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Conquista30 de junio de 15209 min de lectura

La Noche Triste: la derrota de Cortés en Tenochtitlan

En pocas palabras

La Noche Triste (30 de junio de 1520): la noche en que Hernán Cortés y sus hombres huyeron de Tenochtitlan con enormes pérdidas. Causas y consecuencias.

En este artículo
  1. El contexto: Tenochtitlan bajo ocupación
  2. La matanza del Templo Mayor y el levantamiento mexica
  3. La decisión de huir
  4. La catástrofe en las calzadas
  5. Las pérdidas: un desastre de proporciones
  6. Cronología de la Noche Triste
  7. Después de la Noche Triste: el camino a Otumba

En la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, Hernán Cortés y sus hombres intentaron abandonar en secreto Tenochtitlan. Lo que comenzó como una retirada táctica se convirtió en una catástrofe. En pocas horas, los guerreros mexicas masacraron a cientos de soldados españoles y a varios miles de aliados tlaxcaltecas que trataban de cruzar las calzadas inundadas de la ciudad-isla. Los supervivientes se reagruparon a las afueras, exhaustos, heridos, con los cofres del tesoro perdidos en el fondo del lago. Cortés, según la tradición —aunque la fuente es poco fiable—, lloró al pie de un árbol.

La Noche Triste es el episodio más dramático de la conquista de México: el momento en que el proyecto conquistador estuvo a punto de desmoronarse por completo. Entender cómo se llegó a esa noche y qué ocurrió durante ella es entender la naturaleza real de la conquista: no un paseo militar imparable, sino un proceso violento, contingente y lleno de reveses.

El contexto: Tenochtitlan bajo ocupación

Para comprender la Noche Triste hay que retroceder varios meses. Cortés había entrado en Tenochtitlan en noviembre de 1519, apresando al tlatoani Moctezuma II y usando su autoridad como cobertura para gobernar la ciudad. Era una situación extraordinariamente precaria: varios centenares de españoles y sus aliados indígenas en el centro de una ciudad de quizá ciento cincuenta o doscientos mil habitantes, controlando un rehén cuya legitimidad entre su propio pueblo se deterioraba a cada semana.

En la primavera de 1520, la situación se complicó aún más. Desde Cuba, el gobernador Diego Velázquez envió una expedición al mando de Pánfilo de Narváez para capturar a Cortés, que había actuado sin su autorización. Cortés partió hacia la costa con la mayor parte de sus fuerzas para neutralizar la amenaza, dejando al frente de la guarnición de Tenochtitlan a Pedro de Alvarado con poco más de un centenar de españoles —las cifras varían según las fuentes— y algunos centenares de tlaxcaltecas.

Lo que Alvarado hizo en ausencia de Cortés desencadenó la crisis. Durante la celebración del festival de Tóxcatl —una de las fiestas más importantes del calendario azteca—, con miles de nobles y guerreros mexicas reunidos y desarmados en el recinto sagrado, Alvarado ordenó una matanza. Las razones exactas siguen siendo debatidas: ¿miedo a un levantamiento inminente? ¿codicia por el oro de los adornos ceremoniales? ¿pura brutalidad preventiva? Las fuentes hablan de cientos o incluso miles de muertos, muchos de ellos jóvenes guerreros de la nobleza. Lo cierto es que la masacre del Templo Mayor encendió la rebelión que Alvarado pretendía prevenir.

La matanza del Templo Mayor y el levantamiento mexica

Cuando Cortés regresó de la costa —habiendo derrotado a Narváez e incorporado a muchos de sus soldados a sus propias filas—, encontró Tenochtitlan en llamas. Los mexicas habían rodeado el palacio donde se alojaban los españoles y asediaban sin tregua a los ocupantes. Moctezuma había dejado de ser útil como figura de autoridad: su pueblo lo consideraba un títere de los invasores.

Cortés intentó calmar los ánimos haciendo salir a Moctezuma a la azotea del palacio para que se dirigiera a su pueblo. El resultado fue desastroso. Los mexicas respondieron con insultos, piedras y flechas. Moctezuma murió pocos días después en circunstancias que siguen siendo objeto de debate historiográfico: los españoles afirmaron que murió apedreado por los suyos; las fuentes indígenas sostienen que fue asesinado por sus captores. Para entonces, la posición de los españoles en el centro de la ciudad era insostenible.

El nuevo tlatoani, Cuitláhuac —hermano de Moctezuma y uno de los que se había opuesto desde el principio a la entrada de los españoles en la ciudad—, coordinó el asedio con notable eficacia militar. Los guerreros mexicas habían aprendido rápidamente: evitaban los enfrentamientos frontales en campo abierto donde los caballos y las armas de fuego marcaban diferencia, y concentraban el combate en las calles estrechas y los canales donde esas ventajas se neutralizaban.

La decisión de huir

Cortés y sus capitanes comprendieron que permanecer en Tenochtitlan significaba la muerte. La única salida era la retirada, y tenía que ser inmediata. Pero escapar de una ciudad construida sobre un lago no era sencillo: Tenochtitlan estaba conectada a tierra firme por tres grandes calzadas, y los mexicas las controlaban. Cortés ordenó construir un puente portátil de madera para cruzar los cortes de la calzada de Tlacopan —la más corta de las tres—, que llevaría a los fugitivos hacia tierra firme en dirección oeste.

La partida se fijó para la noche del 30 de junio, aprovechando la oscuridad. El orden de la columna era: la vanguardia al mando de Gonzalo de Sandoval; el grueso del ejército en el centro, con Cortés, el tesoro, los cañones y los rehenes que los españoles todavía custodiaban; y la retaguardia bajo las órdenes de Pedro de Alvarado y Juan Velázquez de León, que murió esa noche.

Había otro problema que ningún puente portátil podía resolver: el tesoro. Los hombres de Cortés habían acumulado enormes cantidades de oro y objetos preciosos saqueados del tesoro de Moctezuma. Cortés distribuyó entre sus soldados lo que podían llevar y declaró el resto propiedad de la Corona, advirtiendo de los riesgos de cargarse con demasiado peso. Muchos no le hicieron caso. Ese oro sería su perdición.

La catástrofe en las calzadas

La columna comenzó a moverse en torno a la medianoche. Durante un tiempo, la oscuridad y la lluvia favorecieron el sigilo. Pero cuando los primeros soldados comenzaban a cruzar el puente portátil, según los informantes indígenas de Sahagún, una mujer que sacaba agua los vio y dio la voz de alarma. En minutos, los caracoles de guerra resonaron por toda Tenochtitlan.

Lo que siguió fue una carnicería. Miles de guerreros mexicas atacaron la columna desde ambos flancos, en canoas desde el lago y frontalmente desde la calzada. El puente portátil, diseñado para cruzar una sola brecha, quedó atascado en la primera —aplastado bajo el peso de hombres, caballos y cañones— y no pudo recolocarse para las siguientes. Los soldados que llegaban a los tramos interrumpidos de la calzada no tenían más opción que saltar al agua cargados con sus armaduras, sus armas y, muchos de ellos, con el oro que se habían negado a abandonar. Se hundieron como piedras.

Los testimonios de los supervivientes —recogidos por Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España— describen una escena de pánico absoluto: hombres pisoteándose unos a otros para alcanzar el otro lado, caballos desbocados, heridos que caían al canal mientras sus compañeros seguían avanzando sin poder ayudarlos. Los tlaxcaltecas aliados —que formaban la mayor parte de la columna— sufrieron proporcionalmente las pérdidas más graves.

Las pérdidas: un desastre de proporciones

Las cifras de bajas son difíciles de establecer porque las fuentes varían mucho: Cortés reconoció unos ciento cincuenta españoles muertos, mientras que otros cronistas elevan la cifra a seiscientos, ochocientos o más. Los historiadores modernos suelen hablar de entre cuatrocientos y ochocientos españoles —entre un tercio y más de la mitad de los que participaron en la retirada— y de varios miles de aliados indígenas. Se perdieron casi todos los cañones, la mayor parte de la pólvora y gran cantidad de armamento. El tesoro del que Cortés tenía que dar cuenta a la Corona desapareció casi en su totalidad en el lago.

Se perdió también buena parte de los caballos, la baza militar más valiosa de los españoles. Entre los rehenes que custodiaban murieron varios miembros de la nobleza mexica, entre ellos, según las fuentes, un hijo de Moctezuma.

La retaguardia, al mando de Alvarado, fue la que más sufrió. Alvarado sobrevivió —según una leyenda que los propios cronistas pusieron en duda—, cruzando el último tramo apoyándose en su lanza sobre los cuerpos de los muertos. Sea o no verdad el salto de Alvarado, el hecho es que llegó al otro lado entre los últimos supervivientes.

Cronología de la Noche Triste

FechaAcontecimiento
Verano 1519Cortés funda la Villa Rica de la Vera Cruz y desafía la autoridad de Velázquez
Noviembre 1519Entrada de Cortés en Tenochtitlan; arresto de Moctezuma II
Mayo 1520Masacre del Templo Mayor ordenada por Pedro de Alvarado
Junio 1520Regreso de Cortés; levantamiento mexica generalizado; muerte de Moctezuma
30 junio – 1 julio 1520La Noche Triste: huida española y derrota en las calzadas
7 julio 1520Batalla de Otumba; españoles y tlaxcaltecas derrotan al ejército mexica en campo abierto
Mayo-agosto 1521Sitio y caída definitiva de Tenochtitlan

Después de la Noche Triste: el camino a Otumba

Los supervivientes se reagruparon en la orilla occidental del lago, junto a Tlacopan, y se refugiaron en un templo en lo alto de un cerro cercano. Cortés reorganizó sus fuerzas y comenzó una retirada hacia territorio tlaxcalteca —sus aliados indígenas, cuya fidelidad resultaría decisiva para que la conquista pudiera continuar. Durante varios días, la columna española avanzó hacia el norte y luego hacia el este, hostigada constantemente por guerreros mexicas.

El 7 de julio de 1520, una semana después de la Noche Triste, Cortés se enfrentó al ejército mexica en campo abierto en la batalla de Otumba. Los españoles y los tlaxcaltecas supervivientes, agotados y muy disminuidos en número, estaban a punto de ser desbordados cuando un grupo de jinetes cargó directamente contra el capitán mexica que llevaba el estandarte y lo abatió. El ataque a los jefes y sus insignias era una táctica que los conquistadores sabían eficaz: sin estandarte, el ejército mesoamericano perdía la coordinación y se retiraba. La reconstrucción más detallada de la batalla está en La conquista de México de Hugh Thomas. La victoria en Otumba permitió a Cortés llegar a Tlaxcala, donde se reorganizó para el asalto definitivo.

Pero ese asalto definitivo —el largo sitio que terminaría con la caída de Tenochtitlan en agosto de 1521— es ya otra historia. La Noche Triste demostró algo que con frecuencia se olvida en el relato triunfalista de la conquista: los mexicas eran perfectamente capaces de derrotar a los españoles cuando las condiciones del combate los igualaban. Que la conquista terminara como terminó no fue inevitable: dependió de las alianzas indígenas, de la epidemia de viruela que golpeó la ciudad meses después y de decisiones concretas. Para los mexicas, aquella noche fue una victoria, y así la recuerdan los testimonios reunidos en Visión de los vencidos.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1520.

Para leer más

La conquista de México

Hugh Thomas

La narración más completa y rigurosa de la conquista española de México, con una reconstrucción pormenorizada de la Noche Triste.

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Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

Bernal Díaz del Castillo

El relato de primera mano de un soldado que vivió la Noche Triste; fuente primaria imprescindible para entender lo que ocurrió en aquella madrugada.

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Visión de los vencidos

Miguel León-Portilla

Los testimonios indígenas de la conquista, que ofrecen la perspectiva mexica sobre la derrota española y los días que la precedieron.

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