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Historia de América
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Independencias1821 — 182310 min de lectura

La independencia de Centroamérica

En pocas palabras

La independencia de Centroamérica en 1821: cómo cinco provincias se separaron de España —y luego de México— para fundar sus propias repúblicas.

En este artículo
  1. El legado colonial: una región fragmentada
  2. La chispa mexicana
  3. Cronología de la independencia centroamericana
  4. La anexión a México y sus resistencias
  5. Las Provincias Unidas del Centro de América
  6. El derrumbe federal
  7. El significado de una independencia singular

El 15 de septiembre de 1821, en la ciudad de Guatemala, una junta de autoridades y notables aprobó un acta que proclamaba la independencia de las provincias centroamericanas respecto de España. El proceso fue tan particular que los propios protagonistas parecían sorprendidos: no hubo batallas decisivas, no hubo un Bolívar ni un San Martín centroamericano. La independencia llegó casi por defecto, impulsada desde fuera —por las noticias de lo que ocurría en México— y consumada por una élite criolla que tenía tanto miedo a los cambios sociales como deseo de autonomía política.

Lo que siguió fue igualmente peculiar. Antes de que la tinta del acta se secara, buena parte de Centroamérica decidió anexionarse al recién nacido Imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Y cuando ese Imperio se derrumbó en 1823, las provincias proclamaron una nueva federación que tampoco logró sobrevivir a sus propias contradicciones internas. En poco más de dos años, Centroamérica pasó de ser parte del Imperio español a intentar ser parte de México y, finalmente, a ensayar una república federal propia que se disolvería en 1838.

Esta es la historia de cómo cinco provincias se independizaron sin una voluntad del todo unánime, y de por qué esa ambigüedad fundacional marcó durante generaciones la historia política de la región.

El legado colonial: una región fragmentada

La Centroamérica que llegó a 1821 no era una unidad política coherente. Era, ante todo, el Reino o Capitanía General de Guatemala, una jurisdicción con audiencia propia, formalmente vinculada al virreinato de Nueva España pero con amplia autonomía de gobierno, que agrupaba territorios con intereses muy distintos: desde la rica provincia de Guatemala, donde se concentraba el poder y el comercio, hasta las periféricas provincias de Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador, que miraban con recelo la hegemonía de la capital. A ellas se sumaba Chiapas, que en 1821 optaría por unirse a México.

La sociedad colonial centroamericana reproducía los esquemas comunes a toda Hispanoamérica: una cúspide criolla que controlaba la tierra y el comercio, una amplia base indígena sometida al sistema de tributos y trabajos forzados, y una mezcla de mestizos, mulatos y ladinos que ocupaban los espacios intermedios. Pero en Centroamérica, la proporción de población indígena era especialmente alta en las zonas altas de Guatemala, mientras que en las costas y en las provincias meridionales predominaba el mestizaje.

Las reformas borbónicas del siglo XVIII habían generado tensiones adicionales. La apertura comercial favoreció a algunos sectores, pero también erosionó los monopolios en los que se apoyaban las élites locales. Las nuevas exigencias fiscales, sumadas a la caída de los precios del añil a comienzos del siglo XIX, alimentaron el descontento de sectores que, en 1821, estarían dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad para sacudirse el peso administrativo de Madrid.

La chispa mexicana

El factor decisivo para la independencia centroamericana llegó de fuera: el avance del Plan de Iguala en México. Durante el verano de 1821, la adhesión de las guarniciones novohispanas a Iturbide y, a finales de agosto y comienzos de septiembre, la de Chiapas —que se declaró independiente y unida a México— dejaron a Guatemala ante un hecho consumado. Las noticias desencadenaron un proceso que parte de las élites guatemaltecas llevaba meses discutiendo, entre ellas el grupo de la familia Aycinena y liberales como Pedro Molina y José Francisco Barrundia.

El jefe político superior y capitán general interino, Gabino Gaínza, un militar español, fue paradójicamente quien presidió la reunión del 15 de septiembre y quien siguió al frente del gobierno tras la independencia. La Constitución de Cádiz de 1812, con sus diputaciones provinciales y ayuntamientos electivos, había abierto la puerta a demandas de autonomía que era difícil volver a cerrar. Y la restauración del absolutismo por Fernando VII, seguida de la revolución liberal de Riego en 1820, creaba una inestabilidad política en España que hacía cada vez más improbable una respuesta militar contundente desde Madrid.

Así, la sesión del 15 de septiembre en el palacio de gobierno de la ciudad de Guatemala, con la plaza llena de partidarios de uno y otro bando, fue más una transición negociada que una revolución. El acta que se aprobó ese día —redactada por el hondureño José Cecilio del Valle— proclamaba la independencia y justificaba hacerlo desde arriba para evitar que la proclamara de hecho el propio pueblo, pero dejaba la decisión sobre la organización del nuevo Estado a un congreso que debía reunirse en marzo de 1822. Era, en el mejor de los casos, una declaración provisional. La prudencia de la élite guatemalteca reflejaba su ambigüedad fundamental: querían liberarse de la dependencia de Madrid, pero temían que cualquier agitación popular abriera la puerta a demandas sociales que pusieran en peligro su posición.

Cronología de la independencia centroamericana

FechaAcontecimiento
15 de septiembre de 1821Firma del Acta de Independencia de Centroamérica en Guatemala
Agosto–septiembre 1821Chiapas se separa de Guatemala y se une a México
Octubre — Noviembre 1821Debate sobre la anexión a México; las provincias se dividen
5 de enero de 1822La Junta Provisional Consultiva vota la anexión al Imperio mexicano
Febrero 1823Las tropas mexicanas de Vicente Filísola ocupan San Salvador, que se resistía a la anexión
19 de marzo de 1823Abdicación de Agustín de Iturbide; colapso del Imperio mexicano
1 de julio de 1823El Congreso centroamericano proclama la independencia absoluta de México
22 de noviembre de 1824Aprobación de la Constitución Federal de las Provincias Unidas del Centro de América
1826 — 1829Guerra civil federal entre liberales y conservadores
1838 — 1840Disolución de la Federación; cada estado sigue su propio camino
15 de septiembre de 1842Fusilamiento de Francisco Morazán en San José de Costa Rica

La anexión a México y sus resistencias

Antes de que se reuniera el congreso prometido, la situación política giró de manera inesperada. Agustín de Iturbide, entonces presidente de la Regencia del Imperio mexicano, envió a Gaínza a finales de 1821 una invitación —que tenía mucho de presión, porque anunciaba el envío de tropas— para que la región se incorporara al Imperio. La propuesta dividió profundamente a las élites: los conservadores guatemaltecos, temerosos del caos, veían en la anexión a México una garantía de orden; los liberales, especialmente fuertes en El Salvador, la rechazaban como una sustitución de un amo colonial por otro.

El 5 de enero de 1822, tras consultar a los ayuntamientos, la Junta Provisional Consultiva declaró la anexión. Pero El Salvador se negó y opuso resistencia activa, en buena medida por su vieja rivalidad con Guatemala y por el peso de sus dirigentes liberales, como el sacerdote José Matías Delgado. La historia del añil salvadoreño es, en este sentido, inseparable de la historia política: los productores salvadoreños llevaban décadas quejándose de su dependencia de los comerciantes y financistas de la capital guatemalteca.

Iturbide envió tropas al mando del general Vicente Filísola, que ocuparon San Salvador en febrero de 1823. El éxito fue efímero. En marzo de 1823, el emperador mexicano abdicó, su Imperio se derrumbó y Centroamérica quedó libre, esta vez de manera definitiva, para decidir su propio destino.

Las Provincias Unidas del Centro de América

El 1 de julio de 1823, el Congreso reunido en Guatemala proclamó la independencia absoluta de la región, ahora de México, y constituyó las Provincias Unidas del Centro de América. El proyecto federal que siguió fue, en muchos sentidos, una imitación del modelo estadounidense, con el que los dirigentes centroamericanos estaban familiarizados gracias a los textos políticos del federalismo norteamericano que circulaban en los círculos ilustrados de Guatemala y San Salvador.

La Constitución Federal de 1824 estableció una república federal con cinco estados —Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica— y con las autoridades federales instaladas en la ciudad de Guatemala, que también era capital del estado guatemalteco, una fuente constante de fricciones; en 1834 la capital federal se trasladó a San Salvador. El sistema reconocía la soberanía de los estados y creaba un ejecutivo federal débil: una apuesta arriesgada en una región con escasas tradiciones de autogobierno local y con una profunda desigualdad entre los estados.

Los conflictos no tardaron en aflorar. La pugna entre liberales y conservadores, que atravesaba toda Hispanoamérica en la década de 1820, adquirió en Centroamérica dimensiones particularmente violentas porque coincidía con tensiones étnicas y regionales. Los conservadores, fuertes en Guatemala y apoyados en la Iglesia y en los grandes propietarios, se enfrentaron a los liberales, que encontraron su principal base en El Salvador y Honduras.

Entre 1826 y 1829 estalló una guerra civil federal que fue ganada militarmente por el bando liberal bajo el liderazgo del hondureño Francisco Morazán. Morazán, presidente federal desde 1830, se convirtió en el gran defensor del proyecto y, junto al gobernador guatemalteco Mariano Gálvez, impulsó un ambicioso programa de reformas: expulsión del arzobispo y de las órdenes religiosas regulares en 1829, supresión del diezmo obligatorio, introducción del matrimonio civil y el divorcio, nuevos códigos penales inspirados en el estadounidense Edward Livingston. Reformas que, en el contexto centroamericano de la época, resultaron demasiado radicales para ser asumidas sin resistencia.

El derrumbe federal

La federación centroamericana naufragó por una combinación de factores que los historiadores han debatido extensamente. La debilidad fiscal era crónica: los estados retenían la mayor parte de los ingresos aduaneros y el gobierno federal no tenía capacidad para sostener un ejército ni una burocracia propios. La geografía jugaba en contra: las comunicaciones entre las cinco capitales eran lentas y difíciles, y cada provincia tenía orientaciones económicas distintas —el añil en El Salvador, el café incipiente en Costa Rica, el ganado y la minería en Honduras— que dificultaban la creación de intereses comunes.

Pero el golpe definitivo vino de una dirección inesperada. En 1837, una epidemia de cólera devastó Guatemala. La enfermedad fue atribuida, en los rumores que corrían entre las comunidades indígenas y mestizas, a los liberales y a sus reformas impías. Rafael Carrera, un mestizo analfabeto convertido en caudillo de los campesinos indígenas guatemaltecos, encabezó una revuelta que barrió el poder liberal en Guatemala. Morazán intentó resistir, pero el apoyo social que necesitaba para sostener el proyecto federal se había evaporado.

En 1838 el Congreso federal autorizó a los estados a organizarse libremente, y uno tras otro fueron separándose: Nicaragua fue la primera, en abril de 1838, seguida de Honduras y Costa Rica; Guatemala, bajo la influencia de Carrera, lo hizo en 1839. En 1840 Carrera derrotó a Morazán en la ciudad de Guatemala, y la federación quedó definitivamente disuelta. Morazán intentó rehacerla desde Costa Rica, pero fue fusilado en San José el 15 de septiembre de 1842, en el aniversario de la independencia.

El significado de una independencia singular

La independencia centroamericana es, en el conjunto del ciclo emancipador hispanoamericano, un caso muy distinto. Sin guerras de independencia propiamente dichas, sin héroes militares de gran calibre, sin una narrativa épica comparable a la de Bolívar o San Martín, el proceso centroamericano ha sido a menudo relegado a una nota al pie de la historia regional. Esa relegación es injusta.

Lo que ocurrió en Centroamérica entre 1821 y 1838 ilustra con especial claridad los límites del proyecto independentista hispanoamericano. La independencia formal no resolvió ninguna de las tensiones estructurales de las sociedades coloniales: la desigualdad étnica y económica, la debilidad institucional, la dependencia de economías de exportación volcadas al mercado externo. Más bien, al eliminar el árbitro colonial, las dejó enfrentadas sin mediación.

La disolución de la federación centroamericana anticipó, en escala reducida, el fracaso de todos los grandes proyectos de unidad continental que acompañaron las independencias hispanoamericanas. El sueño bolivariano de una gran nación americana se topó con las mismas realidades que hundieron las Provincias Unidas del Centro de América: intereses regionales incompatibles, élites que preferían el control de sus propios estados al reparto del poder en una entidad mayor, y unas bases sociales que no reconocían en el proyecto federal nada que mejorase sus condiciones de vida.

Hoy, los cinco países que resultaron de aquel fracaso federal siguen compartiendo fronteras, idioma, historia y muchos de sus problemas. El Parlamento Centroamericano y otros organismos de integración regional son, a su manera, herederos tardíos de aquella primera apuesta unitaria que no pudo sostenerse. Para profundizar en el origen de esa experiencia, el estudio de Mario Rodríguez sobre el experimento de Cádiz en Centroamérica muestra hasta qué punto la cultura política gaditana preparó tanto la independencia como la federación.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1821.

Para leer más

El experimento de Cádiz en Centroamérica, 1808-1826

Mario Rodríguez

Estudio clásico sobre cómo el liberalismo gaditano preparó la independencia centroamericana y la federación.

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Breve historia de Centroamérica

Héctor Pérez Brignoli

Una síntesis de referencia para entender las estructuras políticas, económicas y sociales que moldearon a las cinco repúblicas centroamericanas.

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Historia general de Centroamérica

Edelberto Torres-Rivas (coord.)

Obra colectiva de referencia que cubre en profundidad el periodo de la independencia y la formación de los estados nacionales centroamericanos.

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