Actualidad2001 — 20029 min de lectura
La crisis argentina de 2001
En pocas palabras
La crisis argentina de 2001: el fin de la convertibilidad, el corralito, los cacerolazos, el default y los cinco presidentes en doce días que cambiaron el país.
En este artículo
En la noche del 19 de diciembre de 2001, poco después de que el presidente Fernando de la Rúa anunciara por televisión el estado de sitio, miles de ciudadanos salieron a las calles de Buenos Aires golpeando cacerolas. No había partidos al frente: era la reacción de una sociedad que llevaba años viendo caer su nivel de vida y que acababa de descubrir, con el «corralito», que tampoco podía disponer libremente de sus ahorros. Al día siguiente, tras dos jornadas de represión y saqueos que dejaron 39 muertos en todo el país, De la Rúa renunció y abandonó la Casa Rosada en helicóptero.
Lo que siguió fue uno de los episodios más vertiginosos de la historia política latinoamericana: cinco presidentes en doce días, la suspensión de pagos de una deuda pública de alrededor de cien mil millones de dólares —el mayor impago soberano registrado hasta entonces— y una crisis social que dejó a más de la mitad de la población por debajo del umbral de la pobreza. No fue un rayo en cielo despejado, sino el desenlace de una década de decisiones económicas y de un régimen monetario que, según muchos economistas, llevaba una trampa dentro.
La convertibilidad: una trampa con nombre elegante
Para entender el colapso hay que retroceder hasta la Ley de Convertibilidad de 1991, impulsada por el ministro de Economía Domingo Cavallo bajo la presidencia de Carlos Menem. Desde abril de ese año, un dólar valía diez mil australes, y desde 1992, un peso: la paridad uno a uno quedó fijada por ley y respaldada por las reservas del Banco Central. En un primer momento fue un éxito: acabó con la hiperinflación de 1989-1990, atrajo inversión extranjera —en parte a través de las privatizaciones de empresas públicas— y trajo años de crecimiento. El Fondo Monetario Internacional presentó a Argentina como un modelo de reformas de mercado.
El sistema tenía, sin embargo, un punto débil que algunos economistas señalaron desde el principio. Al atar el peso al dólar, Argentina renunciaba a devaluar para ajustarse a los golpes externos. A finales de los noventa llegaron varios a la vez: la crisis rusa de 1998 encareció el crédito para los países emergentes, el dólar se apreció y, en enero de 1999, Brasil, su principal socio comercial, devaluó el real. Los productos argentinos se volvieron más caros y menos competitivos. El sector público, que además arrastraba el coste de la reforma de pensiones de 1994 y el gasto de las provincias, se endeudó cada vez más en dólares, y el país pasó a depender de la entrada constante de capital externo. Cuando los mercados empezaron a dudar, el círculo se volvió vicioso.
La recesión empezó a mediados de 1998. Ni el gobierno de Menem ni el de su sucesor, Fernando de la Rúa, al frente de la Alianza entre la UCR y el Frepaso desde diciembre de 1999, encontraron la manera de abandonar la convertibilidad de forma ordenada: una devaluación habría disparado el valor de unas deudas contraídas mayoritariamente en dólares por el Estado, las empresas y muchas familias, y la paridad seguía contando con un amplio respaldo social.
El deterioro social y la pérdida de la clase media
Mientras los gobiernos defendían la paridad con sucesivos ajustes —exigidos en parte por el FMI a cambio de sus créditos, como el «blindaje» de finales de 2000 y el «megacanje» de deuda de junio de 2001—, la recesión se agravaba. El desempleo, que había superado el 18 % en 1995 tras el «efecto tequila» de la crisis mexicana, rondaba el 18 % en octubre de 2001 y superó el 21 % en mayo de 2002, según el INDEC. En julio de 2001, Cavallo, de vuelta en el Ministerio de Economía, impulsó la ley de «déficit cero», que recortó un 13 % los sueldos públicos y las jubilaciones.
Argentina tenía una de las clases medias más amplias de América Latina, pero desde los setenta, y con más fuerza en los noventa, el cierre de industrias, la precarización del empleo y la recesión desplazaron hacia la pobreza a sectores que nunca la habían conocido. Los sociólogos hablaron de «nuevos pobres», familias de clase media que conservaban sus hábitos y su vivienda pero habían perdido sus ingresos. La socióloga Maristella Svampa analizó esa fractura en La sociedad excluyente. Crecieron también los movimientos de desocupados, los «piqueteros», que cortaban rutas para reclamar trabajo.
La fractura social, sumada a la percepción de una corrupción política generalizada —el escándalo de los supuestos sobornos en el Senado para aprobar una reforma laboral provocó en 2000 la dimisión del vicepresidente Carlos «Chacho» Álvarez—, alimentó la desafección hacia los partidos. El voto en blanco y nulo alcanzó niveles récord en las legislativas de octubre de 2001. La consigna que resonaría en las calles en diciembre resumía ese estado de ánimo: «¡Que se vayan todos!».
El corralito y la explosión de diciembre
El 1 de diciembre de 2001, tras semanas de retirada masiva de depósitos, el gobierno anunció que los ciudadanos solo podrían sacar en efectivo 250 pesos —equivalentes a 250 dólares— por semana. La medida, bautizada como «el corralito», buscaba frenar la fuga de capitales y evitar la quiebra de los bancos. Confirmó los peores temores de la población. Días después, el FMI suspendió un desembolso previsto, lo que dejó al gobierno sin margen.
Para millones de ahorradores, el corralito era la prueba de que el Estado podía inmovilizar sus ahorros. La restricción del efectivo golpeó de lleno a la economía informal, que vivía del dinero en mano.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre dejaron escenas que quedaron en la memoria colectiva: saqueos a supermercados en varias provincias, columnas de vecinos con cacerolas hacia la Plaza de Mayo, la represión policial y la imagen del helicóptero presidencial alejándose de la Casa Rosada. De la Rúa ofreció al peronismo, que controlaba el Senado y la mayoría de las provincias, formar un gobierno de unidad, pero no obtuvo respuesta. Tras la renuncia, el presidente del Senado, Ramón Puerta, asumió de forma interina, y la Asamblea Legislativa eligió el 23 de diciembre al gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, que anunció la suspensión de pagos de la deuda entre los aplausos de buena parte del Congreso. Sin apoyo de los gobernadores de su propio partido, dimitió una semana después. Tras un nuevo interinato de Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados, la Asamblea eligió a Eduardo Duhalde, que asumió el 2 de enero de 2002.
El default y la pesificación: la salida del túnel
La suspensión de pagos afectó a buena parte de una deuda pública de alrededor de cien mil millones de dólares, la mayor cesación de pagos soberana registrada hasta entonces. Las deudas con organismos como el FMI y el Banco Mundial siguieron pagándose. El periodista Paul Blustein, que cubrió la crisis para The Washington Post, reconstruyó el papel del Fondo y de los mercados en And the Money Kept Rolling In (and Out).
El 6 de enero de 2002, la Ley de Emergencia Pública puso fin a la convertibilidad, y en febrero el gobierno de Duhalde decretó la pesificación asimétrica: los depósitos en dólares se convirtieron a 1,40 pesos por dólar, más un ajuste por inflación, mientras las deudas en dólares con los bancos se pesificaron uno a uno. Como el dólar libre llegó a superar los 3,5 pesos a mediados de 2002, los ahorradores perdieron buena parte del valor de sus depósitos, y los deudores —muchas grandes empresas entre ellos— salieron beneficiados; el Estado compensó a los bancos con bonos. Según el INDEC, la pobreza alcanzó el 57,5 % de la población urbana en octubre de 2002, y la indigencia, el 27,5 %.
La recuperación fue también rápida. Tras tocar fondo a comienzos de 2002, con una caída del PIB cercana al 11 % ese año, la economía empezó a crecer en la segunda mitad de 2002, con Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía, y desde 2003, ya con Néstor Kirchner en la presidencia, registró tasas del 8 y el 9 % anual durante varios años. La devaluación, el alza de la soja y la capacidad ociosa explican buena parte de ese rebote. La reestructuración de 2005, con una fuerte quita que los acreedores consideraron agresiva, cerró gran parte del capítulo del impago, aunque los litigios con los fondos que no aceptaron el canje se prolongaron más de una década.
Consecuencias y debate
La crisis dejó huellas duraderas. En lo político, la UCR quedó relegada a un papel secundario y el peronismo se reorganizó en torno al kirchnerismo. En lo social, surgieron formas de organización nuevas —asambleas barriales, clubes de trueque, fábricas recuperadas por sus trabajadores— y los planes sociales para desocupados se convirtieron en una política permanente. Y en la memoria colectiva, el corralito dejó una desconfianza hacia los bancos y el peso que explica en parte la persistente preferencia de los argentinos por ahorrar en dólares.
Las causas de fondo siguen en debate: unos economistas culpan sobre todo a haber mantenido la convertibilidad demasiado tiempo; otros, al gasto público y al endeudamiento; otros, al FMI, que respaldó el modelo durante años y retiró su apoyo en el peor momento. La obra de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach, El ciclo de la ilusión y el desencanto, sitúa la crisis en la larga serie de auges y caídas de la economía argentina desde 1880.
Cronología de la crisis
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Abril 1991 | Entra en vigor la Ley de Convertibilidad; desde 1992, un peso equivale a un dólar |
| 1998 | Inicio de la recesión; en enero de 1999 Brasil devalúa el real |
| Diciembre 1999 | Fernando de la Rúa asume la presidencia |
| Marzo 2001 | Domingo Cavallo regresa al Ministerio de Economía |
| Octubre 2001 | Elecciones legislativas con récord de votos en blanco y nulos |
| 1 diciembre 2001 | Decreto del «corralito»: límite de 250 pesos semanales de retiro |
| 19-20 diciembre 2001 | Saqueos, estado de sitio, cacerolazos, 39 muertos; renuncia de De la Rúa |
| 23 diciembre 2001 | Rodríguez Saá, elegido por la Asamblea Legislativa, anuncia la suspensión de pagos |
| 30 diciembre 2001 | Dimisión de Rodríguez Saá |
| 2 enero 2002 | Eduardo Duhalde asume como presidente provisional |
| 6 enero 2002 | Ley de Emergencia Pública: fin de la convertibilidad |
| Febrero 2002 | Pesificación asimétrica de depósitos y deudas |
| Octubre 2002 | La pobreza alcanza el 57,5 % de la población urbana (INDEC) |
| Mayo 2003 | Néstor Kirchner asume la presidencia tras la retirada de Menem de la segunda vuelta |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 2001.
Para leer más
And the Money Kept Rolling In (and Out)
Paul Blustein
Reconstrucción periodística del colapso financiero argentino y del papel del FMI y Wall Street en la debacle.
Buscar en AmazonArgentina 1976-2006: entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia
Hugo Quiroga y César Tcach (comps.)
Obra colectiva sobre la democracia argentina posterior a la dictadura y la crisis de representación de 2001.
Buscar en AmazonEl ciclo de la ilusión y el desencanto
Pablo Gerchunoff y Lucas Llach
Historia de las políticas económicas argentinas desde 1880, con un análisis detallado de la convertibilidad y su final.
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