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Historia de América
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Conquista1541 — 15428 min de lectura

Francisco de Orellana y la expedición al Amazonas

En pocas palabras

Francisco de Orellana navegó el río Amazonas de extremo a extremo en 1541-1542. La primera travesía europea del mayor río del mundo, en busca de El Dorado.

En este artículo
  1. El punto de partida: Gonzalo Pizarro y la quimera de la canela
  2. La decisión que cambió todo
  3. La travesía: hambre, guerra y maravilla
  4. La llegada al Atlántico y el regreso a España
  5. Cronología de la expedición
  6. El legado de una expedición imposible

En diciembre de 1541, un grupo de poco más de cincuenta hombres se internó en la selva amazónica a bordo de un bergantín construido a la desesperada y de varias canoas. Su capitán, Francisco de Orellana, había tomado la decisión más controvertida de su vida: no regresar al grueso de la expedición que lo había enviado a buscar víveres, sino seguir río abajo hacia lo desconocido. Lo que comenzó como una separación forzada —o una deserción deliberada, según a quién se pregunte— se convertiría en el primer recorrido europeo completo del río más caudaloso del planeta.

Ocho meses y miles de kilómetros después, Orellana y sus hombres desembocaron en el Atlántico. Habían atravesado el continente por vía fluvial, tras combatir con numerosos pueblos indígenas sufrido el hambre, las enfermedades y la muerte de varios compañeros. Y habían dado al mundo una imagen radicalmente nueva de la cuenca amazónica: no el desierto verde y despoblado que los europeos imaginarían en siglos posteriores, sino un territorio densamente habitado, con ciudades, caminos y sistemas de producción agrícola que los cronistas describieron con asombro.

El punto de partida: Gonzalo Pizarro y la quimera de la canela

La expedición que conduciría a Orellana al Amazonas no nació con ese propósito. En febrero de 1541, Gonzalo Pizarro —hermano del conquistador del Perú— partió de Quito al frente de más de doscientos españoles y unos cuatro mil indígenas, muchos de ellos llevados a la fuerza, en busca de dos promesas: el País de la Canela, una región supuestamente repleta de árboles de ese codiciado condimento, y el mítico El Dorado, el reino del príncipe dorado cuya leyenda recorría ya toda la América española.

La expedición fue un desastre desde el principio. La travesía de los Andes orientales los dejó agotados, empapados y diezmados. Las canelas que encontraron resultaron ser de una variedad silvestre sin valor comercial. Los guías indígenas —voluntarios o forzados— los conducían en círculos o desaparecían en la noche. Para cuando llegaron a la cuenca del río Coca, a finales de 1541, la columna había perdido a la mayoría de sus indios de carga, gran parte del ganado y estaba al borde del colapso.

Fue en ese momento cuando Gonzalo Pizarro envió a su lugarteniente Orellana con sesenta hombres a explorar el río aguas abajo en busca de alimentos. Las instrucciones eran claras: bajar hasta donde hubiera provisiones y regresar. Orellana nunca volvió.

La decisión que cambió todo

Francisco de Orellana era extremeño, natural de Trujillo —la misma ciudad que había dado a los Pizarro, con quienes estaba emparentado—, y llevaba en América desde muy joven. Había perdido un ojo en los combates de la conquista, había refundado Guayaquil en 1538 y era, por los testimonios que nos han llegado, un hombre ambicioso, capaz y con una notable facilidad para aprender lenguas indígenas, habilidad que sería decisiva en los meses siguientes.

La corriente del Napo —afluente del Amazonas— era tan fuerte que remontar el río sin alimentos ni fuerzas resultaba imposible, o eso argumentó Orellana. Gonzalo Pizarro, cuando finalmente consiguió regresar a Quito con los restos de su expedición, lo acusó formalmente de traición y abandono. El debate sobre si Orellana tomó una decisión pragmática ante lo inevitable o simplemente aprovechó la oportunidad para lanzarse a una aventura propia no está resuelto, y probablemente nunca lo estará.

Lo que sí está documentado es que el bergantín —el San Pedro, construido en la selva con herramientas mínimas— no tenía capacidad para remontar la corriente con cincuenta hombres a bordo. Orellana tomó su decisión y siguió adelante. El diario de la expedición de Gaspar de Carvajal, el fraile dominico que iba en el grupo, es la fuente principal de lo que ocurrió a continuación.

La travesía: hambre, guerra y maravilla

Los primeros meses fueron de una dureza extrema. El grupo avanzó por el Napo y luego por el Amazonas a merced de la corriente, sin saber dónde estaban ni adónde llegaban. Se alimentaron de lo que encontraban —raíces, frutos silvestres y, según Carvajal, cueros y suelas de zapatos cocidos con hierbas— y de los intercambios o enfrentamientos con las poblaciones ribereñas. Orellana demostró en esas negociaciones una habilidad notable: aprendió con rapidez varias lenguas locales y consiguió en muchas ocasiones alimentos a cambio de objetos europeos o de meras palabras.

El 12 de febrero de 1542, el grupo salió del Napo al gran río, y el 3 de junio pasó ante la desembocadura del río Negro, de aguas oscuras. A partir de ese punto, el río se ensanchó hasta dimensiones que superaban cualquier experiencia previa de los exploradores. Carvajal consignó en su crónica pueblos de cientos de casas, caminos despejados que corrían paralelos al río, cerámica de alta calidad y señales de una organización política compleja. Hoy los arqueólogos debaten si esas descripciones son exageradas o si reflejan una Amazonia precolombina mucho más densamente poblada y sofisticada de lo que se creyó durante siglos.

El episodio que daría nombre al río ocurrió durante un combate. Carvajal describió guerreras que luchaban junto a los hombres, lo que evocó en la mente de los españoles el mito griego de las Amazonas. La identificación fue inmediata, y el nombre quedó. Las explicaciones propuestas son varias: guerreros con el cabello largo, mujeres que efectivamente combatían en algunas sociedades ribereñas o una lectura del combate a través de las lecturas clásicas del fraile. La cuestión sigue abierta. Pero el topónimo sobrevivió a cualquier revisión posterior.

La llegada al Atlántico y el regreso a España

En agosto de 1542, el grupo de Orellana desembocó en el Atlántico. Habían construido un segundo bergantín durante el viaje para suplir las bajas y avanzaron durante semanas costeando hasta llegar a la isla de Cubagua, frente a la costa venezolana, con los dos barcos en tan mal estado que apenas flotaban.

Orellana llegó a España en 1543, cargado de relatos y con la ambición de obtener una capitulación real para regresar al Amazonas y conquistar lo que había descubierto. En 1544 la Corona le concedió la gobernación de «Nueva Andalucía», pero la segunda expedición fue un fracaso absoluto. Los barcos eran inadecuados, la organización deficiente y las enfermedades diezmaron la tropa antes de llegar al interior. Orellana murió en el delta del Amazonas a finales de 1546, probablemente de fiebres, sin haber podido consolidar ningún asentamiento.

El río que llevaba su nombre alternativo —el río Orellana— terminaría siendo conocido definitivamente como el Amazonas. Su explorador yace en algún lugar de la selva que recorrió, sin tumba conocida.

Cronología de la expedición

FechaAcontecimiento
Febrero 1541Gonzalo Pizarro parte de Quito en busca del País de la Canela y El Dorado
Diciembre 1541Orellana se separa de Pizarro con ~60 hombres para buscar provisiones río abajo
12 febrero 1542La expedición sale del Napo al curso principal del Amazonas
3 junio 1542Paso ante la desembocadura del río Negro
24 junio 1542Combate en el que Carvajal describe a las «amazonas»
26 agosto 1542Desembocadura en el Atlántico; fin de la travesía continental
1543–1544Orellana regresa a España y obtiene capitulación para una segunda expedición
1545–1546Segunda expedición al Amazonas; muerte de Orellana en el río

El legado de una expedición imposible

La travesía de Orellana tuvo consecuencias cartográficas y geográficas inmediatas: por primera vez, los europeos tenían una idea aproximada de la escala del continente sudamericano y de la existencia de una cuenca fluvial de proporciones sin equivalente en el mundo conocido. Los mapas posteriores al viaje incorporaron el Amazonas como el gran eje interior de América del Sur.

Pero el legado de Orellana es también más oscuro. Los relatos que circularon tras su expedición —bien reconstruidos en River of Darkness de Buddy Levy— alimentaron décadas de nuevas empresas de exploración, muchas de ellas destructivas para las poblaciones indígenas del interior. La leyenda de El Dorado, que ningún explorador había encontrado pero que Orellana tampoco había desmentido, siguió enviando expediciones al corazón de América durante más de un siglo.

Hay además una cuestión historiográfica que ha cobrado relevancia en las últimas décadas. Las descripciones de Carvajal de una Amazonia densamente poblada, durante mucho tiempo descartadas como exageraciones de un cronista entusiasta, han encontrado respaldo en la arqueología reciente. Investigadores como Anna Roosevelt o Michael Heckenberger han documentado evidencias de grandes asentamientos, infraestructuras agrícolas complejas y redes de intercambio de larga distancia en la cuenca amazónica precolombina. Si Carvajal tenía razón —al menos en parte—, entonces la imagen de una selva «virgen» e inmutable que los europeos construyeron en los siglos posteriores es, ella misma, una ficción colonial.

Lo que Orellana vio y lo que nosotros podemos conocer de ello están separados por siglos de silencio indígena, de epidemias devastadoras que vaciaron el río antes de que llegaran los siguientes exploradores, y de una crónica escrita desde una sola perspectiva. La obra de referencia sobre esta expedición, con el texto íntegro de Carvajal, sigue siendo imprescindible para quien quiera acercarse a las fuentes.

Francisco de Orellana murió sin el reconocimiento que esperaba, eclipsado por los Pizarro y por el fracaso de su segunda expedición. Pero había sido el primero en recorrer el Amazonas desde los Andes hasta el océano, y la cartografía europea de Sudamérica ya no volvió a ser la misma.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1541.

Para leer más

Descubrimiento del río de las Amazonas

José Toribio Medina (ed.)

La edición clásica de la crónica de fray Gaspar de Carvajal, acompañada de los documentos de la expedición de Orellana.

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River of Darkness

Buddy Levy

Relato narrativo y documentado de la travesía de Orellana, desde la expedición de Gonzalo Pizarro hasta su muerte en el delta.

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Conquistadores: una historia diferente

Fernando Cervantes

Una reinterpretación rigurosa y actual de las motivaciones y el mundo mental de los conquistadores españoles del siglo XVI.

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