Descubrimiento1451 — 15069 min de lectura
Cristóbal Colón: biografía del Almirante
En pocas palabras
Biografía de Cristóbal Colón: su origen genovés, los años de rechazo, los cuatro viajes a América y la caída en desgracia del Almirante del Mar Océano.
En este artículo
Hacia las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, un marinero llamado Rodrigo de Triana avistó desde la Pinta una línea de tierra en el horizonte atlántico. Con ese grito cambió la historia del mundo, pero el hombre que había diseñado y sostenido aquella empresa durante años —Cristóbal Colón— seguiría siendo durante toda su vida, y durante siglos después de su muerte, una figura envuelta en sombras. Quién era exactamente, de dónde venía, cuál era su formación y, sobre todo, qué sabía o creía saber sobre lo que había al otro lado del Atlántico son preguntas que los historiadores no han terminado de responder.
Lo que sí conocemos es la trayectoria de un hombre de ambición desmedida, dotes de navegante excepcionales y una fe en su propio proyecto que rozó, en distintos momentos de su vida, la obstinación y el mesianismo. Un hombre que consiguió lo que se propuso y que, sin embargo, murió convencido de que el mundo no le había dado lo que merecía.
Origen y formación: el enigma del marinero de Génova
La fecha y el lugar de nacimiento de Colón siguen siendo, en rigor, inciertos. La hipótesis más aceptada lo sitúa en Génova, entre 1451 y 1452, en el seno de una familia de artesanos laneros de condición modesta. Su padre, Domenico Colombo, era tejedor y comerciante de paño; su madre, Susana Fontanarossa, pertenecía a una familia del mismo oficio. El apellido en genovés era Colombo; la forma castellana, Colón, la adoptó él mismo durante su estancia en la Península Ibérica. A lo largo del siglo XX y del XXI han circulado otras hipótesis —un Colón catalán, gallego, mallorquín o portugués—, pero ninguna ha aportado pruebas documentales que desplacen el origen genovés, que se apoya en actas notariales de Génova y Savona y en el propio testimonio del Almirante, que en la institución de su mayorazgo declaró haber nacido en Génova.
Lo que resulta más difícil de rastrear es su educación. Colón escribía en un castellano salpicado de lusismos y leía latín, lo que sugiere una formación autodidacta pero constante. Sus anotaciones marginales en los libros que leía —entre ellos la Imago Mundi de Pierre d'Ailly o las obras geográficas de la época— revelan a un lector voraz, obsesivo y capaz de extraer de textos dispares la arquitectura de una teoría.
Antes de llegar a la Península Ibérica, Colón navegó como marinero y comerciante por el Mediterráneo y el Atlántico norte. Según sus propios escritos, estuvo en Inglaterra e Irlanda, en Madeira y en la fortaleza portuguesa de San Jorge de la Mina, en la costa africana. Llegó a Portugal, el gran laboratorio náutico del siglo XV, hacia 1476, y allí se casó con Filipa Moniz Perestrelo, hija de Bartolomeu Perestrelo, primer capitán donatario de la isla de Porto Santo. Esta etapa portuguesa fue decisiva: en Lisboa, Colón tuvo acceso a cartas de marear, a relaciones de viajes atlánticos y a los debates cartográficos más avanzados del momento.
La idea y el rechazo: años de antesala
El núcleo del proyecto colombino era una apuesta sobre la circunferencia de la Tierra. Colón sostenía que el océano que separaba Europa de Asia por el oeste era navegable en pocas semanas. Para llegar a esta conclusión combinó fuentes diversas: la autoridad de Ptolomeo, las mediciones del geógrafo árabe Alfragano, la carta de Paulo del Pozzo Toscanelli y las noticias sobre islas atlánticas que llegaban de boca en boca entre los marineros portugueses.
El problema era que sus cálculos eran erróneos. Colón subestimó sistemáticamente la circunferencia terrestre y sobreestimó la extensión hacia el este del continente asiático. Los expertos consultados por el rey Juan II de Portugal en 1484 lo rechazaron con razón: si el océano era tan ancho como indicaban los mejores instrumentos de medición disponibles, ninguna carabela podría cruzarlo con provisiones suficientes. Colón no tenía la razón geográfica de su lado, pero tenía razón en que al otro lado había tierra, aunque no la tierra que él imaginaba.
Tras el rechazo portugués, Colón se trasladó a Castilla hacia 1485. Allí comenzó una larga campaña de presentación de su proyecto ante los Reyes Católicos y sus consejeros, salpicada de fracasos, esperas y momentos de verdadera desesperanza. La comisión de expertos presidida por fray Hernando de Talavera, que examinó la propuesta en Córdoba y Salamanca, formuló objeciones similares a las de los portugueses, y su dictamen negativo, hacia 1490, parecía definitivo. Colón ya se disponía a ofrecer su proyecto al rey de Francia cuando, tras la toma de Granada en enero de 1492, Isabel I de Castilla, en un giro que la historiografía ha debatido extensamente, revocó la decisión y ordenó que se firmaran las Capitulaciones de Santa Fe en abril de 1492.
El primer viaje y el encuentro con el Nuevo Mundo
El 3 de agosto de 1492, la expedición zarpó del puerto de Palos de la Frontera con tres naves —la Santa María, la Pinta y la Niña— y unos noventa hombres. Si quieres contemplar cómo eran aquellas embarcaciones, existen réplicas a escala de las carabelas de Colón que ayudan a imaginar las condiciones de la travesía. Tras una escala en las islas Canarias para reparar el timón de la Pinta, la flota se adentró en el Atlántico el 6 de septiembre.
Desde que perdieron de vista la isla de El Hierro, la travesía duró treinta y tres días. La tensión a bordo creció a medida que se prolongaba sin avistar tierra, pero Colón mantuvo el rumbo. El 12 de octubre, la costa que Rodrigo de Triana divisó pertenecía a una isla del archipiélago de las Bahamas, que Colón bautizó San Salvador. Sus habitantes, los lucayos, un pueblo emparentado con los taínos de las Antillas Mayores, la llamaban Guanahaní. Qué isla actual corresponde a Guanahaní sigue discutiéndose; la identificación más aceptada es la actual San Salvador (antigua Watling), aunque se han propuesto otras.
Colón recorrió el Caribe durante semanas, convencido de estar navegando por las proximidades de Japón o China. La actitud de los indígenas lo sorprendió: eran, según el diario del primer viaje que conocemos por el resumen de Bartolomé de las Casas, «muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras», no conocían las armas de hierro —tomaban las espadas por el filo— y, a su juicio, se harían cristianos con facilidad. La mirada de Colón sobre los pueblos que encontraba oscilaba constantemente entre la admiración paternalista y el cálculo utilitario.
El Almirante en apogeo y el inicio de la caída
El regreso a Castilla en marzo de 1493 y la rápida difusión impresa de su carta anunciando el descubrimiento dieron a Colón una fama enorme en Europa. Los Reyes Católicos lo recibieron en Barcelona con grandes honores, confirmaron sus títulos de Almirante del Mar Océano, Virrey y Gobernador de las tierras descubiertas, y financiaron un segundo viaje a gran escala: diecisiete navíos y unos mil doscientos hombres, según las estimaciones más habituales. La primera expedición había sido una proeza náutica; la segunda sería el intento de construir un Imperio.
Pero Colón era un navegante excepcional y un administrador desastroso. Los asentamientos que fundó en La Española generaron conflictos constantes: entre los colonos españoles, entre estos y los indígenas, y entre Colón y los propios funcionarios de la Corona. Las acusaciones de mal gobierno se acumularon a lo largo del segundo y tercer viaje. En 1500, el juez pesquisidor Francisco de Bobadilla, enviado por los reyes, lo arrestó en Santo Domingo junto a sus hermanos y lo envió encadenado a España.
Los grilletes con los que Colón fue embarcado —que, según contó su hijo Hernando, conservó toda su vida como testimonio de la injusticia sufrida— son un símbolo elocuente de la paradoja de su existencia. Era el hombre que había abierto el mundo a la Corona de Castilla y, al mismo tiempo, el hombre al que esa misma Corona había retirado el gobierno de los territorios que él reclamaba como propios. Isabel y Fernando le restituyeron los honores pero no el poder efectivo sobre las tierras descubiertas.
El cuarto viaje y los últimos años
En 1502, ya con más de cincuenta años y la salud deteriorada, Colón realizó su cuarto y último viaje. Exploró la costa de América Central —lo que hoy es Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá— buscando el paso hacia el océano que suponía debía separar aquellas tierras de Asia. No lo encontró porque no existía, pero recorrió la costa del istmo que una década después cruzaría Vasco Núñez de Balboa para avistar el Pacífico.
El viaje fue una pesadilla logística: tormentas devastadoras, amotinamientos, enfermedades y el encallamiento de las naves en Jamaica durante más de un año. Colón regresó a Castilla en noviembre de 1504, pocas semanas antes de la muerte de Isabel I. Sin su principal valedora, sus posibilidades de recuperar los privilegios perdidos se desvanecieron.
Murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, muy enfermo —un estudio médico de 2006 propuso que padecía artritis reactiva o síndrome de Reiter, diagnóstico retrospectivo que no puede darse por seguro—, económicamente desahogado pero convencido de que sus derechos no habían sido satisfechos. Hasta el final sostuvo que las tierras que había alcanzado eran una prolongación de Asia, no un continente desconocido. El nombre de América lo acuñaría en 1507 el cartógrafo Martin Waldseemüller para honrar a Américo Vespucio, el navegante florentino cuyas cartas presentaron aquellas costas como un mundo nuevo.
Para quienes deseen ahondar en las fuentes primarias, los textos y documentos completos de Colón editados por Consuelo Varela y Juan Gil permiten acceder a la voz del Almirante sin intermediarios y contrastar sus palabras con el contexto histórico.
Cronología de Cristóbal Colón
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| ~1451 | Nacimiento en Génova (fecha aproximada) |
| 1476 | Llega a Portugal; se instala en Lisboa |
| ~1479 | Se casa con Filipa Moniz Perestrelo |
| 1484 | El rey Juan II de Portugal rechaza su proyecto |
| ~1485 | Se traslada a Castilla; busca patrocinio de los Reyes Católicos |
| Abril 1492 | Firma de las Capitulaciones de Santa Fe |
| 3 agosto 1492 | Zarpa de Palos de la Frontera con tres naves |
| 12 octubre 1492 | Avistamiento y desembarco en Guanahaní (Bahamas) |
| Marzo 1493 | Regreso triunfal a Castilla; recepción por los Reyes Católicos |
| 1493-1496 | Segundo viaje: colonización de La Española |
| 1498-1500 | Tercer viaje; arresto por Bobadilla y regreso encadenado |
| 1502-1504 | Cuarto viaje; exploración de Centroamérica; naufragio en Jamaica |
| 20 mayo 1506 | Muerte en Valladolid |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1451.
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Colón
Felipe Fernández-Armesto
Biografía breve y crítica del Almirante, construida sobre fuentes verificables, que separa al personaje de los mitos acumulados en cinco siglos.
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