Conquista16 de noviembre de 15328 min de lectura
La captura de Atahualpa en Cajamarca
En pocas palabras
El 16 de noviembre de 1532, Francisco Pizarro capturó al inca Atahualpa en Cajamarca. Descubre cómo un puñado de españoles derrotó a un Imperio.
En este artículo
El 16 de noviembre de 1532, en la plaza de la ciudad serrana de Cajamarca, ocurrió uno de los episodios más inverosímiles de la historia moderna. Un grupo de poco más de 160 españoles —sin apoyo inmediato, en el interior de un Imperio de varios millones de habitantes— capturó al monarca más poderoso del continente americano. En cuestión de horas, el Tahuantinsuyo, el Imperio inca, perdió a su Sapa Inca y empezó a desmoronarse desde dentro.
La historiografía ha debatido durante décadas si lo sucedido en Cajamarca fue una victoria táctica brillante, una carnicería oportunista o el resultado de una serie de circunstancias que hicieron casi inevitable el desenlace. Probablemente fue las tres cosas a la vez, y entenderlo exige mirar tanto a los conquistadores como al mundo que encontraron.
El contexto: un Imperio en guerra civil
Cuando Francisco Pizarro llegó a Túmbez, en la costa norte del actual Perú, a comienzos de 1532, el Tahuantinsuyo no era el coloso monolítico que la leyenda posterior describe. Acababa de salir de una guerra civil devastadora. El Sapa Inca Huayna Cápac había muerto hacia 1527-1528 —probablemente víctima de una epidemia, que la mayoría identifica con la viruela, llegada antes que los propios conquistadores— sin que su sucesión quedara clara.
De la disputa por el poder emergieron dos candidatos principales: Huáscar, reconocido en la capital, Cusco, y Atahualpa, que contaba con el apoyo del poderoso ejército del norte. La guerra entre ambos fue larga y brutal. Cuando Pizarro cruzó los Andes, Atahualpa acababa de imponerse: sus generales Quisquis y Chalcuchímac habían derrotado y capturado a Huáscar cerca del Cusco, donde permanecían con el grueso del ejército del norte, mientras el propio Atahualpa descansaba junto a los baños termales de Cajamarca con otro ejército de decenas de miles de hombres.
Este detalle es fundamental. El Imperio que Pizarro se iba a encontrar estaba socialmente fracturado, con una parte de la élite cusqueña que miraba con hostilidad al nuevo Sapa Inca y que, en los meses siguientes, no tendría ningún incentivo para defender a un vencedor que había ejecutado a sus propios parientes.
El avance hacia Cajamarca
La expedición de Pizarro era pequeña hasta el escándalo: 106 infantes y 62 jinetes, que habían salido de San Miguel de Piura el 24 de septiembre de 1532. Habían cruzado la cordillera de los Andes por una ruta que los situaba en una posición de extrema vulnerabilidad logística. Sin embargo, Atahualpa no los detuvo. Dejó que subieran.
Los cronistas españoles interpretaron esto como arrogancia o como un error de cálculo. Los historiadores modernos ofrecen lecturas más matizadas. Es posible que Atahualpa quisiera estudiar de cerca a esos extraños visitantes antes de decidir qué hacer con ellos. También es posible que confiara en poder capturarlos o negociar con ellos desde una posición de fuerza, rodeado como estaba por un ejército de decenas de miles de hombres. Cualquiera que fuera el motivo, la decisión de permitir que los españoles llegaran a Cajamarca resultó fatal.
La ciudad estaba prácticamente vacía cuando Pizarro entró el 15 de noviembre. El ejército de Atahualpa acampaba en las colinas próximas. Los españoles pasaron la noche en los edificios que rodean la gran plaza, armados y sin dormir, atenazados por un miedo que varios de ellos reconocerían abiertamente en sus crónicas. Hernando de Soto y Hernando Pizarro, que habían cabalgado hasta el campamento inca para entrevistarse con Atahualpa, regresaron con una promesa: el Sapa Inca visitaría Cajamarca al día siguiente.
La trampa en la plaza
Pizarro no tardó en decidirse. La noche del 15, reunió a sus capitanes y trazó un plan que era, en esencia, una emboscada. Los jinetes y los infantes se distribuirían por los edificios que daban a la plaza. La artillería —unas pocas piezas ligeras al mando de Pedro de Candia— quedaría oculta. Cuando Atahualpa llegara, el dominico fray Vicente de Valverde se adelantaría a hablarle. Ante cualquier rechazo o desacuerdo, Pizarro daría la señal atacando.
Lo que Valverde dijo respondía al esquema del Requerimiento, el texto legal que desde 1513 debían leer los conquistadores antes de hacer la guerra: informaba de la donación papal de aquellas tierras a los reyes de Castilla y exigía la sumisión y la aceptación de la predicación. La negativa justificaba, a ojos castellanos, la «guerra justa». Que se transmitiera a Atahualpa a través de un joven intérprete indígena de conocimientos limitados, con la emboscada ya preparada, dice mucho sobre la naturaleza de aquel procedimiento. Ya en el siglo XVI juristas y teólogos como Bartolomé de las Casas lo criticaron con dureza.
El 16 de noviembre, Atahualpa llegó a la plaza al frente de una comitiva de entre cinco y ocho mil hombres, en su mayoría desarmados o portando armas ligeras ceremoniales. La procesión era espléndida: músicos, portadores de literas, nobles con vestiduras de plumas y oro. El Sapa Inca viajaba en andas, bajo un palio.
Valverde se acercó, habló y le tendió un libro —un breviario o una Biblia, según las fuentes—. Atahualpa lo examinó y lo arrojó al suelo; algunos relatos andinos posteriores añaden que se lo llevó al oído y, como no le hablaba, lo desechó. Las versiones difieren, pero todas coinciden en el desenlace: fue la señal. Los cañones dispararon, la caballería cargó y los infantes salieron de los edificios con espadas. La matanza se prolongó hasta la caída de la noche, un par de horas a lo sumo. El relato del secretario de Pizarro, Francisco de Jerez, recogido en su Verdadera relación de la conquista del Perú, es el testimonio más cercano a los hechos.
El derrumbe del orden inca
Las cifras de muertos en la plaza de Cajamarca y en la persecución posterior varían según las fuentes: las estimaciones van de unos 2.000 a 7.000 indígenas. Los españoles no sufrieron ningún muerto; hubo heridos, entre ellos el propio Pizarro, que recibió un corte en la mano al intentar impedir que sus soldados mataran a Atahualpa antes de que pudieran capturarlo.
El efecto psicológico y político de la captura del Sapa Inca fue inmediato y devastador. En la cosmovisión andina, el Inca era hijo del Sol, el eje del orden cósmico y político. Su captura dejaba al sistema sin cabeza. Los generales Quisquis y Chalcuchímac, al frente de ejércitos mucho más grandes que la hueste de Pizarro, no lanzaron un ataque: el propio Atahualpa, que temía por su vida y confiaba en recuperar la libertad, les ordenó esperar. La parálisis se apoderó del mando inca.
Atahualpa, prisionero pero sagaz, entendió rápidamente qué era lo que más interesaba a sus captores. Cuentan las crónicas que, en la estancia donde estaba preso, señaló una línea en la pared a la altura de su brazo extendido y ofreció llenar la habitación de oro hasta esa marca, y dos veces más de plata, a cambio de su libertad. Los españoles aceptaron. El rescate de Atahualpa se convertiría en uno de los mayores botines de la historia de la conquista.
Por qué ganaron los españoles
La pregunta que Cajamarca plantea con mayor insistencia es por qué fue Atahualpa quien acabó prisionero y no Pizarro. La respuesta más difundida la ofrece Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero: los españoles llegaron con una acumulación de ventajas —tecnológicas, epidemiológicas, animales y de escritura— fruto de milenios de desarrollo diferente entre Eurasia y América. Muchos historiadores consideran su explicación demasiado determinista y prefieren subrayar factores políticos concretos, como la guerra civil inca y las alianzas locales, que John Hemming reconstruye con detalle.
Los caballos y las armas de hierro eran, en la batalla, ventajas decisivas. Un caballo en una plaza cerrada llena de gente sin armas largas era una máquina de guerra casi irresistible. El acero de las espadas cortaba donde el bronce y la madera fallaban. Pero quizá la ventaja más profunda era otra: la información. Pizarro conocía lo ocurrido en México —las cartas de Cortés circulaban impresas y ambos habían coincidido en la corte en 1528—. Tenía un modelo: capturar al soberano. Atahualpa no tenía ningún referente comparable sobre aquellos extranjeros.
A esto se suman las enfermedades. Una epidemia, probablemente de viruela, había golpeado el Imperio inca antes de que llegara un solo conquistador, y con ella murieron Huayna Cápac y, según algunas fuentes, su heredero designado, Ninan Cuyochi. La guerra civil que desestabilizó el Tahuantinsuyo fue, en parte, consecuencia de una epidemia europea que viajó más rápido que sus portadores.
Cronología de la captura
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| ~1527-1528 | Muerte de Huayna Cápac, posiblemente por viruela; poco después estalla la guerra civil inca |
| 1532 | Los generales de Atahualpa derrotan y capturan a Huáscar cerca del Cusco |
| 24 septiembre 1532 | Pizarro parte de San Miguel de Piura hacia los Andes |
| 15 noviembre 1532 | Los españoles llegan a Cajamarca; entrevista de Soto y Hernando Pizarro con Atahualpa |
| 16 noviembre 1532 | Emboscada en la plaza de Cajamarca; captura de Atahualpa |
| Noviembre 1532 – junio 1533 | Periodo del rescate: acumulación de oro y plata |
| 26 julio 1533 | Ejecución de Atahualpa pese al pago del rescate |
| Noviembre 1533 | Pizarro toma Cusco; derrumbe efectivo del Imperio inca |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1532.
Para leer más
La conquista de los incas
John Hemming
La obra de referencia sobre la caída del Tahuantinsuyo, meticulosa en el uso de fuentes y rigurosa en el análisis militar y político.
Buscar en AmazonArmas, gérmenes y acero
Jared Diamond
Explica por qué Pizarro capturó a Atahualpa y no al revés: el ensayo más influyente sobre las ventajas tecnológicas y epidemiológicas de los europeos.
Buscar en AmazonLa ilusión del poder: apogeo y decadencia de los Pizarro en la conquista del Perú
Rafael Varón Gabai
Análisis del clan Pizarro y de las redes de poder y financiación que hicieron posible la expedición conquistadora.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.