Siglo XIX1853 — 18958 min de lectura
José Martí y la independencia de Cuba
En pocas palabras
José Martí, poeta y revolucionario cubano, lideró la lucha por la independencia de Cuba del dominio español. Su vida, su obra y su legado político.
En este artículo
José Martí construyó durante décadas el andamiaje político, intelectual y organizativo que hizo posible la independencia de Cuba, y murió en combate apenas seis semanas después de poner pie en la isla que había soñado libre desde los dieciséis años. Su muerte prematura en Dos Ríos, en mayo de 1895, le privó de ver el resultado de su obra. Pero también lo convirtió en mito: en el Apóstol, en la figura moral más poderosa del independentismo cubano.
Martí no fue solo un hombre de acción. Fue uno de los grandes escritores en lengua española del siglo XIX, uno de los iniciadores del modernismo literario, que Rubén Darío llevaría a su plenitud, y autor de una prosa política que se sigue leyendo con provecho. Pocas veces en la historia de América Latina el pensamiento y la acción han convivido tan estrechamente en una sola vida. La biografía clásica de Jorge Mañach, Martí, el Apóstol (1933), fijó durante décadas esa imagen, a medias hombre y a medias leyenda.
La forja de un revolucionario
José Julián Martí Pérez nació en La Habana el 28 de enero de 1853, hijo de un sargento valenciano y una canaria. Cuba era entonces una colonia española en declive —la metrópoli había perdido casi todo su Imperio continental en las décadas anteriores— y la isla vivía bajo una administración que combinaba el autoritarismo político con una economía esclavista que generaba enormes beneficios azucareros para la élite criolla y para España.
A los quince años, Martí comenzó a escribir poesía y artículos políticos; en enero de 1869, recién estallada la Guerra de los Diez Años, publicó el drama patriótico Abdala. En octubre de ese año, con dieciséis, fue detenido por una carta, firmada con su amigo Fermín Valdés Domínguez, en la que reprochaban a un condiscípulo que se hubiera alistado en el cuerpo de voluntarios españoles. En 1870 fue condenado a seis años de presidio y enviado a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro. La experiencia de los presidios —descrita con una precisión casi clínica en su primer libro, El presidio político en Cuba— lo marcó para siempre. La pena se le conmutó por el destierro, y a comienzos de 1871, con diecisiete años, fue deportado a España.
En Madrid y en Zaragoza estudió Derecho y Filosofía y Letras, y publicó sus primeras reflexiones sobre el problema cubano. A diferencia de muchos independentistas de su generación, Martí entendió desde muy pronto que la lucha por Cuba no podía separarse de una crítica más amplia del colonialismo y de la desigualdad social. No quería solo cambiar de amos: quería construir, como diría en 1891 en un célebre discurso en Tampa, una república "con todos, y para el bien de todos".
El exilio como escuela
Tras pasar por México (1875-1876) y Guatemala (1877-1878), Martí volvió a Cuba al acabar la Guerra de los Diez Años, pero en 1879 fue deportado de nuevo a España. Desde allí pasó a Nueva York, residió unos meses en Caracas en 1881 y regresó a Nueva York, donde vivió los años más decisivos de su vida. El exilio fue su universidad política. En México se aproximó al liberalismo reformista; en Guatemala vio de cerca las tensiones entre los terratenientes y los pueblos indígenas; en Nueva York observó con admiración y alarma el auge de la potencia industrial norteamericana.
Sus crónicas desde Estados Unidos —publicadas en La Nación de Buenos Aires, La Opinión Nacional de Caracas o El Partido Liberal de México— son documentos de gran valor. Martí describió la inauguración del puente de Brooklyn, los mitines obreros, los linchamientos racistas en el sur, los debates sobre el proteccionismo y la política exterior. Su mirada era la de alguien que admiraba la energía republicana de Estados Unidos pero desconfiaba profundamente de su expansionismo. Escribió sobre la Doctrina Monroe con una lucidez notable: como cronista de la Conferencia Internacional Americana de Washington (1889-1890), veía en el panamericanismo promovido por Estados Unidos no solo una defensa frente a Europa, sino también un instrumento de hegemonía continental.
En Nueva York también maduraron sus ideas sobre la cuestión racial. La esclavitud se había abolido en Cuba en 1886 (véase la abolición de la esclavitud en América), pero la discriminación seguía intacta, y el miedo a una "segunda Haití" había frenado a muchos criollos en la guerra anterior. Para Martí, la independencia debía ser también la negación del racismo —"no hay razas", escribiría—, y además era una necesidad práctica: la guerra no podía ganarse sin los afrocubanos, que constituían una parte esencial de la población de la isla y que tenían sobradas razones para pelear.
El Partido Revolucionario Cubano
La gran obra política de Martí fue la fundación, en 1892, del Partido Revolucionario Cubano. No era un partido en el sentido moderno del término: era una organización transnacional que coordinaba las comunidades de emigrantes cubanos —sobre todo los trabajadores del tabaco de Tampa y Cayo Hueso— para financiar y organizar la insurrección.
Martí pasó los años siguientes viajando por las comunidades cubanas del Caribe y de los Estados Unidos, recaudando fondos, negociando con los veteranos de la Guerra de los Diez Años —el primer gran levantamiento independentista, de 1868 a 1878—, y construyendo alianzas con los generales que habrían de dirigir la guerra. Los más importantes eran Máximo Gómez, un dominicano con un largo historial militar en la guerra anterior, y Antonio Maceo, el general mulato que había protagonizado en 1878 la Protesta de Baraguá, el rechazo a una paz sin independencia ni abolición.
La tarea era ingente. Las comunidades de emigrantes estaban divididas por rencores personales, estrategias distintas y disputas sobre quién debía dirigir el movimiento. Martí aportó algo que ningún otro líder del independentismo cubano había logrado reunir: autoridad moral, capacidad organizativa y un discurso que hacía de la guerra de independencia algo más que una disputa entre criollos y españoles.
La poesía como acto político
No puede entenderse a Martí sin su escritura. Sus Versos sencillos —publicados en 1891, cuatro años antes de su muerte— son uno de los grandes libros de la poesía hispanoamericana. La forma es sencilla y de raíz popular: estrofas de cuatro octosílabos, el metro del romancero. El contenido es moderno: una reflexión sobre la vida, la muerte, la lealtad y la traición que nace de una experiencia personal de sufrimiento y compromiso.
El primer poema del libro comienza con uno de los versos más citados de la literatura en español: "Yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma". Lo que parece una declaración de identidad geográfica es también una declaración de programa moral. La palma real, símbolo de Cuba, identifica al poeta con su tierra de una manera que va más allá del sentimentalismo patriótico.
Sus Versos Libres —escritos en los años del exilio neoyorquino pero publicados póstumamente— son más oscuros, más violentos en su forma, más cercanos al simbolismo europeo. E Ismaelillo (1882), dedicado a su hijo, muestran otra dimensión del hombre: la del padre que escribe desde la distancia, consciente del precio que su causa impone a quienes lo rodean.
Martí escribió también Nuestra América, el ensayo político más influyente de la intelectualidad latinoamericana del siglo XIX. En él argumenta que América Latina no debe copiar a Europa ni a Estados Unidos, que debe construir sus instituciones a partir de su propia realidad histórica y de sus pueblos concretos. Era una advertencia dirigida tanto contra el destino manifiesto norteamericano como contra las élites latinoamericanas que miraban a París como modelo de civilización.
La guerra y la muerte
El 24 de febrero de 1895, siguiendo el plan organizado por Martí, estalló simultáneamente el alzamiento en varios puntos de Cuba. Era el Grito de Baire. Martí había preparado meticulosamente el momento, pero la operación estuvo a punto de fracasar un mes antes: en enero de 1895 las autoridades estadounidenses incautaron en Fernandina (Florida) tres barcos con armas que debían llevar a la isla la expedición principal. El golpe obligó a improvisar.
Martí desembarcó clandestinamente en Playitas de Cajobabo, en el oriente de Cuba, el 11 de abril de 1895, junto a Máximo Gómez. No pisaba la isla desde su deportación de 1879. Su Diario de campaña, cuya última entrada es del 17 de mayo, tiene ya algo de testamento. Sabía el riesgo que corría. En la carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, fechada el 18 de mayo, víspera de su muerte, explicaba que su objetivo era impedir que Cuba cayera bajo la órbita de Estados Unidos una vez conseguida la independencia de España: "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".
El 19 de mayo de 1895, en el combate de Dos Ríos, José Martí fue abatido de un disparo. Tenía cuarenta y dos años. La guerra que él había organizado continuó sin él durante tres años más y terminó con la intervención de los Estados Unidos en 1898: exactamente lo que Martí había tratado de evitar.
Cronología de José Martí
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 28 enero 1853 | Nacimiento en La Habana |
| 1869–1870 | Detenido (octubre de 1869) y condenado a presidio y trabajos forzados |
| 1871–1874 | Destierro en España; estudios en Madrid y Zaragoza; El presidio político en Cuba (1871) |
| 1875–1878 | Estancias en México y Guatemala |
| 1879 | Nueva deportación a España tras volver a Cuba |
| 1880–1895 | Residencia en Nueva York (salvo unos meses en Caracas en 1881); crónicas, poesía y ensayo político |
| 1891 | Publicación de Nuestra América y de Versos sencillos |
| 10 abril 1892 | Fundación del Partido Revolucionario Cubano |
| 24 febrero 1895 | Grito de Baire: inicio de la Guerra de Independencia |
| 11 abril 1895 | Desembarco en Cuba junto a Máximo Gómez |
| 19 mayo 1895 | Muerte en el combate de Dos Ríos |
| 1898 | Intervención estadounidense; fin de la soberanía española en Cuba |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1853.
Para leer más
Martí, el Apóstol
Jorge Mañach
La biografía clásica de Martí, escrita por uno de los grandes ensayistas cubanos del siglo XX.
Buscar en AmazonIsmaelillo. Versos libres. Versos sencillos
José Martí (ed. de Ivan A. Schulman)
Edición anotada de los tres libros de poesía de Martí, con los célebres Versos sencillos de 1891.
Buscar en AmazonInsurgent Cuba: Race, Nation, and Revolution, 1868-1898
Ada Ferrer
Estudio fundamental sobre raza y nación en las guerras de independencia cubanas y el papel de los combatientes afrocubanos.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.