Conquista1532 — 15728 min de lectura
La conquista del Imperio inca
En pocas palabras
La conquista del Imperio inca por Francisco Pizarro: de la llegada a Cajamarca en 1532 hasta la caída del último reducto inca en Vilcabamba en 1572.
En este artículo
En noviembre de 1532, un grupo de menos de doscientos soldados españoles se adentró en la plaza de Cajamarca y capturó al gobernante del mayor imperio de América. Lo que ocurrió ese día no fue fruto de la superioridad militar en términos numéricos —el ejército inca superaba a los españoles en una proporción de varios cientos a uno—, sino el resultado de una audacia rayana en la temeridad, de una guerra civil que había debilitado el Tahuantinsuyo desde dentro y de las devastadoras consecuencias de las epidemias que habían llegado a los Andes años antes que los propios conquistadores.
La conquista del Imperio inca es uno de los episodios más estudiados y perturbadores de la historia moderna. No es la historia simple de una civilización «vencida» por otra: es la historia de cómo un Estado continental, cuya administración y logística eran en muchos aspectos comparables a las del Imperio romano, fue desmantelado por una combinación de factores en los que la violencia española fue decisiva pero nunca actuó sola.
El Tahuantinsuyo antes de Pizarro
En la primera mitad del siglo XVI, el Imperio inca —el Tahuantinsuyo, «las cuatro partes» o regiones del mundo— se extendía a lo largo de más de cuatro mil kilómetros, desde el sur de la actual Colombia hasta el noroeste de Argentina y el centro de Chile. Era el mayor Estado organizado que había existido jamás en el continente americano, y su capacidad de gestión, redistribución económica y comunicación era extraordinaria. La red de caminos del Qhapaq Ñan, que los chasquis recorrían a la carrera portando mensajes, permitía comunicar Cuzco con los confines del Imperio en cuestión de días.
Pero el Tahuantinsuyo de 1532 no era el mismo que el del gran Huayna Cápac, fallecido hacia 1527. La muerte del Sapa Inca —probablemente víctima de la viruela, que había llegado al continente antes que los propios españoles— desencadenó una guerra civil entre dos de sus hijos: Huáscar, que controlaba Cuzco y la legitimidad dinástica, y Atahualpa, que mandaba los ejércitos del norte, endurecidos por las campañas en Quito. Cuando Pizarro llegó a Túmbez con su pequeña expedición, los generales de Atahualpa estaban a punto de derrotar y capturar a Huáscar, pero la guerra había dejado el Imperio profundamente dividido y con una nobleza cusqueña que no veía con buenos ojos al nuevo Sapa Inca.
El camino a Cajamarca
Francisco Pizarro no llegó al Tahuantinsuyo de improviso. Sus dos primeras expediciones —en 1524-1525 y 1526-1528— habían sido parciales y llenas de dificultades. Fue en la segunda, en 1527, cuando en la isla del Gallo protagonizó el famoso episodio de la raya trazada en la arena: invitó a los hombres que quisieran continuar a cruzarla, y trece lo hicieron. Con esos «Trece de la Fama» y los refuerzos que llegaron después, Pizarro alcanzó Túmbez en 1528 y pudo llevar a España pruebas de la riqueza del Imperio inca: tejidos, piezas de oro y plata, llamas y algunos jóvenes indígenas que servirían de intérpretes.
Con la capitulación obtenida en Toledo en 1529, Pizarro partió de Panamá en enero de 1531 con unos ciento ochenta hombres y algunas decenas de caballos. Tras meses de avance penoso por la costa del actual Ecuador, llegó a Túmbez y fundó San Miguel de Piura, desde donde en septiembre de 1532 inició la marcha hacia el interior. Pizarro sabía de la guerra civil inca a través de sus intérpretes; sabía también que Atahualpa se encontraba en Cajamarca, descansando con su ejército. Decidió marchar directamente hacia él.
La travesía de la sierra andina fue dura, pero los propios caminos incas facilitaron el avance. Atahualpa, por su parte, dejó pasar a los españoles. Los motivos de esta decisión —que ninguna fuente inca contemporánea explica— han generado debate: ¿confianza en su superioridad numérica? ¿Curiosidad ante unos extranjeros desconocidos? ¿Un cálculo político equivocado? Muchos historiadores creen que Atahualpa no consideraba que un grupo tan pequeño pudiera representar una amenaza seria, y que quería estudiarlos de cerca antes de actuar; algunos cronistas afirman incluso que pensaba quedarse con sus caballos y convertir a algunos españoles en sirvientes.
Cajamarca: la trampa y el golpe
El 16 de noviembre de 1532, Atahualpa entró en la plaza de Cajamarca con su séquito. Pizarro le tendió una emboscada clásica, del tipo que los conquistadores habían empleado con eficacia en el Caribe y en México: los soldados españoles se ocultaron en los edificios que rodeaban la plaza y esperaron. El dominico Vicente de Valverde se adelantó con un libro en la mano —un breviario o una Biblia, según las fuentes— y, a través de un intérprete, le dirigió una exhortación en la línea del Requerimiento, el texto legal con que los españoles pretendían justificar jurídicamente la conquista. Atahualpa, a quien le resultaba ajeno tanto el idioma como la idea de una soberanía papal sobre sus tierras, arrojó el libro al suelo.
Fue la señal. La artillería disparó, la caballería cargó y la infantería se lanzó sobre la multitud. En el caos que siguió —narrado con detalle en la obra de John Hemming sobre la conquista de los incas—, miles de indígenas —entre dos mil y siete mil, según las fuentes— murieron aplastados o acuchillados. Atahualpa fue capturado. No murió un solo español.
La captura de Atahualpa fue el golpe más importante de toda la conquista. Sin el Sapa Inca libre, el ejército inca quedó paralizado: en un Estado organizado en torno a la figura sagrada del soberano, y con Atahualpa ordenando desde su prisión que no se atacara a los españoles, sus generales no se atrevieron a actuar. En ese sentido, Cajamarca fue menos una batalla que la decapitación de un sistema político.
El rescate y la ejecución
Atahualpa comprendió rápidamente la naturaleza del interés español. Ofreció a Pizarro algo difícilmente rechazable: llenar de oro una habitación hasta donde alcanzara su brazo, y de plata dos veces. El llamado rescate de Atahualpa fue probablemente el mayor pago de rescate de la historia. Durante los meses siguientes, desde todos los rincones del Imperio llegaron oro y plata a Cajamarca. Las piezas del tesoro inca —algunas de una delicadeza artística extraordinaria— fueron fundidas en barras y repartidas entre los conquistadores.
Con el rescate cobrado, la utilidad de Atahualpa como prisionero negociador había terminado. Pizarro, presionado por los recién llegados hombres de Almagro y por los oficiales reales, y alarmado por rumores de que un ejército inca se acercaba para liberar al prisionero, lo sometió a un juicio sumario. Se le acusó, entre otras cosas, de haber ordenado desde su prisión la muerte de su hermano Huáscar y de conspirar contra los españoles. Fue ejecutado el 26 de julio de 1533. Atahualpa aceptó el bautismo para evitar ser quemado vivo —la conservación del cuerpo era esencial en la religión andina— y murió en el garrote.
La ejecución de Atahualpa fue, para muchos historiadores, el acto que más comprometió moralmente a Pizarro, y ya entonces fue criticada por algunos de sus propios hombres, como Hernando de Soto. El propio Carlos V, cuando recibió la noticia, expresó su desagrado. El relato clásico de Prescott la juzga con gran severidad.
La caída de Cuzco y la resistencia inca
En noviembre de 1533, los españoles entraron en Cuzco. Pizarro instaló en el trono a Manco Inca, un hijo de Huayna Cápac que en un primer momento colaboró con los conquistadores: para la facción de Huáscar, los españoles eran aliados contra los generales de Atahualpa, que aún resistían. Pero los abusos de los hermanos Pizarro —que llegaron a encarcelarlo y a arrebatarle a su esposa— le hicieron cambiar de bando. En 1536, Manco Inca se rebeló con un ejército de decenas de miles de guerreros y sitió Cuzco durante unos diez meses. Los españoles, apoyados por miles de auxiliares indígenas, sobrevivieron al asedio en una de las defensas más desesperadas de la conquista americana; en ella murió Juan Pizarro, en el asalto a la fortaleza de Sacsayhuamán.
Fracasado el gran sitio, Manco Inca se retiró a Vilcabamba, una región montañosa y selvática al noroeste de Cuzco, donde fundó un Estado inca en el exilio que resistiría durante casi cuarenta años. Sus sucesores —Sayri Túpac, Titu Cusi Yupanqui y finalmente Túpac Amaru I— mantuvieron viva la resistencia. No fue hasta 1572 cuando el virrey Francisco de Toledo ordenó la campaña militar definitiva contra Vilcabamba. Túpac Amaru I fue capturado, llevado a Cuzco y decapitado públicamente el 24 de septiembre de 1572, pese a las súplicas de clérigos y vecinos para que se le perdonara la vida. Con su muerte, el último Estado inca dejó de existir. La historiadora María Rostworowski, en su Historia del Tahuantinsuyu, recuerda que la conquista no borró la sociedad andina: sus élites locales, sus lenguas y buena parte de su organización comunitaria sobrevivieron bajo el dominio colonial.
Cronología de la conquista del Imperio inca
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| ~1527-1528 | Muerte de Huayna Cápac; poco después, guerra civil entre Huáscar y Atahualpa |
| 1529 | Capitulaciones de Toledo: Carlos I otorga a Pizarro derechos sobre el Perú |
| 1531–1532 | Pizarro parte de Panamá con ~180 hombres y llega a Túmbez |
| 16 nov. 1532 | Emboscada de Cajamarca; captura de Atahualpa |
| 1532–1533 | Acumulación del rescate de Atahualpa |
| 26 jul. 1533 | Ejecución de Atahualpa |
| Nov. 1533 | Los españoles entran en Cuzco; coronación de Manco Inca |
| 1536–1537 | Gran rebelión y sitio de Cuzco por Manco Inca |
| 1537 | Manco Inca se retira a Vilcabamba; fundación del Estado inca en el exilio |
| 1572 | Campaña del virrey Toledo; captura y ejecución de Túpac Amaru I |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1532.
Para leer más
Historia de la conquista del Perú
William H. Prescott
El relato clásico de la conquista del Imperio inca, escrito en el siglo XIX con un rigor documental notable para su época.
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John Hemming
La crónica más detallada y equilibrada de la conquista del Tahuantinsuyo, desde Cajamarca hasta la resistencia de Vilcabamba.
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María Rostworowski
La gran síntesis de la historiadora peruana sobre el Estado inca, imprescindible para entender la sociedad que encontraron los conquistadores.
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