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Historia de América
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Siglo XIX1850 — 19309 min de lectura

La inmigración europea a América: el gran desplazamiento del siglo XIX

En pocas palabras

Inmigración europea a América entre 1850 y 1930: por qué millones de europeos cruzaron el Atlántico, adónde fueron y cómo cambiaron Argentina, Brasil y EE. UU.

En este artículo
  1. Las causas europeas: la expulsión
  2. Los destinos americanos: no solo Estados Unidos
  3. El perfil de los inmigrantes: quiénes eran
  4. El impacto en los países receptores
  5. El cierre del ciclo migratorio
  6. Cronología de la inmigración europea a América

Entre mediados del siglo XIX y 1930, en torno a 50 millones de europeos abandonaron su continente, y la gran mayoría lo hizo con destino a América (las cifras varían según las fuentes y según se cuenten o no los retornos). Fue el mayor desplazamiento voluntario de población de la historia hasta ese momento, posibilitado por la revolución del vapor, impulsado por la miseria y la violencia en los países de origen, y atraído por la promesa —a veces real, a veces ilusoria— de tierra y trabajo al otro lado del Atlántico.

Este proceso transformó América de maneras que todavía hoy resultan visibles. Ciudades como Buenos Aires, São Paulo, Montevideo o Nueva York son, en gran parte, ciudades construidas por inmigrantes europeos y sus hijos. Pero la inmigración no fue un fenómeno uniforme ni sus efectos fueron idénticos en todos los lugares. Comprender sus causas, sus dinámicas internas y su impacto real exige salir de la narrativa épica del "crisol de razas" y mirar de cerca lo que realmente ocurrió.

El proceso tampoco fue espontáneo. Detrás de cada barco cargado de emigrantes había políticas de Estado, compañías navieras con intereses comerciales, redes de información que circulaban por los pueblos de Italia meridional o Galicia, y debates intelectuales encendidos sobre qué tipo de nación debían construir los países receptores.

Las causas europeas: la expulsión

Nada explica la emigración masiva sin entender primero las razones que empujaban a la gente a marcharse. Europa en la segunda mitad del siglo XIX era un continente en convulsión. La industrialización había destruido las estructuras económicas del mundo rural sin crear todavía el empleo urbano suficiente para absorber a todos los desplazados. En el sur de Italia, en los Balcanes, en la Europa del Este judía y en la Península Ibérica, millones de campesinos vivían en una pobreza estructural que las buenas cosechas apenas aliviaban y las malas hacían insoportable.

A esto se sumaban factores políticos. Los pogromos contra las comunidades judías del Imperio ruso —especialmente los de 1881-1884 y los de 1903-1906— lanzaron a cientos de miles de personas hacia los puertos de embarque. La inestabilidad política y los conflictos nacionales en los Balcanes y en el Imperio austrohúngaro hicieron el resto. En algunos países, como Irlanda, la combinación de hambruna (la Gran Hambruna de 1845-1852 había matado a más de un millón de personas y empujado a otros dos millones a emigrar) y la dominación colonial británica había creado una cultura de emigración que se perpetuaba a sí misma generación tras generación.

La revolución del transporte fue el factor técnico que lo hizo posible. El precio de un billete de tercera clase en vapor transatlántico cayó dramáticamente a lo largo del siglo XIX, pasando de representar meses de salario a ser algo que un campesino podía pagarse con las economías de una temporada de trabajo. El viaje que antes duraba dos o tres meses se redujo a dos o tres semanas. La emigración dejó de ser una aventura sin retorno para convertirse en algo que, al menos en teoría, era reversible.

Los destinos americanos: no solo Estados Unidos

La imagen que domina el imaginario popular de la emigración europea es la de los barcos llegando a Ellis Island, los inmigrantes pasando ante la Estatua de la Libertad, los italianos en el Lower East Side de Nueva York. Esta imagen es real, pero parcial. Estados Unidos fue el principal destino —recibió bastante más de 25 millones de inmigrantes europeos entre 1850 y 1930—, pero América Latina absorbió una proporción enorme del flujo migratorio.

Argentina fue el segundo destino del continente y, en proporción a su población, el más transformado. Entre 1880 y 1914 llegaron al país más de cuatro millones de inmigrantes, principalmente italianos y españoles, pero también polacos, judíos del Imperio ruso, alemanes del Volga y sirio-libaneses (estos últimos, desde luego, no europeos). Una parte importante regresó: el saldo neto rondó los dos millones y medio. Para entender el contexto económico que los atrajo, hay que tener en cuenta que Argentina estaba en plena expansión de su modelo agroexportador: necesitaba mano de obra para las estancias pampeanas, los frigoríficos y las obras de infraestructura. El lema que los estadistas de la Generación del 37 —con Alberdi a la cabeza y la inspiración de Sarmiento— habían convertido en consigna, "gobernar es poblar", se tradujo en políticas activas de atracción migratoria. La Ley de Inmigración y Colonización de 1876 estableció un sistema de apoyo a los recién llegados que incluía alojamiento temporal, asistencia para el transporte interno y facilidades para el acceso a la tierra.

Brasil fue el otro gran receptor latinoamericano. Abolida la esclavitud en 1888, los fazendeiros de São Paulo necesitaban con urgencia trabajadores para las plantaciones de café, y el gobierno paulista llegó a subvencionar el pasaje de cientos de miles de italianos; desde 1908 se sumaron los japoneses, también con destino a los cafetales paulistas. En el sur del país, en cambio, la colonización alemana venía de antes (São Leopoldo se fundó en 1824) y la italiana se asentó en la sierra gaúcha desde 1875. En Rio Grande do Sul y Santa Catarina hay ciudades con nombres y arquitectura germánicos, y el Riograndenser Hunsrückisch —una variante del alemán del Hunsrück— todavía se habla hoy.

El perfil de los inmigrantes: quiénes eran

Sería un error imaginar a los inmigrantes europeos como una masa uniforme de desheredados. La composición de los flujos migratorios fue muy variada y cambió a lo largo del tiempo. En las primeras décadas del período, hasta aproximadamente 1880, predominaron los inmigrantes del norte y el oeste de Europa: británicos, irlandeses, alemanes, escandinavos. Estos grupos tendían a tener algún capital inicial, a instalarse en zonas rurales y a dedicarse a la agricultura o a los oficios artesanales.

La llamada "nueva inmigración" que se aceleró desde 1880 tuvo un perfil diferente. Llegaron en mayor número los italianos del sur, los eslavos, los judíos del Este de Europa, los griegos. Muchos llegaban sin capital, sin conocimiento del idioma y sin redes de apoyo previas. Se instalaron en las ciudades, en los conventillos o en los cortiços brasileños, trabajando como jornaleros, vendedores ambulantes o en las primeras industrias.

Una parte considerable de los inmigrantes —difícil de cuantificar con precisión, pero posiblemente en torno al 30-40% en algunos flujos nacionales— eran temporeros. Venían por una temporada, ahorraban lo que podían y regresaban a sus aldeas de origen. Los "golondrinas" —sobre todo campesinos italianos que cruzaban el Atlántico para la cosecha pampeana y volvían a Europa a tiempo para las faenas de su propia tierra— son quizás el ejemplo más conocido de esta pauta migratoria circular. Entre los españoles, el retorno también fue frecuente, como muestra José C. Moya en Primos y extranjeros, su estudio sobre los inmigrantes españoles en Buenos Aires, muchos de ellos gallegos.

El impacto en los países receptores

La llegada masiva de inmigrantes no fue recibida sin tensiones. En casi todos los países receptores surgieron corrientes de rechazo que combinaban argumentos económicos (los inmigrantes bajan los salarios, quitan trabajo a los nativos) con prejuicios raciales y culturales. En Estados Unidos, la hostilidad hacia los chinos llevó a la aprobación del Chinese Exclusion Act de 1882 y, más tarde, las restricciones de la era de 1920 cerraron prácticamente el grifo de la inmigración masiva. En Argentina, los debates sobre el "problema inmigratorio" se agudizaron tras la Semana Trágica de 1919, cuando manifestaciones de trabajadores —muchos de ellos inmigrantes con ideas anarquistas o socialistas— fueron reprimidas con extrema violencia.

El impacto cultural fue, sin embargo, profundo e irreversible. Las cocinas, las músicas, los idiomas y las religiones de Europa se mezclaron con las tradiciones locales y con las herencias africanas e indígenas para crear culturas nuevas. El tango porteño es impensable sin la inmigración italiana y la nostalgia del inmigrante. La gastronomía de ciudades como São Paulo o Buenos Aires refleja décadas de mezcla de tradiciones culinarias. Y las lenguas mismas cambiaron: el lunfardo porteño incorporó centenares de vocablos de los dialectos italianos, sobre todo del genovés y el napolitano.

El cierre del ciclo migratorio

El gran flujo migratorio atlántico se interrumpió abruptamente con la Primera Guerra Mundial y no se recuperó plenamente después. Las políticas restrictivas adoptadas por Estados Unidos en 1921 y 1924 —con los sistemas de cuotas por nacionalidad que discriminaban claramente a los inmigrantes del sur y el este de Europa— cortaron el principal destino del mundo. La crisis económica de 1929 hizo el resto: cuando no hay trabajo, los inmigrantes no vienen, y muchos de los que ya estaban emprendieron el regreso.

En América Latina, los efectos del crack del 29 y la crisis del modelo agroexportador también contrajeron la demanda de mano de obra inmigrante. Los países latinoamericanos adoptaron políticas industrializadoras que priorizaban la mano de obra local y, en algunos casos, establecieron restricciones explícitas a la inmigración.

El legado de este ciclo es, sin embargo, imposible de ignorar. Las sociedades americanas que emergieron del período 1850-1930 eran muy distintas de las que existían antes. La inmigración europea fue uno de los procesos formativos fundamentales de la América contemporánea, con todos sus claroscuros: la construcción de naciones modernas y la exclusión de las poblaciones indígenas y afrodescendientes que estas narrativas de "crisol" tendían a invisibilizar.

Cronología de la inmigración europea a América

FechaAcontecimiento
1845-1852Gran Hambruna irlandesa; primera gran oleada emigratoria hacia América
1876Argentina aprueba la Ley de Inmigración y Colonización
1880-1914Pico de la emigración masiva: italianos, eslavos, judíos del Este de Europa
1881-1884Pogromos en el Imperio ruso; inicio de la emigración judía masiva
1888Abolición de la esclavitud en Brasil; boom de la inmigración para el café
1892Apertura de Ellis Island como centro de recepción de inmigrantes en EE.UU.
1914-1918Primera Guerra Mundial: interrupción del flujo migratorio atlántico
1919Semana Trágica en Argentina; agudización del debate sobre el "problema inmigratorio"
1921-1924Leyes de cuotas en EE.UU.; cierre efectivo de la inmigración masiva europea
1929Crisis del 29; caída definitiva del flujo migratorio transatlántico

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1850.

Para leer más

The Age of Mass Migration: Causes and Economic Impact

Timothy J. Hatton y Jeffrey G. Williamson

Análisis económico e histórico riguroso de los flujos migratorios atlánticos entre 1850 y 1930, con especial atención a los factores de expulsión y atracción.

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Historia de la inmigración en la Argentina

Fernando Devoto

La obra de referencia sobre la inmigración europea al Río de la Plata, desde los flujos coloniales hasta el cierre del ciclo migratorio en el siglo XX.

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Primos y extranjeros: la inmigración española en Buenos Aires, 1850-1930

José C. Moya

Estudio clásico de la emigración española a Buenos Aires, de las aldeas de origen a la vida en la ciudad receptora.

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