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Siglo XX1959 — 19678 min de lectura

Fidel Castro y el Che Guevara: la revolución como destino

En pocas palabras

Fidel Castro y el Che Guevara: la alianza que hizo la Revolución cubana y cambió América Latina. Vida, ideas, ruptura y legado de dos iconos del siglo XX.

En este artículo
  1. Dos hombres, un encuentro en México
  2. El Granma y la guerra en la Sierra Maestra
  3. El poder y la divergencia
  4. Congo y Bolivia: la revolución exportada
  5. El mito y el juicio histórico
  6. Cronología: Fidel Castro y el Che Guevara (1955–1967)

El 1 de enero de 1959, cuando las columnas rebeldes entraron en La Habana y el dictador Fulgencio Batista huyó a la República Dominicana, pocas personas en el mundo sabían pronunciar correctamente los nombres de los dos hombres que habían hecho posible aquella victoria. Ocho años después, uno de ellos gobernaría la isla más vigilada del hemisferio occidental; el otro yacería muerto en Bolivia, fotografiado sobre el lavadero del hospital de Vallegrande en una imagen que muchos compararon con un Cristo yacente. La historia de Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara es la historia de una alianza que transformó América Latina, y de una ruptura que ninguno de los dos llegó a reconocer del todo en vida.

Son dos figuras que la memoria colectiva tiende a fundir en una sola imagen —el barbudo, la boina, el fusil— pero que en realidad fueron personas radicalmente distintas en temperamento, formación y destino. Lo que los unió no fue solo la ideología: fue, ante todo, una concepción compartida de la voluntad como fuerza histórica, la creencia de que un puñado de hombres con determinación suficiente podía torcer el rumbo del mundo.

Dos hombres, un encuentro en México

Fidel Alejandro Castro Ruz nació en 1926 en Birán, provincia de Oriente, hijo de Ángel Castro, un inmigrante gallego que había prosperado como terrateniente y cultivador de caña. Se crió entre contradicciones: educado por los jesuitas, formado como abogado en La Habana, admirador confeso de José Martí, llegó a la política con una mezcla de nacionalismo antioligárquico y una capacidad retórica que sus propios enemigos reconocían como excepcional. Su asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, un fracaso militar absoluto, fue sin embargo el comienzo de su mitología personal: el discurso de autodefensa ante el tribunal —«La historia me absolverá»— reelaborado después en la cárcel, circuló clandestinamente por toda Cuba.

Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario (Argentina) en 1928, en el seno de una familia acomodada venida a menos, con antepasados irlandeses y españoles. Su viaje por Sudamérica en 1951-1952, inmortalizado décadas después en sus diarios de viaje, lo puso en contacto con la pobreza de mineros, campesinos e indígenas del continente cuando aún estudiaba medicina (se licenció en 1953). En Guatemala, en 1954, presenció el derrocamiento de Jacobo Árbenz con apoyo de la CIA, una experiencia que radicalizó sus ideas.

Se conocieron en México D.F. en julio de 1955. Castro, amnistiado ese año, preparaba el regreso armado a Cuba; Guevara, que había llegado desde Guatemala, trabajaba como médico. Raúl Castro los presentó y, según los testimonios, tras una larga conversación nocturna Guevara se sumó a la expedición como médico.

El Granma y la guerra en la Sierra Maestra

El 25 de noviembre de 1956, ochenta y dos hombres embarcaron en el yate Granma en el puerto de Tuxpan, México. La travesía fue un desastre: desembarcaron el 2 de diciembre con dos días de retraso, en una zona de manglar, y el día 5 fueron sorprendidos por el ejército de Batista en Alegría de Pío. De los ochenta y dos, solo una veintena logró reagruparse en la sierra. Entre ellos, Fidel Castro, Raúl Castro y Ernesto Guevara.

Lo que siguió fue una de las campañas guerrilleras más estudiadas del siglo XX. Desde la Sierra Maestra, en el oriente de Cuba, un grupo que durante 1957 apenas contó con unas decenas o centenares de combatientes construyó una red de apoyo campesino, derrotó sucesivas ofensivas del ejército regular y, sobre todo, ganó la batalla política: la imagen de los barbudos frente a una dictadura desprestigiada por la corrupción y la represión. La entrevista de Herbert Matthews a Castro, publicada en el New York Times en febrero de 1957, contribuyó decisivamente a esa imagen. En la ofensiva final, el ejército rebelde sumaba ya varios miles de hombres, y la resistencia urbana del Movimiento 26 de Julio y de otros grupos tuvo un peso que la memoria oficial ha tendido a minimizar.

Guevara comandó la columna que tomó Santa Clara a finales de diciembre de 1958, la victoria militar decisiva que precipitó la huida de Batista. Fidel dirigió la estrategia global y la comunicación política. La división de roles que funcionó en la Sierra prefiguraba ya la que prevalecería en los años siguientes: Castro como estadista, Guevara como ejecutor y exportador de la revolución.

El poder y la divergencia

Los primeros años de la revolución fueron de consolidación acelerada y también de radicalización progresiva que ninguno de los dos protagonistas había anunciado con claridad antes de 1959. El Partido Socialista Popular, el comunista, había mirado con recelo la insurrección, y Fidel no se había declarado marxista-leninista durante la guerra; lo haría en diciembre de 1961. La deriva hacia el bloque soviético fue el resultado de una combinación de factores: la hostilidad inmediata de Washington, la necesidad de apoyo económico y militar, y las convicciones cada vez más explícitas del Che, que sí tenía una formación marxista más sistemática.

Guevara ocupó cargos de primer nivel: fue comandante de la fortaleza de La Cabaña, donde supervisó los tribunales revolucionarios que juzgaron y fusilaron a colaboradores de Batista; presidió el Banco Nacional desde noviembre de 1959 y dirigió el Ministerio de Industrias desde 1961, además de encabezar delegaciones internacionales. Su gestión económica fue polémica —sus críticos le reprocharon un voluntarismo incompatible con la realidad productiva cubana—, pero su influencia ideológica fue enorme. Fue el principal arquitecto intelectual del «hombre nuevo» revolucionario, la idea de que la revolución debía transformar no solo las estructuras económicas sino la subjetividad de los propios revolucionarios.

La biografía de Jon Lee Anderson documenta cómo, desde 1963, la relación con la Unión Soviética generó fricciones crecientes en Guevara, que criticaba en privado —y en público, como en su discurso de Argel de febrero de 1965— la política económica soviética y la dependencia cubana de Moscú. Para el Che, la revolución tenía que extenderse o moría; para los soviéticos, Cuba era una pieza valiosa que no convenía arriesgar. Fidel navegó entre ambas posiciones con la habilidad que le caracterizaba, pero la tensión era real.

Congo y Bolivia: la revolución exportada

En abril de 1965, el Che desapareció de Cuba. Lo hizo con la cobertura de una carta de despedida a Fidel —que este leyó públicamente en octubre de 1965— en la que renunciaba a todos sus cargos y a la ciudadanía cubana que le había sido otorgada. La carta dejaba a Castro libre de cualquier responsabilidad por las aventuras militares que el Che se disponía a emprender.

La primera fue el Congo, donde, al frente de un centenar de cubanos, intentó apoyar a la guerrilla de los seguidores de Patrice Lumumba. Fue un fracaso, y el propio Guevara abrió sus notas sobre la campaña con una frase inequívoca: «Esta es la historia de un fracaso».

Tras meses en la clandestinidad, el Che eligió Bolivia. La lógica era geopolítica: Bolivia limita con cinco países; una guerrilla victoriosa podría irradiarse al continente. Pero la campaña boliviana estuvo plagada de errores desde el inicio: falta de coordinación con el Partido Comunista local, ausencia de apoyo campesino real, y un ejército boliviano asesorado por instructores estadounidenses y por agentes de la CIA. El Che fue capturado el 8 de octubre de 1967 en la Quebrada del Yuro. Al día siguiente fue ejecutado en la escuelita de La Higuera por orden del alto mando boliviano.

Tenía 39 años. Fidel Castro sobreviviría casi cincuenta años más: gobernó Cuba hasta 2006, cuando la enfermedad le obligó a ceder el poder a su hermano Raúl, y murió en noviembre de 2016.

El mito y el juicio histórico

La muerte convirtió al Che en icono. La fotografía que Alberto Korda le tomó en marzo de 1960, conocida como Guerrillero heroico, se reprodujo millones de veces y acabó desligada de su contexto político, en carteles y camisetas de todo el mundo. Su figura se volvió referencia para buena parte de la izquierda latinoamericana de los sesenta y setenta, y su teoría del foco guerrillero, formulada en La guerra de guerrillas (1960), inspiró intentos insurgentes que en su mayoría terminaron en derrota.

El juicio histórico sobre ambos sigue profundamente dividido. Sus defensores subrayan la independencia frente a Estados Unidos, la campaña de alfabetización de 1961 y los avances en sanidad y educación. Sus críticos recuerdan los fusilamientos de 1959 —decenas en La Cabaña y varios centenares en toda la isla, según estimaciones que difieren—, la supresión de la prensa libre y de los partidos, los campos de trabajo de las UMAP en los años sesenta y el exilio de cientos de miles de cubanos. Biografías como la de Jon Lee Anderson o la conversación de Ignacio Ramonet con Castro ofrecen materiales para formarse una opinión propia, desde ángulos muy distintos.

Cronología: Fidel Castro y el Che Guevara (1955–1967)

FechaAcontecimiento
Julio 1955Primer encuentro entre Castro y Guevara en México D.F.
25 nov. 1956Partida del Granma desde Tuxpan
Dic. 1956 – Dic. 1958Guerra de guerrillas en la Sierra Maestra
1 ene. 1959Triunfo de la Revolución; huida de Batista
1959-1965El Che preside el Banco Nacional (1959-1961) y dirige el Ministerio de Industrias (1961-1965)
Abril 1961Fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos
Oct. 1962Crisis de los misiles de Cuba
Abril 1965El Che abandona Cuba hacia el Congo
Nov. 1966El Che entra clandestinamente en Bolivia
8-9 oct. 1967Captura y ejecución del Che en La Higuera, Bolivia

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1959.

Para leer más

El Che Guevara: una vida revolucionaria

Jon Lee Anderson

La biografía de referencia sobre Ernesto Guevara, fruto de años de investigación en tres continentes y acceso inédito a archivos cubanos.

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Fidel Castro: biografía a dos voces

Ignacio Ramonet

Cien horas de conversación con el propio Castro, convertidas en el autorretrato más extenso y revelador del líder cubano.

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Ernesto Guevara, también conocido como el Che

Paco Ignacio Taibo II

Extensa biografía del Che, con abundante uso de sus diarios y de testimonios de quienes lo conocieron.

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