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Siglo XX19629 min de lectura

La crisis de los misiles de Cuba (1962)

En pocas palabras

La crisis de los misiles de Cuba en 1962: trece días que pusieron al mundo al borde de la guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

En este artículo
  1. Los antecedentes: Cuba entre dos imperios
  2. La decisión soviética y el despliegue secreto
  3. Los trece días: del descubrimiento al bloqueo
  4. El momento más peligroso: el submarino B-59
  5. La salida negociada y sus secretos
  6. Cronología de la crisis
  7. Consecuencias y legado

Durante trece días de octubre de 1962, el mundo estuvo más cerca de una guerra nuclear total que en ningún otro momento de la historia. No fue un enfrentamiento de ejércitos en un campo de batalla, sino una partida de ajedrez librada en despachos de Washington y Moscú, en submarinos que navegaban a ciegas bajo el Atlántico y en salas de mando donde una orden equivocada podría haber desencadenado un apocalipsis. La crisis de los misiles de Cuba —«crisis de Octubre» para los cubanos, «crisis del Caribe» en la terminología soviética— es el episodio más tenso de la Guerra Fría y, posiblemente, el momento en que la civilización humana estuvo más cerca de su propio fin en el siglo XX.

Lo que la convierte en un objeto de estudio inagotable no es solo la magnitud del peligro, sino la acumulación de malentendidos, errores de cálculo e improvisaciones que llevaron hasta él. Y la forma en que, gracias a una combinación de prudencia, suerte y negociación secreta, se evitó la catástrofe.

Los antecedentes: Cuba entre dos imperios

Para entender octubre de 1962 hay que retroceder a enero de 1959, cuando la Revolución Cubana puso fin a la dictadura de Batista y llevó al poder a Fidel Castro. Washington observó el proceso con creciente alarma. Para los estrategas estadounidenses, Cuba era una isla a noventa millas de Florida que, durante décadas, había funcionado como zona de influencia directa.

La fractura fue rápida. Castro expropió empresas estadounidenses, se aproximó a la Unión Soviética y adoptó abiertamente el marxismo-leninismo. En abril de 1961, la administración Kennedy respaldó la fallida invasión de Bahía de Cochinos, un desastre operativo que humilló a Estados Unidos y radicalizó aún más al gobierno cubano. La operación Mangosta —un plan de sabotaje y desestabilización continuado— mantuvo viva la tensión durante 1961 y 1962.

Para Nikita Jrushchov, el líder soviético, Cuba era a la vez una oportunidad ideológica y una pieza estratégica de enorme valor. La URSS llevaba años sintiéndose rodeada por bases de la OTAN y por misiles estadounidenses emplazados en Turquía e Italia, capaces de alcanzar Moscú. La posibilidad de instalar misiles propios en Cuba —a tiro de Washington— era una forma de reequilibrar la ecuación, de negociar desde una posición de mayor igualdad.

La decisión soviética y el despliegue secreto

En la primavera de 1962, Jrushchov y Castro llegaron a un acuerdo secreto. La Unión Soviética desplegaría en Cuba misiles balísticos de alcance medio (R-12, con un radio de acción de 2.000 km) y de alcance intermedio (R-14, hasta 4.500 km), capaces de alcanzar la mayor parte del territorio continental estadounidense; los R-14, en realidad, nunca llegaron a la isla. El despliegue, bautizado como operación Anádir, se realizaría en secreto y se presentaría al mundo como un hecho consumado.

A lo largo del verano y el inicio del otoño, decenas de barcos soviéticos transportaron el material a Cuba. Unos 40.000 soldados y técnicos soviéticos llegaron a la isla. Pero la CIA y los vuelos de reconocimiento U-2 sobre Cuba comenzaban a detectar anomalías. El 14 de octubre de 1962, un U-2 pilotado por el mayor Richard Heyser fotografió los emplazamientos en construcción cerca de San Cristóbal, en Pinar del Río. Las imágenes, analizadas en Washington el 15 de octubre, eran inconfundibles: rampas de lanzamiento de misiles soviéticos.

Los trece días: del descubrimiento al bloqueo

John F. Kennedy fue informado el 16 de octubre a primera hora de la mañana. Su reacción inicial fue de incredulidad y después de rabia: Jrushchov le había mentido directamente, asegurándole semanas antes que no instalaría armas ofensivas en Cuba. Kennedy convocó de inmediato el ExComm —Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional—, un grupo reducido de asesores que deliberaría en secreto durante los días siguientes.

Las opciones sobre la mesa eran variadas y todas comportaban riesgos enormes. Los militares, encabezados por el general Curtis LeMay, presionaban por ataques aéreos inmediatos sobre los emplazamientos, seguidos de invasión terrestre. Otros abogaban por la diplomacia directa. Kennedy optó por una vía intermedia: una cuarentena naval —evitó deliberadamente la palabra "bloqueo", que técnicamente es un acto de guerra— para impedir que llegaran más suministros soviéticos a Cuba, mientras exigía el desmantelamiento de las instalaciones.

El 22 de octubre, Kennedy se dirigió a la nación en un discurso televisado seguido por millones de estadounidenses. Por primera vez, el público conocía la existencia de los misiles. La crisis era ya pública.

El momento más peligroso: el submarino B-59

Lo que se vivió durante los días siguientes fue una negociación a múltiples bandas, con mensajes cruzados, propuestas contradictorias y momentos en que el control de la situación se escapó de las manos de los líderes.

Uno de los episodios más cercanos al desastre ocurrió el 27 de octubre —el «sábado negro» de la crisis— y durante décadas fue casi desconocido. Un submarino soviético de la clase Foxtrot, el B-59, sumergido en el mar de los Sargazos, era acosado por destructores estadounidenses que lanzaban cargas de profundidad de señalización para obligarlo a emerger. Sin comunicación con Moscú desde hacía días, sin saber si la guerra había comenzado, con las baterías casi agotadas y temperaturas insoportables en el interior del casco, el comandante Valentín Savitski habría ordenado preparar el torpedo nuclear que llevaba a bordo.

Según el testimonio del oficial de comunicaciones Vadim Orlov, difundido en 2002, el uso del arma requería el acuerdo de los tres oficiales principales del buque. Vasili Arjipov, jefe de estado mayor de la flotilla y presente en el submarino, se opuso y logró calmar a Savitski; el B-59 acabó emergiendo. Los detalles del episodio proceden de relatos posteriores y no todos coinciden, pero el consenso es que un torpedo nuclear lanzado aquel día habría podido desencadenar una escalada incontrolable.

Ese mismo 27 de octubre, un U-2 estadounidense fue derribado sobre Cuba —el piloto, Rudolf Anderson, murió—, y otro U-2 penetró accidentalmente en espacio aéreo soviético. Eran accidentes que, en otro clima, habrían bastado para desencadenar el conflicto.

La salida negociada y sus secretos

El acuerdo se fraguó por dos vías paralelas. La pública fue un intercambio de cartas entre Kennedy y Jrushchov: la URSS retiraría los misiles de Cuba a cambio de que Estados Unidos se comprometiera a no invadir la isla. La privada, decisiva pero mantenida en secreto durante décadas, incluía un compromiso estadounidense de retirar sus propios misiles Júpiter de Turquía en unos meses —se desmantelaron en abril de 1963—, siempre que el acuerdo no se hiciera público.

La negociación secreta fue llevada en parte por el propio Robert Kennedy, hermano del presidente, en conversaciones con el embajador soviético Anatoli Dobrinin. Castro no fue informado de los términos completos del acuerdo y reaccionó con furia cuando los conoció: Cuba había sido pieza de cambio en una partida que ella no controlaba.

El 28 de octubre, Jrushchov anunció la retirada de los misiles. La crisis había terminado. O así lo pareció.

Cronología de la crisis

FechaAcontecimiento
Enero 1959Triunfo de la Revolución Cubana; llegada de Castro al poder
Abril 1961Fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos
Mayo–Octubre 1962Despliegue secreto de misiles soviéticos en Cuba (operación Anádir)
14 de octubre 1962Un U-2 fotografía los emplazamientos de misiles en Pinar del Río
16 de octubre 1962Kennedy es informado; se forma el ExComm
22 de octubre 1962Kennedy anuncia la cuarentena naval en un discurso televisado
27 de octubre 1962«Sábado negro»: derribo del U-2; incidente del submarino B-59
28 de octubre 1962Jrushchov anuncia la retirada de los misiles
Noviembre 1962Los misiles soviéticos abandonan Cuba; crisis formalmente concluida

Consecuencias y legado

La resolución de la crisis tuvo consecuencias duraderas en varios planos. En lo inmediato, en 1963 se estableció el llamado teléfono rojo —más exactamente, una línea de teletipo directa— entre Washington y Moscú, para evitar que una crisis futura escalara por falta de comunicación. El incidente demostró que los canales diplomáticos formales eran demasiado lentos para una era nuclear.

En el plano estratégico, la crisis favoreció el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares de 1963 y las negociaciones que llevarían al Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968 y al Tratado de Limitación de Armas Estratégicas (SALT) de la siguiente década. La conciencia de lo cerca que se había estado del abismo empujó a ambas superpotencias a buscar marcos de contención, aunque ninguna de las dos abandonó la carrera armamentística.

Para Cuba, el resultado fue agridulce. El compromiso de no invasión fue respetado, y la revolución sobrevivió. Pero la isla quedó expuesta como un actor secundario en un pulso entre gigantes: Castro había apostado por los misiles soviéticos como garantía de seguridad y se encontró con que la URSS los retiró sin consultarle. La desconfianza entre La Habana y Moscú, que nunca desapareció del todo, tiene uno de sus orígenes en octubre de 1962.

La crisis reveló también los límites del pensamiento estratégico de la época. Décadas después, gracias a los archivos desclasificados y a las conferencias conjuntas de los protagonistas en los años noventa —cuando veteranos soviéticos, estadounidenses y cubanos se sentaron por primera vez a comparar sus versiones—, quedó claro que ambas partes habían sobreestimado el control que tenían sobre los acontecimientos. El mundo había estado mucho más cerca del abismo de lo que Kennedy o Jrushchov creyeron en su momento.

La bibliografía sobre la crisis de los misiles publicada en las últimas décadas refleja este proceso de revisión: lo que parecía una historia de liderazgo heroico se ha convertido también en una historia de improvisación y suerte, y de figuras como Vasili Arjipov, cuyo nombre tardó décadas en aparecer en los libros. La reconstrucción hora a hora de Michael Dobbs es el mejor ejemplo de esa relectura.

El politólogo Graham Allison, en su influyente estudio sobre la toma de decisiones durante la crisis, propuso, frente al modelo del «actor racional», los modelos del proceso organizativo y de la política burocrática para explicar cómo las instituciones militares, los procedimientos operativos y las cadenas de mando tienen su propia lógica, que puede escapar al control de los líderes políticos. Octubre de 1962 es el caso más dramático de esa realidad.

El «sábado negro» del 27 de octubre de 1962 es considerado por muchos historiadores el día más peligroso de la Guerra Fría. La salida de la crisis se debió tanto a las decisiones de Kennedy y Jrushchov como a la contención de mandos intermedios que, en momentos de máxima confusión, evitaron el primer disparo.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1962.

Para leer más

Trece días: la crisis de Cuba

Robert F. Kennedy

El relato del fiscal general durante los trece días de la crisis, escrito desde dentro del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional.

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One Minute to Midnight: Kennedy, Khrushchev, and Castro on the Brink

Michael Dobbs

Reconstrucción hora a hora de la crisis usando archivos desclasificados soviéticos, estadounidenses y cubanos, la más detallada hasta la fecha.

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The Cuban Missile Crisis in American Memory

Sheldon M. Stern

Análisis crítico de cómo se ha construido y distorsionado la memoria histórica de la crisis a partir de las grabaciones secretas de Kennedy.

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