Precolombina1500 — 400 a.C.7 min de lectura
La civilización olmeca: la cultura madre de Mesoamérica
En pocas palabras
La civilización olmeca, primera gran cultura de Mesoamérica: sus cabezas colosales, San Lorenzo y La Venta, y el debate sobre su papel de «cultura madre».
En este artículo
En la costa sur del Golfo de México, en una tierra de llanuras húmedas y ríos lentos que hoy pertenece a los estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, surgió hace más de tres mil años la primera gran cultura de Mesoamérica. Los olmecas construyeron centros ceremoniales sobre plataformas artificiales, tallaron cabezas monumentales de basalto con rasgos individualizados y difundieron un estilo artístico que se reconoce desde el valle de México hasta Guerrero, Oaxaca y Centroamérica.
No sabemos cómo se llamaban a sí mismos. «Olmeca» es un término moderno, tomado del náhuatl olmecatl, «gente del país del hule», con el que los mexicas designaban a los habitantes de esa región del Golfo muchos siglos después. Los arqueólogos lo aplicaron en el siglo XX a una cultura que había desaparecido dos milenios antes.
Su importancia está fuera de duda, pero su papel exacto sigue discutiéndose. Para unos, fueron la «cultura madre» de la que derivan todas las civilizaciones mesoamericanas; para otros, una de varias «culturas hermanas» que se desarrollaron a la vez e intercambiaron ideas. Lo que ambas escuelas admiten es que, sin los olmecas, la historia posterior de Mesoamérica sería difícil de entender.
El entorno: las tierras bajas del Golfo
El área nuclear olmeca parecía a primera vista poco propicia para una civilización: tierras bajas tropicales, lluvias torrenciales, calor y humedad extremos, ríos que se desbordaban con regularidad. Pero esa geografía tenía ventajas.
Las crecidas depositaban sedimento fértil en las riberas, que permitía obtener buenas cosechas de maíz. Los ríos eran vías de comunicación y comercio. Los bosques proporcionaban caucho —con el que se fabricaban las pelotas del juego ritual—, resinas, maderas y caza, y los esteros y el mar ofrecían pesca abundante.
Dentro de la propia región se alzan además las montañas volcánicas de Los Tuxtlas, de donde procede el basalto que los olmecas usarían para sus esculturas más características. Otras materias primas, como el jade, la serpentina o la obsidiana, llegaban de lejos, lo que revela redes de intercambio de larga distancia.
Las ciudades olmecas: San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes
La civilización olmeca se articuló en torno a varios centros que se sucedieron en el tiempo como focos dominantes.
San Lorenzo, en el sur de Veracruz, fue el primer gran centro. Ocupado desde c. 1800-1500 a.C., alcanzó su apogeo entre c. 1200 y 900 a.C. Se levantó sobre una enorme meseta natural remodelada con millones de metros cúbicos de relleno, sobre la que se alzaban residencias de élite y talleres. Las excavaciones han revelado un sistema de drenaje hecho con canales de piedra basáltica, algo sin paralelo en la época.
Hacia 900 a.C., San Lorenzo entró en declive. Muchos de sus monumentos aparecieron mutilados y enterrados. Durante décadas se interpretó como la huella de una revuelta o de una invasión; hoy muchos arqueólogos creen que al menos parte de esas mutilaciones responde al reciclaje de las piedras para tallar nuevas esculturas, o a ritos de «muerte» de los monumentos al morir un gobernante.
La Venta (c. 900-400 a.C.) se convirtió entonces en el centro principal. Situada en una isla entre pantanos del río Tonalá, en Tabasco, es el yacimiento olmeca más famoso. Su pirámide de tierra, de unos 30 metros de altura, es una de las construcciones monumentales más antiguas de Mesoamérica. Los arqueólogos encontraron allí depósitos rituales asombrosos: pavimentos de bloques de serpentina que forman grandes máscaras, figurillas de jade, hachas votivas y cuatro cabezas colosales. Muchas de estas piezas se exhiben hoy en el parque-museo de La Venta, en Villahermosa.
Tres Zapotes, en Los Tuxtlas, sobrevivió al declive de La Venta y es el centro que mejor muestra la transición hacia la cultura llamada epiolmeca. Allí se halló la Estela C, con una fecha de Cuenta Larga equivalente al 32 a.C.
Las cabezas colosales: retratos de poder
Las cabezas colosales son la imagen más reconocible de esta civilización. Se conocen diecisiete: diez en San Lorenzo, cuatro en La Venta, dos en Tres Zapotes y una en Rancho La Cobata. Miden entre 1,5 y 3,4 metros de altura y pesan entre 6 y más de 40 toneladas.
Cada cabeza tiene una fisonomía propia: mejillas llenas, narices anchas, labios gruesos y un tocado ajustado, parecido a un casco, que varía de una a otra. La mayoría de los especialistas cree que son retratos de gobernantes. Las teorías que atribuyen esos rasgos a un origen africano han sido rechazadas por la arqueología y la antropología física: responden a la fisonomía de la población indígena local y a las convenciones del estilo olmeca.
El basalto de San Lorenzo procede del cerro Cintepec, en Los Tuxtlas, a unos 60 kilómetros en línea recta. Trasladar bloques de decenas de toneladas sin rueda ni animales de tiro, probablemente sobre trineos y balsas por los ríos, exigió movilizar a cientos de trabajadores. Esa capacidad de organización es uno de los mejores indicios de que en San Lorenzo existía ya una autoridad política fuerte. Algunas cabezas parecen haber sido talladas a partir de antiguos tronos de piedra, lo que sugiere que se reutilizaban los monumentos de gobernantes anteriores.
El legado olmeca: ¿cultura madre o cultura hermana?
El debate sobre el papel de los olmecas enfrenta a dos escuelas. La tesis de la «cultura madre», defendida desde los años cuarenta por investigadores como Alfonso Caso o Miguel Covarrubias, sostiene que la costa del Golfo fue el foco del que irradiaron las instituciones básicas de Mesoamérica. La tesis de las «culturas hermanas» subraya que Oaxaca, el altiplano central o la costa de Chiapas desarrollaron al mismo tiempo sociedades complejas propias, que compartían con los olmecas un repertorio de símbolos. Los estudios de procedencia de la cerámica y las nuevas excavaciones han matizado ambas posiciones, y hoy predomina una visión intermedia.
Lo indiscutible es que muchos elementos presentes en el mundo olmeca reaparecen, transformados, en culturas posteriores:
El juego de pelota: En el manantial sagrado de El Manatí, cerca de San Lorenzo, se hallaron pelotas de caucho de hacia 1600 a.C., las más antiguas conocidas. La cancha más antigua documentada, sin embargo, está en Paso de la Amada, en la costa del Pacífico de Chiapas, en un contexto no olmeca. El juego se practicó en toda Mesoamérica hasta la época colonial.
El ser sobrenatural jaguar: La iconografía olmeca está poblada de figuras híbridas de rasgos humanos y felinos, los llamados «hombres-jaguar», junto con serpientes, aves y seres relacionados con el maíz. Algunos investigadores ven en ellos antecedentes de dioses posteriores como Tláloc o Chaak, aunque esa filiación es discutida.
El calendario y la escritura: Tradicionalmente se atribuyen a los olmecas los primeros pasos del calendario de 260 días y de la escritura, pero las pruebas directas son escasas. El llamado bloque de Cascajal, hallado en Veracruz y fechado por su contexto hacia el 900 a.C., podría contener la escritura más antigua de América, aunque su contexto arqueológico y su autenticidad se han cuestionado. Las inscripciones más extensas de la región, como la Estela 1 de La Mojarra (siglo II d.C.), pertenecen ya a la escritura epiolmeca o ístmica, todavía no descifrada con seguridad.
Los investigadores que sacaron a la luz a los olmecas
José María Melgar y Serrano describió en 1869 la primera cabeza colosal conocida, en Hueyapan, cerca de Tres Zapotes.
Matthew Stirling, arqueólogo del Instituto Smithsoniano, dirigió desde 1938 las primeras excavaciones sistemáticas en Tres Zapotes, La Venta y San Lorenzo, y reveló al mundo las cabezas colosales.
Michael D. Coe, de la Universidad de Yale, excavó San Lorenzo entre 1966 y 1968 y obtuvo las fechas de radiocarbono que demostraron la gran antigüedad de la cultura olmeca, anterior a la de los mayas clásicos.
Richard A. Diehl y Ann Cyphers, entre otros, han continuado esas investigaciones; el primero sintetizó el estado de la cuestión en The Olmecs: America's First Civilization.
Cronología olmeca
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| c. 1800-1500 a.C. | Primeras aldeas en la región de San Lorenzo |
| c. 1600 a.C. | Ofrendas de pelotas de caucho en El Manatí |
| c. 1200-900 a.C. | Apogeo de San Lorenzo |
| c. 900 a.C. | Declive de San Lorenzo; ascenso de La Venta |
| c. 900-400 a.C. | Apogeo de La Venta |
| c. 400 a.C. | Declive de La Venta; transición hacia la cultura epiolmeca |
| 32 a.C. | Estela C de Tres Zapotes, con fecha de Cuenta Larga |
| 1869 d.C. | Melgar publica la primera cabeza colosal |
| 1938-1946 d.C. | Excavaciones de Matthew Stirling |
Para leer más
The Olmecs: America's First Civilization
Richard A. Diehl
Síntesis académica clara y bien documentada sobre los olmecas, escrita por uno de los arqueólogos que más ha trabajado en la costa del Golfo.
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Charles C. Mann
Contextualiza a los olmecas en el panorama más amplio del mundo americano anterior a la conquista.
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