Siglo XIX18238 min de lectura
La Doctrina Monroe: América para los americanos
En pocas palabras
La Doctrina Monroe (1823) cambió la política exterior de EE.UU. y condicionó el destino de América Latina durante dos siglos. Historia, significado y legado.
En este artículo
El 2 de diciembre de 1823, el Congreso de los Estados Unidos recibió el mensaje anual del presidente James Monroe, que, como era costumbre en la época, se envió por escrito y fue leído en las cámaras. Entre los habituales informes sobre presupuesto y política interior, introdujo de pasada unos párrafos que pasarían a la historia como uno de los documentos de política exterior más influyentes —y más polémicos— del hemisferio occidental. Su principio fundamental era sencillo, incluso rotundo: el continente americano no podía ser campo de nuevas colonizaciones europeas, y cualquier intento de las potencias del Viejo Continente por extender su sistema político a América sería considerado una amenaza a la paz y la seguridad de los Estados Unidos.
Una fórmula posterior lo resumió todo, aunque Monroe nunca la escribió: «América para los americanos». Una fórmula que, según quien la pronunciara y en qué contexto, podía significar cosas radicalmente distintas.
Durante décadas se presentó como un gesto generoso de protección hacia las nacientes repúblicas latinoamericanas. Con el tiempo quedó claro que era, sobre todo, una declaración de hegemonía regional. No la de las repúblicas hermanas del sur, sino la de Washington.
El contexto que la hizo necesaria
En 1823, el mapa político de América estaba en plena efervescencia. Casi toda la América española acababa de sacudirse el yugo colonial: Venezuela, Colombia, Perú, Chile, México habían proclamado su independencia. El Imperio español se desmoronaba. Pero las monarquías de la Santa Alianza —Rusia, Austria y Prusia, con la Francia de la Restauración como aliada— habían demostrado en Europa su disposición a intervenir militarmente para restaurar el orden monárquico y sofocar las revoluciones liberales: ese mismo año de 1823, un ejército francés, los Cien Mil Hijos de San Luis, había devuelto a Fernando VII el poder absoluto en España.
El temor en Washington era fundado: ¿intervendría la Santa Alianza para ayudar a España a recuperar sus colonias americanas? ¿Aprovecharía Rusia para extender su presencia desde Alaska hacia el sur de la costa del Pacífico? En ese contexto, George Canning, ministro de Asuntos Exteriores británico, propuso en agosto de 1823 al representante estadounidense en Londres, Richard Rush, una declaración conjunta para advertir a Europa que no tolerarían nuevas intervenciones en América.
El secretario de Estado John Quincy Adams rechazó la oferta. Según anotó en su diario, no quería que su país hiciera el papel de un simple bote que navega a remolque del buque de guerra británico. La declaración debía ser exclusivamente estadounidense, no un pacto con una potencia europea. Adams fue el principal arquitecto intelectual de la doctrina, aunque Monroe y su gabinete discutieron el texto durante semanas y la decisión final fue del presidente. Para seguir esos debates, la historia de la doctrina de Dexter Perkins sigue siendo la referencia clásica.
Los tres principios de la doctrina
El texto original de Monroe articulaba tres ideas fundamentales que conviene separar para entenderlas bien.
El primero era el principio de no colonización: las potencias europeas no podían establecer nuevas colonias en América. Este punto iba dirigido especialmente a Rusia, cuyas pretensiones en la costa noroeste del Pacífico inquietaban a Washington.
El segundo era el principio de no intervención: Europa no debía intervenir en los asuntos políticos de las repúblicas americanas ya existentes. Los Estados Unidos interpretarían cualquier intento de imponer sistemas monárquicos europeos en el hemisferio como un acto hostil contra ellos mismos.
El tercero, menos enfatizado pero igual de importante, era la no intervención estadounidense en los asuntos europeos. Monroe reafirmó que Estados Unidos no se inmiscuiría en las guerras y disputas del Viejo Continente. América y Europa eran, en este esquema, dos mundos separados y distintos.
Lo que la doctrina no decía era quién garantizaría su cumplimiento. En 1823, la marina de guerra estadounidense era modesta. Quien realmente disuadía a las potencias europeas de intervenir en América era la marina británica, que tenía sus propios intereses comerciales en mantener abiertas las nuevas repúblicas al libre comercio. Monroe proclamó la doctrina; los cañones de la Royal Navy la respaldaron.
Cómo la recibió América Latina
La reacción de las repúblicas latinoamericanas ante la doctrina fue, en términos generales, tibia. Colombia en 1824 y Brasil en 1825 preguntaron a Washington si la declaración implicaba una alianza defensiva, y la respuesta fue evasiva. Simón Bolívar convocó en 1826 el Congreso de Panamá con la esperanza de construir una confederación hispanoamericana capaz de defenderse por sí sola; no contaba con Washington, al que fue invitado por iniciativa de Santander. Estados Unidos nombró dos delegados, pero uno murió en el viaje y el otro llegó cuando el congreso ya se había clausurado.
El problema de fondo era que la Doctrina Monroe era una declaración unilateral. No consultaba a nadie, no creaba obligaciones recíprocas y no ofrecía a las repúblicas latinoamericanas ningún mecanismo de participación. Era, en esencia, la proclamación de una esfera de influencia. Estados Unidos se arrogaba el derecho de actuar como árbitro del hemisferio sin haber acordado nada con el resto de sus habitantes.
Cronología de la Doctrina Monroe y sus consecuencias
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1823 | Monroe pronuncia su discurso ante el Congreso; nace la doctrina |
| 1845 | El presidente Polk la invoca para justificar la expansión hacia Texas y Oregon |
| 1846–1848 | Guerra entre México y Estados Unidos; con Texas, México pierde cerca de la mitad de su territorio |
| 1862–1867 | Francia ignora la doctrina e interviene en México; Maximiliano reina desde 1864 |
| 1895 | El secretario Olney la reinterpreta: EE.UU. es "soberano" de facto en América |
| 1904 | El Corolario Roosevelt la transforma en justificación para intervenciones armadas |
| 1898–1934 | Ocupaciones y desembarcos en Cuba, Nicaragua, Haití y República Dominicana; en 1933 la Política del Buen Vecino renuncia a la intervención |
El Corolario Roosevelt y la era del "gran garrote"
La doctrina experimentó su mutación más agresiva en 1904, cuando el presidente Theodore Roosevelt añadió, en su mensaje anual de diciembre, lo que se conoce como el Corolario Roosevelt. Si la doctrina original advertía a Europa que no interviniera en América, el corolario añadía que si un país latinoamericano caía en el "caos" o incumplía sus obligaciones con acreedores extranjeros, Estados Unidos se reservaba el derecho de intervenir para "estabilizarlo".
Era, en términos prácticos, la transformación de un principio defensivo en una licencia para el intervencionismo. La política del gran garrote y la llamada diplomacia del dólar de sus sucesores condujeron a intervenciones en Cuba, Nicaragua, Haití y la República Dominicana, entre otros; Panamá, separada de Colombia en 1903 con el respaldo de la marina estadounidense, nació ya bajo tutela. Washington derrocó gobiernos, instaló aduanas bajo control estadounidense y mantuvo tropas en suelo extranjero durante años o décadas.
Para los países latinoamericanos, la doctrina había dejado de ser un escudo contra Europa para convertirse en el instrumento jurídico que legitimaba la dominación de Washington. No era América para los americanos, sino América para los estadounidenses.
La doctrina y las independencias latinoamericanas: una relación ambigua
El origen de la doctrina encierra una ironía. Cuando Monroe habló en 1823, la mayor parte de América Latina acababa de lograr la independencia de España tras guerras larguísimas y devastadoras. Las nuevas repúblicas estaban debilitadas, endeudadas y políticamente inestables. La doctrina llegó en un momento en que, sobre el papel, parecía ofrecer protección a esos estados frágiles.
Pero esa protección tenía un precio no explicitado: la aceptación de la primacía estadounidense en el hemisferio. Los Estados Unidos reconocieron diplomáticamente a las nuevas repúblicas latinoamericanas a partir de 1822 —antes que Gran Bretaña—, lo que reforzaba su imagen de paladines de la independencia americana. Como muestra el estudio de Jay Sexton sobre la doctrina, su sentido fue cambiando con cada administración y, en paralelo, Washington tejía vínculos comerciales y estratégicos que con el tiempo se convertirían en relaciones asimétricas de dependencia.
Figuras como José Martí advirtieron con claridad sobre esta trampa. Martí, que vivió largos años en Nueva York y conoció de cerca la sociedad y la política estadounidenses, escribió con lucidez sobre el riesgo de que América Latina, al liberarse de España, cayera bajo la órbita de un nuevo poder imperial disfrazado de hermandad republicana.
Legado y vigencia
La Doctrina Monroe siguió siendo invocada a lo largo del siglo XX. Franklin D. Roosevelt la matizó con la Política del Buen Vecino: en la conferencia de Montevideo de 1933 su gobierno aceptó el principio de no intervención. Pero durante la Guerra Fría volvió a cobrar vida: la intervención en Guatemala (1954), en Cuba (bahía de Cochinos, 1961), en la República Dominicana (1965) y en Nicaragua durante los años ochenta se justificaron, en distintos grados, con la misma lógica subyacente: el hemisferio occidental era el patio trasero de Washington, y cualquier amenaza —real o percibida— a sus intereses justificaba la acción.
En 2013, el secretario de Estado John Kerry declaró ante la Organización de Estados Americanos que "la era de la Doctrina Monroe ha terminado". La frase fue aplaudida en muchas capitales latinoamericanas. Pero los analistas señalaron que las estructuras de influencia que la doctrina había contribuido a construir durante dos siglos no desaparecen con una declaración retórica.
La Doctrina Monroe acabó siendo mucho más que un texto diplomático: se convirtió en la referencia de fondo de la política estadounidense en el hemisferio. Su historia es inseparable de la historia de las independencias latinoamericanas, de la guerra entre México y Estados Unidos, de las intervenciones europeas como la de Maximiliano en México, y del largo debate sobre soberanía, autonomía e imperialismo que sigue abierto hoy.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1823.
Para leer más
Historia de la doctrina Monroe
Dexter Perkins
La síntesis clásica del principal especialista estadounidense en la doctrina, desde su formulación en 1823 hasta mediados del siglo XX.
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