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Independencias1810 — 18168 min de lectura

La independencia de Argentina (1816)

En pocas palabras

La independencia de Argentina: del Cabildo Abierto de 1810 a la declaración de Tucumán de 1816. Causas, protagonistas y consecuencias del proceso emancipador.

En este artículo
  1. La crisis imperial: cuando el rey desapareció
  2. Mayo de 1810: la revolución que no se llamó revolución
  3. Los años de guerra y ensayo político (1810–1815)
  4. El Congreso de Tucumán y la declaración de 1816
  5. José de San Martín y la dimensión continental
  6. Cronología de la independencia argentina

El 9 de julio de 1816, en la sala de una casa particular de San Miguel de Tucumán, propiedad de la familia Bazán, veintinueve diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata firmaron el acta que declaraba su independencia de la Corona española. El momento era muy delicado: la mitad del continente americano estaba en guerra, las fuerzas realistas dominaban el Alto Perú y amenazaban desde el norte, y la propia unidad de las provincias rioplatenses era frágil y disputada. Sin embargo, aquella sala estrecha y calurosa del noroeste argentino albergó uno de los actos fundacionales de América del Sur.

Pero la independencia no llegó en un día. Fue el resultado de seis años de tensiones, debates, ensayos fallidos y sacrificios enormes que arrancaron en Buenos Aires en mayo de 1810. Para entender julio de 1816, hay que remontarse a la crisis imperial que sacudió el mundo hispánico a ambos lados del Atlántico.

La crisis imperial: cuando el rey desapareció

El proceso que culminó en la independencia argentina —como el de la mayor parte de Hispanoamérica— tuvo su detonante inmediato en Europa. En 1808, Napoleón Bonaparte invadió España, forzó la abdicación de Carlos IV y Fernando VII, y colocó a su hermano José en el trono. Para los virreinatos americanos, este hecho planteó una pregunta que nadie sabía responder: si el rey legítimo estaba prisionero y la metrópoli ocupada, ¿a quién correspondía la soberanía?

El Virreinato del Río de la Plata tenía además sus propias razones de malestar. Buenos Aires era una ciudad en expansión, con un comercio activo que el monopolio colonial restringía artificialmente. El puerto bonaerense miraba hacia el Atlántico, hacia Londres y hacia Lisboa, y los comerciantes criollos llevaban décadas chocando contra las regulaciones que les impedían vender libremente sus cueros, sus metales y sus granos. Dos invasiones inglesas en 1806 y 1807, repelidas sin ayuda de la metrópoli, habían además demostrado a los criollos que podían defenderse solos, lo que sembró una semilla peligrosa de confianza en las propias fuerzas.

La crisis dinástica de 1808 fue la chispa. Las juntas que empezaron a gobernar en nombre del rey cautivo en la Península dieron a los criollos americanos el argumento que necesitaban para plantear sus propios organismos de gobierno. Si en Sevilla o en Cádiz podía haber una junta, ¿por qué no en Buenos Aires?

Mayo de 1810: la revolución que no se llamó revolución

El 25 de mayo de 1810 —fecha que hoy celebra la Argentina como su primer día de fiesta nacional— el Cabildo de Buenos Aires instaló la Primera Junta de Gobierno, presidida por Cornelio Saavedra y con el secretario Mariano Moreno como su figura más radical. El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros fue depuesto.

El gesto fue ambiguo, deliberadamente ambiguo. La Junta no declaró la independencia: actuó "en nombre del rey Fernando VII". Esta fórmula —la "máscara de Fernando", como la llamarán después los historiadores— era a la vez una táctica y un signo de las divisiones internas. Algunos miembros de la Junta, como Saavedra, aspiraban a una autonomía dentro del Imperio; otros, como Moreno, veían en la junta provisional solo el primer paso hacia una ruptura total. Nadie sabía exactamente adónde se iba, pero todos sabían que algo había cambiado de manera irreversible.

La Junta envió inmediatamente representantes a las provincias del interior del virreinato para reclamar su adhesión. Muchas ciudades se sumaron, como Mendoza o Jujuy; en Córdoba, el antiguo virrey Santiago de Liniers organizó una contrarrevolución que fue aplastada, y él mismo fue fusilado en agosto de 1810. Otras regiones, como Montevideo, Paraguay o el Alto Perú, se resistieron o quedaron en guerra abierta con Buenos Aires. El virreinato, nominalmente unido, comenzó a fracturarse.

Los años de guerra y ensayo político (1810–1815)

Entre 1810 y 1815, el Río de la Plata vivió un período de experimentación institucional intensa y de conflicto armado permanente en sus fronteras. Se sucedieron la Primera Junta, la Junta Grande, los Triunviratos, y finalmente el Directorio. Cada cambio de forma reflejaba las tensiones entre Buenos Aires y las provincias, entre los partidarios de la centralización y los que pedían autonomía para cada región, entre quienes querían negociar con la Corona y quienes apostaban por la ruptura definitiva.

En el campo de batalla, el panorama era sombrío. Las expediciones militares hacia el Alto Perú —actual Bolivia— terminaron en derrota. Manuel Belgrano logró victorias importantes en Tucumán y Salta en 1812-1813, pero los realistas seguían controlando el norte y amenazando con una reconquista total. Los ejércitos patriotas, mal equipados y con escasos recursos, necesitaban una estrategia diferente. Tulio Halperin Donghi analizó en Revolución y guerra cómo aquellos años de guerra transformaron a la propia élite revolucionaria.

En 1813, la Asamblea General Constituyente —conocida como Asamblea del Año XIII— tomó medidas de gran importancia simbólica: suprimió los títulos de nobleza, abolió la Inquisición, decretó la libertad de vientres —que liberaba a los hijos de madres esclavas nacidos a partir de esa fecha— y aprobó el escudo y el himno nacional. Era legislar como si la independencia fuera un hecho, aunque nadie se atrevía aún a proclamarla.

El Congreso de Tucumán y la declaración de 1816

La situación cambió en 1815 y 1816. En Europa, Napoleón había sido derrotado y Fernando VII había recuperado el trono de España. Lejos de mostrar generosidad, el rey borbón restaurado anuló la Constitución de 1812, persiguió a los liberales y envió expediciones militares para recuperar sus colonias americanas. La posibilidad de negociar con la monarquía, que algunos todavía defendían, quedó definitivamente cerrada.

En este contexto, se convocó el Congreso de Tucumán, que reunió a diputados de las provincias rioplatenses que aún estaban bajo control patriota. Tucumán fue elegida por razones prácticas: estaba más cerca de los frentes de guerra del norte, alejada de la agitación política de Buenos Aires, y en una zona cuya fidelidad al proceso independentista era sólida.

El 9 de julio de 1816 el Congreso votó la declaración de independencia. El acta proclamaba la voluntad de las Provincias Unidas en Sud América —nótese que todavía no se usaba el nombre «Argentina»— de constituirse en una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. El 19 de julio, en la fórmula del juramento, se añadió «y de toda otra dominación extranjera», pensando sobre todo en Portugal, que ese mismo año invadía la Banda Oriental. Paradójicamente, en aquellos mismos días varios congresales, con Manuel Belgrano a la cabeza, defendían una monarquía constitucional encabezada por un descendiente de los incas.

El acta se imprimió en español y también en quechua y en aimara, lo que ilustra la composición multiétnica del territorio y la voluntad, al menos simbólica, de incluir a las poblaciones indígenas del noroeste en el nuevo proyecto político.

José de San Martín y la dimensión continental

La independencia declarada en Tucumán no estaba garantizada por el mero hecho de proclamarla. Los realistas controlaban el Alto Perú, y Chile —cruzando los Andes— había caído de nuevo bajo dominio español en 1814 tras el desastre de Rancagua. Era necesaria una estrategia militar que cambiara el equilibrio de fuerzas en todo el subcontinente.

Esa estrategia la concibió y ejecutó José de San Martín, gobernador de la provincia de Cuyo desde 1814. San Martín entendió que la guerra no se ganaría atacando una y otra vez por el norte, sino flanqueando al enemigo: cruzar los Andes, liberar Chile, y desde allí atacar el Perú, núcleo del poder realista en América del Sur. Era un plan de gran audacia.

El famoso cruce de los Andes se produjo en enero y febrero de 1817, con un ejército de más de cinco mil hombres que atravesó las cordilleras en pleno verano austral. La victoria en Chacabuco abrió el camino a Santiago, y la independencia de Chile fue proclamada en 1818. San Martín continuó hacia el Perú, que declaró su independencia en 1821, aunque la guerra no terminó hasta la batalla de Ayacucho en 1824, que selló definitivamente el fin del dominio español en América del Sur. La casa de Tucumán, demolida en su mayor parte a comienzos del siglo XX —solo se salvó la sala de la jura— y reconstruida en la década de 1940, es hoy museo, y las láminas y reproducciones del acta de independencia figuran entre los objetos más populares de la memoria patria argentina. Para la versión decimonónica clásica de estos años sigue siendo útil la Historia de Belgrano de Bartolomé Mitre.

Cronología de la independencia argentina

FechaAcontecimiento
1806–1807Invasiones inglesas al Río de la Plata; los criollos las rechazan sin ayuda española
Mayo de 1808Napoleón depone a Fernando VII; crisis de soberanía en toda Hispanoamérica
25 de mayo de 1810Cabildo Abierto de Buenos Aires; instalación de la Primera Junta de Gobierno
1812–1813Victorias de Belgrano en Tucumán y Salta; Asamblea del Año XIII
1814Fernando VII recupera el trono; los patriotas toman Montevideo
Marzo de 1816Se reúne el Congreso de Tucumán
9 de julio de 1816Declaración de Independencia de las Provincias Unidas en Sud América
Enero–febrero de 1817Cruce de los Andes por San Martín
Febrero de 1817Victoria de Chacabuco; San Martín entra en Santiago
1821San Martín proclama la independencia del Perú
9 de diciembre de 1824Batalla de Ayacucho; fin de la dominación española en América del Sur

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1810.

Para leer más

Revolución y guerra: formación de una élite dirigente en la Argentina criolla

Tulio Halperin Donghi

Análisis académico clásico de las tensiones sociales, económicas y políticas de la revolución rioplatense entre 1810 y 1820.

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Los mitos de la historia argentina

Felipe Pigna

Un recorrido divulgativo por el proceso emancipador rioplatense, desde las invasiones inglesas hasta 1816.

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Historia de Belgrano y de la independencia argentina

Bartolomé Mitre

Obra fundacional de la historiografía argentina, que sigue siendo referencia para entender el proceso de 1816.

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