Conquista1540 — 15538 min de lectura
Pedro de Valdivia y la conquista de Chile
En pocas palabras
Pedro de Valdivia conquistó Chile atravesando el desierto de Atacama y fundó Santiago en 1541. Su historia, sus campañas y su muerte a manos de Lautaro.
En este artículo
Hay conquistas que se explican por la ambición del oro y la plata. La de Chile no es una de ellas. Cuando Pedro de Valdivia emprendió su marcha hacia el sur en enero de 1540, todo el mundo con algún conocimiento de aquellas tierras sabía que no había allí metales preciosos en abundancia, que el territorio estaba poblado por guerreros difíciles de someter y que la empresa no prometía la riqueza rápida que otros conquistadores habían encontrado en México o en el Perú. Diego de Almagro ya lo había comprobado a su costa en 1535-1537, cuando regresó al Cusco arruinado y sin gloria.
Valdivia lo sabía. Y fue igualmente. Su motivación, según él mismo declaró en sus cartas a Carlos V, era la de fundar —no saquear— un reino, poblar con colonos, construir ciudades. Era, en ese sentido, un conquistador de segunda generación con una mentalidad ya distinta a la de los primeros años: más parecida a la de un gobernador que a la de un capitán de asalto. Si eso lo convierte en un visionario o simplemente en un hombre que racionalizó su sed de poder con el lenguaje de la colonización es una pregunta que los historiadores siguen debatiendo.
Lo que no admite duda es que la conquista de Chile fue una de las empresas más duras, prolongadas y violentas de todo el ciclo americano. Y que terminó de una forma que ningún conquistador habría querido para sí mismo.
De Extremadura a América: el hombre antes del conquistador
Pedro de Valdivia nació hacia 1497-1500 en la comarca extremeña de La Serena; Villanueva de la Serena, Castuera y Campanario se disputan su cuna. Era de familia hidalga, con formación militar pero sin grandes recursos económicos: el perfil exacto del hombre que emigraba a las Indias en busca de fortuna y ascenso social. Sirvió en los ejércitos de Carlos V en Flandes e Italia, donde conoció la guerra «moderna» europea —la de arcabuces, artillería y formaciones disciplinadas— que sería decisiva en América.
Llegó a Venezuela en 1535 y desde allí se trasladó al Perú, donde se unió a Francisco Pizarro en el período más delicado de la conquista inca: la guerra civil entre los propios conquistadores. Fue maestre de campo —el segundo mando militar— durante la batalla de las Salinas en 1538, en la que Pizarro derrotó a las fuerzas de Diego de Almagro. Su lealtad y su competencia militar le valieron una encomienda en Charcas y una mina de plata en Porco, pero Valdivia aspiraba a algo más: a ser él mismo el conquistador de un territorio, no el lugarteniente de otro.
Pizarro, que necesitaba ocupar a sus capitanes más ambiciosos y que también tenía interés en extender la gobernación hacia el sur, le concedió el permiso para acometer la empresa chilena. Valdivia, con el título de teniente de gobernador, partió del Cusco en enero de 1540 con apenas un puñado de españoles y cerca de un millar de indígenas; por el camino se le fueron uniendo otros hasta sumar unos ciento cincuenta.
El cruce del desierto: una marcha al límite
El mayor obstáculo de la conquista de Chile no fue ningún ejército indígena: fue el desierto de Atacama. Más de 1.500 kilómetros de una de las regiones más áridas del planeta separaban el Perú del valle central chileno. El agua era escasísima, el calor podía ser extremo durante el día y el frío brutal por la noche, y los recursos para alimentar a hombres, caballos y cerdos que llevaban consigo como reserva de proteína eran casi inexistentes.
La expedición tardó casi un año en recorrer el desierto y llegar al valle del río Mapocho, en diciembre de 1540. Para entonces, varios hombres habían muerto, los caballos estaban extenuados y los ánimos por el suelo. Que la empresa no se disolviera en ese tránsito es un testimonio, sobre todo, de la voluntad de hierro de Valdivia y de una logística cuidadosamente preparada —llevaban indígenas yanaconas del Perú como cargadores y auxiliares, cuyo papel en la conquista de Chile raramente se destaca lo suficiente.
El 12 de febrero de 1541, Valdivia fundó la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo a orillas del Mapocho. La elección del emplazamiento fue acertada: junto al cerro Huelén —hoy Santa Lucía—, que permitía defender el núcleo urbano, agua abundante del río y tierras agrícolas en los alrededores. Pero la fundación fue apenas el inicio de los problemas.
Santiago en llamas: los primeros años de resistencia
El 11 de septiembre de 1541, mientras Valdivia estaba ausente sofocando una revuelta, los indígenas del valle, encabezados por el cacique Michimalonco, atacaron Santiago y la incendiaron casi completamente. Inés de Suárez —la compañera de Valdivia, una de las pocas mujeres en la expedición y figura histórica que la historiografía tradicional tardó demasiado en reconocer— organizó la defensa. Según las crónicas, tomó ella misma la decisión más brutal de la jornada: ordenó decapitar a los siete caciques que los españoles tenían prisioneros, argumentando que podían guiar al ataque desde dentro. La ciudad quedó en ruinas, pero no cayó.
El episodio marcó el tono de lo que vendría: una conquista en permanente estado de guerra, sin la victoria rápida y definitiva que habían logrado Cortés en México o Pizarro en el Perú. Los pueblos del centro de Chile —primero los picunches, luego los mapuches al sur del río Biobío— no se rendían. Se replegaban, reorganizaban y atacaban de nuevo.
Valdivia pasó los años siguientes en una dinámica de conquista sin fin: avanzar al sur, fundar ciudades —La Serena en 1544, Concepción en 1550, La Imperial en 1551, Valdivia y Villarrica en 1552, entre otras—, pedir refuerzos al Perú, sofocar sublevaciones, volver a avanzar. Entre 1547 y 1549 viajó al Perú para combatir a Gonzalo Pizarro junto a La Gasca, que le confirmó como gobernador, aunque también le sometió a un proceso en el que se le obligó a separarse de Inés de Suárez. Para entender el conflicto que empezaba, Guerra y sociedad en Chile de Álvaro Jara sigue siendo una lectura fundamental.
La amenaza mapuche y el genio de Lautaro
Al sur del Biobío vivía un pueblo que los españoles llamaban araucanos y que hoy conocemos como mapuches. Su organización social era radicalmente diferente a la de los grandes imperios mesoamericanos o andinos: no tenían una estructura centralizada que pudiera ser «decapitada» capturando a un solo líder. Eran comunidades relativamente autónomas que se federaban en tiempos de guerra bajo la figura del toqui —jefe guerrero— elegido por sus capacidades militares.
Esta descentralización los hacía prácticamente inconquistables con las tácticas que habían funcionado contra los aztecas o los incas. No había un Tenochtitlan que tomar ni un Atahualpa que capturar. Cada comunidad era un frente de guerra en potencia, y la selva y los ríos del sur les daban una ventaja geográfica que los españoles nunca pudieron superar del todo.
El factor que cambió definitivamente la correlación de fuerzas fue la aparición de Lautaro. Este joven mapuche, capturado de niño o adolescente, había servido como mozo de caballos de Valdivia, y en esa posición había aprendido las tácticas militares españolas desde dentro: cómo se movía la caballería, cuáles eran sus puntos débiles, cómo se coordinaba la infantería con los jinetes. Cuando escapó y regresó con su pueblo, trasladó ese conocimiento a la guerra araucana con consecuencias devastadoras para los españoles. El propio poema épico de Ercilla, La Araucana, inmortalizó a Lautaro como figura heroica, algo extraordinario para una obra escrita desde el bando conquistador.
La batalla de Tucapel y la muerte de Valdivia
En diciembre de 1553, Valdivia marchó hacia el fuerte de Tucapel, al sur de Concepción, con una columna de unos cuarenta o cincuenta soldados españoles y varios cientos de auxiliares indígenas. Las noticias de que el fuerte había sido atacado eran preocupantes, pero Valdivia subestimó la amenaza. Lautaro lo esperaba.
Lo que encontró en Tucapel no fue una escaramuza sino una trampa perfectamente diseñada. Los mapuches habían estudiado el patrón de combate español y preparado una rotación de guerreros frescos que se turnaban en el ataque, agotando progresivamente a los soldados españoles y a sus caballos —la clave de la superioridad europea— sin darles el respiro que necesitaban para reorganizarse. Era una táctica de desgaste pensada específicamente contra la caballería.
El 25 de diciembre de 1553 la columna española fue destruida y Pedro de Valdivia, capturado. Las circunstancias exactas de su muerte siguen siendo debatidas: los cronistas hablan de un golpe de maza, de una muerte lenta o de un ritual guerrero, y la leyenda de que le hicieron beber oro fundido carece de fundamento sólido. Tenía entre cincuenta y tres y cincuenta y seis años. Había tardado trece años en construir una red de ciudades desde La Serena hasta más allá del Biobío; varias de las del sur tuvieron que abandonarse en los meses siguientes, y el resto caería a finales de siglo, tras la gran rebelión mapuche de 1598.
Cronología de la conquista de Chile
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 1535 | Almagro parte del Perú hacia Chile; regresa derrotado en 1537 |
| Enero 1540 | Valdivia inicia la marcha desde el Cusco |
| 12 febrero 1541 | Fundación de Santiago del Nuevo Extremo |
| 11 septiembre 1541 | Ataque indígena e incendio de Santiago; defensa de Inés de Suárez |
| 1544 | Fundación de La Serena (segunda ciudad de Chile) |
| 1547–1549 | Valdivia en el Perú; combate a Gonzalo Pizarro y es confirmado gobernador |
| 1550 | Fundación de Concepción, en la frontera con el territorio mapuche |
| 1552 | Fundación de la ciudad de Valdivia y otras plazas al sur del Biobío |
| 25 diciembre 1553 | Batalla de Tucapel; muerte de Pedro de Valdivia a manos de las fuerzas de Lautaro |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1540.
Para leer más
Cartas de relación de la conquista de Chile
Pedro de Valdivia
Las cartas que Valdivia escribió a Carlos V y a otros destinatarios: la fuente primaria esencial sobre la fundación de Chile.
Buscar en AmazonGuerra y sociedad en Chile
Álvaro Jara
Estudio clásico sobre la transformación de la guerra de Arauco y la esclavitud indígena en el Chile colonial.
Buscar en AmazonLa Araucana
Alonso de Ercilla
El poema épico del siglo XVI que inmortalizó la resistencia mapuche y la figura de Lautaro; una fuente literaria indispensable para entender la conquista de Chile.
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