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Siglo XIX1864 — 18708 min de lectura

La Guerra de la Triple Alianza

En pocas palabras

La Guerra de la Triple Alianza enfrentó a Paraguay contra Argentina, Brasil y Uruguay entre 1864 y 1870. El conflicto más destructivo de América del Sur.

En este artículo
  1. El Paraguay de Francisco Solano López: un Estado en su propia órbita
  2. Las chispas que incendian el polvorín
  3. La guerra: asimetría y resistencia
  4. El colapso demográfico y humano
  5. Consecuencias: el Paraguay que ya no existía
  6. Cronología de la Guerra de la Triple Alianza

La Guerra de la Triple Alianza —Guerra del Paraguay en Brasil y Argentina, Guerra Grande o Guerra contra la Triple Alianza en Paraguay— fue un conflicto tan desproporcionado en sus consecuencias que, más de siglo y medio después, sigue siendo el acontecimiento definitorio de la historia paraguaya y un tema sensible en todo el Cono Sur.

Entre 1864 y 1870, Paraguay se enfrentó simultáneamente a Argentina, Brasil y Uruguay. Lo que comenzó como una serie de tensiones fronterizas y ambiciones geopolíticas mal calculadas terminó convirtiéndose en el conflicto bélico más devastador de la historia de América del Sur. Paraguay perdió una parte enorme de su población —las estimaciones, muy debatidas, van de menos de una quinta parte a cerca de dos tercios— y quedó arruinado durante décadas.

El Paraguay de Francisco Solano López: un Estado en su propia órbita

Para entender la guerra, hay que entender el Paraguay que la protagonizó. Desde su independencia en 1811, el país había seguido un camino radicalmente distinto al del resto de las repúblicas latinoamericanas. Bajo la dictadura del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), el país se mantuvo deliberadamente aislado. Carlos Antonio López (1844-1862) lo abrió al comercio y contrató técnicos extranjeros, sobre todo británicos, pero mantuvo un fuerte control estatal de la tierra y del comercio de la yerba mate y no contrajo deuda externa. El resultado fue un Estado con una autonomía poco común en la región.

Era un país modesto en comercio internacional pero en buena medida autosuficiente: tenía un pequeño ferrocarril, telégrafo, astillero, la fundición de hierro de Ybycuí y un ejército numeroso para su población. Francisco Solano López, que tomó el poder en 1862 tras la muerte de su padre, era un hombre con ambiciones regionales que no se correspondían exactamente con el peso real de su país, pero que tampoco carecían de toda lógica. En un Cono Sur sacudido por guerras civiles e inestabilidad permanente, Paraguay era uno de los pocos estados que funcionaba.

Las chispas que incendian el polvorín

Las causas inmediatas de la guerra son complejas y están entrelazadas. En Uruguay, la disputa entre el Partido Blanco y el Partido Colorado —con Argentina y Brasil apoyando a facciones rivales— llegó a un punto crítico en 1864. Brasil intervino militarmente en apoyo de los colorados. Ante esa intervención, que López interpretó como una amenaza directa al equilibrio regional, Paraguay exigió a Brasil que se retirase y, cuando las tropas brasileñas entraron en Uruguay, capturó en noviembre de 1864 el vapor brasileño Marqués de Olinda.

La escalada fue veloz y, retrospectivamente, difícil de entender en su lógica. En diciembre de 1864, Paraguay invadió la provincia brasileña de Mato Grosso. A comienzos de 1865, para atacar a Brasil por el sur, solicitó paso a través de la provincia argentina de Corrientes. Argentina se negó; Paraguay le declaró la guerra en marzo y en abril ocupó la ciudad de Corrientes, lo que empujó al presidente Bartolomé Mitre a sumarse a la coalición. El 1 de mayo de 1865, Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el Tratado de la Triple Alianza, un documento que comprometía a los tres países a no deponer las armas hasta derribar al gobierno de López y que fijaba, en cláusulas secretas, las fronteras que se impondrían al vencido.

La guerra: asimetría y resistencia

El choque de fuerzas era objetivamente desequilibrado. La Triple Alianza reunía una población varias veces superior a la paraguaya y contaba con el apoyo financiero y logístico del Imperio brasileño, que tenía acceso al crédito de la banca europea. Paraguay tenía un ejército bien entrenado, conocía su terreno y contaba con la ventaja táctica de la posición defensiva.

Las ofensivas paraguayas de 1865 fracasaron: la flota paraguaya fue derrotada en el Riachuelo (junio) y la columna que había entrado en Rio Grande do Sul se rindió en Uruguaiana (septiembre). Pero cuando los aliados invadieron Paraguay en 1866 chocaron con el sistema de fortificaciones del sur del país. La batalla de Curupayty, el 22 de septiembre de 1866, fue una victoria paraguaya contundente: el general José Eduvigis Díaz rechazó un asalto frontal contra posiciones atrincheradas y artilladas, y los aliados sufrieron varios miles de bajas. Los atlas históricos de las guerras sudamericanas del siglo XIX muestran con claridad cómo Paraguay logró detener el avance aliado durante casi dos años.

Pero la superioridad numérica y material de la Triple Alianza se impuso gradualmente. En 1868 López retiró el grueso de sus fuerzas de la fortaleza de Humaitá, cuya guarnición capituló en agosto, y la guerra se convirtió en una campaña de persecución en la que las fuerzas aliadas, bajo el mando del marqués (luego duque) de Caxias, fueron desmantelando las líneas de defensa paraguayas.

El colapso demográfico y humano

Lo que distingue a esta guerra de otros conflictos del siglo XIX es la magnitud de la destrucción humana. Paraguay no solo perdió batallas: perdió su población. El hambre, las epidemias —especialmente el cólera— y los combates se combinaron para reducir el país a un estado de colapso demográfico sin precedentes en América.

Las estimaciones de la mortalidad varían muchísimo porque no se conoce con precisión la población de preguerra. Algunos estudios demográficos, como el de Vera Blinn Reber, la sitúan entre el 8 y el 18 por ciento; otros, como el de Thomas Whigham y Barbara Potthast, la elevan hasta el 60 o el 69 por ciento, contando las muertes por hambre y enfermedad. Lo que sí parece claro es que entre los varones adultos en edad de combatir la mortandad fue catastrófica. Los relatos de la época —y las memorias de los corresponsales extranjeros que siguieron la contienda— describen cómo en los últimos meses del conflicto el ejército paraguayo estuvo compuesto en parte significativa por niños y adolescentes.

Francisco Solano López se negó a negociar incluso cuando la derrota era evidente. Murió el 1 de marzo de 1870 en Cerro Corá, en el noreste del país, alcanzado por tropas brasileñas en lo que fue esencialmente una cacería final. La tradición le atribuye como últimas palabras la frase «¡Muero con mi patria!», que se convirtió en parte del relato heroico nacional, aunque la historiografía moderna debate si su obstinación salvó o condenó al pueblo paraguayo.

Consecuencias: el Paraguay que ya no existía

En 1870 se firmó solo un acuerdo preliminar de paz; los tratados definitivos llegaron por separado: con Brasil en 1872 y con Argentina en 1876. Brasil se quedó con el territorio disputado entre los ríos Apa y Blanco, al norte; Argentina, con Misiones y con el Chaco Central entre los ríos Bermejo y Pilcomayo. La franja entre el Pilcomayo y el río Verde se sometió al arbitraje del presidente estadounidense Rutherford Hayes, que en 1878 falló a favor de Paraguay. El país quedó ocupado por tropas brasileñas hasta 1876, cargado con deudas de guerra que nunca llegó a pagar del todo y con los empréstitos contraídos en Londres en 1871-1872.

La recomposición demográfica fue lenta y peculiar: Paraguay tuvo que reconstruirse demográficamente con una población mayoritariamente femenina, lo que dejó huellas duraderas en su estructura social. Las décadas siguientes estuvieron marcadas por una inestabilidad política crónica —entre 1870 y 1904 Paraguay tuvo más de una docena de presidentes— y por la penetración de capitales extranjeros, especialmente argentinos y brasileños, que adquirieron enormes latifundios en el país devastado.

La interpretación de la guerra también fue objeto de disputas historiográficas intensas. Durante gran parte del siglo XX, la visión revisionista —impulsada especialmente desde el peronismo argentino y sectores nacionalistas paraguayos— argumentó que la Triple Alianza fue una guerra imperialista promovida por el capital británico para destruir el único estado latinoamericano verdaderamente independiente. Esta tesis del «imperialismo financiero» fue popularizada por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina y tuvo enorme difusión. Los historiadores académicos actuales la consideran, en términos generales, exagerada: la evidencia de una conspiración británica directa es muy débil, aunque los intereses financieros europeos sí se beneficiaron de la posguerra.

Cronología de la Guerra de la Triple Alianza

FechaAcontecimiento
Octubre 1864Brasil interviene militarmente en Uruguay apoyando al Partido Colorado
Noviembre 1864Paraguay captura el barco brasileño Marqués de Olinda; inicio del conflicto
Diciembre 1864Paraguay invade la provincia brasileña de Mato Grosso
Marzo–abril 1865Paraguay declara la guerra a Argentina y ocupa Corrientes
1 mayo 1865Firma del Tratado de la Triple Alianza (Argentina, Brasil, Uruguay)
Septiembre 1866Batalla de Curupayty: victoria paraguaya que frena el avance aliado
Agosto 1868Capitula la guarnición de Humaitá; ruptura de las líneas defensivas paraguayas
1 enero 1869Las fuerzas aliadas toman Asunción
1 marzo 1870Muerte de Francisco Solano López en Cerro Corá; fin de la guerra
1876Retirada de las tropas de ocupación aliadas de territorio paraguayo

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1864.

Para leer más

La Guerra de la Triple Alianza

Thomas L. Whigham

Traducción española, en varios volúmenes, de la obra más documentada sobre el conflicto, basada en archivos paraguayos, argentinos y brasileños.

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Maldita guerra: nueva historia de la Guerra del Paraguay

Francisco Doratioto

El historiador brasileño ofrece una revisión crítica de las causas y consecuencias del conflicto, desmontando varios mitos arraigados.

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Las venas abiertas de América Latina

Eduardo Galeano

El texto que popularizó la lectura revisionista de la guerra; útil para entender ese debate, no como síntesis académica.

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