Conquista1485 — 15479 min de lectura
Hernán Cortés: biografía del conquistador de México
En pocas palabras
Hernán Cortés derribó el Imperio azteca con unos 600 españoles y miles de aliados indígenas. Biografía del conquistador: orígenes, expedición y legado.
En este artículo
- Los años de formación: de Medellín a Cuba
- La expedición que nadie autorizó del todo
- La alianza que hizo posible la conquista
- En Tenochtitlan: rehén y señor
- La Noche Triste y la reconstrucción
- Cronología de Hernán Cortés
- Los últimos años: gloria oficial y marginación real
- El debate historiográfico que no cierra
En 1519, un hidalgo extremeño de treinta y cuatro años desembarcó en las costas de lo que hoy es México con algo más de quinientos soldados y un centenar de marineros, dieciséis caballos y unos pocos cañones. Dos años y medio después, el Imperio azteca —la entidad política más poderosa de Mesoamérica, con millones de súbditos— había dejado de existir. Pocas transformaciones históricas son tan radicales, tan rápidas y, al mismo tiempo, tan difíciles de explicar sin caer en la simplificación.
Hernán Cortés es uno de los personajes más admirados y más odiados de la historia de América. Para unos, un genio militar y político cuya hazaña no tiene parangón en la historia moderna. Para otros, el arquitecto de una destrucción civilizatoria cuyas consecuencias se prolongan hasta hoy. Lo que no puede ser es un personaje menor, ni cómodo. Su vida desafía los juicios fáciles.
Los años de formación: de Medellín a Cuba
Hernán Cortés nació hacia 1485 en Medellín, una pequeña localidad de Extremadura. Era hijo de Martín Cortés de Monroy, un hidalgo de escasos recursos, y de Catalina Pizarro Altamirano, de una familia de la pequeña nobleza regional emparentada lejanamente con la de Francisco Pizarro. La Extremadura de finales del siglo XV era una tierra de fronteras cerradas, escasas oportunidades y hombres con ambición de ascenso social que miraban hacia el sur —la recién conquistada Granada— o hacia el oeste: el Nuevo Mundo que Colón acababa de abrir.
Según la tradición, Cortés estudió en Salamanca durante unos dos años, quizá gramática y rudimentos de leyes, lo suficiente para adquirir las herramientas retóricas y administrativas que usaría toda su vida, pero no lo suficiente para sentirse satisfecho con una carrera jurídica. En 1504, con diecinueve años, embarcó hacia La Española. Era uno de los miles de jóvenes castellanos que cruzaron el Atlántico en las primeras décadas del siglo XVI en busca de fortuna y ascenso social.
En el Caribe, Cortés se labró una posición modesta. Participó en la conquista de Cuba, iniciada en 1511 bajo las órdenes de Diego Velázquez, de quien se hizo secretario y hombre de confianza, y fue alcalde de Santiago de Cuba. Obtuvo encomiendas, tierras y una cierta prosperidad. Pero Cortés no era un hombre de encomiendas. Era un hombre de empresa, en el sentido más literal del término: necesitaba una empresa que conquistar.
La expedición que nadie autorizó del todo
En 1518, Diego Velázquez le encargó organizar una expedición hacia las tierras continentales de las que llegaban noticias fragmentarias —y rumores de un gran imperio interior lleno de oro. Pero la relación entre los dos hombres se deterioró rápidamente. Velázquez desconfiaba de las ambiciones de Cortés y trató de revocar el mando de la expedición antes de que zarpara.
Cortés no esperó. En febrero de 1519 partió desde Cuba con autorización a medias, en una situación jurídicamente ambigua que él transformó en ventaja táctica: al no poder contar con el respaldo formal de su superior, tenía que crear sus propias fuentes de legitimidad. Lo que hizo a continuación, ya en la costa mexicana en el verano de 1519, fue una maniobra política muy hábil: fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, eligió un cabildo —en teoría, un órgano municipal independiente de Velázquez— y ese cabildo lo nombró capitán general con plenos poderes. De este modo, Cortés pasó a depender directamente de la Corona, saltándose al gobernador de Cuba.
Fue también entonces cuando tomó la decisión más famosa de toda la expedición: inutilizar sus naves. No las quemó, como quiere la leyenda posterior, sino que las hizo varar y desguazar, alegando que no estaban en condiciones de navegar. El gesto tenía una lógica implacable. Con los barcos inutilizados, ningún soldado podía plantearse la retirada. O avanzaban o morían.
La alianza que hizo posible la conquista
Uno de los errores más persistentes en la narrativa popular de la conquista de México es presentarla como una hazaña protagonizada exclusivamente por un puñado de españoles. La conquista fue, en buena medida, una guerra entre pueblos mesoamericanos en la que Cortés actuó como catalizador y beneficiario de alianzas que él no creó de la nada, pero que supo explotar con una habilidad política extraordinaria.
El Imperio azteca era odiado por muchos de los pueblos que tenía sometidos. Los tlaxcaltecas —una república guerrera que había resistido la expansión mexica durante décadas— se convirtieron en aliados fundamentales tras una serie de batallas iniciales. Sin los tlaxcaltecas, y sin los totonacas y otros pueblos aliados que sumaron decenas de miles de guerreros a la causa española, la expedición de Cortés habría terminado en el Golfo de México.
En este contexto, la figura de La Malinche —la mujer indígena que actuó como intérprete y consejera de Cortés— resulta imprescindible. Sin su mediación lingüística y cultural, Cortés no habría podido construir las alianzas que hicieron posible la conquista. La historia ha tratado a La Malinche de maneras muy distintas: traidora, víctima, sobreviviente, fundadora. Ninguna de esas etiquetas la agota.
En Tenochtitlan: rehén y señor
En noviembre de 1519, Cortés entró en Tenochtitlan, la capital azteca, como huésped de Moctezuma II. La ciudad —construida sobre un lago, con acueductos, mercados y templos que dejaron atónitos a los propios conquistadores— era comparable a las mayores ciudades europeas de la época. Bernal Díaz del Castillo, que la vio con sus propios ojos, escribió que parecía una de las cosas de encantamiento que se cuentan en el libro de Amadís.
La coexistencia duró poco. Pocos días después de su llegada, Cortés apresó a Moctezuma en su propio palacio y lo utilizó como rehén para gobernar el Imperio a través de él. Fue una jugada audaz que funcionó durante meses, pero que contenía el germen de su propia destrucción: un soberano preso pierde su autoridad, y los nobles aztecas no tardaron en buscar alternativas.
La crisis estalló cuando Cortés tuvo que abandonar Tenochtitlan para enfrentarse a una expedición que Velázquez había enviado a detenerlo, al mando de Pánfilo de Narváez. Cortés no solo derrotó a Narváez, sino que convenció a la mayor parte de sus hombres de unirse a él. Pero mientras estaba fuera, su lugarteniente Pedro de Alvarado perpetró una masacre en el Templo Mayor durante una festividad religiosa azteca, desencadenando la rebelión que haría insostenible la posición española en la ciudad.
La Noche Triste y la reconstrucción
En la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, los españoles y sus aliados intentaron escapar de Tenochtitlan, cruzando las calzadas que unían la ciudad con la tierra firme. Fue un desastre. Cargados de oro y perseguidos por miles de guerreros aztecas en canoas, los españoles sufrieron centenares de muertos. La Noche Triste es uno de los episodios más dramáticos de toda la conquista.
Cortés, según la tradición, lloró bajo un árbol —el legendario «árbol de la Noche Triste»— al contemplar la magnitud de la derrota. Pero la retirada no fue el fin. Cortés reorganizó sus fuerzas, construyó una flota de bergantines desmontables que transportó en piezas hasta el lago de Texcoco y, en mayo de 1521, inició el asedio sistemático de Tenochtitlan. El asedio duró unos setenta y cinco días, según su propio cómputo, que narra en la tercera de sus Cartas de relación. La caída de Tenochtitlan en agosto de 1521 fue el fin del Imperio azteca.
Cronología de Hernán Cortés
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| ~1485 | Nacimiento en Medellín, Extremadura |
| 1504 | Llegada a La Española |
| 1511 | Participación en la conquista de Cuba |
| Febrero 1519 | Partida de Cuba |
| Junio–julio 1519 | Fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz |
| Septiembre 1519 | Alianza con los tlaxcaltecas |
| Noviembre 1519 | Entrada en Tenochtitlan; detención de Moctezuma II |
| 30 junio – 1 julio 1520 | La Noche Triste: huida de Tenochtitlan |
| Agosto 1521 | Caída de Tenochtitlan; fin del Imperio azteca |
| 1522 | Nombrado gobernador y capitán general de Nueva España |
| 1524–1526 | Expedición a Las Hibueras (Honduras) |
| 1528–1529 | Viaje a España; recibido por Carlos I; marqués del Valle de Oaxaca |
| 1535–1536 | Expedición a la península de Baja California |
| 2 diciembre 1547 | Muerte en Castilleja de la Cuesta, Sevilla |
Los últimos años: gloria oficial y marginación real
La victoria de 1521 no trajo a Cortés el poder que esperaba. En 1522 fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, pero la Corona española —siempre desconfiada de los hombres demasiado poderosos en ultramar— fue recortando sus atribuciones sistemáticamente. En 1526 se le abrió un juicio de residencia por su gestión. En 1528 viajó a España, fue recibido con honores por Carlos I, obtuvo en 1529 el título de marqués del Valle de Oaxaca y se casó con Juana de Zúñiga, sobrina del duque de Béjar. Pero el gobierno de Nueva España quedó en manos de una Audiencia, sin él.
De vuelta en México, Cortés se dedicó a sus propiedades y a la exploración. Su expedición a la península de California, en 1535-1536, y las que financió después abrieron el conocimiento geográfico del noroeste americano; el golfo aún se llama mar de Cortés. Pero el poder político se le escapaba de las manos. En 1541 participó en la desastrosa expedición a Argel junto a Carlos I. Tras años de pleitos en la corte, en 1547, cuando se disponía a regresar a Nueva España, murió enfermo en Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla. Tenía alrededor de sesenta y dos años.
Sus restos tuvieron un destino errante que dice mucho sobre la ambivalencia con que la historia lo ha tratado: trasladados varias veces, escondidos en 1823, tras la independencia, para evitar que fueran profanados, hoy descansan en la Iglesia del Hospital de Jesús en Ciudad de México —el hospital que él mismo fundó, y que sigue funcionando.
El debate historiográfico que no cierra
Pocos personajes históricos americanos generan tanto desacuerdo. La visión de Cortés como genio militar y civilizador —dominante en la historiografía española hasta bien entrado el siglo XX— ha sido sucedida por una visión crítica que subraya la violencia de la conquista, la esclavización de poblaciones indígenas y la destrucción de una civilización compleja. Ambas visiones se quedan cortas si se toman como única verdad. Biografías como la de Juan Miralles o la de José Luis Martínez han intentado un retrato más completo.
Lo que los historiadores modernos, como Hugh Thomas en su monumental obra sobre la conquista de México, han subrayado con mayor claridad es la complejidad del proceso: no fue una victoria de Europa sobre América, sino el resultado de alianzas, traiciones, epidemias, tecnología y una coyuntura política interna azteca que estaba lejos de ser monolítica. Cortés fue el artífice principal, pero no el único ni el que actuó en el vacío.
La conquista de México que Cortés dirigió fue uno de los grandes puntos de inflexión de la historia mundial: de ella nació la Nueva España, una sociedad nueva en la que se mezclaron, de forma desigual y a menudo violenta, lo indígena y lo europeo. Su protagonista fue un hombre de su tiempo, con capacidades políticas y militares fuera de lo común y con una indiferencia ante el sufrimiento ajeno que sus contemporáneos más críticos ya le reprocharon.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1485.
Para leer más
Hernán Cortés, inventor de México
Juan Miralles
Una de las biografías de referencia en castellano sobre el conquistador extremeño, rigurosa y basada en fuentes primarias.
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El relato más completo y documentado de la conquista, que sigue a Cortés desde Cuba hasta la caída de Tenochtitlan.
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