Independencias1797 — 18567 min de lectura
Manuela Sáenz: la Libertadora del Libertador
En pocas palabras
Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador: espía, revolucionaria y compañera de Bolívar. Su vida, su papel en las independencias y su injusto olvido.
En este artículo
El 25 de septiembre de 1828, un grupo de conspiradores irrumpió en el palacio de San Carlos, en Bogotá, con la intención de asesinar a Simón Bolívar. Mientras el Libertador escapaba por una ventana —a medio vestir, con su espada y sus pistolas—, Manuela Sáenz salió al encuentro de los atacantes, los entretuvo y los confundió, y ganó los minutos que salvaron la vida del hombre más poderoso de América del Sur. Según la tradición, desde entonces Bolívar la llamó «la Libertadora del Libertador».
Pocas figuras de las guerras de independencia americanas han sido tan influyentes en su tiempo y tan sistemáticamente ignoradas después. Manuela Sáenz no fue solo la compañera sentimental de Bolívar; fue agente patriota, organizadora política, militar con grado honorífico y una de las voces más lúcidas —y más incómodas— de su generación. Su historia es también la historia de lo que la historiografía del siglo XIX decidió olvidar.
Quito, 1797: los orígenes de una vida incómoda
Manuela Sáenz nació en Quito, según la fecha más aceptada el 27 de diciembre de 1797, entonces parte del Virreinato de Nueva Granada. Su origen era el que la época llamaba «natural»: hija ilegítima de Simón Sáenz, un rico comerciante español, y de Joaquina Aizpuru, una criolla de buena familia. La condición de hija ilegítima, en una sociedad organizada en torno al linaje y la legitimidad, marcó su vida desde la infancia. Fue educada en el convento de Santa Catalina, donde aprendió latín, música y las lecturas que las monjas consideraban apropiadas, pero también donde empezó a forjar la voluntad de no aceptar las fronteras que su sociedad le imponía.
Según sus biógrafos, siendo adolescente protagonizó un episodio que prefiguraba lo que vendría: una fuga del convento con un oficial del ejército realista. La aventura duró poco, pero la reputación de Manuela quedó marcada. En 1817, su padre concertó su matrimonio con el comerciante inglés James Thorne, un hombre adinerado y unos veinte años mayor que ella. El matrimonio la llevó a Lima, la capital virreinal, donde Manuela se movió en los círculos de la alta sociedad y empezó a frecuentar las tertulias donde se discutía, con cautela creciente, la posibilidad de la independencia.
Lima y el despertar político
Lima en los años 1820-1821 era un hervidero. Las noticias de las victorias de San Martín en el sur llegaban envueltas en rumores y en el miedo de los realistas a perder su mundo. Manuela, que no tenía ningún apego sentimental al orden colonial —le había dado demasiado poco para merecerlo—, se convirtió en uno de los engranajes de la red clandestina patriota en la ciudad.
Su papel fue el que la guerra secreta asignaba habitualmente a las mujeres con acceso a los salones de los poderosos: recogía información, transmitía mensajes, identificaba a simpatizantes y delatores. Se le atribuye, entre otras acciones, haber contribuido a ganar para la causa patriota a oficiales del batallón Numancia. Cuando San Martín entró en Lima en julio de 1821 y proclamó la independencia del Perú, Manuela estaba en la ciudad. En enero de 1822, el Protector la incluyó entre las damas distinguidas con la Orden del Sol, la nueva condecoración peruana. Tenía veinticuatro años.
Fue en Quito, en junio de 1822, donde su vida cambió de forma decisiva. Simón Bolívar acababa de entrar triunfante en la ciudad, que acababa de ser liberada por Antonio José de Sucre en la batalla del Pichincha. En el baile de celebración, Manuela y Bolívar se conocieron. La atracción fue inmediata y la relación que comenzó esa noche duraría, con altibajos y separaciones, hasta la muerte del Libertador en 1830.
Junto a Bolívar: espía, oficial y consejera
Sería un error —y una injusticia histórica— reducir la relación de Manuela con Bolívar a sus dimensiones sentimentales. Manuela no acompañó a Bolívar como consorte pasiva; lo acompañó como colaboradora activa. Abandonó a su marido, renunció a la comodidad de Lima y siguió al ejército libertador a través de los Andes. Participó en las campañas de Ecuador, Perú y el Alto Perú. En 1824 acompañó al ejército en la campaña del Perú, encargada del archivo y de la correspondencia de Bolívar, aunque el alcance exacto de su participación en las jornadas de Junín y Ayacucho sigue discutiéndose.
Según una tradición muy extendida, tras Ayacucho Sucre pidió para ella el grado de coronela; en todo caso, su papel fue sobre todo político y de confianza. La biografía de Pamela Murray muestra a una mujer que custodiaba documentos, vigilaba a los enemigos de Bolívar y participaba abiertamente en la política, y separa esos hechos de las muchas leyendas que se han construido después.
En la Gran Colombia —la república que Bolívar había soñado y que abarcaba los territorios de la actual Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá—, Manuela era una figura reconocida, temida y admirada en igual medida. Su carácter directo, su negativa a seguir las convenciones sociales y su posición como mujer casada que vivía abiertamente con el hombre más poderoso del continente la convertían en un blanco perfecto para sus enemigos, que eran muchos.
La noche del 25 de septiembre
El atentado de septiembre de 1828 fue el momento en que Manuela Sáenz se ganó su lugar en la historia, aunque la historia tardase mucho en reconocerlo. Los conspiradores —santanderistas que se oponían a la cada vez más autoritaria política de Bolívar— entraron en el palacio de San Carlos de Bogotá poco después de medianoche.
Bolívar se despertó. Según el relato que la propia Manuela escribió años después para Daniel Florencio O'Leary, ella le convenció de que saltase por la ventana en lugar de hacer frente a los atacantes. Mientras él huía, ella salió a su encuentro, los engañó sobre el paradero del Libertador y los entretuvo el tiempo suficiente; fue maltratada y golpeada. Bolívar pasó parte de la noche escondido bajo un puente del río San Agustín.
Bolívar sobrevivió, y aquella noche quedó en su memoria como el momento en que Manuela le había salvado. El sobrenombre de Libertadora del Libertador resumía esa deuda.
El ocaso: Paita y el olvido
La muerte de Bolívar en diciembre de 1830 fue el principio del fin para Manuela. Sin su protector, sin el escudo político que él representaba, sus enemigos pudieron actuar. Fue expulsada de la Nueva Granada a comienzos de 1834, bajo el gobierno de Santander. Intentó regresar a Quito, pero el gobierno ecuatoriano también le cerró las puertas. Se instaló finalmente en Paita, un pequeño puerto del Perú, donde vivió los últimos veintitrés años de su vida en una pobreza que contrastaba duramente con su pasado.
En Paita, Manuela Sáenz vendió dulces y tabaco y hacía traducciones y cartas para sobrevivir. Recibió algunas visitas ilustres —la de Giuseppe Garibaldi en 1851 está bien documentada; la del joven Herman Melville es más dudosa; también la visitaron Simón Rodríguez, el antiguo maestro de Bolívar, y el escritor Ricardo Palma—, pero fue, en lo esencial, una mujer olvidada por la historia oficial que estaba construyendo el panteón masculino de la independencia. Murió el 23 de noviembre de 1856 durante una epidemia de difteria que arrasó Paita. García Márquez la evocó décadas después en El general en su laberinto, y el libro de Von Hagen contribuyó a devolverla a la memoria popular.
Fue enterrada en una fosa común y sus pertenencias, quemadas por temor al contagio, por lo que sus restos nunca fueron identificados. La historia oficial tardó generaciones en recuperar su nombre.
Cronología de Manuela Sáenz
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 27 dic. 1797 | Nacimiento en Quito, Virreinato de Nueva Granada |
| 1817 | Matrimonio con el comerciante inglés James Thorne; se instala en Lima |
| Julio 1821 | San Martín proclama la independencia del Perú |
| Enero 1822 | Recibe la distinción de la Orden del Sol |
| Junio 1822 | Conoce a Simón Bolívar en Quito, tras la batalla del Pichincha |
| 1824 | Acompaña al ejército en la campaña del Perú |
| 25 sep. 1828 | Frustra el atentado contra Bolívar en Bogotá; el Libertador la llama «Libertadora del Libertador» |
| Dic. 1830 | Muerte de Bolívar; comienzo del exilio de Manuela |
| 1834 | Expulsada de la Nueva Granada; después, impedida de instalarse en Ecuador |
| 1835 | Se instala definitivamente en Paita (Perú) |
| Nov. 1856 | Muerte en Paita durante una epidemia de difteria |
| 2007 | Ecuador le concede a título póstumo el grado de generala |
| 2010 | Unos restos simbólicos, tierra de la fosa de Paita, son llevados al Panteón Nacional de Venezuela |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1797.
Para leer más
Las cuatro estaciones de Manuela
Victor W. von Hagen
Retrato novelado pero documentado de la revolucionaria quiteña, pionero en recuperar su figura del olvido historiográfico.
Buscar en AmazonEl general en su laberinto
Gabriel García Márquez
Novela que recrea los últimos días de Bolívar, con Manuela como presencia ineludible en la memoria del Libertador moribundo.
Buscar en AmazonFor Glory and Bolívar: The Remarkable Life of Manuela Sáenz
Pamela S. Murray
Biografía académica que separa a la Manuela histórica de los mitos románticos y políticos construidos sobre ella.
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