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Precolombina100 a.C. — 550 d.C.7 min de lectura

Teotihuacán: la ciudad de los dioses que gobernó Mesoamérica

En pocas palabras

Teotihuacán, la gran metrópoli de Mesoamérica: unos 100.000 habitantes, la Pirámide del Sol y un enigma aún abierto: no sabemos quiénes la construyeron.

En este artículo
  1. El surgimiento de la ciudad
  2. La Calzada de los Muertos y las grandes pirámides
  3. La ciudad viva: barrios y diversidad
  4. La caída: el gran incendio
  5. El misterio permanente: ¿quiénes eran?
  6. Cronología de Teotihuacán

En el siglo V de nuestra era, Teotihuacán figuraba entre las mayores ciudades del mundo. Sus habitantes se estiman, según los autores, entre 80.000 y 150.000 —unos 100.000 en la cifra más citada—, y era con mucho la mayor ciudad del continente americano de su tiempo. Su influencia se extendía desde el Valle de México hasta Guatemala, desde la costa del Pacífico hasta la del Golfo.

Y sin embargo, no sabemos cómo se llamaban sus habitantes, en qué lengua hablaban, ni quién construyó sus pirámides. Cuando los mexicas llegaron al Valle de México, siglos después de su decadencia, encontraron sus grandes monumentos en ruinas. La llamaron Teotihuacán —nombre náhuatl que suele traducirse como «lugar donde fueron hechos los dioses»— y tejieron mitos sobre ella: fue aquí, decían, donde los dioses se sacrificaron para crear el sol y la luna que alumbran el mundo actual.

Sus ruinas, declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987, plantean todavía algunas de las grandes preguntas de la arqueología americana.

El surgimiento de la ciudad

El Valle de Teotihuacán, a unos 50 kilómetros al noreste de la actual Ciudad de México, era un lugar fértil con recursos hídricos y cercanía a los yacimientos de obsidiana de la Sierra de las Navajas —la materia prima más valiosa del mundo mesoamericano para fabricar herramientas y armas.

La ciudad comenzó a formarse en torno al siglo I antes de nuestra era, en un proceso que los arqueólogos aún intentan comprender. Un posible factor fue la actividad volcánica en el sur de la cuenca: las erupciones del Popocatépetl en el siglo I y la del Xitle, fechada hoy hacia el siglo III, arruinaron Cuicuilco, el otro gran centro del valle, y pudieron empujar a su población hacia el norte. La secuencia exacta sigue discutiéndose.

Lo más llamativo es la velocidad del crecimiento: en el transcurso de unas pocas generaciones, lo que era un asentamiento mayor se convirtió en una metrópolis planificada con una retícula urbana regular, sistema de alcantarillado, distritos diferenciados por función —barrios de artesanos, de comerciantes extranjeros, de funcionarios— y un centro ceremonial de escala colosal.

La Calzada de los Muertos y las grandes pirámides

El corazón de Teotihuacán es un eje ceremonial de varios kilómetros de longitud que los aztecas llamarían Miccaotli: la Calzada de los Muertos. Esta avenida —que corre de norte a sur, desviada unos 15 grados al este del norte astronómico, una orientación que se ha relacionado con alineaciones astronómicas, como la puesta del sol en ciertas fechas del calendario o la salida de las Pléyades— atraviesa la ciudad y organiza sus edificios principales. Toda la ciudad sigue esa misma orientación.

Al norte, al final de la calzada, se eleva la Pirámide de la Luna, la segunda más grande del sitio. Su base mide aproximadamente 150 por 130 metros, y su altura es de 43 metros. Frente a ella se extiende la Plaza de la Luna, con varios altares y plataformas que debían usarse para ceremonias públicas de gran escala.

A mitad de la calzada se alza la Pirámide del Sol: la más grande de Teotihuacán y una de las mayores estructuras del mundo antiguo. Su base cuadrangular mide unos 225 metros por lado —casi tanto como la de la Gran Pirámide de Guiza—, aunque su altura (unos 65 metros) es mucho menor. Su volumen se estima en más de un millón de metros cúbicos.

Bajo la Pirámide del Sol corre un túnel descubierto en 1971. Durante años se consideró una cueva natural, pero los estudios posteriores indican que fue excavado por los propios teotihuacanos. Probablemente tenía un fuerte significado ritual: las cuevas representaban en Mesoamérica el lugar de origen de los pueblos y la entrada al inframundo.

Al sur de la Calzada se sitúa la Ciudadela, un enorme conjunto encerrado dentro de una plataforma de 400 metros de lado. En su interior se alza el Templo de Quetzalcóatl, también conocido como Templo de la Serpiente Emplumada, cuyas fachadas están decoradas con cabezas de la serpiente emplumada alternadas con otras cabezas que durante mucho tiempo se identificaron con Tláloc y que hoy muchos especialistas interpretan como un tocado o una serpiente de guerra. En las excavaciones de los años ochenta, los arqueólogos hallaron bajo y alrededor del templo los restos de unas doscientas personas sacrificadas en su consagración, muchas con atavíos de guerreros. En 2003, Sergio Gómez descubrió además bajo el templo un túnel ritual de más de cien metros, repleto de ofrendas, cuya exploración se prolongó durante más de una década.

La ciudad viva: barrios y diversidad

Más allá de los monumentos ceremoniales, Teotihuacán era una ciudad viva y diversa. Las excavaciones han revelado decenas de conjuntos residenciales —complejos de apartamentos interconectados, generalmente construidos alrededor de patios centrales— que albergaban familias extensas o grupos de artesanos del mismo oficio.

Lo que resulta particularmente revelador es la existencia de barrios de extranjeros. Se ha identificado un barrio de mercaderes de Oaxaca —con cerámica, entierros y prácticas funerarias típicas de Monte Albán, la capital zapoteca del sur— y el llamado Barrio de los Comerciantes, con cerámica procedente de la costa del Golfo y del área maya. Esto sugiere que Teotihuacán era un centro cosmopolita que atraía a personas de toda Mesoamérica, quizá como lugar de peregrinaje, comercio o simplemente oportunidad económica.

Los artesanos de Teotihuacán produjeron grandes cantidades de obsidiana trabajada —herramientas y armas que se exportaban a toda Mesoamérica—, cerámica de alta calidad y objetos de lujo en piedra verde (jade, serpentina) para las élites. El control del comercio de obsidiana fue probablemente una de las bases del poder económico de la ciudad.

La caída: el gran incendio

Hacia mediados del siglo VI —las dataciones más recientes lo sitúan en torno al 550 d.C.—, Teotihuacán sufrió una catástrofe. El corazón ceremonial de la ciudad —los grandes templos, los palacios de las élites, los edificios de la Calzada de los Muertos— fue incendiado. Los arqueólogos han encontrado capas de ceniza y carbón que confirman incendios deliberados y generalizados.

Lo revelador es que el incendio no afectó a toda la ciudad por igual: los barrios residenciales de las clases populares presentan menos daño que los edificios del centro ceremonial. Por eso muchos investigadores se inclinan por una revuelta interna —quizá contra las élites, quizá un conflicto entre facciones— antes que por una invasión exterior, aunque la cuestión no está resuelta. Un periodo de sequías y crisis agrícolas pudo agravar las tensiones.

Tras el incendio, la ciudad no fue abandonada de golpe. Su población se redujo drásticamente y dejó de ser un centro de poder, pero el lugar siguió habitado por comunidades más modestas, que vivían entre las ruinas de la que había sido la mayor ciudad del continente.

El misterio permanente: ¿quiénes eran?

La identidad étnica y lingüística de los constructores de Teotihuacán sigue siendo desconocida. Los candidatos más probables, según diferentes investigadores, incluyen a los proto-totonacos, los proto-nahuas (ancestros de los aztecas), los proto-mayas occidentales o una mezcla de varios grupos. Los análisis de isótopos en los restos óseos muestran que una parte importante de la población había nacido fuera de la ciudad, lo que confirma su carácter multiétnico.

Lo que sabemos con certeza es que influyeron poderosamente en todas las culturas mesoamericanas posteriores —en particular en los mayas del período Clásico, con quienes mantuvieron contactos documentados— y que los aztecas, al encontrar sus ruinas siglos después, las convirtieron en el escenario de sus mitos de creación más fundamentales.

Cronología de Teotihuacán

FechaAcontecimiento
~100 a.C.Inicio del crecimiento urbano acelerado de Teotihuacán
~1-150 d.C.Construcción de la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna
~200 d.C.La ciudad alcanza su extensión máxima (~20 km²)
~200-550 d.C.Apogeo: 100.000-200.000 habitantes; hegemonía en Mesoamérica
~378 d.C.Intervención militar de Teotihuacán en Tikal (Guatemala)
c. 550 d.C.Incendio y colapso del centro ceremonial
Siglos VII-VIIIFuerte despoblación; el sitio pierde su papel de capital
~1350-1521 d.C.Los mexicas visitan las ruinas y crean mitos sobre ellas
1987 d.C.Declaración como Patrimonio Mundial por la UNESCO

Para leer más

Teotihuacan: An Experiment in Living

Esther Pasztory

Un análisis profundo de la ciudad y su arte, que revela la complejidad política y social de Teotihuacán desde la perspectiva de la historia del arte.

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