Precolombinac. 1450 — 17769 min de lectura
Los iroqueses y la Liga de las Cinco Naciones
En pocas palabras
Los iroqueses y la Liga de las Cinco Naciones: el sistema político más sofisticado de Norteamérica precolombina, su origen, su constitución oral y su legado.
En este artículo
Mucho antes de que los fundadores de los Estados Unidos reunieran sus plumas y pergaminos en Filadelfia, en los bosques del noreste de América existía una confederación política que llevaba generaciones funcionando con principios que llamaron la atención de los propios colonos: representación de cada nación en un consejo común, deliberación colectiva, decisiones por consenso y control de los jefes por parte de las mujeres de sus linajes. Se llamaba a sí misma Haudenosaunee, que en lengua seneca significa «pueblo de la Casa Larga». Los europeos la conocerían como la Liga de las Cinco Naciones —o, a partir de 1722, de las Seis Naciones— y la trataron durante más de un siglo como una potencia con la que había que negociar.
Si la Liga de las Cinco Naciones atrae tanta atención hoy no es solo por su sofisticación política. Es también porque plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la democracia moderna debe algo a los pueblos indígenas de Norteamérica? El debate historiográfico sigue abierto, pero hay acuerdo en que se trata de una de las instituciones políticas más originales de la Norteamérica indígena.
Los cinco pueblos y el origen de la Liga
La Confederación Haudenosaunee agrupaba a cinco naciones de lengua iroquesa asentadas en el territorio que hoy corresponde al estado de Nueva York, entre el lago Erie y el río Hudson. De oeste a este, los senecas controlaban la puerta occidental; los cayugas se asentaban en torno al lago homónimo; los onondagas ocupaban el centro geográfico y espiritual de la Confederación; los oneidas se situaban al este de los onondagas; y los mohawks —los «custodios de la puerta oriental»— vigilaban el acceso desde el valle del Hudson. Los senecas eran, a su vez, los guardianes de la puerta occidental.
El origen exacto de la Liga es uno de los problemas más debatidos de la historia precolombina de Norteamérica. Las tradiciones orales haudenosaunee sitúan su fundación en un tiempo mítico difícil de fechar con precisión. Las propuestas de los especialistas van desde el siglo XII —en 1997, Barbara Mann y Jerry Fields la relacionaron con un eclipse de sol de 1142— hasta comienzos del siglo XVII. Muchos arqueólogos, como Dean Snow, la sitúan en el siglo XV o comienzos del XVI, entre 1450 y 1525, pero no existe consenso.
La tradición atribuye la fundación a dos figuras: Deganawidah —el Pacificador, un personaje de origen sobrenatural que llegó del norte en canoa de piedra blanca— y Hiawatha —onondaga según muchas versiones, acogido después por los mohawks—, que se convirtió en su portavoz. (Nada tiene que ver con el protagonista del poema de Longfellow, que tomó el nombre pero lo aplicó a un héroe ojibwa.) Según el relato, antes de la Liga los cinco pueblos vivían en una guerra endémica de venganza y contraataque que los agotaba y debilitaba. Deganawidah propuso enterrar las armas y las hachas bajo el Gran Árbol de la Paz —un pino blanco— y establecer un consejo permanente de jefes que resolviera los conflictos mediante la palabra.
La resistencia más feroz a esta idea vino del jefe onondaga Tadodaho, descrito en las tradiciones como un hombre poderoso y malévolo cuyo cuerpo estaba retorcido y cuyos cabellos eran serpientes. El Pacificador y Hiawatha lo convencieron tras una negociación que las tradiciones describen como lenta y llena de concesiones; según el relato, al final le peinaron las serpientes del cabello. La conversión de Tadodaho fue el nudo dramático de la fundación: sin el onondaga más poderoso, la Liga no era posible. A cambio, los onondagas obtuvieron el privilegio de ser el «pueblo del fuego» —los guardianes del consejo permanente— y Tadodaho se convirtió en el título del presidente del Gran Consejo, cargo que ha existido sin interrupción hasta hoy.
La Gran Ley de la Paz: una constitución oral
Lo que los europeos y los angloamericanos del siglo XVIII llamarían «constitución» era, para los haudenosaunee, la Gayanashagowa o Gran Ley de la Paz: un conjunto de normas transmitidas de generación en generación mediante la memoria y el uso de los wampum, cinturones de cuentas de concha que servían como registro mnemotécnico de los acuerdos. Cada disposición correspondía a un patrón específico de cuentas; los portadores especializados —los «guardianes del wampum»— eran los archiveros vivos de la Confederación.
La Gran Ley establecía un Gran Consejo formado por cincuenta jefes —llamados «sachems» por los europeos— distribuidos de manera desigual entre las cinco naciones: los onondagas tenían catorce; los cayugas, diez; los mohawks y los oneidas, nueve cada uno; y los senecas, ocho. El número de jefes no determinaba el peso en las votaciones, porque cada nación se expresaba con una sola voz. Las decisiones del Consejo requerían consenso: si una nación se oponía, el debate continuaba hasta alcanzar el acuerdo o hasta que la cuestión se aplazara. No existía el voto por mayoría simple.
Uno de los rasgos más llamativos del sistema era el papel político de las mujeres. Los haudenosaunee eran matrilineales: la herencia, la pertenencia al clan y la residencia se transmitían por línea materna. Las «mujeres clan» —las matriarcas de cada linaje— tenían el poder de nombrar a los sachems del Consejo y, si un jefe no cumplía con sus obligaciones, de destituirlo. Ningún sachem hombre podía gobernar sin el respaldo de las mujeres clan de su linaje. Este control femenino sobre el acceso al poder político no tenía equivalente en las monarquías europeas de la época, aunque las mujeres no ocupaban asientos en el Gran Consejo.
Economía, territorio y la Casa Larga
El nombre Haudenosaunee —«pueblo de la Casa Larga»— no era metafórico: la casa comunal iroquesa, construida con postes de madera y corteza de olmo, podía medir entre veinte y más de sesenta metros de longitud y albergar a varias familias emparentadas por vía materna. Cada extremo de la casa tenía una abertura, lo que convertía a la estructura en una imagen del propio territorio iroqués: largo, abierto en ambos extremos y organizado en torno a un fuego central.
La economía de las comunidades iroquesas se basaba en la llamada «triada de las Tres Hermanas»: maíz, judías y calabaza. Estos tres cultivos crecían juntos de manera simbiótica —la enredadera de judías se apoyaba en el tallo del maíz; la calabaza cubría el suelo y retenía la humedad—, lo que les permitía obtener rendimientos sostenibles sin agotar el suelo. Las mujeres controlaban los campos y la cosecha; los hombres cazaban, pescaban, comerciaban y hacían la guerra. Los cinturones de wampum, cuyo uso se multiplicó tras el contacto europeo, se convirtieron en el gran instrumento de la diplomacia: ningún acuerdo importante se cerraba sin intercambiarlos. Hoy es fácil encontrar reproducciones de cinturones wampum que ayudan a entender su diseño.
El intercambio a larga distancia conectaba a los iroqueses con pueblos algonquinos y con las naciones de los Grandes Lagos. La arqueología muestra que, antes de la Liga, las aldeas iroquesas se fortificaron con empalizadas y se concentraron en asentamientos más grandes, un indicio de la violencia endémica que la tradición atribuye a aquella época.
La Liga frente a los europeos
La llegada de los europeos —franceses desde el norte, holandeses y luego ingleses desde el este— transformó el contexto estratégico de la Confederación sin destruirla de inmediato. Los iroqueses trataron a los colonizadores como nuevos actores de un juego político que ya conocían, sometidos a las mismas lógicas de alianza, rivalidad y negociación.
Los mohawks establecieron relaciones comerciales tempranas con los holandeses en Fort Orange —la actual Albany— y luego con los ingleses. Los senecas y los cayugas tendían hacia posiciones más hostiles a la expansión colonial. Esta diferencia interna fue una fuente permanente de tensión dentro del Consejo, que sin embargo logró mantener la cohesión durante décadas.
Las Guerras del Castor de mediados del siglo XVII —llamadas así porque giraron en torno al control de las rutas de comercio peletero— convirtieron a los iroqueses en la potencia militar dominante del noreste. Entre 1649 y 1656, las fuerzas haudenosaunee dispersaron a los hurón-wendat, los petún, los neutros y los erie, que dejaron de existir como entidades políticas independientes; muchos de sus supervivientes fueron adoptados por las propias naciones iroquesas. La historiografía ha debatido si esta expansión respondía a la necesidad de nuevos territorios de caza de castor o a las llamadas «guerras de duelo», que buscaban cautivos para reemplazar a los muertos por epidemias y combates. El resultado fue claro: a mediados del siglo XVII los iroqueses controlaban un territorio vastísimo y eran indispensables para cualquier potencia europea que quisiera operar en el interior del continente.
Hacia 1722 se incorporó una sexta nación —los tuscaroras, que habían emigrado al norte tras ser derrotados por los colonos de Carolina del Norte en la guerra de 1711-1715— y la Confederación pasó a llamarse Liga de las Seis Naciones. El estudio de Dean Snow reconstruye bien esta evolución demográfica y territorial.
El debate sobre la influencia en los fundadores de EE.UU.
Desde la década de 1980, un grupo de historiadores —entre los que destacan Donald Grinde y Bruce Johansen— ha argumentado que los fundadores de los Estados Unidos se inspiraron conscientemente en el modelo iroqués al diseñar la Constitución de 1787. La tesis se apoya en el hecho de que figuras como Benjamin Franklin conocían bien la organización haudenosaunee y la citaron en varios textos; en el Plan de Unión de Albany de 1754, redactado en buena parte por Franklin, que años antes había comparado la desunión de las colonias con la unidad de los iroqueses; y en el discurso del onondaga Canasatego, que en 1744, en Lancaster, aconsejó a las colonias unirse como lo habían hecho las Cinco Naciones. En 1988, el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que reconocía esa influencia.
La hipótesis más fuerte —que la Constitución americana es directamente deudora del modelo iroqués— ha recibido críticas historiográficas serias: los mecanismos concretos de influencia son difíciles de trazar y las similitudes pueden explicarse también por otras tradiciones políticas europeas. Lo que nadie discute es que el modelo haudenosaunee era conocido y citado por los colonos angloamericanos, y que demostraba que era posible organizar una confederación duradera en el continente. Para profundizar en su funcionamiento interno, la obra clásica es The Great Law and the Longhouse de William Fenton.
Cronología de la Liga de las Cinco Naciones
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Siglos XII-XVI | Fundación de la Liga de las Cinco Naciones (fecha muy debatida; muchos arqueólogos proponen c. 1450-1525) |
| Siglos XV-XVI | Consolidación de la Gran Ley de la Paz y el Gran Consejo |
| 1609 | Samuel de Champlain se enfrenta a guerreros iroqueses; inicio del conflicto franco-iroqués |
| c. 1640-1680 | Guerras del Castor; entre 1649 y 1656 los iroqueses dispersan a hurón-wendat, petún, neutros y erie |
| 1677 | Acuerdos de la «Cadena de la Alianza» (Covenant Chain) con los ingleses de Nueva York |
| 1722 | Adhesión de los tuscaroras; la Liga pasa a ser de las Seis Naciones |
| 1754 | Plan de Albany: Benjamin Franklin propone una unión colonial inspirándose en parte en el modelo iroqués |
| 1776-1784 | La Revolución Americana divide a la Confederación: mohawks, senecas, cayugas y onondagas apoyan mayoritariamente a los británicos; oneidas y tuscaroras, a los rebeldes |
Para leer más
The Great Law and the Longhouse
William N. Fenton
El estudio más exhaustivo de la constitución oral iroquesa y la organización política de la Confederación Haudenosaunee.
Buscar en AmazonIroquois Diplomacy on the Early American Frontier
Timothy J. Shannon
Analiza cómo la Liga de las Cinco Naciones negoció su supervivencia entre potencias europeas rivales durante los siglos XVII y XVIII.
Buscar en AmazonThe Iroquois
Dean R. Snow
Una síntesis arqueológica e histórica accesible sobre los orígenes, la cultura material y el declive de los pueblos iroqueses.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.