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Historia de América
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Conquista1523 — 15419 min de lectura

Pedro de Alvarado y la conquista de Guatemala

En pocas palabras

Pedro de Alvarado conquistó Guatemala con una violencia que escandalizó a sus contemporáneos. Su vida, sus campañas contra k'iche's y kaqchikeles y su legado.

En este artículo
  1. El hombre antes de Guatemala
  2. La expedición a Guatemala: el choque con el mundo k'iche'
  3. La alianza rota con los kaqchikeles
  4. Cronología de la conquista de Guatemala
  5. El adelantado y sus ambiciones más allá de Guatemala
  6. Legado: la sombra larga de Tonatiuh

Pocos conquistadores dejaron una reputación tan sombría como Pedro de Alvarado. Su violencia era conocida entre sus propios contemporáneos: Hernán Cortés, que no destacaba por su blandura, le reprochó con dureza la matanza del Templo Mayor de 1520, y Bartolomé de las Casas lo convirtió en uno de los protagonistas de sus denuncias. Y sin embargo, fue a él a quien Cortés confió la tarea de someter el territorio que hoy conocemos como Guatemala.

Los nahuas le llamaron Tonatiuh, «el Sol», probablemente por su cabello rubio y su tez clara. Alvarado llegó a Guatemala en 1524 y en los años siguientes destruyó los reinos k'iche', kaqchikel y otros pueblos mayas con una combinación de fuerza militar, engaño diplomático y terror que dejaría una huella profunda en la memoria centroamericana.

El hombre antes de Guatemala

Pedro de Alvarado nació hacia 1485 en Badajoz, Extremadura, la misma región que daría a la conquista española algunos de sus personajes más célebres. Llegó a las Indias en torno a 1510, estableciéndose primero en La Española y luego en Cuba. Fue allí donde se incorporó a las expediciones que preparaban el camino hacia México.

Su ascenso junto a Cortés fue meteórico. Participó en la expedición de Juan de Grijalva a la costa del golfo en 1518 —uno de los ríos de Veracruz lleva aún su nombre— y en la de Cortés desde 1519. Era un hombre de acción física impresionante —alto, rubio, atlético— y un combatiente de una temeridad que rayaba en la imprudencia. Cortés lo utilizó como capitán de vanguardia precisamente porque no conocía el miedo, aunque esa misma cualidad le llevaría a cometer errores que casi destruyeron la empresa conquistadora.

El más grave de esos errores fue la matanza del Templo Mayor en mayo de 1520. En ausencia de Cortés, durante la fiesta de Tóxcatl, Alvarado ordenó atacar a los nobles y guerreros mexicas que danzaban en el recinto sagrado; murieron cientos, quizá miles. Alvarado alegó que preparaban un levantamiento. El episodio desencadenó la rebelión que culminó en la Noche Triste. Para Cortés, fue una catástrofe que pudo haber sido fatal. Para la historiografía posterior, el incidente fue la primera gran demostración del carácter de Alvarado: capaz de las más extremas decisiones violentas cuando sentía que la situación lo requería —o cuando simplemente lo convenía.

La expedición a Guatemala: el choque con el mundo k'iche'

En diciembre de 1523, Cortés ordenó a Alvarado encabezar una expedición al sur, hacia los territorios que los mexicanos llamaban Quauhtémallan. Partió con unos cuatrocientos españoles —entre ellos más de un centenar de jinetes— y varios miles de aliados tlaxcaltecas, cholultecas y mexicas. La composición de esa fuerza es, en sí misma, un recordatorio de algo que la narrativa popular suele olvidar: la conquista de América no fue solo «españoles contra indígenas», sino en gran medida un conflicto en el que los europeos actuaron como catalizadores de alianzas entre pueblos que ya mantenían rivalidades y guerras entre sí.

El reino k'iche', con capital en Gumarcaaj (también llamada Utatlán por los mexicanos), era la potencia dominante de las tierras altas guatemaltecas. Sus señores habían construido un Estado sofisticado, heredero parcial de las tradiciones mayas clásicas, con una aristocracia guerrera y una administración tributaria que controlaba gran parte del territorio.

El choque decisivo se produjo en febrero de 1524 en los llanos cercanos a Xelajú (Quetzaltenango), junto al río Olintepeque. Allí, según la tradición guatemalteca, el capitán k'iche' Tecún Umán se enfrentó a Alvarado en combate singular y murió. Se convirtió en el héroe nacional por antonomasia de Guatemala —su imagen como guerrero emplumado caído ante los conquistadores es uno de los iconos más poderosos de la memoria centroamericana—, aunque su figura es problemática para los historiadores: Alvarado, en las cartas que escribió a Cortés, habla de la muerte de un gran señor k'iche' en aquellos combates, pero no da su nombre; el de Tecún Umán procede de títulos indígenas redactados décadas después.

Tras la derrota en el campo de batalla, los señores k'iche' invitaron a Alvarado a Gumarcaaj. Alvarado aceptó, pero al llegar a la ciudad, convencido de que la invitación era una trampa para atraparle dentro, apresó a los dos principales gobernantes, Oxib Keh y Beleheb Tz'i, y los mandó quemar vivos. Acto seguido incendió la ciudad. No fue el último incendio que ordenaría en Guatemala.

La alianza rota con los kaqchikeles

Tras destruir el reino k'iche', Alvarado se dirigió al territorio kaqchikel, cuya capital era Iximché. Los kaqchikeles, rivales históricos de los k'iche', recibieron inicialmente a los españoles como posibles aliados contra sus enemigos comunes. Fue un cálculo político perfectamente comprensible —el mismo que hicieron los tlaxcaltecas con Cortés— y resultó igualmente catastrófico a largo plazo.

Alvarado estableció junto a Iximché el primer asentamiento español del territorio guatemalteco, la primera Santiago de los Caballeros, el 25 de julio de 1524. Pero la alianza se quebró con rapidez. Alvarado exigió a los kaqchikeles cantidades crecientes de oro y trabajo forzado. Los señores kaqchikeles, incapaces de satisfacer demandas tan desproporcionadas, optaron por la resistencia: en agosto de 1524 abandonaron Iximché y comenzaron una guerra que duraría hasta 1530. Los Anales de los Cakchiqueles, escritos por sus descendientes, recuerdan aquellos años con amargura. Alvarado respondió con campañas punitivas de una crueldad sistemática, quemando poblaciones, ejecutando a los señores capturados y reclutando forzosamente a los supervivientes como cargadores o soldados auxiliares.

La conquista de Guatemala no fue, en ningún sentido, un proceso lineal o rápidamente concluido. Las resistencias se prolongaron durante décadas. Algunos pueblos, como los itzaes del Petén, no serían sometidos formalmente hasta finales del siglo XVII —más de un siglo y medio después de Alvarado.

Cronología de la conquista de Guatemala

FechaAcontecimiento
Diciembre 1523Pedro de Alvarado parte de México hacia Guatemala
Febrero 1524Batalla de Olintepeque; muerte de Tecún Umán
Marzo 1524Captura y ejecución de los señores k'iche' en Gumarcaaj; incendio de la ciudad
Julio 1524Fundación de la primera Santiago de los Caballeros en Iximché
Agosto 1524Los kaqchikeles se sublevan y abandonan Iximché
1527Traslado de la capital española a Ciudad Vieja, al pie del volcán de Agua
1527–1530Campañas contra los kaqchikeles y otros pueblos de las tierras altas
1527–1528Viaje a España; nombrado gobernador y adelantado de Guatemala
4 de julio de 1541Muerte de Alvarado en Guadalajara, tras ser herido en la guerra del Mixtón
10–11 de septiembre de 1541Una avalancha de lodo destruye la capital; muere Beatriz de la Cueva

El adelantado y sus ambiciones más allá de Guatemala

La conquista de Guatemala no fue para Alvarado más que un episodio —el más exitoso en términos territoriales— de una vida entera consagrada a la expansión. Tras establecer el control español sobre las tierras altas, pasó a explorar El Salvador y Honduras. En 1534, llevado por rumores sobre un reino rico en oro al sur del continente, organizó una expedición hacia el Perú que lo llevó hasta Ecuador, donde chocó con las fuerzas de Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Los dos bandos de conquistadores estuvieron a punto de enfrentarse militarmente. Al final, Alvarado aceptó vender sus barcos y el equipo de sus hombres por cien mil pesos de oro, y regresó a Guatemala con una buena suma de dinero pero sin los imperios que buscaba.

Ya había obtenido de Carlos I, en 1527, los títulos de gobernador y adelantado de Guatemala. En sus últimos años hizo construir una flota en el Pacífico y capituló con la Corona nuevas expediciones hacia las islas de la Especiería y China. Sus proyectos eran tan desmesurados como su reputación: soñaba con imperios propios en el extremo occidental del océano.

Murió sin alcanzarlos. En junio de 1541, mientras ayudaba a sofocar la rebelión indígena del Mixtón en la Nueva Galicia, el caballo de uno de sus hombres rodó cuesta abajo durante una retirada y le aplastó; murió días después, el 4 de julio. Tenía unos cincuenta y cinco años. Dos meses más tarde, una avalancha de agua y lodo bajada del volcán de Agua destruyó Santiago de los Caballeros, trasladada en 1527 a Ciudad Vieja, y mató a su viuda, Beatriz de la Cueva, que acababa de hacerse nombrar gobernadora.

Legado: la sombra larga de Tonatiuh

La figura de Pedro de Alvarado plantea, de forma particularmente aguda, una pregunta que atraviesa toda la historiografía de la conquista: ¿cómo evaluar a personas del siglo XVI con categorías morales contemporáneas? No se trata de forzar anacronismos: la violencia de Alvarado ya escandalizó a muchos de sus contemporáneos. Bartolomé de las Casas, que en su Brevísima relación de la destruición de las Indias evita dar nombres, dedicó a sus campañas de Guatemala algunas de sus páginas más duras, y en 1529 la primera Audiencia de México le abrió un juicio de residencia con decenas de cargos. Para contrastar esas acusaciones con las propias cartas de Alvarado y con los testimonios nahuas y mayas, la mejor guía es Invading Guatemala, de Matthew Restall y Florine Asselbergs.

En Guatemala, la memoria de la conquista tiene una dimensión aún más viva que en otros países latinoamericanos. La población indígena —descendiente de los k'iche', kaqchikeles, mam, tz'utujil y otros pueblos mayas— representa aún hoy casi la mitad de la población del país. Para muchos guatemaltecos, la conquista es el punto de partida de una desigualdad entre indígenas y ladinos que todavía marca la vida del país. Que el héroe nacional guatemalteco sea Tecún Umán, y no ninguno de los conquistadores españoles, dice mucho sobre cómo un pueblo ha elegido recordar su propia historia.

Para los historiadores, Alvarado es también un caso de estudio sobre los mecanismos de la conquista. Su éxito militar fue real, pero frágil: dependió tanto de los aliados indígenas como de las armas europeas, tanto del terror como de la negociación, tanto de la velocidad de sus movimientos como de la división política preexistente entre los reinos mesoamericanos. Sin los miles de guerreros nahuas que marcharon con él —cuya propia versión de la campaña se conserva en documentos como el Lienzo de Quauhquechollan—, sin las epidemias que golpearon a los mayas de las tierras altas antes de su llegada y sin las rivalidades que enfrentaban a k'iche's, kaqchikeles y tz'utujiles, el resultado habría podido ser muy diferente. El retrato que dejó de él Bernal Díaz del Castillo, que lo conoció bien, ayuda a entender al hombre; los documentos mayas, a medir el precio de su conquista.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1523.

Para leer más

Pedro de Alvarado, Conquistador

John Eoghan Kelly

Biografía clásica del conquistador extremeño que recorre sus campañas desde México hasta Centroamérica con rigor documental.

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Invading Guatemala: Spanish, Nahua, and Maya Accounts of the Conquest Wars

Matthew Restall y Florine Asselbergs

Antología comentada de las fuentes españolas, nahuas y mayas sobre la conquista de Guatemala, incluidas las cartas de Alvarado.

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Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

Bernal Díaz del Castillo

El testimonio directo de un soldado que combatió junto a Alvarado en México y la fuente primaria más vívida sobre los conquistadores del siglo XVI.

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