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Siglo XIX1846 — 18489 min de lectura

La guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848)

En pocas palabras

La guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848): causas, batallas, Tratado de Guadalupe Hidalgo y la pérdida de la mitad del territorio mexicano.

En este artículo
  1. Las raíces del conflicto: el Destino Manifiesto y Texas
  2. El pretexto y la declaración de guerra
  3. Las campañas militares: de Monterrey a Ciudad de México
  4. La resistencia mexicana y sus límites
  5. El Tratado de Guadalupe Hidalgo
  6. Las consecuencias para México
  7. Cronología de la guerra

En la primavera de 1846, tropas de Estados Unidos cruzaron el río Nueces y avanzaron hasta el río Grande, adentrándose en un territorio que México consideraba propio. En abril, un choque con la caballería mexicana dejó una decena larga de soldados estadounidenses muertos. El presidente James K. Polk pidió entonces al Congreso la guerra, alegando que México había «derramado sangre americana en suelo americano». La afirmación era, como mínimo, discutible: aquella franja nunca había formado parte del Texas mexicano. Pero sirvió a su propósito.

La guerra duró casi dos años y concluyó con México cediendo a Estados Unidos los actuales estados de California, Nevada y Utah, la mayor parte de Arizona y Nuevo México y porciones de Colorado y Wyoming. Sumada a la pérdida previa de Texas, la amputación rondó la mitad del territorio que México tenía al independizarse. Para México fue una catástrofe nacional cuyas heridas —políticas, económicas y de memoria— marcaron el resto del siglo. Para Estados Unidos, el mayor salto territorial desde la compra de Luisiana.

Este artículo cuenta la guerra desde el lado de quien la perdió: por qué estalló, cómo se combatió y qué le costó a México. Lo que aquellas tierras nuevas provocaron dentro de Estados Unidos —la pugna sobre si serían libres o esclavistas— pertenece a otra historia, la que se cuenta en la Guerra de Secesión.

Las raíces del conflicto: el Destino Manifiesto y Texas

Para entender la guerra de 1846, hay que retroceder al menos una década. En 1836, los colonos angloamericanos asentados en Texas —provincia mexicana— se sublevaron y declararon la independencia de la llamada República de Texas. México nunca reconoció esa independencia, pero tampoco tuvo la capacidad militar para revertirla. La frontera texana quedó en disputa: los texanos reclamaban el río Grande como límite sur; México sostenía que la frontera era el río Nueces, más al norte.

En 1845, Estados Unidos anexionó Texas. México rompió relaciones diplomáticas de inmediato. La anexión no fue solo un agravio territorial: representaba la consolidación de una visión expansionista que circulaba abiertamente en la prensa y la política estadounidenses bajo el nombre de Destino Manifiesto. La expresión, acuñada ese mismo año por el periodista John L. O'Sullivan, sostenía que era la voluntad de Dios que los Estados Unidos se extendieran desde el Atlántico hasta el Pacífico. En ese esquema, México era un obstáculo.

El presidente Polk quería California y Nuevo México, territorios con escasa población mexicana pero de enorme valor estratégico, sobre todo por los puertos del Pacífico. A finales de 1845 envió al diplomático John Slidell a Ciudad de México con la oferta de comprarlos. El gobierno de José Joaquín de Herrera se negó a recibirlo: negociar habría equivalido a legitimar la anexión de Texas, y aun así Herrera fue derribado poco después por el general Mariano Paredes, que lo acusaba de blando con Washington. Polk empezó a preparar el terreno para la guerra.

El pretexto y la declaración de guerra

En enero de 1846, Polk ordenó al general Zachary Taylor avanzar con su ejército hasta el río Grande, instalando un fuerte frente a la ciudad mexicana de Matamoros. Era una provocación en toda regla: si la frontera legítima era el Nueces, Taylor se encontraba en territorio mexicano. El general mexicano Pedro de Ampudia lo entendió así y exigió la retirada. Taylor se negó.

El 25 de abril, una fuerza de caballería mexicana cruzó el río y sorprendió a una partida de reconocimiento estadounidense al mando del capitán Seth Thornton; unos once soldados murieron y el resto fue capturado. Polk tenía su pretexto. Antes incluso de que llegara la declaración formal, Taylor derrotó a las tropas del general Mariano Arista en Palo Alto y Resaca de la Palma (8 y 9 de mayo), donde la artillería ligera estadounidense resultó decisiva. El Congreso aprobó la guerra por amplia mayoría y Polk la firmó el 13 de mayo de 1846.

Hubo voces críticas. Los whigs acusaron al presidente de haber fabricado el conflicto y, en diciembre de 1847, un congresista recién llegado a Washington, Abraham Lincoln, presentó las llamadas «Spot Resolutions», en las que exigía a Polk que señalara el punto exacto —el spot— donde se había derramado aquella sangre. El presidente nunca respondió. Amy S. Greenberg reconstruye este debate en A Wicked War.

Las campañas militares: de Monterrey a Ciudad de México

La guerra se libró en varios frentes. En el noreste, Taylor avanzó hacia el interior y tomó Monterrey en septiembre de 1846 tras tres días de combates urbanos. En febrero de 1847, Santa Anna, de vuelta del exilio, lo atacó en La Angostura (Buena Vista para los estadounidenses) con un ejército superior en número; la batalla quedó indecisa, pero el general mexicano se retiró y el norte quedó en manos de Taylor. Mientras tanto, el general Stephen Kearny ocupó Nuevo México sin apenas lucha en agosto de 1846 y siguió hacia California, donde los californios resistieron hasta enero de 1847. La Armada estadounidense bloqueó los puertos mexicanos del Pacífico y del Golfo.

Pero la campaña decisiva fue la del general Winfield Scott, que desembarcó cerca de Veracruz en marzo de 1847 con entre diez y doce mil hombres, el mayor desembarco anfibio que había realizado Estados Unidos hasta entonces. Scott tomó el puerto tras un bombardeo que causó numerosas víctimas civiles y avanzó hacia el interior por el camino de Xalapa y Puebla, a grandes rasgos la ruta que Hernán Cortés había seguido tres siglos antes.

En la batalla de Cerro Gordo (18 de abril de 1847), las fuerzas mexicanas al mando del general Santa Anna intentaron detener el avance sin éxito. Scott prosiguió hacia la capital. En agosto y septiembre de 1847, una serie de batallas en los alrededores de Ciudad de México —Contreras, Churubusco, Molino del Rey, Chapultepec— rompieron la resistencia mexicana. La batalla de Chapultepec, en la que un grupo de cadetes del Colegio Militar pereció defendiendo la colina del mismo nombre, se convertiría en uno de los episodios más recordados de la historia militar mexicana: los llamados «Niños Héroes», cuya historicidad ha sido debatida pero cuyo símbolo permanece.

En Churubusco combatió del lado mexicano el Batallón de San Patricio, formado en buena parte por desertores irlandeses y otros inmigrantes católicos del ejército estadounidense; los capturados fueron juzgados por deserción y alrededor de medio centenar murieron ahorcados. El 14 de septiembre de 1847, Scott entró en la Plaza Mayor de Ciudad de México. La campaña, que John S. D. Eisenhower narra con detalle en So Far from God, destacó por la rapidez con que un ejército pequeño y lejos de sus bases tomó una gran capital.

La resistencia mexicana y sus límites

La resistencia de México fue real pero fragmentada. El ejército mexicano luchó con valentía en varios frentes, pero sus dificultades eran estructurales: escasez de recursos, equipamiento obsoleto, falta de artillería pesada y, sobre todo, una profunda inestabilidad política interna. Durante los dos años de guerra, México tuvo varios presidentes y múltiples crisis de gobierno. A comienzos de 1847, el intento de Valentín Gómez Farías de financiar la guerra con bienes eclesiásticos provocó en la capital la rebelión de los «polkos» justo cuando Scott desembarcaba en Veracruz. Santa Anna, que ejercía de presidente y de comandante en jefe, fue derrotado repetidamente sin que ello le impidiera volver al poder años después.

La respuesta de la sociedad fue desigual: hubo resistencia popular en algunas ciudades, mientras en otras las élites prefirieron entenderse con los ocupantes antes que arriesgar sus propiedades. Varios estados, además, regatearon hombres y dinero al gobierno central.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo

Las negociaciones de paz comenzaron mientras Scott todavía ocupaba Ciudad de México. El enviado estadounidense, Nicholas Trist, negoció en circunstancias peculiares: Polk en realidad le había retirado la comisión, pero Trist decidió ignorar la orden y firmar el tratado de todos modos, convencido de que prolongar la guerra solo causaría más sufrimiento.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo fue firmado el 2 de febrero de 1848. Sus términos fueron devastadores para México: cedía a Estados Unidos los territorios de Alta California y Nuevo México —más de 1,3 millones de kilómetros cuadrados— a cambio de quince millones de dólares y la asunción por parte de Estados Unidos de las reclamaciones de ciudadanos estadounidenses contra México. La frontera quedó fijada en el río Bravo (Grande) y, al oeste, en los ríos Gila y Colorado y una línea hasta el Pacífico.

El tratado incluía también garantías para los mexicanos que permanecieran en los territorios cedidos: podían conservar la nacionalidad mexicana o adquirir la estadounidense, y se les prometía el respeto a la propiedad. En la práctica, estas garantías se incumplieron con frecuencia durante las décadas siguientes,, y muchas familias perdieron sus tierras en pleitos sobre la validez de sus títulos. El tratado se apoyó en el llamado mapa de Disturnell, cuyos errores alimentaron disputas posteriores.

Las consecuencias para México

El coste humano fue alto en ambos bandos. Estados Unidos perdió en torno a trece mil hombres, la mayoría por enfermedades más que en combate; las pérdidas mexicanas, militares y civiles, son mucho más difíciles de establecer y las estimaciones varían ampliamente. En 1853, el propio Santa Anna, de nuevo en el poder, vendió a Estados Unidos La Mesilla, una franja al sur del río Gila, por diez millones de dólares, con lo que la frontera quedó prácticamente como la conocemos hoy.

La derrota tuvo consecuencias políticas profundas. Dejó en evidencia la debilidad del Estado, la división de las élites y la ineficacia de un ejército muy caro. Unos, sobre todo conservadores, concluyeron que el país necesitaba orden y quizá una monarquía; otros, los liberales de la generación de Benito Juárez, que la solución pasaba por una transformación a fondo de la sociedad y de las corporaciones. De esa discusión nacerían la revolución de Ayutla de 1854 y la Reforma, y también, en parte, la tentación monárquica que terminaría en la aventura de Maximiliano.

Cronología de la guerra

FechaAcontecimiento
1836Independencia de la República de Texas; México no la reconoce
Diciembre 1845Estados Unidos anexiona Texas
Enero 1846Taylor avanza al río Grande por orden de Polk
25 abril 1846Primer choque armado en el río Grande
8-9 mayo 1846Batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma
13 mayo 1846Estados Unidos declara formalmente la guerra a México
Septiembre 1846Taylor toma Monterrey
Febrero 1847Batalla de La Angostura (Buena Vista)
Marzo 1847Scott desembarca en Veracruz
Abril 1847Batalla de Cerro Gordo
Septiembre 1847Batallas de Chapultepec y caída de Ciudad de México
2 febrero 1848Firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo
Mayo 1848Ratificación del tratado; fin oficial del conflicto
Diciembre 1853Venta de La Mesilla (Tratado Gadsden)

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1846.

Para leer más

So Far from God: The U.S. War with Mexico

John S. D. Eisenhower

Narración militar rigurosa y accesible de la guerra mexicano-americana, desde las maniobras políticas que la provocaron hasta los tratados de paz.

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A Wicked War: Polk, Clay, Lincoln, and the 1846 U.S. Invasion of Mexico

Amy S. Greenberg

Examina la guerra desde la política interior estadounidense, incluyendo las voces disidentes que la denunciaron como una guerra de conquista injustificada.

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México al tiempo de su guerra con Estados Unidos (1846-1848)

Josefina Zoraida Vázquez (coord.)

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