Independencias1795 — 18309 min de lectura
Antonio José de Sucre: el Gran Mariscal de Ayacucho
En pocas palabras
Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho: biografía del militar que selló la independencia de América del Sur con la victoria definitiva de 1824.
En este artículo
El 9 de diciembre de 1824, en una planicie andina del sur del Perú llamada Ayacucho, un joven general venezolano de veintinueve años decidió, en pocas horas de combate, el final de casi tres siglos de dominio español en América del Sur. Antonio José de Sucre era, en ese momento, uno de los militares más capaces de la campaña independentista. También era, según quienes lo conocieron, el más íntegro: una rareza incómoda en un continente donde la independencia política estaba abriendo paso a la ambición personal, la fragmentación y la guerra civil.
Su historia no es solo la de un gran comandante. Es la historia de un hombre que creyó genuinamente en el proyecto de una América unida y soberana, y que pagó ese sueño con la vida.
Los años de formación: Cumaná y la guerra
Antonio José de Sucre Alcalá nació el 3 de febrero de 1795 en Cumaná, en la actual Venezuela, una ciudad que reivindica ser la primera fundada por los españoles en tierra firme sudamericana. Procedía de una familia criolla acomodada con tradición de servicio en las milicias; su padre, Vicente de Sucre, se sumaría también a la causa patriota. Cuando estalló el proceso independentista en 1810, Sucre tenía quince años y muy pronto se incorporó a las fuerzas republicanas; en 1811-1812 ya servía como oficial de ingenieros bajo el mando de Francisco de Miranda.
Aunque había recibido algunos rudimentos de ingeniería militar en Caracas, su verdadera escuela fue la guerra misma, que en Venezuela adoptó formas especialmente crueles. La «guerra a muerte», proclamada por Bolívar en 1813, convirtió el conflicto en una carnicería sin cuartel en la que las lealtades cambiaban, las ciudades caían y se recuperaban en semanas y los ejércitos se rehacían desde cero tras cada derrota. Sucre sobrevivió a todo ello y perdió en el camino a varios familiares, víctimas de la violencia de aquellos años.
Cuando en 1817 entró definitivamente en la órbita de Simón Bolívar, tenía veintidós años y ya era un oficial veterano. Bolívar vio en él algo que escaseaba entre sus lugartenientes: disciplina, lealtad sin servilismo y capacidad para traducir los planes más ambiciosos en órdenes ejecutables. En 1820 lo nombró jefe del Estado Mayor.
El ascenso: de Venezuela a Ecuador
La relación entre Bolívar y Sucre fue una de las más fructíferas de la independencia americana. No era una relación de iguales —Bolívar era el jefe supremo, el visionario, el político— pero tampoco era la de un subordinado servil. Sucre discrepaba cuando tenía razones para hacerlo, y Bolívar aprendió a respetarlo por eso.
En noviembre de 1820, Sucre formó parte de la comisión patriota que negoció en Trujillo, con los representantes del general realista Pablo Morillo, el armisticio de seis meses y el Tratado de Regularización de la Guerra, que ponía fin a la guerra a muerte: los prisioneros serían canjeados y tratados con humanidad y los heridos, respetados. Bolívar atribuyó la redacción del tratado a Sucre, que contaba entonces veinticinco años. Los dos jefes sellaron el acuerdo con un abrazo en el pueblo de Santa Ana.
En 1821 fue enviado a Guayaquil, que se había declarado independiente en octubre de 1820, con una misión difícil: liberar la Presidencia de Quito, bastión realista, con un ejército reducido y reforzado después por una división enviada por San Martín desde el Perú. Tras una derrota en Huachi, Sucre rehízo sus fuerzas y el 24 de mayo de 1822 ganó la batalla del Pichincha, en las faldas del volcán, asegurando la independencia del actual Ecuador. Tenía veintisiete años. Las memorias del general O'Leary, edecán de Bolívar, dejan un testimonio de primera mano de aquella campaña.
Ayacucho: la victoria que cerró una era
La liberación del Perú era el último gran obstáculo para la independencia de América del Sur. San Martín había tomado Lima en 1821, pero los realistas seguían controlando la sierra y el Alto Perú con un ejército numeroso, y a comienzos de 1824 llegaron a recuperar la capital y el Callao. En 1823 Bolívar llegó al Perú, donde el Congreso le otorgó poderes dictatoriales en 1824. Tras la victoria de caballería de Junín, en agosto de ese año, dejó a Sucre al frente del Ejército Unido Libertador.
Lo que siguió fue una campaña de montaña muy dura. Las tropas patriotas debían operar a altitudes de más de cuatro mil metros, con suministros limitados, en un terreno que favorecía al defensor y contra un ejército que, aunque en retroceso estratégico, todavía era capaz de causar daño grave. Sucre demostró durante esos meses una paciencia táctica que sus críticos interpretaban como lentitud y que era en realidad el signo de su madurez como comandante.
El 9 de diciembre de 1824, los ejércitos se encontraron en la pampa de Ayacucho. El virrey La Serna tenía alrededor de 9.300 hombres; Sucre, unos 5.800. La superioridad numérica española era real, pero Sucre eligió el terreno, el momento y la formación con una precisión que anuló esa ventaja. La batalla se decidió en pocas horas. El virrey La Serna fue herido y capturado. El general realista José de Canterac firmó la capitulación esa misma jornada.
La capitulación de Ayacucho fue un documento de una generosidad inusual para la época: el Perú pagaría el regreso a España de los jefes y oficiales que quisieran marcharse, y quienes decidieran quedarse podrían incorporarse al servicio de la nueva república conservando sus grados. Sucre no quiso humillar a un enemigo vencido. La decisión tenía también un cálculo político: cerrar la guerra sin crear resentimientos innecesarios. Aun así, no fue el último disparo: la fortaleza del Callao resistió bajo el mando de José Ramón Rodil hasta enero de 1826, como se cuenta en el artículo sobre la batalla de Ayacucho.
Bolivia: el experimento imposible
La victoria de Ayacucho dejó a Sucre con el Alto Perú en sus manos: un territorio montañoso, económicamente dependiente de la minería de plata, disputado entre las recién creadas repúblicas de Argentina y Perú, y habitado mayoritariamente por una población indígena que no había sido consultada sobre su propio destino.
El 6 de agosto de 1825, la asamblea del Alto Perú reunida en Chuquisaca declaró la independencia y adoptó el nombre de República Bolívar, pronto convertido en Bolivia. Sucre gobernó el nuevo Estado desde entonces y en 1826 el congreso lo eligió presidente. Tenía treinta y un años.
Su presidencia fue un intento serio de construir un Estado moderno en circunstancias muy adversas. Impulsó la educación pública, redujo el peso de la Iglesia confiscando bienes de conventos, intentó sustituir el tributo indígena heredado de la colonia por una contribución directa general y trató de sanear la hacienda. Muchas de esas reformas chocaron con los intereses locales y no sobrevivieron a su marcha.
Pero Bolivia era un Estado sin bases económicas sólidas —las minas de Potosí llevaban décadas en declive—, sin una clase dirigente cohesionada y rodeado de vecinos que veían con desconfianza su existencia misma. En abril de 1828 un motín en Chuquisaca lo dejó herido en el brazo, y la invasión peruana dirigida por el general Agustín Gamarra lo obligó a abandonar el poder. Salió de Bolivia convencido de que el experimento había fracasado, pero sin renunciar a los principios que lo habían guiado.
El final en Berruecos
De regreso en Colombia, Sucre intentó retirarse de la vida pública. Se había casado en 1828 con Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, y en 1829 nació su hija Teresa. Su correspondencia muestra que deseaba dedicarse a su familia en Quito y alejarse de los conflictos que desgarraban la Gran Colombia. Aun así, en 1829 volvió a mandar tropas y derrotó a los peruanos en Tarqui.
En 1830, cuando la Gran Colombia se desintegraba y el proyecto bolivariano se hundía en la guerra civil y la secesión, Sucre presidió el Congreso Admirable de Bogotá, el último intento de mantener unida la república. Fracasó: Venezuela ya se había separado y Ecuador lo hizo en mayo. El sueño de una gran nación suramericana se deshacía ante sus ojos.
El 4 de junio de 1830, cuando regresaba a Quito a través de las montañas de Berruecos, en el actual departamento colombiano de Nariño, Sucre fue emboscado y asesinado. Tenía treinta y cinco años. Años después, en 1842, fue ejecutado como autor material el coronel Apolinar Morillo, pero la autoría intelectual nunca se estableció con certeza. Las sospechas recayeron sobre todo en el general José María Obando, caudillo de la región, y también en Juan José Flores, que iba a dominar el nuevo Ecuador; ambos tenían motivos para temer a un hombre que muchos veían como sucesor de Bolívar. El caso sigue discutido por los historiadores.
Bolívar, que moriría seis meses después, recibió la noticia en uno de los momentos más oscuros de su vida. En sus cartas lamentó el crimen como un golpe que alcanzaba a la propia Colombia y lo presentó como obra de quienes estaban destruyendo la república. Su biógrafo John Lynch ve en aquella muerte el final simbólico del proyecto bolivariano. Para seguir el rastro del mariscal sobre el terreno, un mapa histórico de las campañas de la independencia ayuda a medir las distancias que recorrió entre Cumaná, Quito, Ayacucho y Chuquisaca.
Cronología de Antonio José de Sucre
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 3 de febrero de 1795 | Nacimiento en Cumaná, Venezuela |
| 1810-1811 | Incorporación a las fuerzas patriotas |
| 1817 | Ingresa en la órbita directa de Simón Bolívar |
| Noviembre 1820 | Participa en la negociación del armisticio de Trujillo y del Tratado de Regularización de la Guerra |
| 24 de mayo de 1822 | Victoria en la batalla del Pichincha; independencia de Ecuador |
| 9 de diciembre de 1824 | Victoria en la batalla de Ayacucho; fin del dominio español en América del Sur |
| 6 de agosto de 1825 | Independencia del Alto Perú, que adopta el nombre de Bolivia |
| 1826 | Sucre, elegido presidente de Bolivia |
| 1828 | Abandona Bolivia tras un motín y la invasión peruana |
| Febrero de 1829 | Victoria sobre el ejército peruano en Tarqui |
| Enero-mayo de 1830 | Preside el Congreso Admirable de Bogotá |
| 4 de junio de 1830 | Asesinado en la montaña de Berruecos, Colombia |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1795.
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