Independencias1810 — 18188 min de lectura
La independencia de Chile: de la Patria Vieja a la victoria de Chacabuco
En pocas palabras
La independencia de Chile (1810–1818): de la Primera Junta Nacional al cruce de los Andes y la declaración definitiva de O'Higgins y San Martín.
En este artículo
El 12 de febrero de 1818, primer aniversario de la victoria de Chacabuco, Santiago juró solemnemente la independencia de Chile ante una multitud congregada bajo el sol del verano austral. El acta, fechada el 1 de enero de ese año y firmada por el Director Supremo Bernardo O'Higgins, proclamaba que Chile era un Estado libre, independiente y soberano. La guerra, sin embargo, no había terminado: pocas semanas después, el ejército patriota estuvo a punto de ser destruido.
Pero la independencia chilena no fue el resultado de un gesto heroico ni de una sola batalla. Fue el desenlace de ocho años de guerras, traiciones, exilios, reconquistas y alianzas improbables que transformaron una capitanía colonial relativamente tranquila en un Estado independiente capaz de proyectar su influencia más allá de la cordillera andina.
La Primera Junta y el inicio de la Patria Vieja
El proceso comenzó, como en casi toda América, a la sombra de los sucesos napoleónicos en Europa. En 1808, Napoleón Bonaparte forzó las abdicaciones de Bayona y colocó en el trono español a su hermano José. La legitimidad de las autoridades coloniales quedó en suspenso: ¿a quién debían obediencia los virreinatos y capitanías si el monarca estaba cautivo en Francia?
En Chile, el impopular gobernador Francisco Antonio García Carrasco fue obligado a renunciar en julio de 1810, y el 18 de septiembre un cabildo abierto de vecinos notables de Santiago estableció la Primera Junta Nacional de Gobierno, presidida por el anciano conde de la Conquista, Mateo de Toro y Zambrano. Los miembros de la junta no eran, en su mayoría, independentistas declarados: se presentaban como defensores de los derechos de Fernando VII frente a la usurpación francesa. Pero el mecanismo que pusieron en marcha —el autogobierno criollo— tenía una lógica propia que no tardaría en rebasar su declaración de intenciones.
El periodo que los historiadores chilenos llaman Patria Vieja (1810–1814) fue un tiempo de experimentos institucionales y de conflictos internos. Los criollos estaban divididos entre moderados, que querían una autonomía limitada dentro del Imperio español, y radicales, encabezados por figuras como Juan Martínez de Rozas y, más tarde, José Miguel Carrera, que aspiraban a una ruptura definitiva. Mientras tanto, los debates sobre la organización del nuevo Estado, estudiados por Simon Collier, se entremezclaban con rivalidades personales y familiares entre las élites criollas santiaguinas.
Carrera, O'Higgins y la guerra civil criolla
En este contexto emergieron dos figuras destinadas a marcar el proceso de independencia chileno: José Miguel Carrera y Bernardo O'Higgins. Su antagonismo personal y político fue uno de los factores que debilitó a la causa patriota en los momentos críticos.
Carrera —aristócrata, veterano de la guerra contra Napoleón en España— tomó el poder mediante sucesivos golpes en 1811 y gobernó la capitanía con mano firme durante casi dos años. Promulgó el Reglamento Constitucional de 1812, trajo la primera imprenta, en la que se publicó la Aurora de Chile, y creó la primera bandera nacional. Pero su gobierno fue autoritario y sectario, y su rivalidad con O'Higgins llegó a enfrentamientos armados entre facciones patriotas, un lujo que nadie podía permitirse con las tropas realistas al acecho.
Bernardo O'Higgins era un caso singular incluso para los estándares de aquella época revuelta. Hijo ilegítimo de Ambrosio O'Higgins —un irlandés al servicio de la Corona española que llegó a ser virrey del Perú—, había crecido marcado por su origen ilegítimo y se había educado en parte en Inglaterra y Cádiz, donde conoció a Francisco de Miranda. Su formación le dio acceso a las ideas ilustradas y a los debates sobre soberanía popular que circulaban por Europa. Volvió a Chile convencido de que la independencia era tanto una necesidad política como un imperativo moral.
La rivalidad entre Carrera y O'Higgins se resolvió temporalmente ante la presión realista, pero llegó demasiado tarde.
El Desastre de Rancagua y la Reconquista
En 1814, el ejército realista enviado por el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, y comandado por el brigadier Mariano Osorio, desembarcó en Talcahuano en agosto y avanzó desde el sur para restaurar la autoridad colonial. El enfrentamiento decisivo se produjo en Rancagua, a comienzos de octubre.
Las tropas patriotas, con O'Higgins al mando de la defensa, resistieron durante dos días un asedio que se prolongó más allá de lo sostenible. La ayuda que se esperaba de la división de Luis Carrera no llegó, un episodio que alimentó durante décadas las acusaciones mutuas entre carreristas y o'higginistas. La ciudad cayó. O'Higgins logró romper el cerco con un grupo de jinetes y, junto a miles de emigrados, cruzar la cordillera hasta Mendoza, al otro lado de los Andes, donde el gobernador de Cuyo era un general argentino llamado José de San Martín.
Comenzaba así la Reconquista: un periodo de represión realista que los patriotas chilenos recuerdan como el tiempo del terror y que, paradójicamente, radicalizó a una parte de la población que antes había permanecido indiferente o ambigua. Las listas negras, las confiscaciones y los fusilamientos sumarios convirtieron a mucha gente en independentista por desesperación, si no por convicción.
San Martín y el Ejército de los Andes
En Mendoza, O'Higgins encontró en San Martín no solo un aliado circunstancial sino al arquitecto de la estrategia que devolvería Chile a la causa patriota. San Martín tenía una visión continental: sabía que la independencia de Argentina no estaría asegurada mientras Lima, capital del virreinato más poderoso de América del Sur, permaneciera en manos realistas. Para llegar a Lima había que pasar por Chile. Para tomar Chile había que cruzar los Andes.
Durante dos años, San Martín organizó en Mendoza lo que sería el Ejército de los Andes con una meticulosidad casi obsesiva. Reclutó hombres, acumuló pertrechos, estableció una red de espionaje en territorio chileno y planificó el paso de la cordillera con gran minuciosidad. Las memorias y estudios sobre esta campaña coinciden en señalar que fue una de las operaciones logísticas más exigentes de las guerras de independencia americanas.
En enero de 1817, el Ejército de los Andes —más de cinco mil hombres con artillería, caballería e infantería— comenzó el cruce de la cordillera por varios pasos simultáneos. La altitud, el frío y el viento diezmaron a los mulos y los caballos, pero las tropas llegaron al lado chileno en condiciones de combatir.
Chacabuco y la proclamación de la independencia
El 12 de febrero de 1817, en la Cuesta de Chacabuco al norte de Santiago, el Ejército de los Andes se enfrentó a las fuerzas realistas en una batalla que duró apenas unas horas. San Martín coordinó el ataque mientras O'Higgins, según la versión más difundida adelantándose a los planes del general argentino, lanzó una carga frontal contra las posiciones enemigas; la llegada de la división de Soler por el flanco completó la victoria. Las tropas realistas se desbandaron y Santiago quedó abierta.
El ejército patriota entró en Santiago el 14 de febrero. San Martín, a quien una asamblea de vecinos ofreció el gobierno, declinó y propuso a O'Higgins, que fue nombrado Director Supremo el 16 de febrero. Era un gesto político calculado: el nuevo Estado debía estar encabezado por un chileno.
Sin embargo, la situación seguía siendo precaria. Los realistas conservaban Talcahuano, que O'Higgins asedió sin éxito a finales de 1817, y desde el Perú llegó a comienzos de 1818 una nueva expedición al mando de Osorio. Tras la proclamación de la independencia, el 19 de marzo de 1818, los realistas sorprendieron de noche al ejército patriota en Cancha Rayada, cerca de Talca: la derrota fue dura y O'Higgins resultó herido en un brazo. Pero San Martín rehízo sus fuerzas y el 5 de abril, en la batalla de Maipú, liquidó el último ejército realista capaz de disputar el territorio central de Chile. Las láminas del abrazo de Maipú entre San Martín y O'Higgins se convirtieron en la imagen canónica de aquella victoria. Los focos realistas del sur, apoyados por grupos mapuches, resistirían todavía varios años en la llamada guerra a muerte, y Chiloé no se incorporó a Chile hasta 1826.
Cronología de la independencia de Chile
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 18 de septiembre de 1810 | Establecimiento de la Primera Junta Nacional de Gobierno en Santiago |
| 1811–1813 | Patria Vieja: gobiernos criollos y primeras instituciones; rivalidad Carrera-O'Higgins |
| Octubre de 1814 | Desastre de Rancagua; inicio de la Reconquista realista |
| 1814–1817 | Reconquista: represión realista; O'Higgins y emigrados en Mendoza |
| 1815–1817 | Organización del Ejército de los Andes por San Martín en Mendoza |
| 12 de febrero de 1817 | Batalla de Chacabuco; victoria patriota y entrada en Santiago |
| 12 de febrero de 1818 | Proclamación formal de la independencia de Chile |
| 19 de marzo de 1818 | Derrota patriota en Cancha Rayada |
| 5 de abril de 1818 | Batalla de Maipú; derrota definitiva del ejército realista en el centro del país |
| Enero de 1826 | Capitulación de Chiloé, último bastión realista |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1810.
Para leer más
Ideas y política de la independencia chilena, 1808-1833
Simon Collier
El estudio clásico sobre los orígenes ideológicos y el proceso político de la emancipación chilena.
Buscar en AmazonBernardo O'Higgins
Jay Kinsbruner
Biografía académica del Director Supremo que firmó la declaración de independencia y lideró el Estado chileno en sus primeros años.
Buscar en AmazonSan Martín: soldado argentino, héroe americano
John Lynch
Biografía del general argentino cuyo ejército cruzó los Andes y cambió el destino del Cono Sur.
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