Conquista1519 — 15219 min de lectura
Las alianzas indígenas: los tlaxcaltecas y la conquista
En pocas palabras
Los tlaxcaltecas fueron aliados clave de Cortés en la conquista de México. Descubre por qué eligieron ese bando y qué papel real jugaron en la caída azteca.
En este artículo
La conquista de México no fue una victoria española sobre un Imperio indígena. Fue, en una proporción que la historiografía clásica tardó siglos en reconocer, la victoria de un conjunto de pueblos mesoamericanos sobre otro pueblo mesoamericano, con un grupo de españoles como catalizador y principal beneficiario. Sin los miles de guerreros tlaxcaltecas, sin los aliados totonacas, sin los texcocanos que cruzaron de bando tras la muerte de Cacama, la expedición de Hernán Cortés habría terminado en un desastre militar antes de llegar siquiera a la vista de Tenochtitlan.
Esta realidad incomoda por igual a dos tradiciones historiográficas: a la española, que prefería ver una hazaña heroica protagonizada por un puñado de hombres audaces; y a la mexicana, que durante el siglo XIX construyó una narrativa nacional donde los indígenas eran víctimas pasivas del colonialismo. La realidad histórica es más compleja y reconoce a los protagonistas indígenas algo que ambas tradiciones les negaban: capacidad de decisión política propia.
Tlaxcala: el Estado que resistió al Imperio azteca
Para entender por qué los tlaxcaltecas eligieron aliarse con Cortés, hay que entender primero qué era Tlaxcala y cuál era su relación con la Triple Alianza azteca. La República de Tlaxcala —porque eso era, un Estado gobernado por un consejo de señores, no por un monarca único— llevaba décadas resistiendo la presión expansionista de México-Tenochtitlan.
El Imperio azteca había rodeado a Tlaxcala de territorios sometidos, bloqueando su acceso al algodón, al cacao y a la sal. Las llamadas guerras floridas (xochiyaóyotl) —enfrentamientos rituales entre ejércitos aztecas y tlaxcaltecas para capturar prisioneros destinados al sacrificio— habían mantenido una tensión permanente y sangrienta entre ambos pueblos. El bloqueo económico era tan severo que, según algunas fuentes coloniales, los tlaxcaltecas no conocían la sal ni el algodón, aunque este dato ha sido cuestionado por los historiadores modernos como una exageración propagandística.
Lo que no admite discusión es el resentimiento acumulado. Tlaxcala era una potencia regional atrapada, incapaz de expandirse porque el Imperio azteca controlaba todas las rutas comerciales. Cuando llegó la noticia de que unos extranjeros desconocidos avanzaban desde la costa derrotando ejércitos aliados de los aztecas, el consejo de Tlaxcala vio en ellos no a salvadores providenciales sino a un recurso político de incalculable valor.
El primer choque y el giro diplomático
La alianza no nació de la simpatía sino de la derrota. Cuando las tropas de Cortés se aproximaron a territorio tlaxcalteca en septiembre de 1519, fueron recibidas con hostilidad. Los tlaxcaltecas lanzaron varias ofensivas que pusieron en serios aprietos a los españoles: las tropas de Xicotencatl el Joven —uno de los capitanes tlaxcaltecas— atacaron el campamento español de noche y estuvieron cerca de causar una catástrofe.
Sin embargo, el fiel de la balanza se inclinó cuando el consejo de Tlaxcala, encabezado por el anciano Xicotencatl el Viejo y Maxixcatzin, decidió que una alianza era más valiosa que la victoria militar. Las armas de fuego, los caballos y la resistencia sorprendente de los españoles habían demostrado su utilidad en combate. El Imperio azteca era el enemigo conocido y opresivo; los recién llegados eran una incógnita que podía convertirse en palanca.
El 23 de septiembre de 1519, Cortés entró en Tlaxcala como aliado. El pacto se selló con la entrega de hijas de señores tlaxcaltecas a los capitanes españoles —una práctica diplomática mesoamericana habitual para afianzar acuerdos— y con la promesa, según las fuentes españolas, de liberar a Tlaxcala del dominio azteca si la conquista triunfaba. Los tlaxcaltecas, por su parte, aportarían guerreros, abastecimiento, conocimiento del territorio y legitimidad política entre los pueblos mesoamericanos enemigos de la Triple Alianza.
El peso real de los aliados en la conquista
La magnitud de la contribución tlaxcalteca suele quedar oscurecida por la manera en que las crónicas españolas narran la conquista. Cortés, en sus Cartas de relación, menciona a los aliados, pero los relega a un segundo plano: darles todo su peso habría reducido el mérito —y las recompensas— de su hazaña ante Carlos I. La Historia verdadera de Bernal Díaz del Castillo deja ver con más claridad cuánto dependían los españoles de ellos.
Para el asedio final de Tenochtitlan en 1521, Cortés contaba con no más de ochocientos o novecientos soldados españoles. Frente a ellos, los defensores aztecas sumaban decenas de miles de guerreros. Lo que convirtió ese asedio en una operación militarmente viable fueron las decenas de miles de aliados indígenas —tlaxcaltecas, texcocanos, huexotzincas, chalcas, cholultecas— que participaron en las operaciones terrestres y en el control de los accesos al lago. La obra de Hugh Thomas sobre la conquista analiza con detalle estas cifras y sus fuentes. Las crónicas hablan de cien mil o incluso doscientos mil guerreros aliados; los historiadores actuales las consideran infladas, pero nadie discute que los indígenas superaban a los españoles en una proporción de varias decenas a uno.
Los tlaxcaltecas construyeron además los bergantines —los pequeños navíos que Cortés usó para dominar el lago de Texcoco y cortar los suministros de Tenochtitlan— bajo la dirección del carpintero español Martín López. El transporte de los materiales desmontados desde Tlaxcala hasta la orilla del lago, a través de montañas y pasos hostiles, fue una operación logística enorme, ejecutada con mano de obra y organización tlaxcalteca: miles de porteadores cargaron tablones, jarcias y herrajes a lo largo de unos ochenta kilómetros.
Cholula: la masacre como advertencia
Entre la alianza en Tlaxcala y la entrada en Tenochtitlan, se produjo uno de los episodios más oscuros de la conquista: la matanza de Cholula en octubre de 1519. Cortés, alertado por la Malinche de una supuesta conspiración cholulteca orquestada por agentes aztecas, ordenó el ataque preventivo contra la población noble de Cholula reunida en la plaza principal. Las cifras de muertos oscilan enormemente según las fuentes —de unos tres mil a varios miles más—, y la realidad de la conjura sigue discutiéndose; lo que parece claro es que la matanza funcionó como un acto de terror calculado.
Lo que a menudo se omite es que los guerreros tlaxcaltecas participaron activamente en la matanza. Cholula era una ciudad rival de Tlaxcala, y la alianza con los españoles les permitió ajustar cuentas pendientes bajo el paraguas de la política de Cortés. Este detalle es importante porque desmonta cualquier lectura ingenua de la alianza: los tlaxcaltecas no actuaban como auxiliares desinteresados sino como actores políticos con sus propios objetivos, su propia agenda y sus propias enemistades.
La Noche Triste y la lealtad que no cedió
El 30 de junio de 1520, los españoles sufrieron su mayor derrota: la Noche Triste. Tras la muerte de Moctezuma —las fuentes españolas la atribuyen a las pedradas de su propio pueblo; varias fuentes indígenas, a los españoles— y la rebelión generalizada de los mexicas, Cortés y sus hombres intentaron escapar de Tenochtitlan de noche y fueron masacrados a su salida. Murieron cientos de españoles y un número desconocido —pero elevado— de aliados tlaxcaltecas.
La batalla de Otumba, días después, fue el último intento azteca de destruir las fuerzas de Cortés antes de que alcanzaran refugio en Tlaxcala. Los españoles sobrevivieron, pero llegaron a Tlaxcala diezmados, sin artillería, sin gran parte de su oro y con la moral destrozada. Fue entonces cuando el papel de los tlaxcaltecas resultó verdaderamente decisivo: el consejo de Tlaxcala mantuvo la alianza. Los mexicas enviaron embajadores ofreciendo la paz a cambio de entregar a los españoles, y Xicotencatl el Joven se inclinó por aceptar. Maxixcatzin —una de las figuras más influyentes del consejo— se opuso, y su postura prevaleció: Tlaxcala permitió que Cortés reorganizara su ejército, reclutara nuevos aliados y planificara el asedio definitivo de Tenochtitlan.
¿Por qué mantuvieron la alianza cuando haberla roto habría parecido la opción más sensata? Los historiadores apuntan a varias razones: el compromiso político ya estaba demasiado avanzado para retirarse sin consecuencias; los tlaxcaltecas temían que los mexicas tomaran represalias de todos modos; y confiaban en que la alianza seguía siendo el camino para librarse de la Triple Alianza. La disidencia no desapareció: Xicotencatl el Joven abandonó el campamento durante el asedio de 1521 y Cortés lo mandó ahorcar. Maxixcatzin no llegó a ver la victoria; murió de viruela a finales de 1520.
El precio de la victoria
Tlaxcala ganó la apuesta en el sentido más inmediato: Tenochtitlan cayó en agosto de 1521, el Imperio azteca fue destruido y los tlaxcaltecas recibieron un trato diferenciado en los primeros años de la colonia. Tlaxcala nunca fue entregada en encomienda, mantuvo un cabildo indígena con amplia autonomía en su gobierno interno y sus nobles conservaron rangos y privilegios que en otras regiones fueron suprimidos. En 1535 recibió el título de «Leal Ciudad» y escudo de armas, y algunos señores obtuvieron licencias para montar a caballo y portar armas, algo vedado en general a los indígenas. Los tlaxcaltecas se presentaron durante siglos como conquistadores y aliados de la Corona, y a finales del siglo XVI cuatrocientas familias partieron hacia el norte para colonizar la frontera chichimeca.
Pero los privilegios tuvieron límites. A lo largo del siglo XVI, las autoridades virreinales y los colonos españoles fueron presionando sobre las tierras y el tributo de Tlaxcala, y los tlaxcaltecas tuvieron que defender sus derechos una y otra vez con embajadas a la corte. La evangelización, temprana e intensa en la región, desmanteló la vida religiosa antigua que daba cohesión a la sociedad tlaxcalteca. Las epidemias —viruela, sarampión, tifus— diezmaron a su población, igual que al resto de Mesoamérica, sin que la alianza con los vencedores ofreciera ninguna protección biológica. La perspectiva de los propios mexicas derrotados puede leerse en la obra fundamental de León-Portilla, que recoge cómo vivieron el colapso los pueblos que lo sufrieron.
Los tlaxcaltecas lograron, con todo, perpetuar una memoria histórica propia. El Lienzo de Tlaxcala —una representación pictórica de su versión de la conquista elaborada hacia 1552— es uno de los documentos más valiosos para entender cómo los propios tlaxcaltecas querían que se recordara su papel: no como traidores a un México que aún no existía, sino como actores soberanos que tomaron decisiones políticas racionales en defensa de sus intereses.
Cronología de la alianza tlaxcalteca
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Agosto — septiembre 1519 | Combates entre los ejércitos de Cortés y los tlaxcaltecas; ofensiva de Xicotencatl el Joven |
| 23 septiembre 1519 | Entrada de Cortés en Tlaxcala; firma del pacto de alianza |
| Octubre 1519 | Masacre de Cholula con participación tlaxcalteca |
| Noviembre 1519 | Entrada conjunta en Tenochtitlan; detención de Moctezuma |
| 30 junio 1520 | La Noche Triste: derrota española y repliegue a Tlaxcala |
| Julio 1520 | Batalla de Otumba; Tlaxcala mantiene la alianza y acoge a los españoles |
| Diciembre 1520 — mayo 1521 | Construcción de bergantines y reclutamiento de nuevos aliados desde Tlaxcala |
| 13 agosto 1521 | Caída de Tenochtitlan; fin del Imperio azteca |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1519.
Para leer más
La conquista de México
Hugh Thomas
El análisis más riguroso y documentado sobre el papel de los aliados indígenas en la caída del Imperio azteca, con especial atención a los tlaxcaltecas.
Buscar en AmazonUn gobierno de indios: Tlaxcala, 1519-1750
Andrea Martínez Baracs
Estudio académico sobre cómo la alianza con Cortés se tradujo en el autogobierno indígena de Tlaxcala durante dos siglos, con uso exhaustivo de fuentes coloniales.
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Miguel León-Portilla
Las fuentes indígenas de la conquista reunidas y comentadas: imprescindible para entender qué vieron y vivieron los pueblos mesoamericanos durante estos años.
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