Conquista1536 — 157910 min de lectura
Jiménez de Quesada y la conquista de los muiscas
En pocas palabras
Gonzalo Jiménez de Quesada remontó el Magdalena, conquistó el territorio muisca y fundó Santa Fe de Bogotá. Historia del origen del Nuevo Reino de Granada.
En este artículo
En abril de 1536, unos ochocientos hombres partieron de Santa Marta siguiendo el curso del río Magdalena hacia el interior desconocido de lo que hoy es Colombia. Menos de un año después, apenas ciento setenta llegaron a la sabana de Bogotá. Los demás habían muerto de fiebre, de hambre, atacados por los indígenas ribereños o devorados por caimanes, o habían regresado a la costa. Al frente de los supervivientes marchaba un jurista, letrado más que soldado, que había salido a buscar la ruta hacia el Perú y encontró, sin buscarlo, uno de los reinos más ricos y organizados del continente americano.
Gonzalo Jiménez de Quesada es, posiblemente, el menos conocido de los grandes conquistadores del siglo XVI. Cortés tiene México y Pizarro tiene el Perú. Quesada tiene el Nuevo Reino de Granada, un territorio que hoy corresponde en gran medida a Colombia, y una historia que combina la dureza de las grandes expediciones con una violencia que los propios cronistas no ocultaron. Fuera de Colombia, su figura apenas es conocida por el gran público.
Su conquista del territorio muisca, llevada a cabo entre 1537 y 1539, puso fin a la independencia de una de las sociedades más densamente pobladas y mejor organizadas de América del Sur.
El hombre: jurista armado
Gonzalo Jiménez de Quesada nació, según las propuestas más aceptadas, hacia 1506-1509, en Granada o en Córdoba —las fuentes no se ponen de acuerdo—, en el seno de una familia de letrados. Estudió leyes, probablemente en Salamanca, y ejerció como abogado en Granada antes de embarcar en la armada de Pedro Fernández de Lugo, que llegó a comienzos de 1536 a Santa Marta, donde Quesada sirvió como justicia mayor de la gobernación, en la costa caribeña de lo que hoy es Colombia.
Era un hombre de libros y de leyes que se vio convertido en jefe de una expedición militar por las circunstancias y por la ambición propia de su tiempo. El gobernador Pedro Fernández de Lugo le encomendó la tarea de explorar el interior del continente en busca de una ruta hacia el Perú, del que llegaban noticias de riquezas inmensas, y de remontar el Magdalena hasta sus fuentes. Lo que Quesada no podía saber entonces es que iba a tropezar con algo diferente: el mundo muisca.
Su naturaleza jurídica influyó en su modo de actuar como conquistador. No fue un hombre ajeno a la violencia —la expedición que dirigió fue brutal en muchos momentos—, pero sí uno de los que más se preocuparon por dar forma legal a sus actos y por dejar constancia escrita de ellos. Escribió una relación de su conquista y, ya en la vejez, el Antijovio, una réplica al historiador italiano Paolo Giovio en defensa de la reputación de los españoles. Su perfil encaja bien en el retrato de los conquistadores que traza Fernando Cervantes en Conquistadores: una historia diferente, lejos del estereotipo del soldado iletrado.
La expedición del Magdalena: un infierno de dos años
La expedición salió de Santa Marta el 5 de abril de 1536 con dos columnas: una por tierra, que mandaba Quesada, y otra por el río en bergantines. Desde el primer momento, el Magdalena demostró ser un enemigo más formidable que cualquier pueblo indígena. Las selvas ribereñas eran densas, el calor asfixiante, los mosquitos portadores de malaria y otras fiebres diezmaban la columna semana a semana. Los caimanes atacaban a los hombres que se acercaban al río. La columna terrestre abría camino a machetazos a través de una vegetación que se cerraba de nuevo en cuestión de días.
El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que recogió testimonios directos de supervivientes, describió el avance como una agonía sistemática. Los hombres morían a decenas durante los meses del trayecto fluvial. Los caballos, imprescindibles para cualquier campaña militar en tierra, perecían por las enfermedades o se hundían en los pantanos. Los bergantines encallaban, se perdían y debían ser reemplazados o abandonados.
Guiados por panes de sal y mantas de algodón que llegaban río abajo por el comercio indígena, los expedicionarios dejaron el Magdalena por el valle del Opón. Cuando, a comienzos de 1537, alcanzaron las tierras altas de la cordillera Oriental, habían perdido a cuatro de cada cinco hombres. Los supervivientes estaban famélicos, enfermos y agotados. Pero el terreno que comenzaron a recorrer entonces era diferente: más fresco, con poblaciones densas y señales inequívocas de una civilización organizada. Habían encontrado la entrada al territorio muisca.
El pueblo muisca: una confederación sin conquistar
Los muiscas —también llamados chibchas en la historiografía más antigua, aunque los especialistas modernos prefieren el término muisca— constituían en el siglo XVI una de las civilizaciones más desarrolladas de América del Sur. No eran un imperio centralizado como el azteca o el inca: eran un conjunto de cacicazgos —a menudo llamado «confederación», aunque el término se discute— que compartían lengua, cultura y religión, distribuidos por la Cordillera Oriental de los Andes en territorios que hoy forman el corazón de Colombia.
Su economía era sofisticada. Cultivaban maíz, papa, quinua y algodón con técnicas de regadío avanzadas. Eran maestros en la orfebrería del oro y la tumbaga —una aleación de oro y cobre— y en el trabajo de la sal, que extraían de las minas de Zipaquirá y distribuían por toda la región a través de redes comerciales bien establecidas. Sus mercados periódicos eran centros de intercambio donde confluían productos de zonas climáticas muy distintas, desde el algodón de las tierras bajas hasta las esmeraldas de Somondoco.
Los dos señoríos principales eran el del Zipa, con capital en Bacatá, cerca de la futura Bogotá, y el del Zaque, con capital en Hunza (la futura Tunja); junto a ellos había otros cacicazgos poderosos, como los de Sugamuxi y Tundama. Entre ambos existía una rivalidad secular que Jiménez de Quesada supo explotar con habilidad diplomática. Los tejidos y orfebrerías muiscas que llegaron a España se contaron entre las piezas más admiradas de los gabinetes de curiosidades europeos del siglo XVI.
La conquista: violencia, diplomacia y traición
Cuando las tropas de Quesada entraron en la sabana de Bogotá en marzo de 1537, el Zipa reinante era Tisquesusa, quien optó inicialmente por una resistencia activa. Los enfrentamientos fueron violentos: los muiscas, aunque sin caballos ni armas de fuego, combatieron con eficacia usando arcos, hondas y lanzas endurecidas al fuego. Pero los caballos y el acero españoles, y las divisiones entre los propios señoríos muiscas, hacían la resistencia muy difícil de sostener.
Tisquesusa murió en un ataque español, al parecer sin que sus atacantes supieran quién era. Le sucedió Sagipa, un pariente que se hizo con el poder en contra de las normas sucesorias muiscas y que, tras resistir un tiempo, buscó la alianza con los españoles, a los que ayudó en una campaña contra sus enemigos panches. Fue un patrón habitual en la conquista: utilizar las disputas dinásticas internas para acelerar el sometimiento. Pero Sagipa fue apresado por los propios españoles, acusado de ocultar el tesoro de su antecesor, y torturado para que revelara su paradero; murió a consecuencia de los tormentos a comienzos de 1539, sin que jamás apareciera el supuesto tesoro. Aquel episodio figuraría entre los cargos del juicio que se siguió contra Quesada.
El señorío del Zaque corrió una suerte similar. En agosto de 1537 los españoles entraron en Hunza y capturaron al Zaque Quemuenchatocha, que murió poco después. Poco más tarde, en Sugamuxi, el gran templo del Sol ardió durante el saqueo. Los templos muiscas fueron saqueados sistemáticamente; las ofrendas de oro que los sacerdotes guardaban en los adoratorios —piezas votivas de una tradición religiosa que llevaba siglos acumulando metal precioso— pasaron a manos de los conquistadores, fundidas de inmediato en lingotes para el quinto real.
El oro acumulado en esta campaña fue considerable, pero muy inferior a lo que la leyenda posterior haría de él. El mito de El Dorado, que comenzaba a gestarse precisamente en estos años a partir de noticias sobre una ceremonia muisca en la laguna de Guatavita —donde el nuevo cacique, cubierto de polvo de oro, se adentraba en una balsa y arrojaba ofrendas a las aguas—, prometía riquezas todavía mayores en algún lugar del interior. Esa promesa incumplida impulsaría décadas de expediciones ruinosas por los llanos orientales y la selva amazónica.
La fundación de Bogotá y la disputa con sus rivales
El 6 de agosto de 1538, según la fecha tradicional, Jiménez de Quesada fundó la ciudad de Santa Fe, que después sería conocida como Santa Fe de Bogotá; la fundación jurídica, con cabildo y trazado, se formalizó el 27 de abril de 1539. Eligió el lugar con criterio: la sabana era fértil, el clima benigno para los europeos, el agua abundante y las poblaciones muiscas cercanas garantizaban una mano de obra para la futura encomienda.
Pero apenas concluida la fundación, Quesada se encontró ante una situación insólita: dos expediciones rivales, llegadas por caminos completamente distintos, convergían sobre el mismo territorio casi simultáneamente. El alemán Nikolaus Federmann, al servicio de los Welser, la casa de banqueros de Augsburgo que tenía la gobernación de Venezuela, llegó desde los llanos orientales tras cruzar los páramos. Sebastián de Belalcázar, lugarteniente de Pizarro que había conquistado Quito, subía desde el sur.
Los tres se encontraron en la sabana de Bogotá a comienzos de 1539 en una situación potencialmente explosiva: tres huestes, tres jefes con títulos distintos, el mismo territorio. La solución fue sorprendentemente pacífica: los tres acordaron viajar juntos a España y dejar que la Corona arbitrara sus reclamaciones. Ninguno obtuvo lo que quería. La gobernación del Nuevo Reino fue a parar a Alonso Luis de Lugo, hijo del gobernador de Santa Marta, y Quesada pasó más de una década en Europa entre pleitos y procesos.
Los últimos años: de El Dorado a Mariquita
Quesada volvió al Nuevo Reino en 1551 con el título de mariscal y se convirtió en un vecino principal de Santa Fe, donde la recién creada Real Audiencia le consultaba en asuntos de gobierno. Nunca renunció, sin embargo, al sueño que él mismo había contribuido a crear. En 1569, con más de sesenta años, encabezó a su costa una gran expedición hacia los llanos orientales en busca de El Dorado. Fue un desastre: de varios cientos de españoles y más de mil indígenas, regresaron unas pocas decenas en 1572.
Arruinado, recibió el título de adelantado del Nuevo Reino y pasó sus últimos años enfermo —las fuentes hablan de lepra, aunque el diagnóstico es incierto—. Murió en Mariquita en 1579. Sus restos reposan hoy en la catedral de Bogotá. La reconstrucción más minuciosa de estos episodios sigue siendo la de Lucas Fernández de Piedrahita.
Cronología de la conquista muisca
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Abril 1536 | Partida de la expedición de Santa Marta con ~800 hombres |
| 1536 — 1537 | Ascenso por el río Magdalena; pérdida de la mayor parte de la tropa |
| Marzo 1537 | Entrada en la sabana de Bogotá |
| Agosto 1537 | Captura del Zaque Quemuenchatocha en Hunza |
| 1537–1538 | Muerte del Zipa Tisquesusa; Sagipa le sucede |
| 6 agosto 1538 | Fundación tradicional de Santa Fe (futura Bogotá) |
| 1538–1539 | Prisión y muerte bajo tortura del Zipa Sagipa |
| 1539 | Encuentro con Federmann y Belalcázar; fundación jurídica de Santa Fe (27 de abril) |
| 1539 — 1551 | Quesada en Europa reclamando recompensas y gobernación |
| 1569 — 1572 | Desastrosa expedición de Quesada en busca de El Dorado |
| 1579 | Muerte de Quesada en Mariquita |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1536.
Para leer más
El Carnero: historia del Nuevo Reino de Granada
Juan Rodríguez Freyle
Crónica fundamental del periodo de la conquista en el territorio colombiano, escrita por un contemporáneo que conoció a los protagonistas.
Buscar en AmazonConquistadores: una historia diferente
Fernando Cervantes
Revisión historiográfica moderna de las motivaciones, la mentalidad y las contradicciones de los hombres que conquistaron América.
Buscar en AmazonHistoria general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada
Lucas Fernández de Piedrahita
La fuente colonial más completa sobre la expedición de Jiménez de Quesada, escrita por el obispo de Panamá en el siglo XVII.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.