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Siglo XX1929 — 19398 min de lectura

La Gran Depresión en América Latina

En pocas palabras

La Gran Depresión en América Latina (1929-1939): exportaciones hundidas, golpes de Estado, populismos y el giro hacia la industrialización sustitutiva.

En este artículo
  1. El modelo que la crisis destruyó
  2. El derrumbe: cifras para una catástrofe
  3. Convulsión política: militares, populistas y la reconfiguración del poder
  4. La industrialización sustitutiva: la respuesta estructural
  5. La crisis social: los olvidados de la depresión
  6. Cronología de la Gran Depresión en América Latina

El jueves 24 de octubre de 1929, la Bolsa de Nueva York comenzó a desplomarse. En pocos días, el pánico financiero se extendió por los mercados de todo el mundo occidental. Para millones de estadounidenses fue el inicio de una década de miseria. Para América Latina, el golpe fue tan duro o más que en el norte, y sus consecuencias, paradójicamente, resultaron muy transformadoras.

América Latina llegó a 1929 atada a un modelo económico que llevaba funcionando, con variaciones, desde la época colonial: exportar materias primas y alimentos hacia los mercados del norte desarrollado e importar bienes manufacturados. Café, azúcar, estaño, cobre, carne y trigo sostenían las arcas públicas y el crédito externo de países que dependían de ese flujo casi en exclusiva. Cuando los precios de las materias primas se hundieron y el comercio internacional se contrajo, esa dependencia se convirtió en trampa.

Lo que siguió fue una de las grandes convulsiones del siglo XX latinoamericano: quiebras en cadena, desempleo masivo, golpes de Estado, levantamientos populares y, al cabo de unos años, el nacimiento de una nueva forma de hacer política económica que marcaría el continente durante décadas.

El modelo que la crisis destruyó

Para entender el impacto de la Gran Depresión en América Latina es necesario comprender qué había antes. Desde finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, las economías de la región habían experimentado un crecimiento notable gracias a la demanda europea y norteamericana de productos primarios. Argentina exportaba carne y cereales; Brasil, café; Chile, salitre y cobre; Cuba, azúcar; Bolivia, estaño; México, petróleo y plata.

Este modelo, conocido como desarrollo hacia afuera o crecimiento por exportaciones, había permitido la construcción de ferrocarriles, puertos e infraestructuras básicas, financiadas en su mayor parte con capital británico y, progresivamente, norteamericano. Las élites latinoamericanas —grandes terratenientes, exportadores, comerciantes vinculados al comercio exterior— eran sus principales beneficiarias y también sus principales defensoras políticas.

El problema estructural era evidente para algunos economistas, aunque ignorado por los gobiernos: la riqueza de la región dependía de precios que se fijaban en Londres, Nueva York o Chicago, no en Buenos Aires, Río de Janeiro o Ciudad de México. Cualquier caída sostenida de esos precios podía convertir la prosperidad en catástrofe en cuestión de meses.

El derrumbe: cifras para una catástrofe

El impacto de la crisis fue inmediato. Entre 1929 y 1932, el valor de las exportaciones de la mayoría de los países latinoamericanos cayó entre la mitad y dos tercios, según los datos que recoge la historia económica de Victor Bulmer-Thomas. Los precios del café, principal fuente de divisas de Brasil y Colombia, cayeron a menos de la mitad. Chile, que dependía del cobre y de un salitre ya en declive, fue según la Sociedad de Naciones el país del mundo más golpeado por la caída del comercio. El estaño boliviano sufrió un colapso similar.

Brasil, el mayor exportador de café del mundo, vio cómo sus ingresos se evaporaban. El gobierno del presidente Getúlio Vargas —que llegó al poder precisamente en el contexto de la crisis, en 1930— optó por una medida drástica: comprar el excedente de café con dinero público y destruirlo para sostener los precios. Entre 1931 y 1944 se destruyeron más de 78 millones de sacos de café brasileño. La política, además, funcionó como un estímulo anticíclico involuntario: al sostener la renta de los productores, amortiguó la caída de la demanda interna, como explicó Celso Furtado en sus estudios sobre la economía latinoamericana.

Argentina, una de las economías más diversificadas de Sudamérica, vio caer sus exportaciones agropecuarias y experimentó una crisis bancaria que golpeó duramente a los sectores medios urbanos. En septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu encabezó el primer golpe de Estado del siglo XX argentino, derrocando al presidente radical Hipólito Yrigoyen. La inestabilidad política se convirtió en norma.

Convulsión política: militares, populistas y la reconfiguración del poder

La Gran Depresión no fue solo una crisis económica en América Latina: fue el detonante de una profunda reconfiguración política. En el plazo de pocos años, varios de los gobiernos que representaban al orden liberal agroexportador fueron derrocados o transformados radicalmente.

En Brasil, Getúlio Vargas llegó al poder en 1930 apoyado por sectores militares descontentos y clases medias que exigían un cambio de modelo. En Argentina, la llamada «Década Infame» (1930-1943) estuvo marcada por el fraude electoral y el dominio de una oligarquía conservadora que intentó restaurar el orden anterior, sin éxito duradero. En Chile, una sucesión de golpes entre 1931 y 1932 desembocó en la efímera «República Socialista» de doce días, en junio de 1932. En Cuba, la crisis aceleró la caída de la dictadura de Gerardo Machado en 1933.

Lo que estos procesos tenían en común era la crisis de legitimidad de las élites que habían gobernado bajo el modelo exportador. Las clases medias urbanas —empleados, comerciantes, profesionales—, que habían crecido al calor de la prosperidad de principios de siglo, se encontraron de pronto sin trabajo o sin ahorros. Los trabajadores industriales, todavía una minoría pero en crecimiento, exigían protección estatal. Los campesinos y jornaleros agrícolas sufrieron el doble golpe del desempleo y la caída de salarios.

En ese vacío de legitimidad emergieron figuras políticas nuevas: líderes con un discurso que mezclaba nacionalismo, proteccionismo económico y promesas de justicia social. El populismo latinoamericano del siglo XX —Vargas en Brasil, Perón en Argentina, Cárdenas en México— tiene sus raíces directas en la crisis de 1929 y en la búsqueda de alternativas al modelo liberal devastado.

La industrialización sustitutiva: la respuesta estructural

La respuesta económica más duradera a la Gran Depresión en América Latina fue lo que los historiadores económicos llaman industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Si ya no era posible importar bienes manufacturados —porque no había divisas para pagarlos—, la lógica indicaba que había que producirlos en el propio país.

Los gobiernos latinoamericanos, guiados más por la necesidad que por una teoría elaborada, comenzaron a proteger la incipiente industria nacional mediante aranceles, subsidios y empresas estatales. México, bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, nacionalizó el petróleo en 1938, convirtiendo a Pemex en símbolo de soberanía económica. Brasil creó en 1941 la Companhia Siderúrgica Nacional, cuya acería de Volta Redonda, en funcionamiento desde 1946, fue el primer gran complejo siderúrgico integrado de Sudamérica.

La ISI no fue un éxito uniforme ni duradero —sus límites estructurales se harían evidentes en las décadas de 1960 y 1970—, pero representó un giro histórico en la relación entre el Estado y la economía en la región. El Estado interventor, planificador y propietario de sectores estratégicos nació, en buena medida, en los años treinta, como respuesta al fracaso del liberalismo de mercado ante la crisis. Los debates sobre ese modelo y sus sucesores, incluyendo las reformas neoliberales de los años noventa, siguen siendo relevantes para entender la economía latinoamericana contemporánea.

La crisis social: los olvidados de la depresión

Las estadísticas macroeconómicas cuentan solo una parte de la historia. La Gran Depresión en América Latina tuvo un rostro humano que los documentos oficiales apenas registran: el del trabajador azucarero cubano sin empleo de temporada, el minero boliviano despedido de las minas de estaño, el campesino nordestino brasileño que emigraba hacia São Paulo sin certeza de encontrar trabajo, el obrero portuario argentino que veía cómo las exportaciones se paralizaban.

Las ciudades latinoamericanas, que ya experimentaban una migración rural creciente desde principios de siglo, se llenaron de desempleados. La informalidad económica —siempre presente— se disparó. Las redes de asistencia pública, donde existían, eran rudimentarias e insuficientes. La crisis reforzó la necesidad de crear sistemas de protección social más amplios, lo que alimentó también el atractivo de los proyectos políticos que prometían trabajo y bienestar a los sectores populares.

En algunos países, la crisis tuvo consecuencias bélicas directas. No todos los conflictos de la década tuvieron su origen en la crisis, pero esta los agravó. La Guerra del Chaco (1932-1935) entre Bolivia y Paraguay —el conflicto interestatal más sangriento de la Sudamérica del siglo XX, con unos 90.000 muertos según las estimaciones habituales— respondía a una vieja disputa fronteriza, a la que se sumó la creencia de que el Chaco guardaba petróleo; el peso de ese factor, y el de las compañías petroleras, sigue discutido. Los estudios sobre la Guerra del Chaco muestran también cómo la derrota alimentó la crisis política boliviana que desembocaría en la revolución de 1952.

Cronología de la Gran Depresión en América Latina

FechaAcontecimiento
Octubre 1929Crack bursátil de Nueva York; inicio del colapso de precios de materias primas
1930Golpe de Estado en Argentina (Uriburu); Getúlio Vargas llega al poder en Brasil
1931-1932Punto más bajo de las exportaciones latinoamericanas
1931Brasil inicia la quema de excedentes de café; crisis política en Chile
1932-1935Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay
1933Caída de Machado en Cuba; inicio de reformas en varios países
1934-1940Cárdenas en México: reparto agrario, nacionalización del petróleo (1938)
1937-1945Estado Novo de Vargas en Brasil; aceleración de la industrialización
Años 1930Expansión generalizada de la ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones)

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1929.

Para leer más

La economía latinoamericana: formación histórica y problemas contemporáneos

Celso Furtado

Análisis clásico del economista brasileño sobre cómo la crisis de 1929 rompió el modelo agroexportador y abrió paso a la industrialización sustitutiva.

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La historia económica de América Latina desde la independencia

Victor Bulmer-Thomas

Historia económica imprescindible que dedica un amplio análisis al impacto de la Gran Depresión en las distintas naciones latinoamericanas.

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El desarrollo económico de América Latina desde la Independencia

Luis Bértola y José Antonio Ocampo

Síntesis reciente de dos siglos de historia económica latinoamericana, con un capítulo central sobre la crisis de 1929 y la industrialización dirigida por el Estado.

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