Siglo XX19829 min de lectura
La Guerra de las Malvinas: el último conflicto del siglo XX en el Atlántico Sur
En pocas palabras
La Guerra de las Malvinas (1982): causas, desarrollo y consecuencias del conflicto entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas.
En este artículo
El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en Port Stanley —Puerto Argentino, según Buenos Aires— y se apoderaron en pocas horas de las islas que en español se conocen como Malvinas y en inglés como Falklands. La junta militar que gobernaba Argentina desde 1976 acababa de lanzar la apuesta política más arriesgada de su historia: recuperar por la fuerza un archipiélago del Atlántico Sur sobre el que Argentina reclamaba soberanía desde el siglo XIX. Setenta y cuatro días después, con 649 militares argentinos y 255 británicos muertos —además de tres civiles isleños— y la rendición firmada en el mismo Port Stanley, la aventura había terminado en derrota.
La guerra de las Malvinas no fue solo un conflicto armado entre dos países. Fue el detonante que aceleró el fin de la dictadura argentina, el único enfrentamiento bélico abierto entre un país latinoamericano y una potencia europea en el siglo XX, y una herida en la identidad nacional argentina que todavía hoy no ha cerrado del todo.
El archipiélago en disputa
Las islas Malvinas —un archipiélago de más de 700 islas situado a unos 500 kilómetros al este de la costa patagónica— tienen una historia colonial complicada. Franceses, británicos y españoles se establecieron o las disputaron en el siglo XVIII; España mantuvo allí una guarnición hasta 1811. Tras la independencia, Buenos Aires las consideró parte de la herencia territorial española, nombró gobernadores y promovió un asentamiento en la década de 1820. En enero de 1833, un buque británico expulsó a la guarnición argentina y el Reino Unido las administró desde entonces sin interrupción, con una población de origen británico. Cada parte ha construido desde entonces su propio argumento: Argentina invoca la herencia española y la integridad territorial; el Reino Unido, la ocupación continuada y la autodeterminación de los isleños.
Durante el siglo XX, Argentina intentó por vías diplomáticas recuperar la soberanía. Las Naciones Unidas, mediante la resolución 2065 de 1965, reconocieron la existencia de una disputa de soberanía e instaron a las dos partes a negociar. Las conversaciones avanzaron muy lentamente. A finales de 1981, cuando el general Leopoldo Galtieri tomó el control de la junta, las negociaciones estaban prácticamente estancadas.
Una dictadura en crisis busca una salida
La decisión de invadir las Malvinas no puede entenderse sin el contexto interno argentino. La junta militar del Proceso de Reorganización Nacional —que había llegado al poder en el golpe de 1976— vivía en 1982 su peor momento. La economía se desplomaba: la inflación superaba el 100 % anual, la deuda externa se había multiplicado varias veces desde 1976 y el desempleo crecía. El 30 de marzo de 1982, tres días antes de la invasión, la CGT había convocado una gran movilización contra el régimen, reprimida con dureza. Las organizaciones de derechos humanos, con las Madres de Plaza de Mayo al frente, presionaban cada vez con más fuerza para que se rindieran cuentas por los desaparecidos.
Galtieri y el almirante Jorge Anaya —el más ferviente defensor de la operación dentro de la junta— calcularon que una victoria rápida en las Malvinas daría a la dictadura una legitimidad que ya no podía obtener por otros medios. La guerra sería breve, el mundo lo entendería como un asunto de descolonización y los argentinos se volcarían de nuevo detrás de sus militares.
El cálculo falló en casi todos sus supuestos. La junta daba por hecho que Londres no respondería militarmente y que Washington se mantendría neutral. La investigación periodística Malvinas: la trama secreta, publicada en 1983, reconstruyó cómo se tomaron esas decisiones.
La respuesta británica
La primera ministra Margaret Thatcher reaccionó con una rapidez que la junta argentina no había previsto. Su gobierno envió una fuerza de más de cien buques entre naves de guerra y mercantes requisados —con dos portaaviones, el Hermes y el Invincible—, que alcanzó la zona de operaciones a finales de abril. El Reino Unido también recibió el respaldo de Estados Unidos: su secretario de Estado, Alexander Haig, intentó sin éxito una mediación y el 30 de abril Washington se puso oficialmente del lado de Londres. Su ayuda —misiles aire-aire Sidewinder, combustible, el uso de la base de la isla Ascensión e información de inteligencia— resultó valiosa para el mando británico.
La junta había esperado que la solidaridad latinoamericana y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) bastaran para mantener neutral a Estados Unidos, en parte porque militares argentinos colaboraban entonces con Washington en Centroamérica. El cálculo ignoraba la relación especial entre Londres y Washington, pertenecientes ambos a la OTAN, y la sintonía política entre Thatcher y Ronald Reagan.
Argentina recibió apoyo diplomático de casi toda América Latina y material de algunos países —Perú le transfirió aviones Mirage y Libia le suministró armamento—, pero ningún aliado se implicó militarmente. Chile, enfrentado entonces a Argentina por el canal de Beagle, colaboró discretamente con los británicos, algo que su propio gobierno reconocería años después.
Los 74 días de guerra
El combate en el terreno comenzó en serio el 1 de mayo de 1982, cuando un bombardero Vulcan de la Royal Air Force y los Sea Harrier de la Armada atacaron el aeródromo de Port Stanley. Durante las semanas siguientes, la guerra se libró en dos escenarios distintos: el mar y la tierra.
En el mar, la pérdida más grave para Argentina fue el hundimiento del crucero ARA General Belgrano el 2 de mayo, cuando fue alcanzado por dos torpedos del submarino nuclear británico HMS Conqueror. Murieron 323 tripulantes. El hundimiento generó polémica internacional porque el Belgrano se encontraba, en el momento del ataque, fuera de la zona de exclusión marítima declarada por el Reino Unido y con rumbo alejándose de las islas. Para Londres, fue una decisión legítima porque el buque suponía una amenaza para la flota; en Argentina muchos lo consideraron un crimen, aunque el propio comandante del crucero, Héctor Bonzo, lo calificó años después de acto de guerra.
La respuesta argentina llegó dos días después: el 4 de mayo, un misil Exocet lanzado desde un avión Super Étendard alcanzó el destructor HMS Sheffield, que se hundiría días más tarde; murieron 20 marinos británicos. El Exocet —uno de los misiles antibuque más temidos de su época— demostró ser el arma más eficaz del arsenal argentino. La aviación argentina hundió después, con bombas y misiles, las fragatas Ardent y Antelope, el destructor Coventry y el mercante Atlantic Conveyor.
El desembarco principal de las fuerzas británicas se produjo en San Carlos el 21 de mayo. Desde ahí, los soldados —entre ellos el 2.º Batallón del Regimiento de Paracaidistas y los Royal Marines— avanzaron a pie hacia Stanley. Los combates más duros se libraron en Darwin y Goose Green, y después en los montes que rodean Stanley: Longdon, Two Sisters, Harriet, Tumbledown y Wireless Ridge. Las tropas argentinas, muchas de ellas conscriptos mal equipados y sin preparación adecuada para el frío del Atlántico Sur, resistieron en algunos puntos con tenacidad, pero la superioridad de entrenamiento y logística británica fue determinante.
El 14 de junio de 1982, el general Mario Menéndez firmó la rendición en Port Stanley.
Cronología de la guerra
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 2 de abril de 1982 | Tropas argentinas toman Port Stanley; comienza la ocupación |
| 3 de abril de 1982 | El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba la Resolución 502, exigiendo la retirada argentina |
| 5 de abril de 1982 | Zarpa la flota británica desde Portsmouth |
| 1 de mayo de 1982 | Primeros bombardeos británicos sobre el aeropuerto de Stanley |
| 2 de mayo de 1982 | Hundimiento del ARA General Belgrano; 323 muertos |
| 4 de mayo de 1982 | Un Exocet alcanza al HMS Sheffield; 20 muertos |
| 21 de mayo de 1982 | Desembarco británico en San Carlos |
| 28–29 de mayo de 1982 | Batalla de Darwin-Goose Green; unos 17 británicos y cerca de 50 argentinos muertos |
| 11–14 de junio de 1982 | Batallas finales en los montes que rodean Stanley |
| 14 de junio de 1982 | Rendición argentina; fin del conflicto |
Consecuencias: el derrumbe de la junta y la vuelta a la democracia
La derrota tuvo consecuencias políticas inmediatas. Galtieri dimitió tres días después de la rendición. La junta, que había apostado su legitimidad a la guerra, quedó completamente desacreditada. La transición hacia la democracia —que en otras circunstancias podría haber tardado años más— se aceleró de forma decisiva. En octubre de 1983, Raúl Alfonsín ganó las elecciones presidenciales y en diciembre asumió el poder, poniendo fin a siete años de dictadura.
En ese sentido, la derrota en las Malvinas tuvo un efecto paradójico: aceleró la recuperación democrática argentina. Buena parte de la historiografía coincide en que el fracaso militar privó a las Fuerzas Armadas de la capacidad de negociar su salida, algo que la presión civil por sí sola no había logrado; las historias de la dictadura argentina de Novaro y Palermo analizan ese derrumbe.
En el Reino Unido, la guerra reforzó el gobierno de Thatcher, que ganó las elecciones de 1983 con una mayoría ampliada. El «factor Malvinas» (Falklands factor) se convirtió en un término político para describir cómo una victoria militar puede transformar la fortuna electoral de un gobierno impopular.
La herida abierta y la memoria
La disputa de soberanía sobre las islas no se resolvió con la guerra. Argentina no renunció a su reclamación, y el Reino Unido reforzó la defensa de las islas con una inversión militar permanente. En los años posteriores, se han producido periodos de distensión y de tensión renovada, pero nunca se ha llegado a una negociación real sobre el fondo de la cuestión.
En Argentina, la guerra dejó una marca profunda en la cultura y en la política. Los veteranos, muchos de ellos conscriptos de dieciocho o diecinueve años que regresaron sin reconocimiento y con traumas graves, tardaron décadas en recibir atención adecuada del Estado. El 2 de abril es, por ley de 2000, el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, fecha de duelo y memoria oficial.
El conflicto también generó una literatura testimonial rica: relatos de soldados, diarios de oficiales y crónicas periodísticas que intentaron dar cuenta de lo que significó combatir en esas condiciones de frío extremo, con equipos insuficientes y bajo el mando de una dictadura que los envió a una guerra para la que no estaban preparados. En los últimos años, además, excombatientes han denunciado ante la justicia malos tratos y torturas infligidos por sus propios superiores en las islas. Los testimonios de los soldados argentinos en Malvinas constituyen uno de los corpus más reveladores de la historia reciente del país.
La guerra de las Malvinas fue a la vez la apuesta de una dictadura en crisis, un conflicto en el que murieron cerca de novecientas personas y el catalizador involuntario de la democratización argentina. Cuatro décadas después, sigue siendo una de las páginas más debatidas de la historia latinoamericana del siglo XX.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1982.
Para leer más
Malvinas: la trama secreta
Oscar R. Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy
Investigación periodística clásica sobre las decisiones políticas y militares que llevaron a la junta argentina a la guerra de 1982.
Buscar en AmazonThe Battle for the Falklands
Max Hastings y Simon Jenkins
La perspectiva británica del conflicto, escrita por dos periodistas, uno de ellos corresponsal con las tropas en las islas.
Buscar en AmazonIluminados por el fuego
Edgardo Esteban
Testimonio de un excombatiente argentino sobre la guerra y la difícil posguerra de los conscriptos.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.