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Las caravanas migrantes y la frontera
En pocas palabras
Las caravanas migrantes centroamericanas hacia EE. UU. desde 2018: causas, rutas, respuestas de Trump, Biden y México, y la frontera tras el giro de 2025.
En este artículo
El 13 de octubre de 2018, unos cientos de hondureños salieron de la terminal de autobuses de San Pedro Sula convocados a través de las redes sociales. Al cruzar Guatemala y llegar a la frontera con México, aquel grupo se había convertido en una columna de varios miles de personas —Naciones Unidas llegó a estimar unas 7.000— que los medios de todo el mundo bautizaron como «la caravana migrante». La imagen de miles de hombres, mujeres y niños caminando juntos por las carreteras de Centroamérica y México se convirtió en un símbolo de la desigualdad entre los dos lados de una de las fronteras más vigiladas y transitadas del planeta.
Las caravanas no surgieron de la nada en 2018. Son la expresión visible de una crisis migratoria que lleva décadas gestándose en el Triángulo Norte de Centroamérica —Honduras, Guatemala y El Salvador— y que exige mirar una historia más larga que el ciclo de noticias.
Las raíces de la crisis: por qué se va la gente
Las guerras civiles de los años ochenta —en las que Washington, en plena Guerra Fría, apoyó a gobiernos y fuerzas contrainsurgentes— desplazaron a cientos de miles de personas en países que ya eran profundamente desiguales. Los acuerdos de paz de los noventa (El Salvador en 1992, Guatemala en 1996) no trajeron la prosperidad esperada, y muchos economistas críticos atribuyen a los programas de ajuste estructural de esa década el debilitamiento de unos sistemas de protección social ya precarios. El huracán Mitch, en 1998, añadió una catástrofe humanitaria a la política.
A todo ello se sumó, ya en el siglo XXI, la expansión de las pandillas —Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18—, que en Honduras y El Salvador convirtieron barrios enteros en territorios bajo control criminal. La extorsión sistemática a pequeños negocios y transportistas, el reclutamiento forzoso de menores y el feminicidio como instrumento de control territorial crearon condiciones de vida que organismos de derechos humanos han comparado con las de zonas de conflicto armado. Honduras llegó a superar en 2011 los 80 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo.
El clima ha añadido otra presión: en el Corredor Seco, que atraviesa Guatemala y Honduras, la alternancia de sequías e inundaciones ha arruinado cosechas de comunidades campesinas que ya vivían al límite. Los huracanes Eta e Iota, que azotaron la región en noviembre de 2020, afectaron a millones de personas en Centroamérica y empujaron a otra oleada de migrantes hacia el norte.
La caravana como estrategia de supervivencia
Quienes se unen a una caravana lo hacen, sobre todo, porque viajar en grupo, aunque sea duro y lento, ofrece una protección que el viaje individual no puede garantizar. La ruta de Centroamérica a la frontera estadounidense atraviesa México, un país donde los migrantes irregulares son víctimas sistemáticas de extorsión, secuestro y violencia por parte tanto de cárteles del narcotráfico —que han convertido el tráfico de personas en uno de sus negocios más lucrativos— como de autoridades corruptas.
Una persona sola en una carretera mexicana es presa fácil; siete mil personas filmadas por periodistas de todo el mundo, no. Viajar con miles de testigos abarata además el viaje, porque evita pagar a un coyote.
La organización Pueblos Sin Fronteras, que acompañó desde hacía años los viacrucis migrantes de Semana Santa y algunas de las primeras caravanas mediáticas, utilizó la visibilidad como herramienta política: llevar el problema a los titulares para presionar a los gobiernos centroamericanos y al de Estados Unidos. Sus detractores, empezando por la Casa Blanca, la acusaron de fomentar la migración irregular.
La respuesta de Washington: del muro al «quédate en México»
La caravana de 2018 llegó a Tijuana en noviembre, en plena campaña de las elecciones de medio mandato, ante un gobierno de Donald Trump que había hecho de la inmigración irregular el eje de su discurso. La respuesta incluyó el despliegue de más de 5.000 militares en la frontera y una retórica que hablaba de «invasión». Meses antes, entre abril y junio de 2018, la política de «tolerancia cero» había provocado la separación de miles de familias —padres procesados penalmente, hijos enviados a centros de acogida—, práctica que Trump suspendió por orden ejecutiva en junio tras una ola de críticas y que dejó a centenares de niños sin reunificar durante meses o años.
Desde enero de 2019 la administración Trump aplicó, con la aceptación de México, los Migrant Protection Protocols, conocidos como «Quédate en México» (MPP), por los cuales los solicitantes de asilo que llegaban a la frontera estadounidense eran devueltos a México para esperar allí la resolución de su caso —un proceso que podía tardar meses o años—. Los campamentos improvisados en ciudades fronterizas mexicanas como Matamoros o Ciudad Juárez se llenaron de migrantes que vivían a la intemperie y eran blanco frecuente de secuestros y extorsiones.
La llegada de Joe Biden a la presidencia en enero de 2021 trajo cambios de tono y algunos de política —suspensión del MPP, creación de un grupo de trabajo para reunificar a las familias separadas—, pero no una solución de fondo. Los encuentros en la frontera sur alcanzaron máximos históricos entre 2022 y 2023, y la derecha acusó a la administración de haber perdido el control de la frontera. Biden mantuvo hasta mayo de 2023 el Título 42, la norma sanitaria activada por Trump en marzo de 2020 que permitía expulsiones inmediatas invocando la pandemia de COVID-19, y en junio de 2024 restringió el acceso al asilo entre puestos fronterizos.
El regreso de Trump el 20 de enero de 2025 cambió de nuevo el escenario. Ese mismo día se cerró la aplicación CBP One, con la que decenas de miles de personas esperaban en México su cita para pedir asilo, se declaró la emergencia en la frontera y se ordenó restablecer el programa «Quédate en México». Según la CBP, las detenciones de la Patrulla Fronteriza en la frontera sur cayeron en el año fiscal 2025 a 237.565, la cifra más baja desde 1970. Para sus partidarios es la prueba de que la disuasión funciona; para sus críticos, el resultado de cerrar de facto el acceso al asilo.
México como campo de batalla
México tiene su propia frontera sur con Guatemala, por donde entra la mayor parte de los migrantes centroamericanos, y durante años su política osciló entre cierta permisividad y oleadas de deportaciones, generalmente en respuesta a la presión de Washington.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) llegó al poder con un discurso de solidaridad con los migrantes, pero terminó desplegando la Guardia Nacional en la frontera sur para frenar el tránsito, en parte como resultado de las amenazas arancelarias de Trump. Esto convirtió de facto a México en un muro externo del sistema migratorio estadounidense, una posición que las organizaciones de derechos humanos criticaron con dureza. La línea se convierte en río, el libro de Francisco Cantú sobre sus años en la Patrulla Fronteriza, explora desde dentro las contradicciones morales de ese sistema.
Con Claudia Sheinbaum, presidenta desde octubre de 2024, México mantuvo la contención en su frontera sur y aceptó en 2025 recibir a deportados de otras nacionalidades, al tiempo que Washington presionaba con aranceles. Las caravanas no desaparecieron —siguieron saliendo grupos de Tapachula, a menudo con destino a Ciudad de México para regularizarse allí—, pero perdieron el horizonte de la frontera estadounidense, y organismos internacionales documentaron un flujo inverso de migrantes, sobre todo venezolanos, que regresaban hacia el sur.
Cronología de las caravanas y la crisis fronteriza
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 2014 | Crisis de menores no acompañados en la frontera sur de EE. UU.; viacrucis migrantes de Semana Santa en el sur de México |
| Abril-junio 2018 | Política de «tolerancia cero» y separación de familias |
| Octubre 2018 | Sale de San Pedro Sula la gran caravana hondureña, que llega a unas 7.000 personas; Trump despliega tropas |
| Enero 2019 | Entra en vigor el MPP («Quédate en México») |
| Noviembre 2020 | Huracanes Eta e Iota devastan Centroamérica; nueva oleada migratoria |
| Enero 2021 | Biden suspende el MPP |
| 2022-2023 | Máximos históricos de encuentros en la frontera sur; fin del Título 42 (mayo de 2023) |
| 2022-2024 | Venezolanos, cubanos, haitianos y ecuatorianos se suman a los flujos centroamericanos |
| Enero 2025 | Trump regresa a la presidencia: cierre de CBP One y vuelta del MPP |
| Año fiscal 2025 | 237.565 detenciones en la frontera sur, la cifra más baja desde 1970 |
Un debate que va más allá de la frontera
El fenómeno de las caravanas ha puesto de relieve una tensión que ningún gobierno ha resuelto satisfactoriamente: la distancia entre el derecho internacional de asilo —que reconoce a toda persona el derecho a solicitar protección si tiene un temor fundado de persecución— y la capacidad real de los sistemas de asilo para procesar las solicitudes de forma justa, rápida, cuando muchos solicitantes no tienen una causa de asilo en sentido estricto pero sí razones económicas o climáticas urgentes. Para unos, esa brecha convierte el asilo en una vía de entrada que se abusa; para otros, demuestra que el sistema no se ha adaptado a las migraciones actuales.
La distinción entre «migrante económico» y «refugiado» —tan nítida sobre el papel, tan difusa en la realidad— está en el centro del debate político. Un campesino guatemalteco que ha perdido sus cosechas por la sequía durante tres años consecutivos y no puede alimentar a sus hijos no es un refugiado según la Convención de Ginebra de 1951, y el sistema internacional no tiene una respuesta clara para su caso.
Muchos especialistas coinciden en algunas medidas de fondo —inversión sostenida en los países de origen, reforma del sistema de asilo, vías legales de migración—, pero tienen escaso peso político en un ambiente donde la imagen de miles de personas caminando hacia el norte sirve con igual facilidad para pedir más muros o más protección, según quien la interprete.
La historia de la migración centroamericana sugiere que el endurecimiento de la frontera cambia las rutas y los ritmos más que las causas. Sonia Nazario documentó en Enrique's Journey la insistencia de un adolescente hondureño que lo intentó ocho veces, encima de los trenes de carga, hasta llegar a Estados Unidos. Y The Devil's Highway, de Luis Alberto Urrea, recuerda el precio que se paga cuando la ruta se desplaza al desierto.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 2018.
Para leer más
The Devil's Highway
Luis Alberto Urrea
Crónica del grupo de veintiséis migrantes que intentó cruzar el desierto de Sonora en 2001 y del que murieron catorce.
Buscar en AmazonLa línea se convierte en río: una crónica de la frontera
Francisco Cantú
Memoria de un exagente de la Patrulla Fronteriza que reflexiona sobre la violencia de la frontera desde dentro.
Buscar en AmazonEnrique's Journey
Sonia Nazario
Reportaje, nacido de una serie premiada con el Pulitzer, sobre un adolescente hondureño que cruza México encima de los trenes de carga para encontrar a su madre en Estados Unidos.
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