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Siglo XX1960 — 19908 min de lectura

Las guerrillas latinoamericanas

En pocas palabras

Las guerrillas latinoamericanas entre 1960 y 1990: orígenes, principales movimientos, ideología, represión y legado de tres décadas de conflicto armado.

En este artículo
  1. El modelo cubano y la exportación de la revolución
  2. Los grandes movimientos: una geografía del conflicto
  3. Ideología: más allá del marxismo-leninismo
  4. La represión: contrainsurgencia y terrorismo de Estado
  5. Cronología de los principales movimientos guerrilleros
  6. Balance y legado

El 1 de enero de 1959, cuando las columnas barbudas de Fidel Castro entraron en La Habana, algo cambió en el imaginario político de América Latina. La revolución cubana demostró que un pequeño grupo armado, partiendo de las montañas, podía derrotar a un ejército respaldado por Estados Unidos y tomar el poder de un Estado. Para una generación que contemplaba la miseria rural, las dictaduras militares y la desigualdad estructural del continente, esa lección pareció replicable. En pocos años brotaron focos guerrilleros en casi todos los países de la región.

Entre 1960 y 1990, América Latina vivió tres décadas de insurgencia armada y contrainsurgencia que, sumando combatientes y víctimas civiles de uno y otro lado, dejaron cientos de miles de muertos, comunidades enteras devastadas y heridas sociales que en muchos casos siguen abiertas. Lo que siguió no fue una repetición del modelo cubano, sino un mosaico de experiencias radicalmente distintas en ideología, base social, estrategia militar y desenlace. Entender las guerrillas latinoamericanas exige abandonar la imagen simplificada —romántica o demoníaca— y atender a su complejidad histórica.

El modelo cubano y la exportación de la revolución

La teoría del foco guerrillero, sistematizada por el Che Guevara en su tratado de guerra de guerrillas y elaborada filosóficamente por el francés Régis Debray, sostenía que no hacía falta esperar a que las condiciones objetivas madurasen para la revolución: el propio foco armado podía crearlas. Bastaba con que un pequeño grupo de combatientes decididos se adentrara en el campo, ganase el apoyo campesino mediante el ejemplo y fuera ampliando su radio de acción hasta volver ingobernable el territorio y forzar la caída del régimen.

Cuba no solo ofreció una teoría. Ofreció entrenamiento, armas, cuadros y, sobre todo, un símbolo. La isla de Castro se convirtió en el epicentro ideológico de la nueva izquierda armada latinoamericana. El Che intentó llevar la guerrilla a otros escenarios, sin éxito: fracasó en el Congo en 1965 y fue capturado y ejecutado en Bolivia en 1967, en buena medida porque el foco boliviano no logró conectar con un campesinado que había recibido tierras con la reforma agraria de 1953 y que no compartía ni la lengua ni los objetivos de aquellos hombres armados venidos de fuera.

La muerte del Che en La Higuera tuvo el efecto paradójico de multiplicar su influencia. Su imagen, fotografiada por Alberto Korda en 1960, se convirtió en una de las más reproducidas del siglo XX y en emblema de muchos de los movimientos que vinieron después.

Los grandes movimientos: una geografía del conflicto

La insurgencia latinoamericana no fue un fenómeno homogéneo. Cada país produjo guerrillas con características propias.

En Colombia, las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) nacieron en 1964 como brazo armado del Partido Comunista en zonas de colonización campesina. Su arraigo en las áreas rurales y su posterior financiación mediante el narcotráfico les dieron una longevidad excepcional: el conflicto duró más de cincuenta años y solo llegó a un acuerdo de paz en 2016. El ELN (Ejército de Liberación Nacional), de inspiración castrista y con una importante influencia de la teología de la liberación, operó en paralelo y no se ha desmovilizado.

En Perú, Sendero Luminoso, fundado por el profesor universitario Abimael Guzmán, desarrolló una variante maoísta peculiar y extremadamente violenta. A diferencia de la mayoría de guerrillas latinoamericanas, Sendero no buscaba el apoyo popular mediante la persuasión sino la sumisión mediante el terror. Sus métodos —asesinatos de autoridades locales, masacres de comunidades campesinas que no colaboraban— le enajenaron a buena parte del campesinado al que decía representar. La Comisión de la Verdad y Reconciliación estimó en unos 69.000 los muertos del conflicto peruano (1980-2000) y atribuyó a Sendero algo más de la mitad de las víctimas reportadas, y buena parte del resto a las fuerzas del Estado. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), de línea castrista, operó simultáneamente con menor implantación.

En Centroamérica, el contexto fue diferente: la guerrilla se desarrolló bajo gobiernos militares o autoritarios muy represivos y con un telón de fondo de pobreza masiva. El FSLN nicaragüense logró la victoria en 1979, convirtiéndose en el segundo triunfo revolucionario del continente tras Cuba. El FMLN salvadoreño y la URNG guatemalteca libraron guerras largas que no lograron el poder pero obligaron a negociaciones de paz en los años noventa. Los acuerdos de paz de El Salvador (1992) y Guatemala (1996) transformaron a los guerrilleros en partidos políticos.

En el Cono Sur predominó la guerrilla urbana. En Uruguay, el MLN-Tupamaros alcanzó notoriedad con secuestros y golpes espectaculares hasta ser desarticulado por el ejército en 1972. En Argentina, el ERP y los Montoneros operaron con una base social de clase media universitaria muy diferente al campesinado centroamericano, y protagonizaron secuestros y atentados también bajo el gobierno constitucional de 1973-1976, cuando actuaba ya la parapolicial Triple A. La dictadura militar de 1976-1983 los destruyó mediante el terrorismo de Estado: miles de militantes, y muchas personas sin vínculo con la guerrilla, fueron secuestrados, torturados y desaparecidos.

Ideología: más allá del marxismo-leninismo

Sería un error reducir todas estas guerrillas a una sola matriz ideológica. La influencia del marxismo-leninismo fue dominante, pero se combinó con elementos muy diversos.

La teología de la liberación, surgida del catolicismo latinoamericano a raíz del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín (1968), proporcionó a muchos sacerdotes y laicos una justificación cristiana de la lucha armada. Camilo Torres Restrepo, sacerdote colombiano que murió combatiendo en el ELN en 1966, fue el símbolo más conocido de esta confluencia.

El nacionalismo revolucionario, la reivindicación de identidades indígenas y campesinas, y en algunos casos el peronismo de izquierda en Argentina, se mezclaron con el marxismo para producir ideologías híbridas que resistían las etiquetas simples. Lo que todas compartían era el diagnóstico de que las vías electorales y legales estaban bloqueadas por oligarquías respaldadas por las Fuerzas Armadas y por Washington, y que solo la lucha armada podía romper ese bloqueo. El diagnóstico no siempre se ajustaba a la realidad: guerrillas como las de Venezuela, Uruguay o Argentina actuaron también frente a gobiernos elegidos. La utopía desarmada de Jorge G. Castañeda analizó críticamente ese recorrido.

La represión: contrainsurgencia y terrorismo de Estado

La respuesta de los Estados latinoamericanos a la guerrilla fue, en la mayoría de los casos, desproporcionada en su violencia, y la pagaron sobre todo civiles sin relación con la insurgencia.

Estados Unidos jugó un papel central en la configuración de las estrategias contrainsurgentes. La Escuela de las Américas, con sede en Panamá, entrenó a miles de militares latinoamericanos en contrainsurgencia; algunos de sus manuales, desclasificados en 1996, recomendaban métodos de interrogatorio coercitivos. La doctrina de seguridad nacional, desarrollada por los propios ejércitos latinoamericanos a partir de influencias estadounidenses y francesas, definió a cualquier disidente político —sindicalista, estudiante, cura de base, periodista crítico— como potencial agente del comunismo internacional.

En Guatemala, entre 1981 y 1983, el ejército arrasó cientos de aldeas mayas del altiplano; la comisión de la verdad auspiciada por la ONU calificó parte de aquellas matanzas de actos de genocidio y estimó en unos 200.000 los muertos y desaparecidos de todo el conflicto (1960-1996). En Argentina, en Chile o en El Salvador, los aparatos represivos del Estado mataron a muchas más personas de las que murieron en combate.

Cronología de los principales movimientos guerrilleros

AñoAcontecimiento
1959Triunfo de la Revolución Cubana; modelo de referencia para la región
1964Fundación de las FARC en Colombia
1965Fracaso del foco guerrillero del Che en el Congo
1966Muere en combate el sacerdote Camilo Torres en Colombia
1967Captura y ejecución del Che Guevara en Bolivia
1970Los Tupamaros secuestran al cónsul de Brasil y ejecutan al asesor estadounidense Dan Mitrione en Uruguay
1976Golpe de Estado en Argentina; inicio del exterminio de la guerrilla urbana
1979El FSLN derroca a Somoza en Nicaragua
1980Sendero Luminoso inicia su «guerra popular» en Perú
1992Acuerdos de paz en El Salvador; captura de Abimael Guzmán en Perú
1996Acuerdo de paz entre el gobierno de Guatemala y la URNG
2016Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC

Balance y legado

La derrota militar de la mayor parte de las guerrillas latinoamericanas entre finales de los años setenta y los noventa no fue simplemente el resultado de la superioridad militar de los ejércitos. Fue también la consecuencia de errores propios de los movimientos armados: el aislamiento de las bases sociales, la incapacidad de construir alianzas amplias, la violencia contra civiles, que en algunos casos —especialmente el de Sendero Luminoso— alcanzó niveles extremos.

Pero reducir el fenómeno guerrillero a un simple fracaso sería igualmente engañoso. Muchos de estos movimientos lograron transformaciones reales: los acuerdos de paz centroamericanos incorporaron programas de tierras, reconocimientos de derechos indígenas y reformas democráticas, aunque su cumplimiento fue parcial. Si esas reformas habrían llegado igualmente sin guerra es una pregunta que la historiografía sigue discutiendo. El FSLN gobernó Nicaragua y transformó profundamente la sociedad nicaragüense, con resultados que siguen siendo objeto de controversia. Las FARC terminaron convirtiéndose en partido político con representación parlamentaria.

El legado más duro es el humano. Generaciones enteras de latinoamericanos crecieron en medio de la violencia, fueron desplazadas o perdieron familiares en uno u otro bando. Para comprender la historia política de América Latina en el siglo XX es imposible eludir este capítulo: fue la Guerra Fría vivida desde dentro, con lógicas propias.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1960.

Para leer más

La guerra de guerrillas

Ernesto Che Guevara

El manual de la insurgencia armada latinoamericana, escrito por su principal teórico y protagonista, imprescindible para entender la lógica de estos movimientos.

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La utopía desarmada

Jorge G. Castañeda

Análisis riguroso de los movimientos guerrilleros latinoamericanos del siglo XX, sus ideologías, sus fracasos y su influencia política posterior.

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Sendero: historia de la guerra milenaria en el Perú

Gustavo Gorriti

Una de las investigaciones de referencia sobre Sendero Luminoso, basada en documentos internos y testimonios de primera mano recogidos durante el propio conflicto.

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