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Independencias1775 — 17838 min de lectura

La independencia de Estados Unidos y su influencia en América

En pocas palabras

La independencia de Estados Unidos (1775-1783) fue el primer gran experimento republicano que inspiró las revoluciones de independencia en toda América Latina.

En este artículo
  1. Las raíces del conflicto: colonos contra metrópoli
  2. Los Padres Fundadores y el lenguaje ilustrado
  3. El impacto en el pensamiento criollo hispanoamericano
  4. La Revolución Francesa como eslabón intermedio
  5. La independencia norteamericana como argumento diplomático
  6. Cronología de la independencia de Estados Unidos

El 4 de julio de 1776, el Congreso Continental aprobó en Filadelfia una declaración que no se limitaba a separar trece colonias de la Corona británica: se convertiría en uno de los grandes manifiestos políticos de la modernidad. Aunque había precedentes, como el Acta de Abjuración de los Países Bajos contra Felipe II en 1581, nunca un pueblo colonial había articulado con tanta claridad su derecho a constituirse como nación soberana, a derrocar a un gobierno que consideraba tiránico y a construir otro fundado en el consentimiento de los gobernados. Aquellas frases —que todos los hombres son creados iguales y están dotados de ciertos derechos inalienables— viajaron por el mundo atlántico con notable rapidez.

En las colonias españolas y portuguesas del continente americano, ese texto llegó a manos de abogados, sacerdotes ilustrados, comerciantes y militares criollos. Muchos lo leyeron primero en francés o en inglés; la primera traducción española de amplia difusión la publicó en Filadelfia, en 1811, el venezolano Manuel García de Sena, dentro de un volumen dedicado a Thomas Paine que circuló después por Caracas, Bogotá o Buenos Aires. Y muchos de ellos sacaron la misma conclusión: si los colonos del norte podían hacerlo, ¿por qué no ellos?

La respuesta a esa pregunta tardó décadas en articularse plenamente y tomó formas muy distintas según el lugar. Pero el hilo que une la Declaración de Independencia de 1776 con las guerras de emancipación hispanoamericanas de 1810 a 1826 es real, aunque no es tan directo como a veces se presenta. La influencia fue real; la imitación, mucho más matizada.

Las raíces del conflicto: colonos contra metrópoli

Para entender por qué la revolución americana tuvo tanta resonancia al sur del continente, conviene comprender primero qué fue aquella revolución en realidad. No fue, en su origen, una revolución social radical. Los colonos de las trece colonias no querían subvertir el orden establecido: querían preservar los derechos que como súbditos británicos creían tener.

El conflicto nació de las tensiones fiscales posteriores a la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Gran Bretaña, agotada económicamente por ese conflicto global, decidió que las colonias americanas debían contribuir a sufragar los costes de su propia defensa. Impuestos como los de la Ley del Timbre (1765) o las Leyes Townshend (1767) desencadenaron boicots, protestas y motines basados en el principio de que los colonos no podían ser gravados por un parlamento en el que no tenían representación. La célebre consigna «no taxation without representation» —ningún impuesto sin representación— no era un llamamiento revolucionario: era, en su esencia, una apelación a la tradición constitucional inglesa.

Pero la lógica de la resistencia fue radicalizando el discurso. Cuando los enfrentamientos armados comenzaron en Lexington y Concord en abril de 1775, ya había algo irreversible en marcha. El Congreso Continental convocado en Filadelfia no tardó en asumir funciones de gobierno provisional. Y cuando el rey Jorge III rechazó los intentos de negociación, el camino hacia la declaración formal de independencia quedó despejado.

Los Padres Fundadores y el lenguaje ilustrado

El texto de la Declaración, redactado principalmente por Thomas Jefferson, es inseparable del pensamiento ilustrado europeo. Jefferson había leído a John Locke, a Montesquieu y a los filósofos franceses. La idea de que los hombres poseen derechos naturales previos al Estado, que los gobiernos derivan su autoridad del consentimiento de los gobernados y que el pueblo tiene derecho a resistir la tiranía —todo ello estaba en la obra de Locke sobre el gobierno civil mucho antes de estar en la Declaración.

Lo que los Padres Fundadores hicieron fue algo diferente a crear ideas nuevas: las pusieron en práctica. Convirtieron principios filosóficos en instituciones concretas. La Constitución de 1787 —la constitución escrita nacional más antigua de las que siguen vigentes— estableció la separación de poderes, un sistema federal, la protección de derechos individuales y los mecanismos de una república representativa. Historiadores como Gordon S. Wood han subrayado hasta qué punto aquel experimento transformó, más allá de la independencia, la sociedad y la cultura política norteamericanas.

Y eso es precisamente lo que lo convirtió en un modelo. No solo las ideas, sino su encarnación institucional exitosa: una nación que había surgido de una colonia europea, que había derrotado militarmente a una de las grandes potencias del mundo y que había construido un sistema de gobierno republicano que funcionaba. Eso no tenía precedentes.

El impacto en el pensamiento criollo hispanoamericano

Las élites criollas de las colonias españolas observaron la experiencia norteamericana con una mezcla de admiración y cautela. Admirable, porque demostraba que la independencia de una metrópoli europea no era una utopía sino una posibilidad real. Cautelosa, porque el modelo americano también planteaba preguntas incómodas sobre la esclavitud, sobre las poblaciones indígenas y sobre hasta dónde debía llegar la igualdad proclamada.

Francisco de Miranda, el venezolano que recorrió Europa y Norteamérica buscando apoyos para la emancipación hispana, conoció personalmente a algunos de los Padres Fundadores y observó de primera mano el funcionamiento del nuevo Estado. Quedó profundamente impresionado, aunque también detectó sus contradicciones. Simón Bolívar, por su parte, admiraba el sistema institucional norteamericano pero desconfiaba de su aplicabilidad directa a las sociedades hispanoamericanas, mucho más heterogéneas social y étnicamente.

A partir de 1810, los textos norteamericanos —la Declaración, la Constitución federal, los escritos de Thomas Paine o las constituciones estatales— circularon en traducciones como las de García de Sena y fueron muy citados en los primeros congresos, especialmente en el venezolano de 1811, que adoptó un modelo federal. Otros textos, como El Federalista de Hamilton, Madison y Jay, eran conocidos por minorías que leían inglés o francés. Antes de 1808, la Corona española y la Inquisición vigilaban la entrada de este tipo de literatura, lo que no impidió que circulara de forma clandestina.

La Revolución Francesa como eslabón intermedio

La influencia de la independencia norteamericana sobre Hispanoamérica no fue siempre directa. En muchos casos llegó filtrada a través de la Revolución Francesa de 1789, cuyo impacto emocional e ideológico sobre las élites letradas del mundo hispánico fue mayor.

La Revolución Francesa radicalizó el mensaje ilustrado. Donde los norteamericanos habían hablado de derechos y representación, los franceses hablaron de libertad, igualdad y fraternidad. Donde aquellos habían construido una república que convivía con la esclavitud, los franceses acabaron aboliendo la esclavitud en sus colonias en 1794, empujados por la insurrección de los esclavos de Saint-Domingue, iniciada en 1791 al calor de los debates revolucionarios, que culminaría con la independencia de Haití en 1804.

Para las élites criollas conservadoras, el ejemplo haitiano fue aterrador: demostraba adónde podía llevar la lógica igualitaria cuando se aplicaba sin restricciones en sociedades esclavistas. Paradójicamente, el terror a una "haitianización" de sus propias colonias llevó a muchos criollos acomodados a moderar sus aspiraciones revolucionarias o a plantear independencias que preservasen el orden social existente.

La independencia norteamericana como argumento diplomático

Más allá de las ideas, la independencia de Estados Unidos tuvo una consecuencia práctica decisiva para los futuros revolucionarios hispanoamericanos: demostró que una potencia europea podía ser derrotada militarmente, y que otras potencias podían apoyar esa derrota por puro cálculo geoestratégico.

Francia había apoyado a los colonos norteamericanos no por simpatía republicana, sino para debilitar a su rival británico. También lo hizo la España de Carlos III, que entró en la guerra en 1779: el gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez, arrebató a los británicos Pensacola en 1781. El conde de Aranda advirtió entonces que aquella república acabaría convirtiéndose en una amenaza para la propia América española, aunque la autoría de la famosa memoria que se le atribuye es discutida. Ese precedente fue de enorme importancia para los líderes de las independencias hispanoamericanas, que buscaron apoyo inglés y norteamericano utilizando exactamente el mismo argumento: la emancipación de las colonias españolas abriría nuevos mercados comerciales y debilitaría a un rival común.

La Doctrina Monroe de 1823, que declaraba el continente americano fuera del ámbito de la colonización europea, fue en parte consecuencia de ese razonamiento. Estados Unidos se mantuvo oficialmente neutral durante las guerras —entre otras razones, porque negociaba con España la cesión de Florida, obtenida en el tratado Adams-Onís de 1819—, pero en 1822 fue el primer país en reconocer a las nuevas repúblicas, y su mera existencia era un argumento diplomático permanente a favor de la legitimidad de la emancipación.

Cronología de la independencia de Estados Unidos

FechaAcontecimiento
1756–1763Guerra de los Siete Años; Gran Bretaña busca gravar las colonias para sufragar los costes
1765Ley del Timbre; primeras protestas organizadas en las colonias
Abril 1775Batallas de Lexington y Concord; inicio del conflicto armado
Mayo 1775Segundo Congreso Continental; asunción de funciones de gobierno provisional
4 julio 1776Aprobación de la Declaración de Independencia en Filadelfia
1778Francia reconoce a Estados Unidos y entra en la guerra contra Gran Bretaña
Octubre 1781Capitulación británica en Yorktown; fin efectivo de las hostilidades
1783Tratado de París; Gran Bretaña reconoce la independencia de los Estados Unidos
1779España entra en la guerra contra Gran Bretaña
1787La Convención de Filadelfia redacta la Constitución, que entra en vigor en 1789
1789Revolución Francesa; radicalización del mensaje ilustrado en Europa y América

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1775.

Para leer más

La era de la revolución 1789-1848

Eric Hobsbawm

Análisis clásico del período revolucionario que ayuda a situar las independencias americanas en su contexto europeo.

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La revolución norteamericana

Gordon S. Wood

Síntesis breve de referencia sobre cómo el experimento republicano estadounidense reconfiguró las ideas políticas del mundo atlántico.

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Imperios del mundo atlántico: España y Gran Bretaña en América (1492-1830)

John H. Elliott

Comparación de referencia entre los dos imperios, que culmina en sus respectivas crisis de independencia.

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