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Independencias18178 min de lectura

El Cruce de los Andes: la campaña que cambió América del Sur

En pocas palabras

El Cruce de los Andes en 1817: cómo San Martín y el Ejército de los Andes derrotaron al poder español y abrieron el camino a la independencia de Chile y Perú.

En este artículo
  1. El plan de San Martín: por qué cruzar los Andes
  2. La composición del Ejército de los Andes
  3. El cruce: tres semanas al límite
  4. Chacabuco: la batalla decisiva
  5. Las dificultades no habían terminado: Cancha Rayada y Maipú
  6. Cronología del Cruce de los Andes

En enero de 1817, un ejército de algo más de cinco mil hombres comenzó a ascender por los pasos de la cordillera más alta del mundo fuera de Asia. Llevaban cañones a lomo de mula o arrastrados en zorras, reses en pie para el suministro de carne, charqui y cebollas contra el mal de altura, y una misión que parecía, a ojos de cualquier observador razonable, una locura. Al frente de la columna iba un general argentino de aspecto adusto y temperamento calculador que llevaba dos años preparando aquello con una meticulosidad que bordeaba la obsesión: José de San Martín.

El Cruce de los Andes no fue un golpe de audacia improvisada. Fue la ejecución de un plan continental cuidadosamente diseñado: liberar Chile, usar ese territorio como base, lanzarse sobre el Perú por mar y cortar de raíz el poder español en América del Sur. En 1817, la primera fase de ese plan se ejecutó en unas pocas semanas que cambiaron la historia del continente.

El plan de San Martín: por qué cruzar los Andes

San Martín fue nombrado gobernador intendente de Cuyo en agosto de 1814 y llegó a Mendoza en septiembre, pocas semanas antes de que Chile cayera de nuevo en manos realistas tras el desastre de Rancagua, en octubre. La derrota había dejado a miles de exiliados al otro lado de la cordillera y había convencido a muchos de que la causa independentista en el Cono Sur estaba perdida.

San Martín pensaba lo contrario. Tenía una visión que sus contemporáneos tardaron tiempo en comprender: la independencia de Argentina no estaría segura mientras España controlara Chile y Perú. Lima era el corazón del poder colonial en América del Sur. Mientras el virrey del Perú dispusiera de recursos militares, podría financiar y abastecer a los ejércitos realistas del continente. Para llegar a Lima, había que tomar primero Chile. Para tomar Chile, había que cruzar los Andes.

La alternativa —una campaña terrestre por el Alto Perú, donde Argentina ya había sufrido tres expediciones desastrosas— era, a su juicio, una trampa sin salida. Los Andes no eran el obstáculo: eran la ruta.

Durante dos años, San Martín convirtió Mendoza en una fábrica de guerra. Con el fraile Luis Beltrán al frente de la maestranza, fabricó cañones, municiones y herraduras —la tradición cuenta que se fundieron incluso campanas de iglesia—, organizó talleres para los uniformes, estableció una red de espionaje en Chile para confundir al general realista Marcó del Pont sobre cuándo y por dónde vendría el ataque, y entrenó al Ejército de los Andes bajo un régimen de disciplina que sus propios oficiales recordarían décadas después con mezcla de admiración y espanto.

La composición del Ejército de los Andes

El Ejército de los Andes era, para los estándares de la época en América del Sur, un instrumento militar notable. Según los estados de fuerza conservados, al comenzar el cruce contaba con unos 4.000 soldados de infantería, caballería y artillería, a los que se sumaban más de un millar de milicianos y auxiliares y un enorme tren logístico: alrededor de 9.000 mulas, unos 1.600 caballos y varios centenares de cabezas de ganado. Las cifras exactas varían según los autores.

Lo más llamativo era su composición social. En las filas marchaban criollos de familia ilustre junto a campesinos y artesanos cuyanos, algunos oficiales con experiencia en las guerras europeas, esclavos libertos que habían sido alistados a cambio de su manumisión —que formaban buena parte de los batallones 7 y 8— y los exiliados chilenos del ejército de O'Higgins, que cruzaban la cordillera para reconquistar su propio país. San Martín era consciente de esa diversidad y la gestionó con pragmatismo: uniformó, disciplinó y pagó a sus tropas con una regularidad inusual en los ejércitos patriotas de la época.

Para quien quiera profundizar en la organización de esta fuerza, la historia de San Martín escrita por Bartolomé Mitre sigue siendo una referencia, pese a haberse escrito hace más de un siglo.

El cruce: tres semanas al límite

El ejército se dividió en dos columnas principales y varias columnas menores que debían atravesar los Andes por distintos pasos en fechas escalonadas, para engañar a los realistas sobre el punto de penetración principal. El grueso —con San Martín, Miguel Estanislao Soler y O'Higgins— cruzó por el paso de Los Patos, mientras la columna de Juan Gregorio de Las Heras, con la artillería más pesada, lo hacía por el paso de Uspallata.

Las dificultades eran reales y brutales. A más de tres mil quinientos metros de altitud, el frío podía matar a un hombre sin abrigo en pocas horas. El soroche —el mal de altura— incapacitaba a soldados acostumbrados al llano. El terreno era hostil para el transporte de artillería, que tuvo que avanzar por sendas de montaña con ayuda de cuerdas, mulas y zorras. Las pérdidas humanas fueron relativamente limitadas; las de animales, en cambio, fueron enormes: murieron miles de mulas y buena parte de los caballos.

Y sin embargo, el plan funcionó con notable precisión. Las columnas llegaron a los valles chilenos en las fechas previstas, en condiciones de combate, con la artillería operativa y la moral intacta. La desinformación había cumplido su función: el general Marcó del Pont no supo hasta el último momento por dónde vendría el golpe principal.

Chacabuco: la batalla decisiva

El 12 de febrero de 1817, pocos días después de que las columnas principales descendieran de la cordillera, el Ejército de los Andes se enfrentó a las fuerzas realistas en la cuesta de Chacabuco, a unos cincuenta kilómetros al norte de Santiago.

La batalla no fue un combate prolongado. O'Higgins atacó de frente con su división, quizá antes de lo previsto, mientras la división de Soler envolvía el flanco realista; la derrota del brigadier Rafael Maroto fue rápida y contundente. En pocas horas, el ejército del rey en Chile había dejado de existir como fuerza organizada. Los realistas perdieron unos quinientos muertos y unos seiscientos prisioneros; las bajas patriotas fueron muy inferiores. Marcó del Pont huyó hacia la costa y fue capturado días después.

El 14 de febrero San Martín entró en Santiago. Una asamblea de vecinos le ofreció el gobierno de Chile. San Martín rechazó el cargo —sabía que necesitaba gobernar Chile con legitimidad chilena, no argentina— y lo cedió a O'Higgins, que lo aceptó y proclamó la independencia del país al año siguiente.

Para entender la magnitud política de este momento, resulta muy útil la biografía de John Lynch sobre San Martín, que contextualiza las decisiones del general en el marco de la política continental de la época.

Las dificultades no habían terminado: Cancha Rayada y Maipú

La victoria de Chacabuco no consolidó definitivamente la independencia de Chile. En marzo de 1818, un contraataque realista sorprendió al ejército patriota en Cancha Rayada y estuvo a punto de destruirlo: en el caos nocturno, el propio O'Higgins resultó herido y las tropas se dispersaron en la oscuridad. Santiago vivió horas de pánico ante la posibilidad de que los realistas reconquistaran la capital.

Fue entonces cuando se vio la otra dimensión del liderazgo de San Martín. En pocos días reorganizó al ejército disperso, recuperó la artillería que se creía perdida y enfrentó de nuevo a las fuerzas realistas el 5 de abril de 1818 en la batalla de Maipú, en las afueras de Santiago. El resultado fue una derrota realista tan decisiva que puso fin a cualquier posibilidad de reconquista española en Chile. Al terminar la batalla, según la tradición, un O'Higgins todavía herido llegó al campo de Maipú y abrazó a San Martín saludándolo como salvador de Chile: el llamado abrazo de Maipú, que grabados y pinturas de la independencia han convertido en una de las imágenes emblemáticas de la amistad entre ambos pueblos.

El camino hacia Lima estaba abierto.

Cronología del Cruce de los Andes

FechaAcontecimiento
1814San Martín llega a Mendoza como gobernador de Cuyo; comienza la preparación
Enero 1817El Ejército de los Andes inicia el cruce por múltiples pasos
8 de febrero de 1817Las columnas principales descienden al valle de Aconcagua
12 de febrero de 1817Batalla de Chacabuco; victoria patriota decisiva
14 de febrero de 1817San Martín entra en Santiago
16 de febrero de 1817O'Higgins, nombrado Director Supremo de Chile
12 de febrero de 1818O'Higgins proclama formalmente la independencia de Chile
19 de marzo de 1818Desastre de Cancha Rayada; crisis del ejército patriota
5 de abril de 1818Batalla de Maipú; derrota definitiva del poder realista en Chile
Agosto de 1820San Martín zarpa desde Valparaíso hacia el Perú con la Expedición Libertadora

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1817.

Para leer más

San Martín: soldado argentino, héroe americano

John Lynch

Biografía moderna de referencia sobre San Martín, que analiza con rigor las decisiones estratégicas del Cruce y su impacto continental.

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Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana

Bartolomé Mitre

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