Conquistac. 1500 — 15258 min de lectura
Cuauhtémoc: el último emperador azteca
En pocas palabras
Cuauhtémoc, último tlatoani mexica, defendió Tenochtitlan en 1521 y fue torturado y ejecutado por orden de Hernán Cortés. Su vida, su resistencia y su legado.
En este artículo
El 13 de agosto de 1521, cuando ya no quedaba en Tenochtitlan más que un barrio en pie, un grupo de canoas intentó escapar por el lago de Texcoco. Uno de los bergantines españoles, al mando de Garci Holguín, dio alcance a la que parecía más importante. En ella iba Cuauhtémoc, tlatoani de Tenochtitlan, el último soberano independiente de los mexicas. Llevado ante Hernán Cortés, le dijo —según el relato del propio Cortés y de Bernal Díaz del Castillo— que había hecho todo lo que estaba obligado a hacer en defensa de su ciudad y de su gente, y que ya no podía más. Y, señalando el puñal que Cortés llevaba al cinto, le pidió que lo matara con él.
Cortés no lo mató. No entonces. Lo necesitaba vivo.
La figura de Cuauhtémoc ocupa un lugar singular en la memoria histórica de México. No fue el gobernante que recibió a los españoles —ese fue Moctezuma II—, sino el que dirigió la defensa final de la ciudad en condiciones desesperadas. Su historia es la de una resistencia tenaz frente a una derrota que, a la altura de 1521, era muy difícil de evitar.
Un joven tlatoani en tiempos de catástrofe
Cuauhtémoc nació hacia 1500 —las fechas propuestas oscilan entre 1496 y 1502—. Era hijo de Ahuizotl, octavo tlatoani de Tenochtitlan, y de una noble de Tlatelolco, la ciudad gemela y vecina de la capital mexica. Esa doble raíz explica que, antes de ser tlatoani de Tenochtitlan, gobernara Tlatelolco, y que en el asedio final los tlatelolcas fueran sus defensores más fieles. Su nombre en náhuatl, Cuauhtémoc, significa «águila que desciende» o «águila que cae», una imagen que la posteridad ha leído como premonición de su destino.
Recibió la educación propia de un noble: el calmécac, la escuela reservada a los hijos de la élite, donde se aprendían historia, calendario, religión y el arte de la guerra. Como era habitual en la nobleza mexica, se distinguió como guerrero antes de ocupar cargos políticos: el prestigio se ganaba en el campo de batalla.
Cuando en 1520 murió Moctezuma II —en circunstancias que siguen siendo objeto de debate—, los electores mexicas eligieron a su hermano Cuitláhuac. Fue él quien dirigió la ofensiva que expulsó a los españoles de Tenochtitlan en la Noche Triste, entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1520. Pero Cuitláhuac murió de viruela a finales de ese año, según la tradición a los ochenta días de su elección, víctima de la epidemia llegada con los europeos. Cuauhtémoc, con poco más de veinte años, fue elegido tlatoani en una ciudad golpeada por la enfermedad y cada vez más aislada.
La defensa imposible de Tenochtitlan
Cuauhtémoc asumió el mando en una situación muy difícil. Cortés había rehecho su ejército con refuerzos españoles llegados de las islas, pero sobre todo con decenas de miles de guerreros aliados —tlaxcaltecas, texcocanos, huexotzincas, chalcas y otros— que convirtieron el asedio en algo mucho más parecido a una guerra mesoamericana que a la invasión de una pequeña fuerza europea. Las cifras de aliados que dan las crónicas, de cien mil o más, son probablemente exageradas, pero no hay duda de que superaban con mucho a los españoles.
Cuauhtémoc intentó primero romper ese frente por la vía diplomática, enviando embajadas a los pueblos del valle para que abandonaran a los españoles, con escaso éxito. Luego organizó la defensa de la ciudad durante unos setenta y cinco días de combates urbanos que los propios españoles describieron como los más duros de toda la campaña. Bernal Díaz del Castillo, que estuvo allí, escribe con una mezcla de admiración y espanto sobre la ferocidad de aquella resistencia.
Los mexicas combatieron en las calzadas —abriendo cortes y retirando los puentes para frenar el avance— y en los canales, usando sus canoas para atacar los flancos de las columnas enemigas y tendiendo trampas con estacas sumergidas contra los bergantines. El 30 de junio de 1521 infligieron a Cortés una derrota que estuvo a punto de costarle la vida. El sitiador llegó a temer que los aliados indígenas, agotados, se retirasen. Pero el hambre, la falta de agua potable, la epidemia y la superioridad numérica de los atacantes acabaron imponiéndose. Los textos indígenas reunidos por Miguel León-Portilla en Visión de los vencidos describen aquellos últimos días desde dentro.
Cuauhtémoc intentó escapar por el lago con su familia y sus últimos guerreros, quizá con la idea de seguir la lucha desde tierra firme. Fue interceptado en el agua. La resistencia organizada terminó ese mismo día.
La tortura y los años de cautiverio
Lo que siguió a la captura es uno de los episodios más oscuros de la conquista. El botín resultó muy inferior a lo esperado, y los españoles sospechaban que los mexicas habían escondido el oro perdido en la Noche Triste y el tesoro de Moctezuma. Cuauhtémoc aseguró no saber dónde estaba: parte se había perdido en el lago durante la huida de 1520 y el resto, decía, lo habían recogido los españoles.
Presionado por sus soldados y por el tesorero real, Julián de Alderete, Cortés consintió que se torturara a Cuauhtémoc y a Tetlepanquetzal, señor de Tlacopan, untándoles los pies con aceite y acercándolos al fuego. La tradición, recogida por Francisco López de Gómara, cuenta que Tetlepanquetzal, incapaz de soportar el dolor, miró a Cuauhtémoc como pidiéndole permiso para hablar, y que este le contestó preguntándole si acaso él estaba en algún deleite o baño. La frase, auténtica o no, pasó a la memoria mexicana como emblema de entereza. El oro nunca apareció en las cantidades esperadas. El episodio lo cuenta también la crónica de Bernal Díaz, que lamenta aquella tortura.
Durante los años siguientes, Cortés mantuvo a Cuauhtémoc como señor nominal de los mexicas, bajo estrecha vigilancia. Le resultaba útil: su autoridad ayudaba a movilizar la mano de obra indígena que reconstruía la ciudad y servía de garantía frente a posibles rebeliones. Pero esa misma autoridad lo convertía en un peligro potencial.
La ejecución en el camino de las Hibueras
En octubre de 1524, Cortés emprendió una expedición hacia las Hibueras, en la actual Honduras, para castigar a uno de sus capitanes, Cristóbal de Olid, que se había rebelado contra él. Temiendo dejar atrás a los antiguos señores mexicas, los obligó a acompañarle. El viaje fue un desastre: meses de marcha por selvas y ciénagas, ríos que obligaban a construir puentes, hambre, enfermedades y deserciones.
A finales de febrero de 1525, en la provincia maya de Acalan, en el actual estado de Campeche, Cortés ordenó ejecutar a Cuauhtémoc. La acusación fue una conspiración para matar a los españoles durante la marcha, conocida por la delación de un noble indígena. La mayoría de los historiadores considera que las pruebas eran endebles: Cortés no hizo un proceso en regla, y el propio Bernal Díaz escribió que aquella muerte fue injusta y que pareció mal a todos los que iban en la expedición.
Cuauhtémoc fue ahorcado, junto con Tetlepanquetzal, de una ceiba. Tenía entre veintitrés y veintinueve años, según la fecha de nacimiento que se acepte. Bernal pone en su boca, antes de morir, un reproche directo a Cortés: que desde hacía tiempo sabía que le daría esa muerte y conocía sus falsas palabras.
Del cadalso al mito nacional
La muerte de Cuauhtémoc no cerró su historia. En el siglo XIX, el México independiente buscó en el pasado prehispánico figuras con las que construir una identidad nacional distinta de la española, y el último tlatoani, joven, valeroso y traicionado, encajaba perfectamente. En 1887 se inauguró su monumento en el Paseo de la Reforma de la capital, y el poeta Ramón López Velarde lo llamó el «joven abuelo» de la patria.
El mito llegó a la arqueología. En 1949 se anunció el hallazgo de sus supuestos restos en Ixcateopan, en el estado de Guerrero, y el descubrimiento se convirtió en una cuestión de orgullo nacional. Las comisiones de expertos que estudiaron los huesos concluyeron que no podían atribuirse a Cuauhtémoc —correspondían a varios individuos—, pero el lugar sigue siendo objeto de homenajes. Para entender al personaje histórico, más allá del símbolo, la mejor guía sigue siendo La conquista de México de Hugh Thomas.
Cronología de Cuauhtémoc
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| c. 1500 | Nacimiento de Cuauhtémoc (fechas propuestas entre 1496 y 1502) |
| 30 junio – 1 julio 1520 | La Noche Triste: los españoles son expulsados de Tenochtitlan |
| Finales 1520 – inicios 1521 | Muerte de Cuitláhuac por viruela; Cuauhtémoc elegido tlatoani |
| Mayo–agosto 1521 | Asedio y defensa de Tenochtitlan |
| 13 agosto 1521 | Captura de Cuauhtémoc en el lago de Texcoco |
| 1521 | Tortura de Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal para revelar el paradero del oro |
| Octubre 1524 | Obligado a acompañar la expedición de Cortés a las Hibueras |
| Febrero 1525 | Ejecución de Cuauhtémoc en Acalan bajo acusación de conspiración |
| 1887 | Inauguración de su monumento en el Paseo de la Reforma |
| 1949 | Supuesto hallazgo de sus restos en Ixcateopan, luego desmentido |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1500.
Para leer más
La conquista de México
Hugh Thomas
La narración más documentada y equilibrada de la conquista, con un retrato detallado de Cuauhtémoc como figura central de la resistencia mexica.
Buscar en AmazonVisión de los vencidos
Miguel León-Portilla
Las fuentes indígenas de la conquista en su propia voz, incluyendo testimonios directos sobre el asedio y la rendición de Tenochtitlan.
Buscar en AmazonHistoria verdadera de la conquista de la Nueva España
Bernal Díaz del Castillo
El relato de un soldado que presenció la captura de Cuauhtémoc y lo acompañó en el viaje a las Hibueras donde fue ejecutado.
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