó sumariamente junto a los generales conservadores Miramón y Mejía.

El 19 de junio de 1867, los tres fueron fusilados en el Cerro de las Campanas. Maximiliano murió con ecuanimidad, según los testimonios. Tenía treinta y cuatro años. La noticia llegó a Europa como una conmoción: la pintura de Édouard Manet que representó el fusilamiento —cuya exhibición vetó el gobierno francés en 1869— se convertiría en una de las imágenes más célebres del episodio.

Cronología de la intervención francesa

FechaAcontecimiento
Julio 1861Juárez suspende el pago de la deuda externa
Octubre 1861Convención de Londres: Francia, Gran Bretaña y España acuerdan intervenir
Diciembre 1861Desembarco tripartito en Veracruz
Abril 1862Retirada de Gran Bretaña y España; Francia continúa sola
5 de mayo 1862Batalla de Puebla: victoria mexicana sobre el ejército francés
Mayo 1863Francia toma Puebla; Juárez abandona la Ciudad de México
Octubre 1863Una delegación conservadora ofrece la corona a Maximiliano en Miramare
10 abril 1864Maximiliano acepta la corona
Mayo-junio 1864Maximiliano desembarca en Veracruz (28 de mayo) y entra en la capital (12 de junio)
1866Napoleón III anuncia la retirada de tropas francesas; crisis de Carlota en Europa
Febrero-marzo 1867Salen de México las últimas tropas francesas
Mayo 1867Maximiliano capturado en Querétaro
19 junio 1867Fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas
Julio 1867Juárez regresa triunfante a la Ciudad de México

El regreso de Juárez y la memoria del Imperio

El 15 de julio de 1867, Benito Juárez entró en la Ciudad de México. La República había sobrevivido. Fue el triunfo de los principios que Juárez encarnaba: soberanía nacional, laicismo, Estado de derecho. El manifiesto que dirigió ese día a la nación, con su célebre frase "entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz", sigue siendo uno de los textos fundacionales del liberalismo mexicano.

La memoria histórica del Imperio ha tenido en México una trayectoria singular. Durante décadas, Maximiliano fue simplemente el invasor, el traidor importado por los conservadores, el símbolo de la intervención extranjera. Pero en la historiografía reciente —y en estudios como los de Konrad Ratz sobre Maximiliano— ha surgido una imagen más matizada: la de un hombre atrapado entre las ambiciones de Napoleón III, las manipulaciones de los conservadores mexicanos y su propia incapacidad para leer la realidad política del país que gobernaba.

Lo que el episodio dejó como herencia más duradera no fue tanto el Imperio mismo como la consolidación del proyecto liberal. La victoria republicana de 1867 permitió a Juárez completar las reformas que los conservadores habían intentado deshacer recurriendo a las bayonetas francesas. Y la resistencia exitosa frente a una potencia europea de primer orden dio a México una autoestima nacional que sobrevivió mucho tiempo después de que los actores principales hubieran muerto.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1862.

Para leer más

Correspondencia inédita entre Maximiliano y Carlota

Konrad Ratz (ed.)

Cientos de cartas y telegramas entre los emperadores, editados por el mayor especialista austriaco en Maximiliano.

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Maximiliano y Carlota

Egon Caesar Conte Corti

La biografía clásica del archiduque austriaco que se convirtió en emperador de México, escrita con acceso a los archivos imperiales vieneses.

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Juárez y su México

Ralph Roeder

Retrato monumental de Benito Juárez que recorre toda la resistencia republicana frente a la intervención francesa y el Imperio.

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