Precolombinac. 1438 — 1533 d.C.7 min de lectura
El Qhapaq Ñan: los caminos del Inca que unieron un continente
En pocas palabras
El Qhapaq Ñan, la red vial inca: miles de kilómetros de caminos que unieron los Andes de Colombia a Chile sin rueda ni caballos. Patrimonio Mundial desde 2014.
En este artículo
En el siglo XVI, cuando los conquistadores españoles avanzaron por los Andes, quedaron asombrados por lo que encontraron: una red de caminos empedrados que se extendía miles de kilómetros a través de las montañas más altas de América, cruzando abismos sobre puentes de cuerda, atravesando desiertos costeros y selvas tropicales, con postas de aprovisionamiento cada veinte o treinta kilómetros y corredores-mensajeros que, en relevos, podían cubrir más de 200 kilómetros en un día.
El Qhapaq Ñan —"camino principal" o "camino poderoso" en quechua— era la columna vertebral del Imperio inca. Sin él, el Tahuantinsuyo no hubiera podido existir. Gobernar un territorio de más de 4.000 kilómetros de longitud, sin escritura alfabética y sin caballos, hubiera sido imposible sin una infraestructura de comunicación que permitiera al centro conocer la periferia y a la periferia recibir las órdenes del centro.
Es uno de los mayores logros de ingeniería de la América precolombina, y en 2014 la UNESCO lo inscribió en la lista del Patrimonio Mundial. Conviene precisar, eso sí, que los incas no partieron de cero: integraron y ampliaron caminos construidos siglos antes por culturas como Wari o Chimú.
La extensión de la red
Las estimaciones oscilan entre 30.000 y 40.000 kilómetros de caminos; el arqueólogo John Hyslop, que dedicó años a recorrerlos, documentó unos 23.000. La cifra incluye las dos articulaciones principales —el camino de las sierras y el camino costero— y la red de caminos secundarios y transversales que los conectaban.
El camino de las sierras (Qhapaq Ñan propiamente dicho) era la vía principal del Imperio. Discurría por las altas punas andinas, a altitudes de entre 3.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, desde el sur de la actual Colombia, pasando por Quito y Cusco, hasta el noroeste de Argentina y el centro de Chile: unos 6.000 kilómetros siguiendo los pliegues de la montaña.
El camino costero (Camino de los Llanos) discurría paralelo al anterior, más abajo, por la costa desértica del Pacífico. En algunos tramos era literalmente una pista en el desierto, marcada por postes y muros laterales para impedir que la arena la cubriera.
Numerosos caminos transversales cruzaban las montañas de una articulación a la otra, permitiendo el movimiento rápido de tropas y mensajeros entre la costa y los Andes.
La calidad de la construcción
La calidad de construcción del Qhapaq Ñan variaba según la importancia del tramo y las posibilidades del terreno. En los tramos de alta montaña, el camino era frecuentemente empedrado con losas de piedra, con bordillos laterales que delimitaban su anchura (por lo general de uno a cuatro metros, aunque algunos tramos costeros superaban los diez) y canales de drenaje que evacuaban el agua de las lluvias para evitar que el camino se deteriorara.
En terreno llano y seco, el camino podía ser simplemente una pista compactada con señalizaciones laterales. En zonas pantanosas, se construían terraplenes elevados. En las laderas más abruptas, se tallaban escalinatas directamente en la roca viva.
Los puentes son quizá la hazaña de ingeniería más impresionante de la red. Sobre los cañones del Urubamba, el Apurímac y otros ríos torrentosos de los Andes, los incas tendieron puentes colgantes de cuerdas trenzadas —los "puentes de ichu"— capaces de sostener a personas, llamas cargadas y equipos militares. El más célebre, sobre el Apurímac, tenía unos 45 metros de luz y siguió en uso hasta el siglo XIX. Las comunidades vecinas estaban obligadas a renovar las cuerdas periódicamente, a menudo cada año, como tributo en trabajo y como acto ritual.
Esa tradición no se ha perdido: el puente de Q'eswachaka, sobre el río Apurímac en la provincia cusqueña de Canas, se reconstruye cada año con fibras vegetales trenzadas a mano, y en 2013 la UNESCO inscribió el saber asociado a su renovación en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Los chasquis: el correo humano más rápido del mundo antiguo
La red de caminos era inútil sin un sistema de comunicación que la aprovechara. Los incas lo tenían: los chasquis, corredores-mensajeros que se relevaban en postas (estaciones de descanso) situadas cada 2 o 3 kilómetros a lo largo de los caminos principales.
El sistema funcionaba así: en cada posta esperaban varios chasquis. Cuando llegaba un corredor desde la posta anterior, transmitía de viva voz su mensaje al siguiente, que arrancaba a correr de inmediato. El mensaje —a veces acompañado de un quipu con información numérica— pasaba así de relevo en relevo a lo largo de la red.
Los cronistas del siglo XVI registran velocidades asombrosas. Según varios de ellos, el Sapa Inca podía recibir en Cusco pescado fresco de la costa, a varios cientos de kilómetros, en uno o dos días. Un ejército a pie tardaba semanas en cubrir la misma distancia. Las estimaciones modernas, basadas en esas crónicas, sitúan el ritmo de los relevos en unos 200-240 kilómetros diarios.
Si esas cifras son correctas, y aunque proceden de fuentes que a veces exageran, el sistema de chasquis estuvo entre los medios de comunicación terrestre más rápidos del mundo antes del telégrafo.
Los tambos: la red de aprovisionamiento
A lo largo del camino, cada 20-30 kilómetros aproximadamente, había tambos: instalaciones de aprovisionamiento que combinaban las funciones de posada, almacén y cuartel.
Los tambos grandes —los "tampus reales"— podían alojar a cientos de personas, almacenar enormes cantidades de alimentos (maíz, chuño —papa deshidratada—, charqui —carne seca—, quinoa, chicha) y proporcionar alpacas o llamas para los convoyes que los necesitaran.
Este sistema permitía al ejército inca moverse a lo largo de la red sin necesidad de aprovisionarse localmente: cada tambo proporcionaba lo necesario para llegar al siguiente. Era una cadena logística que asombró a los españoles, acostumbrados a ejércitos que vivían sobre el terreno y saqueaban para abastecerse.
Los tambos también eran puntos de control. Los funcionarios que los gestionaban registraban en quipus lo que entraba y salía, y la circulación por el camino real estaba reservada a quienes viajaban por cuenta del Estado: soldados, funcionarios, mitayos y caravanas. El tránsito privado sin permiso estaba prohibido.
Sin rueda, sin caballos: la genialidad de una solución diferente
El Qhapaq Ñan se construyó y se usó sin ruedas —en Mesoamérica se conocía el principio, como muestran figurillas con ruedas halladas en Veracruz, pero no hay indicios de su uso en los Andes— y sin caballos, que se habían extinguido en América hacía más de 10.000 años.
El animal de carga del Imperio era la llama: un camélido andino capaz de transportar cargas de hasta 30 kilogramos y de recorrer unos 20 kilómetros al día en terreno de montaña. Las llamas eran ideales para los Andes: resistentes, adaptadas a las alturas, capaces de alimentarse de la vegetación de la puna sin necesidad de costosas provisiones de pienso.
El Qhapaq Ñan estaba diseñado para llamas y caminantes: sus escalinatas y sus fuertes pendientes eran adecuadas para ese tráfico. Cuando los españoles llegaron, el camino les fue enormemente útil para avanzar hacia Cusco, pero los cascos de los caballos dañaron el empedrado y los peldaños resultaban poco prácticos para las recuas de mulas. Con el hundimiento del sistema de mantenimiento estatal y el traslado de la capital a Lima, en la costa, muchos tramos quedaron abandonados.
El Qhapaq Ñan hoy
En 2014, la UNESCO inscribió el Qhapaq Ñan en la lista del Patrimonio Mundial tras una candidatura conjunta de los seis países que comparten el trazado: Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina. Es uno de los bienes transnacionales más extensos de la lista.
Hoy, largos tramos del camino están bien conservados, especialmente en Perú. El tramo más famoso —el que conduce de Ollantaytambo a Machu Picchu, conocido como el "Camino Inca"— es uno de los senderos de trekking más populares del mundo. El acceso está limitado por un sistema de permisos diarios que gestiona el Estado peruano.
Cronología del Qhapaq Ñan
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Preinca | Caminos locales andinos en uso por distintos señoríos |
| c. 1438-1471 d.C. | Pachacútec inicia la construcción sistemática de la red (fechas tradicionales, debatidas) |
| c. 1471-1527 d.C. | Túpac Yupanqui y Huayna Cápac completan y extienden la red |
| 1532-1533 d.C. | Los españoles usan el Qhapaq Ñan para avanzar hacia Cusco |
| Siglo XVI d.C. | Declive de la red por falta de mantenimiento estatal |
| 2013 d.C. | La renovación del puente Q'eswachaka, Patrimonio Cultural Inmaterial |
| 2014 d.C. | UNESCO declara el Qhapaq Ñan Patrimonio de la Humanidad |
Para leer más
Qhapaqñan. El sistema vial inkaico
John Hyslop
El estudio arqueológico clásico de la red vial inca, basado en el recorrido y la medición de miles de kilómetros de caminos.
Buscar en Amazon1491. Una nueva historia de las Américas antes de Colón
Charles C. Mann
Sitúa la red vial inca en el panorama más amplio de las civilizaciones americanas precolombinas.
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