Independencias1819 — 18248 min de lectura
La campaña libertadora del norte
En pocas palabras
La campaña libertadora del norte: cómo Bolívar y Sucre liberaron Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú entre 1819 y 1824, de Boyacá a Ayacucho.
En este artículo
El 7 de agosto de 1819, junto al puente de Boyacá, sobre el río Teatinos, se decidió la suerte de la Nueva Granada. Unos tres mil hombres exhaustos, muchos de ellos llaneros venezolanos y voluntarios llegados desde las Antillas o la propia Gran Bretaña, derrotaron al ejército realista del coronel José María Barreiro en pocas horas. Bolívar entró en Bogotá tres días después, cuando el virrey Juan de Sámano ya había huido. La Nueva Granada, que había vivido su propia experiencia autonomista entre 1810 y 1816 antes de ser reconquistada por el ejército de Pablo Morillo, volvía a manos patriotas de un solo golpe.
La campaña libertadora del norte no fue un único episodio ni un acto de genialidad instantáneo. Fue una empresa de cinco años —entre 1819 y 1824— que requirió cruzar los Andes en plena estación de lluvias, sobrevivir a epidemias y deserciones, construir alianzas imposibles y combinar la guerra de guerrillas con batallas campales en llanos, montañas y costas del Pacífico. Su resultado fue la emancipación de los territorios que hoy forman Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Pocas operaciones militares de la historia americana tuvieron semejante escala y ambición estratégica.
Los antecedentes: una lucha que parecía perdida
Para comprender el mérito de la campaña hay que entender el panorama de 1818. Bolívar había fracasado en dos repúblicas venezolanas anteriores. La primera cayó en 1812, en parte por el terremoto de Caracas y en parte por la contraofensiva realista. La segunda se derrumbó en 1814 bajo los llaneros de José Tomás Boves, uno de los jefes más brutales de la guerra. El propio Bolívar había tenido que exiliarse en Jamaica, donde escribió su famosa Carta de Jamaica, y luego en Haití, donde el presidente Alexandre Pétion le facilitó armas, hombres y recursos a cambio de que prometiera abolir la esclavitud en los territorios que liberara.
Tras el regreso de 1816, Bolívar se asentó en 1817 en Guayana, con la ciudad de Angostura, a orillas del Orinoco, como capital, y desde allí buscó apoyo en los Llanos, esa inmensidad calurosa y poco poblada que resultó una base excelente para una guerra de desgaste. Los llaneros que antes habían combatido a los patriotas se pasaron a su bando bajo caudillos como José Antonio Páez, que reconoció la autoridad de Bolívar en 1818. Ese año, la ofensiva sobre Caracas —la llamada campaña del Centro— fracasó, pero la lección fue valiosa: Venezuela, protegida por la cordillera costera y con puertos fáciles de bloquear, no podía ser liberada desde sí misma. Habría que rodearla.
El paso de los Andes: la apuesta imposible
La idea era tan audaz que sus propios generales dudaron. Bolívar propuso cruzar los Andes por el páramo de Pisba —a casi cuatro mil metros de altitud— en plena temporada de lluvias, entre junio y julio de 1819, para caer sobre la Nueva Granada por el flanco menos esperado. El ejército, unos 2.500 hombres, reforzados por la vanguardia neogranadina de Francisco de Paula Santander, llevaba escasísima ropa de abrigo y los caballos de los Llanos no estaban adaptados a las alturas. Muchos animales murieron en el ascenso. Los soldados sufrieron hipotermia, soroche y disentería.
Los estudios sobre las campañas militares de Bolívar coinciden en que el paso del Pisba tuvo un coste humano altísimo: centenares de hombres murieron o quedaron inutilizados por el frío y las enfermedades, y la caballería llegó prácticamente sin monturas. Las cifras exactas varían según las fuentes.
Lo que encontraron al descender al altiplano neogranadino fue una población dispuesta a colaborar y tropas realistas que no esperaban el ataque por ese eje. En la batalla del Pantano de Vargas (25 de julio de 1819), la Legión Británica de James Rooke y la carga de los lanceros llaneros del coronel Juan José Rondón salvaron una batalla que estaba a punto de perderse. Dos semanas después, Boyacá cerraba definitivamente la campaña andina.
La Gran Colombia y la liberación de Venezuela
Bolívar no se detuvo. De vuelta en Angostura, donde desde febrero de 1819 sesionaba el congreso que él mismo había convocado, obtuvo el 17 de diciembre la aprobación de la Ley Fundamental de la República de Colombia —la «Gran Colombia» de los historiadores—, que unía Venezuela, Nueva Granada y Quito, aún en manos realistas, en un solo Estado. El proyecto era tan ambicioso como frágil: reunía territorios que nunca habían formado una unidad administrativa coherente bajo el dominio español y cuyos intereses locales divergían profundamente.
La liberación definitiva de Venezuela tardó todavía dos años. La campaña de 1821 culminó en la batalla de Carabobo (24 de junio de 1821), donde Bolívar, apoyado por el Batallón Británico y los llaneros de Páez, derrotó al ejército del mariscal Miguel de la Torre. Los patriotas entraron en Caracas pocos días después. Solo la plaza costera de Puerto Cabello resistiría hasta noviembre de 1823.
El puerto venezolano de Maracaibo, clave para el dominio del lago del mismo nombre, fue escenario de una de las últimas grandes batallas navales de la independencia sudamericana: la del lago de Maracaibo (24 de julio de 1823), donde el almirante José Prudencio Padilla destruyó la escuadra realista. Con ello, el territorio venezolano quedaba definitivamente en manos republicanas.
Sucre y la liberación de Quito
Mientras Bolívar consolidaba Venezuela y Colombia, el joven Antonio José de Sucre —a quien el propio Libertador consideraba su mejor general— emprendía la campaña del sur. En 1821 Sucre desembarcó en Guayaquil, que se había declarado independiente en octubre de 1820. Su ejército combinaba tropas colombianas, guayaquileñas y, desde comienzos de 1822, una división enviada por San Martín desde el Perú al mando de Andrés de Santa Cruz, con soldados peruanos, rioplatenses y chilenos.
La batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822), librada en las faldas del volcán que domina Quito, a unos 3.500 metros de altitud, fue un modelo de precisión táctica. Sucre ascendió de noche por las laderas del Pichincha para situarse sobre la ciudad; los realistas del general Melchor Aymerich subieron a su encuentro y fueron derrotados, y al día siguiente se firmó la capitulación de Quito. Ecuador celebra hoy el 24 de mayo como fiesta nacional. Quien desee profundizar en la figura de Sucre encontrará en las biografías del Gran Mariscal un retrato mucho más complejo que el del simple lugarteniente de Bolívar.
Hacia Perú: la última resistencia realista
El Perú era el reducto más sólido del poder español en América del Sur. Lima, capital del virreinato, había sido tomada ya por San Martín en 1821, quien proclamó la independencia peruana. Pero el interior andino —la sierra, el altiplano— seguía siendo territorio realista. El virrey José de la Serna controlaba un ejército veterano y bien organizado, que ya no recibía refuerzos de España y se nutría de reclutas peruanos.
San Martín y Bolívar se reunieron en Guayaquil en julio de 1822, en una entrevista famosa de la que no quedó ningún registro oficial. Lo que sí quedó fue el resultado: San Martín se retiró de la escena política y Bolívar asumió el mando de la guerra peruana. La decisión, cualquiera que fuera su causa exacta, supuso que la etapa final de las independencias sudamericanas recayera sobre los hombros de la Gran Colombia.
La campaña peruana fue larga y difícil. Bolívar llegó a Lima en septiembre de 1823 y tardó casi un año en organizar el ejército, lidiar con las facciones peruanas —el Perú llegó a tener dos presidentes enfrentados— y rehacerse de la pérdida de Lima y el Callao, que los realistas recuperaron a comienzos de 1824. En agosto de 1824 ganó la batalla de Junín, un combate de caballería en las alturas del lago Chinchaycocha que quebró la moral realista. Pero la decisión definitiva correspondería a Sucre.
Ayacucho: el epílogo de un continente
El 9 de diciembre de 1824, en la pampa de La Quinua, cerca de Ayacucho, Antonio José de Sucre dirigió el último gran enfrentamiento de las guerras de independencia en América del Sur. El ejército realista del virrey La Serna superaba en número al republicano, pero Sucre eligió el terreno con maestría y supo cuándo lanzar la carga decisiva.
La batalla se decidió en pocas horas. La Serna fue herido y capturado. La capitulación que firmó el general realista José de Canterac ese mismo día comprometía la entrega de todo el territorio peruano que aún ocupaban las tropas del rey, incluida la fortaleza del Callao, cuyo gobernador, José Ramón Rodil, se negó a cumplirla y resistió hasta enero de 1826. El Alto Perú, liberado por Sucre en 1825, se convertiría en Bolivia —en honor al Libertador— poco después.
Con Ayacucho, y salvo reductos como el Callao, el archipiélago de Chiloé —que no se rindió hasta 1826— y las tropas de Olañeta en el Alto Perú, terminaba el dominio político de España sobre América del Sur continental. Las láminas de las batallas de la independencia que decoran tantas escuelas y cuarteles de la región nacieron de esta memoria compartida.
Cronología de la campaña libertadora del norte
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Junio–julio 1819 | Cruce de los Andes por el páramo de Pisba |
| 25 julio 1819 | Batalla del Pantano de Vargas (victoria republicana) |
| 7 agosto 1819 | Batalla de Boyacá; toma de Bogotá |
| 17 diciembre 1819 | El Congreso de Angostura aprueba la Ley Fundamental de Colombia |
| 24 junio 1821 | Batalla de Carabobo; liberación de Venezuela |
| 24 mayo 1822 | Batalla de Pichincha; liberación de Quito |
| Julio 1822 | Entrevista de Guayaquil entre Bolívar y San Martín |
| 6 agosto 1824 | Batalla de Junín |
| 9 diciembre 1824 | Batalla de Ayacucho; capitulación realista |
| Agosto 1825 | Proclamación de Bolivia |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1819.
Para leer más
Simón Bolívar
John Lynch
La biografía moderna de referencia sobre el Libertador, que sitúa la campaña del norte en su contexto político y social.
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Marie Arana
Biografía amplia y muy narrativa del Libertador, premiada por Los Angeles Times en 2014.
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