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Siglo XX1946 — 19559 min de lectura

El peronismo en Argentina

En pocas palabras

El peronismo transformó Argentina entre 1946 y 1955: derechos laborales, industrialización y el mito de Eva Perón. Historia del movimiento que dividió un país.

En este artículo
  1. Los antecedentes: Argentina antes de Perón
  2. La Secretaría de Trabajo: el poder desde abajo
  3. El 17 de octubre y la victoria electoral de 1946
  4. Los dos primeros gobiernos: industrialización, derechos y tensiones
  5. Eva Perón: el mito dentro del mito
  6. El golpe de 1955 y el fin del primer peronismo
  7. Cronología del primer peronismo

En la Argentina de 1945, un coronel al que el gobierno militar había detenido días antes se asomó al balcón de la Casa Rosada ante una multitud que casi nadie esperaba. Aquella noche del 17 de octubre —la que los peronistas llamarían el «Día de la Lealtad»— marcó el inicio de uno de los fenómenos políticos más complejos, más duraderos y más debatidos de la historia latinoamericana del siglo XX. Juan Domingo Perón no era todavía presidente. Llegaría a serlo en menos de un año. Pero aquella multitud llegada desde los suburbios industriales de Buenos Aires, que en la imagen más recordada de la jornada se refrescaba con los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo, marcaría la política del país durante décadas.

El peronismo —llamado también justicialismo en su versión doctrinaria— no fue simplemente un gobierno. Fue una reconfiguración profunda de las lealtades sociales y del poder entre clases, y abrió una fractura cultural entre peronistas y antiperonistas que marcaría al país. Sus defensores lo ven como la primera experiencia de ciudadanía plena para los trabajadores argentinos. Sus opositores lo calificaron, desde el primer momento, de régimen autoritario de inspiración fascista. Ambas lecturas capturan algo verdadero y omiten algo esencial.

Los antecedentes: Argentina antes de Perón

Para entender el peronismo hay que entender la Argentina previa. En las décadas de 1930 y 1940, el país era, en términos económicos, una de las naciones más prósperas del hemisferio occidental. La economía agroexportadora —trigo, carne, cueros— había generado una clase terrateniente poderosa y una burguesía urbana cosmopolita, pero había dejado fuera del reparto a millones de trabajadores que emigraban del interior hacia el Gran Buenos Aires en busca de empleo en las nuevas fábricas.

La Gran Depresión de los años treinta alteró el modelo: el mercado mundial se derrumbó, los precios de las materias primas cayeron en picado y Argentina tuvo que acelerar su industrialización sustitutiva. Las fábricas crecieron; creció también una clase obrera nueva, en buena parte formada por migrantes del interior, que convivía con un sindicalismo de tradición socialista, comunista y sindicalista revolucionaria. Los partidos tradicionales —la Unión Cívica Radical, los socialistas— no lograron articular con eficacia esa demanda acumulada. La brecha estaba abierta.

El golpe de Estado de junio de 1943, encabezado por oficiales del GOU (Grupo de Oficiales Unidos), colocó a los militares en el poder. Perón, entonces coronel de cuarenta y siete años que había conocido de cerca la Italia de Mussolini como agregado militar, obtuvo a finales de 1943 el control de la Secretaría de Trabajo y Previsión, a la que sumaría el Ministerio de Guerra y la vicepresidencia. Desde allí construyó, en dos años, la base social que lo llevaría a la presidencia.

La Secretaría de Trabajo: el poder desde abajo

El paso de Perón por la Secretaría de Trabajo entre 1943 y 1945 es, historiográficamente, el período más decisivo para entender su ascenso. Mientras otros ministros del gobierno militar debatían de ideología o política exterior, Perón se dedicó a algo más concreto: mejorar las condiciones de vida de los trabajadores con decretos que la patronal no podía ignorar.

Bajo su gestión se promulgaron el Estatuto del Peón Rural —que por primera vez regulaba el trabajo agrícola—, la extensión de los convenios colectivos, el aguinaldo obligatorio, las vacaciones pagas y la ampliación del sistema de jubilaciones. La Confederación General del Trabajo, hasta entonces dividida, fue atraída a su órbita, mientras los sindicatos que se le oponían eran marginados. El estudio de Hugo del Campo sobre sindicalismo y peronismo mostró que muchos dirigentes obreros veteranos apostaron por Perón por cálculo, al ver que conseguía lo que ellos llevaban décadas reclamando.

Este pacto —el Estado otorga derechos laborales, los sindicatos entregan lealtad política— fue la arquitectura básica del peronismo. No era exactamente nueva en América Latina: el varguismo en Brasil había operado con una lógica similar. Pero en Argentina la densidad industrial y el volumen de la clase obrera le dieron una escala mayor y una intensidad cultural más persistente.

El 17 de octubre y la victoria electoral de 1946

En octubre de 1945, sectores del ejército, presionados por una oposición civil que pedía entregar el poder a la Corte Suprema, forzaron la renuncia de Perón y lo detuvieron en la isla Martín García. Creyeron que con eso bastaba para neutralizar al coronel. Se equivocaron.

La respuesta fue la movilización —en parte espontánea, en parte organizada por sindicatos afines y por la CGT, que había convocado una huelga general— de decenas de miles de trabajadores que ocuparon el centro de Buenos Aires y exigieron su liberación. Perón fue puesto en libertad, habló desde el balcón de la Casa Rosada y quedó convertido en el candidato natural a la presidencia. Sus adversarios, al detenerlo, habían reforzado su figura.

Las elecciones de febrero de 1946 son consideradas unas de las más limpias de la historia argentina hasta entonces. Perón ganó con cerca del 52 % de los votos frente a la Unión Democrática, que reunía a radicales, socialistas, comunistas y demócratas progresistas con el apoyo de los conservadores, y que contó con el respaldo poco discreto del exembajador estadounidense Spruille Braden. El lema de campaña peronista fue tan simple como efectivo: «Braden o Perón». Nacionalismo contra injerencia extranjera. El encuadre funcionó.

Los dos primeros gobiernos: industrialización, derechos y tensiones

Entre 1946 y 1955, el peronismo gobernó Argentina con una energía transformadora que sus adversarios tendieron a negar y sus partidarios a mitificar. En el plano social, los logros fueron reales y profundos: el voto femenino —obtenido en 1947 en gran medida por la campaña de Eva Perón—, la expansión de la educación pública, la construcción masiva de hospitales y viviendas, el turismo obrero organizado por el Estado. El nivel de vida de los trabajadores argentinos mejoró de forma medible durante la primera presidencia.

En el plano económico, el gobierno apostó por la industrialización acelerada, la compra de los ferrocarriles británicos (1948), la nacionalización del Banco Central, y una política de altos salarios sostenida por la intervención estatal en los precios agrícolas. El Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) concentró el comercio exterior y redistribuyó renta del campo a la ciudad. A corto plazo funcionó; a medio plazo generó desequilibrios fiscales que el segundo mandato ya no pudo disimular.

La naturaleza política del régimen fue, y sigue siendo, objeto de debate. El peronismo ganó elecciones y mantuvo un Congreso con oposición, pero clausuró o expropió medios críticos —como el diario La Prensa en 1951—, intervino universidades, encarceló a dirigentes opositores y convirtió la afiliación al partido en requisito informal para muchos empleos públicos. Quienes lo describen como un régimen de inspiración fascista y quienes lo ven como un populismo nacional y obrero suelen estar hablando de dimensiones distintas del mismo fenómeno. El libro clásico de Félix Luna, Perón y su tiempo, sigue siendo la referencia más equilibrada para navegar esta discusión.

Eva Perón: el mito dentro del mito

Ningún relato del peronismo puede prescindir de María Eva Duarte de Perón, conocida universalmente como Evita. Nacida en 1919 en Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires, hija no reconocida de un estanciero y de una mujer de origen humilde, Eva llegó a Buenos Aires a los quince años con la ambición de ser actriz. Cuando conoció a Perón en 1944 era ya una actriz de radionovelas con cierto éxito.

Su transformación en la «abanderada de los humildes» combinó la propaganda del régimen con una identificación real con los sectores más pobres, que reconocían en ella su propio origen. La Fundación Eva Perón —financiada con fondos estatales y donaciones empresariales bajo presión— distribuyó ropa, alimentos, sillas de ruedas, máquinas de coser y becas escolares a una escala que el Estado nunca había alcanzado. Fue también la impulsora decisiva de la ley de voto femenino.

Su muerte por cáncer de útero en julio de 1952, a los treinta y tres años, fue vivida por millones de argentinos como una tragedia personal. El duelo colectivo que siguió no tenía precedentes en la historia del país. Su muerte la convirtió en un mito que trascendió la política y entró en el terreno de la devoción popular, del mismo modo que para sus adversarios siguió siendo el símbolo de lo que detestaban del régimen. La biografía de Alicia Dujovne Ortiz es uno de los mejores retratos de esta complejidad.

El golpe de 1955 y el fin del primer peronismo

En 1955, el segundo mandato de Perón atravesaba serias dificultades: la economía mostraba señales de agotamiento, la inflación crecía, el sector agropecuario estaba descontento por los precios bajos y el apoyo de la Iglesia Católica —antes aliado tácito— se había roto en un conflicto por la ley de divorcio, la supresión de la enseñanza religiosa y la expulsión de dos obispos.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo en un intento de golpe para matar a Perón: murieron más de trescientas personas, en su mayoría civiles. Perón sobrevivió, y esa misma noche grupos peronistas incendiaron varias iglesias del centro de Buenos Aires. En septiembre, el golpe autodenominado «Revolución Libertadora» lo derrocó. Perón partió al exilio —Paraguay, Panamá, Venezuela, República Dominicana, España— donde permanecería diecisiete años.

El peronismo fue proscrito: un decreto de 1956 llegó a prohibir la mención pública del nombre de Perón y de sus símbolos, y sus candidatos no pudieron presentarse a elecciones. Esa proscripción no lo hizo desaparecer: el movimiento siguió siendo la primera fuerza política del país durante toda la ausencia de su líder, que volvería a la presidencia en 1973.

Cronología del primer peronismo

FechaAcontecimiento
1943Golpe militar del GOU; Perón asume la Secretaría de Trabajo
1945Detención de Perón en Martín García; movilización del 17 de octubre
Febrero 1946Perón gana las elecciones presidenciales con el 52 %
1947Aprobación del voto femenino; campaña liderada por Eva Perón
1949Nueva Constitución peronista; reelección indefinida permitida
1951Reelección de Perón; Eva Perón renuncia a la candidatura a vicepresidenta
Julio 1952Muerte de Eva Perón a los 33 años
Junio 1955Bombardeo de la Plaza de Mayo por la Marina; más de 300 muertos
Septiembre 1955Golpe de la «Revolución Libertadora»; Perón parte al exilio

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1946.

Para leer más

Sindicalismo y peronismo: los comienzos de un vínculo perdurable

Hugo del Campo

Estudio de referencia sobre la relación entre el movimiento obrero y el peronismo en sus orígenes.

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Eva Perón: la biografía

Alicia Dujovne Ortiz

La vida de Evita desde su infancia en Los Toldos hasta su muerte, sin hagiografía ni demonización, con fuentes de primera mano.

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Perón y su tiempo

Félix Luna

Un clásico sobre el primer peronismo, escrito por uno de los historiadores argentinos más leídos del siglo XX.

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