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Independencias1810 — 18159 min de lectura

Miguel Hidalgo y José María Morelos: los padres de la insurgencia mexicana

En pocas palabras

Miguel Hidalgo y José María Morelos lideraron la insurgencia mexicana entre 1810 y 1815. Sus vidas, sus diferencias y su legado en la independencia de México.

En este artículo
  1. El cura ilustrado de Dolores
  2. El Grito y la tormenta popular
  3. El heredero que superó al maestro
  4. Cronología: Hidalgo y Morelos (1810–1815)
  5. El programa de Morelos y la Constitución de Apatzingán
  6. Legados divergentes, historia común

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, un cura de pueblo en el Bajío mexicano tomó la campana de su iglesia y convocó a sus feligreses. Lo que Miguel Hidalgo y Costilla lanzó aquella noche en el pueblo de Dolores no era exactamente un programa político elaborado: era una llamada a la rebelión, urgente y visceral, que arrastraría consigo a decenas de miles de campesinos, mineros e indígenas. La chispa prendió en una sociedad que llevaba décadas acumulando tensiones sociales, económicas y políticas, y que encontró en Hidalgo una voz dispuesta a encenderla.

En los años siguientes, otro sacerdote —José María Morelos y Pavón— emprendió la tarea más difícil: convertir aquella rebelión popular en un movimiento independentista con fundamentos jurídicos y doctrinarios. Morelos redactó constituciones, convocó congresos y formuló un programa que iba más allá de la simple separación de España: hablaba de abolir la esclavitud, de repartir tierras y de construir una nación con leyes iguales para todos.

Hidalgo y Morelos fueron contemporáneos, aliados y, en muchos sentidos, el contraste perfecto. El primero fue la llama; el segundo, el arquitecto que intentó darle forma. Ambos pagaron con su vida.

El cura ilustrado de Dolores

Miguel Hidalgo y Costilla nació en 1753 en la hacienda de Corralejo, en el Bajío guanajuatense. Su padre era administrador de la hacienda y la familia pertenecía a los criollos de posición media. Su educación fue sólida: estudió en el Colegio de San Nicolás de Valladolid (hoy Morelia), donde más tarde llegaría a ser rector. Era un teólogo de formación renovadora, lector de autores franceses, aficionado al teatro y a las tertulias, a quien sus alumnos apodaban «el Zorro». En 1800 la Inquisición abrió diligencias contra él por proposiciones heterodoxas y por su conducta, aunque el proceso no prosperó.

Cuando fue destinado como párroco al pequeño pueblo de Dolores en 1803, Hidalgo llevó consigo aquella inquietud intelectual. Fomentó entre sus feligreses la alfarería, la cría de gusanos de seda, la apicultura y el cultivo de la vid, algunas de ellas actividades que la Corona restringía para no perjudicar a las producciones peninsulares. Su relación con el pueblo era la de un párroco ilustrado que buscaba mejorar las condiciones materiales de los más pobres, pero que también formaba parte de las redes criollas que, desde 1808, conspiraban para crear juntas de gobierno autónomas en Nueva España.

La conspiración de Querétaro, en la que Hidalgo participaba junto al capitán Ignacio Allende y la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, fue descubierta en septiembre de 1810. Sin tiempo para planificar, Hidalgo adelantó el levantamiento.

Lo que Hidalgo desató aquella madrugada del 16 de septiembre rebasó rápidamente cualquier cálculo previo. En cuestión de días, su ejército pasó de unos pocos centenares a decenas de miles de hombres: campesinos armados con palos y machetes, indígenas que veían en el levantamiento una oportunidad de ajustar cuentas con siglos de explotación, mineros desplazados de las grandes explotaciones del Bajío. Era una fuerza que impresionaba por su tamaño y aterraba por su falta de disciplina.

La toma de Guanajuato en septiembre de 1810 marcó el tono de esa primera fase. La Alhóndiga de Granaditas, donde se habían refugiado los españoles y criollos acaudalados de la ciudad, fue asaltada y sus defensores masacrados. La violencia —que Hidalgo no ordenó pero tampoco impidió— alienó a una parte significativa de los criollos que inicialmente habían simpatizado con la causa. El propio Hidalgo, a las puertas de la ciudad de México a finales de octubre de 1810, decidió no atacarla pese a contar con una gran superioridad numérica. Las razones de esa retirada siguen siendo debatidas por los historiadores: quizá temió una carnicería, quizá le faltaban munición y artillería tras las pérdidas del Monte de las Cruces, quizá temía la llegada del ejército de Calleja.

Lo que siguió fue una serie de derrotas. En enero de 1811, el ejército insurgente fue destruido en la batalla del Puente de Calderón. Hidalgo y Allende huyeron hacia el norte buscando auxilio en los Estados Unidos; en marzo de 1811 fueron capturados en las Norias de Baján, en Coahuila, gracias a la traición del militar Ignacio Elizondo. Hidalgo fue sometido a un juicio eclesiástico que le degradó de sus órdenes sagradas, y ejecutado el 30 de julio de 1811 en Chihuahua. Su cabeza —junto a las de Allende, Aldama y Jiménez— fue expuesta en los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas como escarmiento. Permaneció allí durante una década.

El heredero que superó al maestro

Cuando Hidalgo fue fusilado, José María Morelos y Pavón llevaba ya casi un año comandando sus propias operaciones en el sur de Nueva España. Morelos había sido alumno de Hidalgo en el Colegio de San Nicolás y luego, como él, había derivado hacia el sacerdocio rural. Nació en Valladolid en 1765 —doce años después que Hidalgo— en el seno de una familia modesta, probablemente de ascendencia mestiza, aunque su clasificación de casta sigue discutiéndose. Su experiencia vital era distinta: conocía la pobreza desde dentro, había trabajado como arriero antes de entrar al seminario, y su comprensión de la miseria campesina no era la de un intelectual ilustrado que la observa desde fuera, sino la de alguien que había vivido cerca de ella.

Cuando Hidalgo lanzó el levantamiento, Morelos acudió a buscarlo para unirse a la causa. En octubre de 1810, Hidalgo lo comisionó para sublevar la costa del sur y tomar Acapulco. Lo que Morelos hizo con ese encargo fue notable: en lugar de reclutar ejércitos desordenados, construyó una fuerza guerrillera disciplinada, comparativamente pequeña pero eficaz. Sus campañas en Oaxaca, Guerrero y Puebla entre 1811 y 1813 fueron las más exitosas de toda la insurgencia. Capturó la ciudad de Oaxaca, resistió en Cuautla durante más de dos meses el asedio del ejército realista de Calleja antes de romper el cerco, tomó Acapulco en 1813 y llegó a controlar buena parte del sur y del Pacífico mexicano.

Pero la diferencia más profunda entre Hidalgo y Morelos no era militar: era política e ideológica. Morelos convocó el Congreso de Chilpancingo en septiembre de 1813, donde leyó su texto programático más famoso, los Sentimientos de la Nación: veintitrés puntos que proclamaban la independencia absoluta de México, la soberanía popular, la abolición de la esclavitud y la igualdad civil entre castas, aunque también la religión católica como única permitida. El 6 de noviembre de 1813 el Congreso proclamó el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional. Los Sentimientos son uno de los documentos fundacionales del constitucionalismo mexicano, y la recopilación de Ernesto Lemoine permite leerlos junto al resto de escritos de Morelos.

Cronología: Hidalgo y Morelos (1810–1815)

FechaAcontecimiento
16 sep. 1810Grito de Dolores; inicio del levantamiento insurgente
Sep. 1810Toma de Guanajuato; masacre de la Alhóndiga de Granaditas
Oct. 1810Batalla del Monte de las Cruces; Hidalgo no avanza sobre México
Oct.–nov. 1810Morelos inicia su campaña en el sur por encargo de Hidalgo
Ene. 1811Derrota insurgente en el Puente de Calderón
Mar. 1811Captura de Hidalgo, Allende y otros jefes en Baján
Jul. 1811Fusilamiento de Hidalgo en Chihuahua
Feb.–mayo 1812Sitio de Cuautla: Morelos resiste 72 días a Calleja
Nov. 1812Morelos captura Oaxaca
Sep. 1813Congreso de Chilpancingo; Morelos lee los Sentimientos de la Nación
6 nov. 1813Declaración de independencia de la América Septentrional
Oct. 1814Promulgación de la Constitución de Apatzingán
Nov. 1815Captura de Morelos en Temalaca; fusilamiento el 22 de diciembre

El programa de Morelos y la Constitución de Apatzingán

El Congreso de Chilpancingo, obligado a peregrinar de pueblo en pueblo por el avance realista, sancionó el 22 de octubre de 1814 el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, conocido como Constitución de Apatzingán. Fue el primer texto constitucional republicano de la insurgencia, aunque nunca llegó a regir de forma efectiva. Establecía la soberanía popular, la separación de poderes y la igualdad ante la ley, y confiaba el poder ejecutivo a un triunvirato. En muchos aspectos seguía de cerca la Constitución de Cádiz de 1812, a la que pretendía oponerse.

Morelos nunca vio ese texto convertido en ley efectiva. Las campañas realistas, dirigidas por Félix María Calleja —virrey desde 1813, que combatía la guerrilla con una dureza sistemática—, fueron desgastando la insurgencia. Para 1815, Morelos estaba a la defensiva. El 5 de noviembre de ese año fue capturado en Temalaca cuando protegía el traslado del Congreso hacia Tehuacán. Fue sometido a un juicio militar y eclesiástico que repitió el ritual ya aplicado a Hidalgo: degradación de sus órdenes, condena y fusilamiento. Murió el 22 de diciembre de 1815 en San Cristóbal Ecatepec.

Legados divergentes, historia común

La historiografía liberal mexicana del siglo XIX convirtió a Hidalgo y Morelos en los padres de la patria por antonomasia. El 16 de septiembre es la fecha nacional de México, y la imagen de Hidalgo —con su sotana y su estandarte de la Virgen de Guadalupe— es quizás el icono más reconocible de la identidad mexicana. Morelos da nombre al estado de Morelos y a la capital del estado de Michoacán.

Pero esta canonización patriótica tiene sus costes analíticos. En la versión oficial, ambos son héroes sin contradicciones. La realidad es más matizada: Hidalgo lideró un movimiento que, en sus primeras semanas, fue también un estallido de violencia social difícil de controlar; Morelos construyó un programa político más coherente pero nunca logró traducirlo en estructuras duraderas. Las biografías críticas modernas los muestran como hombres de su tiempo: brillantes y limitados, visionarios y contradictorios.

Lo que sí es incuestionable es su papel histórico. Hidalgo demostró que la insurgencia era posible en Nueva España, que el sistema colonial era vulnerable, y que los sectores populares podían movilizarse en masa. Morelos tradujo esa energía en un proyecto político articulado que, aunque no alcanzó la independencia en vida de ninguno de los dos, estableció los marcos doctrinarios que la generación siguiente utilizaría para completar la tarea en 1821. Sin Hidalgo y Morelos, la consumación de la independencia de Iturbide y Guerrero habría sido impensable.

Sus restos, junto a los de otros insurgentes, reposan desde 1925 en la Columna de la Independencia de la Ciudad de México, uno de los monumentos que la iconografía de la independencia mexicana ha convertido en símbolo nacional.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1810.

Para leer más

Hidalgo: maestro, párroco e insurgente

Carlos Herrejón Peredo

Estudio biográfico riguroso sobre Miguel Hidalgo que desmonta los mitos patrióticos y restituye la complejidad humana del cura de Dolores.

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Morelos: su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época

Ernesto Lemoine Villicaña

Recopilación comentada de documentos que sigue la trayectoria militar y política de Morelos y su programa social.

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Raíces de la insurgencia en México: historia regional, 1750-1824

Brian R. Hamnett

Estudio académico que explica las bases regionales y sociales de la insurgencia de Hidalgo y Morelos.

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