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Historia de América
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Colonia1571 — 18208 min de lectura

La Inquisición en América: fe, poder y control colonial

En pocas palabras

La Inquisición en América: cómo funcionó el Santo Oficio en el Nuevo Mundo, sus tribunales, principales procesos y su papel en la sociedad colonial.

En este artículo
  1. Antecedentes: del episcopado al Santo Oficio
  2. Cómo funcionaba el Santo Oficio
  3. Los principales focos de persecución
  4. Cronología del Santo Oficio en América
  5. La Inquisición como instrumento de poder social
  6. El declive y la abolición

En 1589, el gobernador del Nuevo Reino de León, Luis de Carvajal y de la Cueva, de origen portugués, fue detenido por la Inquisición de México junto con varios miembros de su familia, acusados de practicar el judaísmo en secreto. El gobernador murió en prisión; su sobrino Luis de Carvajal el Mozo, reconciliado en un primer proceso, volvió a ser detenido y, tras la tortura, murió en la hoguera en el auto de fe de 1596 junto con su madre y varias de sus hermanas. El caso Carvajal no fue una excepción: fue, en muchos sentidos, el símbolo más nítido de cómo el Santo Oficio de la Inquisición trasladó al Nuevo Mundo sus métodos de control religioso y social.

La Inquisición llegó a América investida de una doble misión que, a medida que transcurrieron los siglos, se fue cargando de matices políticos y económicos. Nacida en Europa para combatir la herejía, la brujería y la apostasía, en el continente americano enfrentó un escenario completamente nuevo: una población indígena recién convertida al cristianismo, comunidades de esclavos africanos con sus propias tradiciones espirituales, y una sociedad criolla mestiza en permanente tensión con los poderes peninsulares. Su historia ilumina una parte esencial de la maquinaria colonial.

Antecedentes: del episcopado al Santo Oficio

Antes de que se establecieran formalmente los tribunales inquisitoriales, la persecución de la herejía en América fue una competencia de los obispos. En Nueva España, los frailes ejercieron funciones inquisitoriales desde la década de 1520, y entre 1536 y 1543 el obispo fray Juan de Zumárraga actuó como inquisidor apostólico. Fue él quien juzgó al cacique texcocano don Carlos Ometochtzin, acusado de idolatría y de predicar contra la fe cristiana, y lo entregó al brazo secular, que lo quemó en 1539. La ejecución de don Carlos provocó tal escándalo en España —el Consejo de Indias consideró excesivo aplicar la pena máxima a un neófito— que la Corona intervino para limitar la jurisdicción episcopal sobre los indígenas.

Esta limitación tendría consecuencias duraderas. Cuando Felipe II estableció formalmente los tribunales del Santo Oficio en América mediante cédula real de 1569, con tribunales con sede en Lima (1570) y México (1571), los indígenas quedaron explícitamente excluidos de su jurisdicción. La razón oficial era su condición de neófitos, personas recién llegadas a la fe que merecían más misericordia pastoral que rigor judicial. La razón real era más pragmática: una Inquisición que procesara masivamente a la población indígena habría resultado imposible de gestionar y habría socavado el propio proyecto evangelizador.

Así que la Inquisición americana se centró en otros: españoles peninsulares, criollos, mestizos, negros, mulatos, portugueses —muchos de ellos sospechosos de criptojudaísmo— y extranjeros de paso. El resultado fue una institución que, aunque nunca alcanzó la escala de su homóloga española, dejó una huella profunda en la cultura colonial.

Cómo funcionaba el Santo Oficio

El mecanismo del Santo Oficio era, a su manera, una burocracia sofisticada. Los tribunales americanos dependían del Consejo de la Suprema Inquisición y del inquisidor general, con sede en España. Cada uno contaba con dos o tres inquisidores, un fiscal (encargado de formular los cargos), un notario y una red de comisarios y familiares del Santo Oficio dispersos por el territorio. Estos últimos eran colaboradores laicos que actuaban como delatores y agentes locales: un cargo que, paradójicamente, confería cierto prestigio social y algunas exenciones fiscales.

El proceso comenzaba, casi siempre, con una denuncia. Podía ser anónima. El acusado era detenido y sus bienes confiscados preventivamente. A continuación venía la fase de interrogatorio, que podía incluir —aunque no de forma sistemática ni rutinaria, contrariamente a la imagen popular— la aplicación del tormento. La tortura inquisitorial estaba reglamentada: no podía derramarse sangre, no podía aplicarse a personas mayores, enfermas o embarazadas, y el reo podía interrumpirla confesando. Aun así, sus efectos sobre los acusados podían ser devastadores.

El proceso culminaba en un auto de fe, una ceremonia pública de enorme carga teatral en la que se leían las sentencias. Las penas variaban desde la simple amonestación y la penitencia espiritual hasta la confiscación de bienes, la cárcel, los azotes públicos, las galeras y, en casos extremos, la entrega al brazo secular para su ejecución. La hoguera era la pena reservada a los herejes impenitentes o relapsos; pero fue, en América, un castigo relativamente infrecuente. Los recuentos más citados sitúan el número de ejecutados por los tribunales americanos en unas pocas decenas —en torno a cuarenta y tantos en México y una treintena en Lima— a lo largo de dos siglos y medio de actividad, cifra muy inferior a la de los tribunales peninsulares.

Los principales focos de persecución

La obsesión más constante de la Inquisición americana fue el criptojudaísmo: la práctica encubierta del judaísmo por parte de conversos (cristianos nuevos de origen judío) que habían emigrado a América para escapar de la vigilancia inquisitorial en España y Portugal. Los llamados "judaizantes" fueron el grupo más perseguido en ambos tribunales durante los siglos XVI y XVII. El caso de la familia Carvajal, mencionado al inicio, fue el más célebre de Nueva España; en el Perú, el proceso contra el médico Francisco Maldonado de Silva, quemado en el gran auto de fe de Lima de 1639 tras más de una década de prisión, tuvo una resonancia similar.

Junto a los judaizantes, la Inquisición persiguió a los luteranos y calvinistas, especialmente extranjeros —ingleses, holandeses, flamencos— que llegaban a los puertos americanos como comerciantes o corsarios. La presencia de herejes protestantes en América era percibida no solo como un peligro espiritual, sino como una amenaza geopolítica al monopolio ibérico sobre el continente.

Otro campo de actuación fue el de las "proposiciones heréticas": afirmaciones imprudentes sobre la fe pronunciadas en público, muchas veces en el calor de una discusión o bajo los efectos del alcohol. Sostener que la fornicación entre solteros no era pecado o burlarse del valor de las bulas papales: este tipo de declaraciones llenaron los registros inquisitoriales de causas menores que rara vez llegaban a penas graves.

Finalmente, la Inquisición actuó también contra la brujería y la hechicería, aunque con bastante más escepticismo que el que suele atribuírsele. Los inquisidores americanos desconfiaban de las confesiones de pacto con el diablo y las interpretaban, frecuentemente, como síntomas de ignorancia o de enfermedad mental. Muchas causas por brujería acabaron con amonestaciones y oraciones, no en la hoguera.

Cronología del Santo Oficio en América

FechaAcontecimiento
1522–1569Etapa monástica y episcopal: frailes y obispos ejercen funciones inquisitoriales
1539Ejecución del cacique don Carlos Ometochtzin tras su proceso ante Zumárraga
1569Felipe II establece tribunales formales del Santo Oficio en América
1570Fundación del Tribunal de Lima
1571Fundación del Tribunal de México
1596Auto de fe en México: ejecución de varios miembros de la familia Carvajal
1610Fundación del tercer tribunal americano, en Cartagena de Indias
1639Gran auto de fe en Lima, el más espectacular del Perú colonial
1813Primera abolición de la Inquisición por las Cortes de Cádiz
1820Abolición definitiva en el mundo hispánico

La Inquisición como instrumento de poder social

Sería un error reducir la Inquisición americana únicamente a su dimensión religiosa. El Santo Oficio fue también un poderoso mecanismo de control social y político. La posibilidad de ser denunciado —y la imposibilidad, durante años, de conocer el nombre de los delatores— generaba una atmósfera de desconfianza que favorecía la autocensura y la conformidad pública.

La historia de la censura inquisitorial es especialmente reveladora: el Índice de libros prohibidos, actualizado periódicamente, llegó a incluir obras de filosofía, teología, literatura y, más tarde, ciencia. Las obras de Erasmo —cuya huella en el mundo hispánico estudió Marcel Bataillon en Erasmo y España— y, más tarde, las de Voltaire o Rousseau circularon clandestinamente en la América colonial, pese a las prohibiciones. La Inquisición nunca pudo controlar completamente el flujo de ideas.

Tampoco logró eliminar las tensiones internas de la sociedad colonial. Las denuncias ante el Santo Oficio se usaban, con frecuencia, como arma en disputas personales, comerciales o familiares. La historiadora Solange Alberro documentó en Inquisición y sociedad en México, 1571-1700 cómo muchos procesos inquisitoriales escondían, bajo el barniz de la denuncia religiosa, conflictos de intereses perfectamente mundanos.

El declive y la abolición

El siglo XVIII trajo a América, como a Europa, los vientos de la Ilustración. La crítica racional a la superstición y al fanatismo religioso fue erosionando lentamente la legitimidad pública del Santo Oficio. Los tribunales siguieron funcionando, pero con menor energía y con una creciente incomodidad ante la opinión culta.

La crisis definitiva llegó con las guerras de independencia. Los movimientos emancipadores latinoamericanos asociaron la Inquisición con el yugo colonial español. Las Cortes de Cádiz la abolieron por primera vez en 1813; Fernando VII la restauró en 1814 y fue abolida de nuevo en 1820, esta vez de forma permanente.

En la Ciudad de México, el palacio de la Inquisición, en la plaza de Santo Domingo, fue después sede de la Escuela de Medicina y hoy alberga el Museo de la Medicina Mexicana de la UNAM. En Lima, el antiguo local del tribunal es ahora el Museo del Congreso y de la Inquisición, que recrea las salas de audiencias y de tormento. Ambos edificios recuerdan a una institución que, durante dos siglos y medio, ejerció un poder que iba mucho más allá de lo estrictamente espiritual.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1571.

Para leer más

Inquisición y sociedad en México, 1571-1700

Solange Alberro

Estudio de referencia sobre el tribunal novohispano, sus procesos y la sociedad que se retrata en ellos.

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Inquisición y sociedad en el virreinato peruano

René Millar Carvacho

Análisis detallado del tribunal limeño, sus procedimientos y su impacto en la sociedad virreinal peruana.

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La Inquisición en Nueva España, siglo XVI

Richard E. Greenleaf

Clásico sobre los orígenes de la Inquisición mexicana, desde la etapa episcopal hasta la fundación del tribunal.

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